martes, 21 de febrero de 2017

¿Y si la reforma educativa de Trump es exitosa?

Por Edgardo Zablotsky (*)

De todas las nominaciones del presidente Donald Trump, ninguna generó tanta oposición del mal llamado progresismo norteamericano como la de la secretaria de Educación Betsy DeVos. Los demócratas del Senado votaron en bloque contra ella y lograron convencer a dos republicanas y a otras tantas independientes. Esto provocó que por primera vez fuese necesario que el vicepresidente interviniese para desempatar la votación de un nominado al gabinete.
La millonaria de Michigan ha cometido el más imperdonable de los pecados en la visión de los pseudoprogresistas: apoyó financieramente múltiples esfuerzos para permitir a los padres elegir las escuelas que consideran más apropiadas para sus hijos, independientemente de sus posibilidades económicas. A lo largo de los años Betsy DeVos ha aportado millones de dólares a las campañas de candidatos que comparten con ella su visión de facilitar a niños de familias de bajo ingresos emigrar de escuelas públicas de muy bajo nivel, ubicadas en los más pobres vecindarios, a escuelas que les permitan adquirir una mejor formación.
La realidad es que los demócratas se estremecen ante la perspectiva de que pueda tener éxito. Por lo general, el secretario de Educación, equivalente a nuestro ministro, es un funcionario banal dentro del Gobierno norteamericano. Sin embargo, en esta ocasión, si DeVos demuestra los beneficios de permitir a los padres elegir cuál es la mejor alternativa educativa para sus hijos dentro del menú de opciones aprobado por el Gobierno, asestaría un golpe de gran magnitud a los sindicatos docentes y a toda la estructura burocrática que lucra del poder monopólico de la escuela pública, en general a costa de la educación de aquellos que menos tienen.
No es ningún secreto porque Randi Weingarten, líder del sindicato norteamericano de profesores, calificó a DeVos como "la nominada para el cargo que históricamente tiene una posición más contraria a la educación pública". Si a los estudiantes se les otorga la libertad de ser educados fuera del asfixiante sistema que los sindicatos docentes han contribuido a crear, disminuirá considerablemente el dinero que perciben, dado que de producirse una menor demanda de maestros por parte de las escuelas públicas ello se verá reflejado en las cuotas sindicales que aportaban y, lo que es de mayor relevancia, en las significativas contribuciones que realizan los gremios docentes a las campañas de los candidatos demócratas.
Permitir a los padres nuevas opciones no significa estar contra el fortalecimiento de la educación pública. Simplemente consiste en habilitar a aquellos padres que ven beneficios para sus hijos en otra forma de educación a llevarlo a cabo, aun en aquellas familias pertenecientes a los estratos más pobres de la sociedad. Nadie puede estar peor por tener la posibilidad de elegir.
El pasado 8 de septiembre, Trump, por entonces candidato presidencial, lo expresó con claridad: "Como su Presidente, voy a ser el mayor promotor del derecho de los padres a elegir la escuela a la cual concurrirán sus hijos. Quiero que cada uno de los niños de familias humildes que está hoy atrapado en una escuela que falla en proveer educación de calidad tenga la libertad —el derecho civil— de asistir a la escuela de su elección".
Entre otras descalificaciones se acusó a Betsy DeVos de no haber asistido, trabajado o enseñado nunca en una escuela pública y de haber enviado a sus cuatro hijos a escuelas privadas. Es claro que sería interesante conocer cuántos de sus acusadores lo han hecho. Extrapolándolo a la realidad argentina, ¿cuántos de nuestros políticos, que defienden a rajatabla la educación pública en toda declaración que realizan, han enviado a sus hijos a escuelas públicas? ¿No resulta tragicómico?
Si la reforma educativa de Donald Trump tiene éxito, mucho habrá de cambiar para mejor en el terreno educativo y no sólo en Estados Unidos. Por eso, más allá de posiciones, a mi criterio, absolutamente equivocadas en otras áreas, la política educativa propuesta por el nuevo Presidente merece el mayor de los respetos.
(*) Edgardo Zablotsky es miembro de la Academia Nacional de Educación y vicerrector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado en Infobae el 21 de Febrero de 2017

sábado, 18 de febrero de 2017

El populismo

Por Guillermo Luis Covernton (*)
(*) Guillermo Luis Covernton. Doctor en economía, docente einvestigador. Presentación sobre el Populismo en el Círculo Liberal Bastiat de Sevilla, España el 17 de Febrero de 2017

Fuente: en el Canal Youtube de José Manuel González https://www.youtube.com/watch?v=TC-IjgDpT9Q&feature=youtu.be 

Entre el respeto y la censura

Por Horacio Giusto Vaudagna (*)
En la cultura argentina desde hace décadas se ha congelado la premisa que los desaparecidos durante el último gobierno de facto han sido 30.000, cifra que para las organizaciones que luchan por el respeto de los Derechos Humanos es intocable. Desde ya es oportuno aclarar que así sea una persona o cien mil, toda víctima de un hecho criminal merece ser respetada por la justicia de su nación. Sin embargo, es por esa cifra que se abre nuevamente un debate en la agenda política nacional.
El Veterano de Guerra de Malvinas Mayor Gómez Centurión en una entrevista televisa dijo la controvertida frase “no es lo mismo ocho mil verdades que veintidós mil mentiras”, generando un disparador mediático en relación a la memoria de un hecho obscuro en la historia argentina. Frente a este panorama resulta prudente y oportuno plantearse nuevas ideas que no estaban siendo analizadas para poder evolucionar como sociedad. La legitimación del día nacional de la Memoria, Verdad y Justicia  debe importar como un verdadero motor la búsqueda de aquello que objetivamente sí ocurrió para que Argentina sea una República donde impere lo justo por sobre la venganza, y así poner punto final a una guerra que primero dividió la sociedad mediante ataques armados y ahora la divide por conflictos ideológicos.

El Estado se encuentra en una difícil tarea de conciliar intereses en pugna. Por un lado, en función de las tesis contractualistas, debe garantizar la paz social promoviendo el respeto entre los ciudadanos, ya que al tener el monopolio de la fuerza es el único facultado para el castigo a las ofensas, sean las mismas de carácter material o moral. Por otro lado, en base al Artículo 19 de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" está obligado a asegurar la libre expresión de un individuo, que no solo incluye verter sin censura sus opiniones, sino a investigar y difundir aquello que desee sin ser turbado por el gobierno de turno. Gracias a que los sectores de la sociedad pueden esgrimir libremente sus argumentos,  Abuelas de Plaza de Mayo pudo conseguir los logros que ha obtenido en los últimos años. Esa libertad de buscar la “verdad” y exponerla es un derecho humano que parece estar reservada sólo a una porción social; un claro ejemplo es que el mismo Gómez Centurión es perseguido judicial y políticamente por haber afirmado públicamente una cifra que se encuentra ratificada por los propios organismos de Derechos Humanos. Si uno accede a sus dichos puede observar que no fomenta un acto de odio hacia una raza, sexo o religión, pero los sectores disidentes al oficialismo utilizaron este hecho para enviar un mensaje a la sociedad, consistente en proscribir todo intento de buscar la verdad. En ese afán de cercenar la libertad de pensamiento, no sorprende que la legisladora Nilda Garré impulsó un proyecto de ley para sancionar con prisión y multa a quienes osen investigar sobre la otra parte de la historia, so pretexto de querer reivindicar cuestiones que en ningún se pusieron en agenda. Sería por demás conveniente para el fortalecimiento de la democracia permitir que todos los espacios puedan exponer sin censura ni persecución sus ideas, de esa forma se avanza hacia un Estado de Derecho que de forma concreta asegura las libertades sagradas de cada individuo. De lo contrario se corren serios riesgos de volver a incurrir en prácticas fascistas, que tanto daño le hicieron a nuestra historia.
(*) Horacio Giusto Vaudagna – Co-Fundador del Centro de Estudios LIBRE y miembro investigador del mismo. Artículo enviado para su publicación el 16 de Febrero de 2017
Fuente: Comunicación personal del autor

De zapatos a chancletas

Por Enrique Guillermo Avogadro (*) 
       “No me importaba aparecer como inteligente o limitado sino aprender la lección para dirigir mejor la acción de gobierno”. Roberto Augusto Ulloa 
Mauricio Macri comenzó su período con un par de zapatos tan bien lustrados que permitían reflejar,  bajo las faldas de Cristina, las negras intimidades del kirchnerismo. Fue una pena que ese panorama estuviera restringida sólo al Presidente y su círculo más íntimo, y que nadie (seguramente por consejo de Jaime Durán Barba) se tomara el trabajo de mostrárselo a la ciudadanía, que así se vio impedida de percibir la catastrófica magnitud de la herencia que la noble viuda había dejado.
Para cualquiera medianamente avisado, era natural y justificado que, a medida que el Gobierno caminara por los encharcados senderos económicos y políticos, el brillo se iría apagando, como sucede con todos los regímenes cuando termina la luna de miel que acompaña sus comienzos. Pero nadie pensaba que Macri se vería obligado a quitarse de apuro los zapatos y calzarse las chancletas para recular.
Tengo certeza de la buena fe y la honestidad del Gobierno y, cada vez que me desesperan algunos de sus actos, pienso qué sería de nuestro país si quienes hoy estuvieran sentados en la Casa Rosada fueran Daniel Scioli y Carlos Zannini, acompañados desde La Plata por nada menos que Anímal Fernández. Aún así, me resulta imposible entender por qué actúa como lo hace.
Mauricio sabe, desde que ganó la elección, que le tocaría gobernar sin mayoría en las cámaras legislativas, y también sabe que la consecuente obligación de negociar permanentemente es una de las piedras basales de la democracia. Tuvo enormes éxitos iniciales en la materia, ya que la oposición le permitió hacerse con las leyes necesarias para salir del cepo cambiario, solucionar el tema de los holdouts, contar con un presupuesto, etc.
Pero, por ejemplo, si –como luego quedó demostrado- no necesitaba pasar por encima del Congreso para que sus irreprochables candidatos a integrar la Corte Suprema de Justicia fueran confirmados, ¿para qué recurrir a un decreto de necesidad y urgencia que estuvo al borde de inhabilitarlos? O, si el feriado del 24 de marzo caerá en fin de semana los próximos tres años, ¿para qué “movilizarlo” si luego se retrocederá?
La solución que encontró el Ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, para poner punto final a la demorada cuestión del Correo Argentino, con su privatización durante el menemismo y la absurda rescisión de su concesión por el kirchnerismo, fue técnicamente correcta. Sin embargo, dado que el concesionario era una empresa perteneciente a la familia Macri, padre, hermanos e hijos del Presidente, la forma en que se llevó a cabo –ad referéndum de la Cámara Comercial- fue un monumental error político. Para enterrarlo, y puesto que estamos en un año electoral, no bastará con volver –algo irreal- a foja cero, como dijo Mauricio al asumir acertadamente la responsabilidad del Gobierno en el cuestionado trámite; la oposición, que siempre y en cualquier época es salvaje, se ocupará de ello.
La modificación de la fórmula de cálculo de los incrementos jubilatorios, un cambio ajustado a la ley vigente, fue otra equivocación mayúscula, en especial por la oportunidad en que fue comunicada, una semana en que se produjeron fuertes aumentos –también justificados- en peajes, medicina prepaga, etc., y anuncios de futuras subas en precios de combustibles. Nuevamente, Macri retrocedió, pero sólo cuando el enorme costo político ya había sido pagado.
La tercera mala señal fue todo el recorrido del acuerdo firmado por el gremio de los bancarios con la patronal, que el Gobierno pretendía no homologar porque supera la pauta máxima de incremento salarial que pretende para todas las paritarias, alineándolas con la inflación prevista; ante la amenaza de una huelga de tres días hábiles, debió también recular y aceptarlo. El próximo puente a cruzar serán las negociaciones con los sindicatos de maestros, que vuelven a disfrazar su recalcitrante kirchnerismo con la defensa de la educación, mientras perjudican dolosamente a los chicos más necesitados, a los que utiliza como rehenes.
Lo peor de esos sucesos es que lograron empañar un excepcional logro del Gobierno, que consiguió que muchos argentinos confiaran tanto en el modo en que conduce la economía como para invertir sus ahorros en bonos en pesos, a diez años y a una tasa del 13%, todo ello en un cuadro mundial sumamente cambiante y riesgoso.
Tengo la impresión de que Macri no quiere asumir, de una vez por todas, el rol que la sociedad le atribuye, y que le confió con sus votos en los mayores distritos electorales del país. Sigue buscando la imposible simpatía del populismo demagógico en todas sus formas, sea el PJ mutante de Diego Bossio y Julián Domínguez, el Frente Renovador (¿reciclador?) del trashumante Sergio Massa, el GEN de la inconsecuente Margarita Stolbizer o en la trasnochada izquierda nacional. Habrá que ver cuál será el costo que pagará por ello Cambiemos en octubre, cuando se expresarán los muchos que eligieron un cambio en 2015 y hoy miran con desilusión este errático rumbo.
No soy quien para dar consejos a la coalición gobernante ni, menos aún al PRO pero, desde mis setenta años muy vividos y con muchos adoquines pateados, me permito sugerir a Cambiemos volver a reunirse en un retiro “espiritual” (tal vez aprovechando el feriado carnavalesco), empaparse de calle y replantear su errática gestión, su medrosa actitud frente a la oposición y la forma en que se comunican las acciones de gobierno.
Macri dijo muchas veces que, al llegar al poder, terminaría con el “curro” (sic) de los derechos humanos pero, ya sentado en la Casa Rosada, tiembla ante las previsibles quejas de los delincuenciales organismos que, a caballo de los sueños compartidos y de las inexplicables indemnizaciones, sienten en riesgo su futuro: mamar irrefrenablemente de la teta estatal y continuar la más abyecta venganza contra aquéllos que impidieron que triunfaran en su guerra de terror y nos convirtieran en la Cuba castrista.
La pusilánime actitud del Gobierno ante la inaguantable existencia de presos políticos en la Argentina, cincuenta y uno de los cuales han muerto desde el 10 de diciembre de 2015, obliga a pensar que debiera recurrirse a un referéndum para preguntarle a la ciudadanía si está interesada en enterrar el pasado y extender un manto de piadoso perdón sobre todos aquéllos (incluyendo a César Milani, la más clara prueba de la falsedad kirchnerista, su justicia “tuerta” y su manipulación de los derechos humanos, que debieran amparar a todos los argentinos) que combatieron hace ya cuarenta años. Para nuestra vergüenza, en Uruguay la pregunta se formuló dos veces y, en ambas, la respuesta fue inequívocamente afirmativa.
Bs.As., 18 Feb 16
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com
Fuente: Comunicación personal del autor

Desconcierto para los idólatras del pass-through

Por Javier Milei (*)
Actualmente, uno de los debates de Argentina gira en torno a la relación entre tipo de cambio y nivel general de precios. En este marco, la tribu keynesiana se ofusca con la realidad y señala que cada vez que hay una devaluación se presenta un fuerte traspaso a precios (pass-through) y que desde hace meses el tipo de cambio no se mueve, o hasta tiene el tupé de bajar, y los precios no caen. Sin embargo, dicha visión está contaminada por el uso del herramental analítico keynesiano (ver capítulo 21 de la Teoría general) que, como de costumbre, está mal y cuyo formato conceptual es equivalente a sostener que el Sol ha decidido brillar más fuertemente porque los empresarios heladeros han decidido reabrir sus puertas al público.
En primer lugar, más allá de lo teórico, desde el punto de vista empírico, todos los países de la región, salvo Argentina (y la trágica Venezuela), muestran que las fluctuaciones en el tipo de cambio nominal no ejercen efecto alguno sobre la tasa de inflación, lo cual nos lleva a una pregunta obvia: ¿por qué ocurre esto en el continente y no se cumple dicha situación para el caso argentino?
 Para contestar ello, supongamos que el precio de un bien de la economía sube (el dólar o los bienes expresados en dólares) y que los individuos no están dispuestos a reducir la cantidad demandada (demanda inelástica), por lo cual ello derivaría en un aumento del gasto en dicho bien, al tiempo que el gasto en el resto de los bienes deberá caer y con ello sus precios, por lo que en términos agregados no habrá inflación. Así, de no existir convalidación monetaria que permitiera gastar más en un bien sin dejar de gastar en los otros, no habrá inflación. De este modo, como los países de América Latina llevan a cabo una política monetaria focalizada en la inflación, su ritmo de emisión se gradúa en pos de alcanzar la meta (la tasa de interés induce a crear o destruir dinero) y por ende no genera una masa de dinero que convalide una inflación fuera de la meta. En función de esto, debería resultar claro que la dinámica que adopte la cantidad de dinero será clave para determinar qué pasará con los precios. Esto es, sin convalidación monetaria no habrá un salto en la tasa de inflación.
Si bien el desarrollo anterior explica el motivo por el cual no pasa en el resto de América Latina, parecería no explicar lo sucedido a lo largo de la historia de Argentina salvo la devaluación de 2002 y en parte la de 2016. Por ende, para captar este fenómeno es necesario comprender la dinámica subyacente del modelo que deriva en la depreciación brusca del la moneda.
Así, cuando el Banco Central decide fijar el tipo de cambio y al mismo tiempo emite para financiar al fisco, eso hace que los precios locales suban, lo que torna a los bienes domésticos menos competitivos, al tiempo que las cuentas externas se deterioran. En este contexto, primero se acude al endeudamiento externo, luego, a la venta de reservas y por último se imponen restricciones sobre el mercado de cambios. De este modo, la moneda que se emite no sólo no tiene contrapartida en demanda monetaria, sino que además no puede ser drenada en el mercado de divisas (resultado básico con tipo de cambio fijo), por lo cual aparece un sobrante de dinero dentro de la economía. Naturalmente, cuando las reservas se agotan y los daños que causan los controles cambiarios sobre actividad y empleo se tornan insoportables, no hay más alternativa que liberar el tipo de cambio. De este modo, el dinero que se encontraba atrapado en el sistema deja de ser demandado y ello impulsa la suba tanto del tipo de cambio como del nivel general de precios. En definitiva, el pass-through no es más que un efecto colateral de la política de represión del sistema de precios.
Por lo tanto, bajo un sistema de tipo de cambio flexible lo que suceda con el precio de la moneda extranjera depende de dos elementos. Por un lado, dado que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario, en la medida en que la oferta de dinero crezca a un ritmo más rápido que su demanda, el nivel general de precios de la economía (el inverso del poder adquisitivo del dinero) subirá y como el precio de la moneda extranjera en moneda local es un precio más de la economía, también subirá. Por otro lado, está la cuestión de los precios relativos (equilibrio real del sistema), donde interviene la situación de cada uno de los mercados que conforman la economía. Consecuentemente, a la luz de esta visión lo que sucede en la economía argentina en materia de nivel de precios y tipo de cambio nominal se puede explicar por dos causas fundamentales: el Banco Central (BCRA), en su objetivo de bajar la inflación gradualmente a lo largo de cinco años sigue emitiendo y por ende convalidando subas del nivel general de precios; y la recomposición de la demanda de dinero (luego de la estrepitosa caída de marzo 2016) junto al aumento estacional de la demanda de dinero y el ingreso de una gran cantidad de divisas (fruto del blanqueo y del endeudamiento).
Todo ello hace que no sólo se impulse a una pérdida relativa de la moneda extranjera contra la inflación, sino que además su precio nominal también caiga.
En definitiva, si la formación universitaria de la mayoría de los economistas argentinos tuviera muchas más horas aplicadas a Menger, Mises, Friedman, Hayek, Lucas, Barro y Rothbard y no tantas a Keynes y a Olivera, no sólo se comprenderían estos fenómenos con mucha mayor claridad, sino que además se le ahorraría muchísimo sufrimiento a la sociedad.
(*) Javier Milei. Economista Jefe de la Fundación Acordar. Artículo publicado en INFOBAE el 17 de Febrero de 2017. @jmilei

¿Cuán libre es en la Argentina el mercado educativo?

Entrevista a Edgardo Zablotsky (*) 

En la entrevista de La Nación realizada por Luciana Vázquez se refirió a la escuela pública y privada, la obligación del Estado, el rol de los maestros y los sindicatos:

Ver entrevista: AQUÍ

(*) Edgardo Zablotsky. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Vice-Rector de la Universidad del CEMA. Entrevista realizada el 17 de Febrero de 2017

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1985585-cuan-libre-es-en-la-argentina-el-mercado-educativo

En educación es tiempo de aprender!

Por Edgardo Zablotsky (*)
Estados Unidos está a punto de sufrir una revolución y debemos avanzar aquí hacia un sistema que implica una gran elección
En diciembre escribí una columna en este periódico sobre un evento inesperado que ha creado las condiciones para que Argentina, ante la tremenda realidad educativa heredada por el gobierno de Mauricio Macri, comience a discutir seriamente las ventajas y desventajas de la elección de la escuela. El evento fue el triunfo imprevisto de Donald Trump, quien ha propuesto la elección de la escuela como una política desde el comienzo de la campaña presidencial de Estados Unidos.
En ese momento, declaré que su selección de Betsy DeVos –un gran defensor de asuntos escolares como cartas de escuelas y vouchers– tanto como una secretaria de educación, una posición equivalente a nuestro ministro de educación, ofreciendo una fuerte credibilidad a la probabilidad de que nos enfrente a un cambio significativo en el sistema educativo de los Estados Unidos.
Hoy, más de dos meses después, está claro que este es el caso. La posición de Betsy DeVos en estos temas no tiene dudas, gracias a una entrevista que dio en 2013. En ese momento, cuando pensar en una presidencia de Trump no estaba en la imaginación de nadie, ella dijo que su sueño era que "todos los padres, desde su código postal, pueden tener la oportunidad de elegir el mejor entorno educativo para sus hijos. Y que todos los estudiantes tengan así la oportunidad de desplegar su potencial dado por Dios. "
Por su parte, Jeb Bush, ex candidato republicano a la presidencia y ex gobernador de la Florida, expresó a través de su cuenta en Facebook: "Betsy DeVos tiene una larga y distinguida historia defendiendo el derecho de todos los padres a elegir las mejores escuelas que garanticen el éxito de sus niños. Su lealtad es para las familias, especialmente para los muy pobres que luchan por subsistir, no para un modelo obsoleto de educación pública que les ha fallado de generación en generación”.
De todas las elecciones del Gabinete de Trump, ninguno generó una oposición tan fuerte como su nominado Secretario de Educación. Los demócratas en el Senado votaron en bloque contra ella y lograron convencer a dos republicanos y a dos independientes de su posición. Esto hizo necesario, por primera vez en la historia, que el vicepresidente emitiera su voto, con el fin de desempatar  y poder confirmar a la nombrada en el gabinete.
En realidad, los demócratas en los EE.UU. están aterrorizados por la perspectiva de que ella tendrá éxito. Por lo general, el secretario de educación es una asignación banal dentro de la  administración. Pero esta vez, si DeVos demuestra los beneficios de permitir a los padres elegir cómo educar a sus hijos, esto sería una fuerte derrota para los sindicatos de maestros y para toda la estructura burocrática que se aprovecha del poder monopolista de la escuela pública, generalmente a expensas de los que tienen menos.
Sindicatos
No es ningún secreto por qué Randi Weingarten, jefe de la Federación Americana de Maestros, llamó a DeVos el "La candidata más representativa de la educación anti-publica nominada en toda la historia del departamento” Si los estudiantes tienen la libertad de ser educados fuera del sistema que los maestros del sindicato han ayudado a crear, habrá menos maestros de escuelas públicas, su nivel de cuotas sindicales podría caer y, lo que es más importante, mucho menos dinero será dirigido a las campañas que ayudan a elegir candidatos demócratas.
De hecho, la reforma educativa que está a punto de ser llevada a cabo por el nuevo gobierno de Estados Unidos, una administración que ha anunciado políticas absolutamente incorrectas en otras áreas pero cuya política educativa es digna de consideración, encuentra similitudes con la revolución educativa llevada a cabo en Suecia durante los últimos 20 años.
En este sentido, Mario Vargas Llosa se preguntó años atrás, en un interesante artículo: "¿Cuántos de los lectores de este artículo saben que en Suecia hay un sistema de vouchers escolares que ha estado funcionando durante años, estimulando la competencia entre escuelas y permitiendo a los padres una mayor libertad en la elección de las escuelas donde quieren educar a sus hijos? Yo mismo, al menos, no lo sabía. Antes, en Suecia, usted pertenecía a la escuela de su vecindario. Ahora, los padres deciden dónde quieren educar a sus hijos, ya sea en instituciones públicas o privadas, y el estado simplemente les provee un cupón para pagar esos servicios”.
¿Por qué no evaluar un sistema educativo que privilegie la libertad como algo naturalmente apropiado para nuestra realidad? Nadie podría estar peor por tener la posibilidad de elegir.
¿No es hora, si nuestro gobierno quiere llevar a cabo una verdadera revolución del sistema educativo, dejar atrás el miedo a la libertad que ha contaminado a la sociedad argentina en el pasado, y considerarla como una posibilidad? Realmente lo creo.
(*) Edgardo Zablotsky es miembro de la Academia Nacional de Educación y Vicerrector de la Universidad del CEMA. @edzablotsky  Artículo publicado en Buenos Aires Herald el 18 de Febrero de 2017
(Traducción de Eduardo Filgueira Lima)

jueves, 16 de febrero de 2017

El interminable mito de que el consumo precede a la producción

Por Alejandro Rodriguez (*)
Bien sabemos que el consumo es un objetivo clave de la actividad económica y la producción es simplemente su medio. Aunque parece evidente que para consumir algo, ese “algo” deba existir primero, en esta sociedad nos rodea con frecuencia la falsa idea de estimular el consumo para expandir la producción. Pero deberíamos saber que los bienes de consumo no caen del cielo, deben producirse y están al final de una larga cadena de procesos entremezclados de producción llamada “estructuras de producción” que cuanto más larga sea, producirá más y mejores bienes. Incluso la fabricación de un producto tan sencillo como un lápiz, requiere una red intrincada de procesos de producción que se extiende en el tiempo y abarca tanto países como continentes.
El proceso de formación de capital a través de “La Teoría Austríaca del Ciclo Económico” fue expuesto por Ludwing Von Mises en 1912 y desarrollado por F.A. Hayek en 1930. El mismo plantea claramente las etapas que deben sucederse para incrementar la productividad, lograr un aumento considerable en el consumo y con ello mejorar la calidad de vida para la población, incluyendo mejoras en el salario. Pero sucede que es un proceso natural, no estimulado artificialmente por los gobiernos de turno a través de sus bancos centrales.
El proceso inicia con un cambio en las preferencias temporales por parte de los consumidores, es decir, ahorristas que a través del precio del dinero, o sea la tasa de interés, valoran más el consumo futuro que el consumo presente y el incentivo es justamente la tasa de interés que recibirán a cambio. Ahora bien, ese cambio en las preferencias temporales producirá en el corto plazo un aumento considerable del ahorro y esa mayor liquidez en el sistema llevará a una caída posterior en la tasa de interés. Dicha reducción estimulará notablemente la inversión debido a que ahora hay mayores proyectos que son viables y que antes no lo eran. Lógicamente, tal postergación de consumo hacia adelante, producirá una caída en el consumo actual y eventualmente las empresas de bienes cercanas al consumo se verán resentidas por la menor demanda y el salario caerá producto de esa menor producción, inclusive puede haber despidos en esas industrias. Sin embargo, al mismo tiempo las industrias de bienes alejadas al consumo incrementaran tanto la demanda de trabajo como el salario para producir en mayores etapas, es decir, habrá un traslado de trabajadores de una industria hacia otra. Adicionalmente, y ya hablando del largo plazo, ese ahorro y modificación en las preferencias de los consumidores no solo permite estructuras de producción mayores sino que obtendrán como resultado mayor productividad y un consumo futuro mucho mayor del que existía previo a los cambios en las preferencias mencionadas, aumentando así la demanda de trabajo en las industrias cercanas al consumo y con ello también los salarios serán mayores allí. Ergo, habrá tanto mayor demanda de trabajo como mayor oferta de bienes provenientes tanto de industrias cercanas como alejadas al consumo y sobre todo a menores precios. No obstante para que el consumo siga creciendo, será necesario que se repita este proceso tantas veces como sea deseado y necesario.
Por otro lado, nótese que todo el proceso descripto anteriormente es tan natural como sostenible en el tiempo puesto que estos cambios en las preferencias de los consumidores hacia el consumo futuro igualan tanto una menor demanda de bienes por un lado como una menor oferta de bienes por otro (porque se produce pensando en el largo plazo), es decir no hay presiones ni excesos de ningún tipo. Sin embargo, si el banco central estimulara artificialmente para que baje la tasa de interés, por ejemplo mediante mayor oferta de dinero en el mercado, también habrá mayor cantidad de proyectos viables, pero en este caso las tasas de interés dejan de ser un precio que comunica información y los agentes económicos no podrán diferenciar qué produjo la baja de esas tasas, si fue por ahorro genuino de la gente o bien por artilugios de la banca central. En este último caso donde hay una clara intervención, las preferencias temporales de los consumidores no se modificaron, es decir, sigue habiendo mayor preferencia por consumo presente que por consumo futuro y esa tasa de interés reducida no estimula a ahorrar. Pero como los proyectos igualmente se llevan adelante, se pasa a producir menos para consumo presente pensando en el futuro y así, se contrae la oferta de bienes pero la demanda sigue firme, produciendo esta vez sí un descalce que presionará sobre los precios inmediatamente, hecho que obligará al banco central a que eventualmente suba los tipos de interés salvo que insista en seguir alimentando esa estimulación artificial (que en algún momento deberá cortarse), poniendo en jaque los proyectos que se están llevando adelante cuando la tasa era menor, volviendo inviables a proyectos que antes si lo eran y obligando a los agentes a desarmarlos, produciendo una crisis.
En conclusión, cuando se rompe la relación que existe entre ahorro e inversión, o lo que es lo mismo, cuando se pone al consumo por delante de la producción y para colmo se desincentiva el ahorro, el resultado es un beneficio de muy corto plazo que termina mal para todos. Muy diferente es el caso, cuando genuinamente los ahorristas trasladan crédito a través de las entidades financieras hacia las empresas para que estas con ese capital, inviertan en procesos de producción que requieran mayores etapas (cuanto más largas esas etapas aún mejor porque se traducen en bienes más importantes). Ello permitirá el crecimiento tanto de la productividad, el consumo, empleo y salarios y la renta nacional en forma permanente, y así el beneficio es total. Es el ahorro lo que permite la inversión y el alargamiento en la estructura de la producción y no viceversa.

(*) Alejandro Rodriguez. Lic. en Adm de Empresas y estudiante de maestria en economía politica. Artículo publicado el 7 de Febrero de 2017 en la web de Fundación Libertad y Progreso 

El miedo a la libertad

Por Edgardo Zablotsky (*) 
Un año atrás el gobierno de Mauricio Macri lanzó la denominada revolución educativa, cuyos ejes se encontraban en la Declaración de Purmamarca, firmada por los ministros de Educación de todas las provincias. Procuraban la obligatoriedad del nivel inicial a partir de los tres años de edad, incorporar progresivamente la jornada extendida y crear el Instituto de Evaluación de la Calidad y Equidad Educativa, con el propósito de promover procesos de evaluación a nivel nacional y obtener datos que permitan mejorar el aprendizaje de los estudiantes.
Hoy la evidencia nos demuestra que trabajar en dichos ejes constituye una lenta evolución hacia una mejor educación, adecuada para países con una situación mucho menos crítica, pero no la revolución educativa que la Argentina requiere dada la tremenda herencia recibida.
¿Qué entiendo por una revolución educativa? En esta nota resaltaré la revolución que se lleva a cabo desde hace 20 años en Suecia, la cual, en su esencia, está a las puertas de ser repetida por el nuevo gobierno americano; una administración que ha anunciado políticas absolutamente equivocadas en otras áreas, pero cuya política educativa es digna de consideración.
Años atrás el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, se preguntaba en una interesante nota “¿cuántos de los lectores saben que en Suecia funciona desde hace años el sistema de vouchers escolares para estimular la competencia entre colegios y permitir a los padres de familia una mayor libertad de elección de los planteles donde quieren educar a sus hijos? Yo, por lo menos, lo ignoraba. Antes, en Suecia, uno pertenecía obligatoriamente a la escuela de su barrio. Ahora, decide libremente dónde quiere educarse, si en instituciones públicas o privadas -con o sin fines de lucro- y el Estado se limita a proporcionarle el voucher con que pagará por aquellos servicios”.
Hoy el triunfo de Donald Trump, quien ha realizado esta clase de propuestas desde los tiempos de la campaña presidencial, pone a Estados Unidos, un país que invierte una fortuna en educación con los peores resultados, a la puerta de una revolución educativa conceptualmente similar. Su selección como secretaria de Educación de Betsy DeVos, una fuerte defensora de “school choice”, provee fuerte credibilidad a esta predicción.
A modo de ejemplo, en una entrevista que Betsy DeVos concedió en 2013, cuando pensar en una presidencia de Trump no se encontraba en el imaginario de nadie, señaló que su sueño era “que todos los padres tengan la oportunidad de elegir la mejor alternativa educativa para sus hijos. Y que todos los estudiantes tengan la oportunidad de desarrollar todo el potencial que Dios les ha dado”.
 Si nuestro gobierno desea llevar a cabo una verdadera revolución educativa, ¿no es hora que deje en el pasado el miedo a la libertad que contamina la sociedad argentina y lo considere como una posibilidad?
¿Por qué no evaluar un sistema educativo que privilegia la libertad, por supuesto adecuado a nuestra realidad? El permitir a los padres un mayor menú de alternativas no implica incentivar el fin de la educación pública. Sencillamente consiste en permitir a los padres que, por las aptitudes, gustos o intereses de sus hijos, prefieran otra forma de educación para ellos y puedan optar por la misma.
¿Quién estaría más interesado que los padres para decidir qué es lo mejor para sus hijos? ¿Un burócrata? La historia de la última década es clara evidencia de lo peligroso de esta premisa.
(*) Edgardo Zablotsky. Miembro de la Academia Nacional de Educación y Vicerrector de la Universidad del CEMA. El Economista, Febrero 16 de 2017.

lunes, 13 de febrero de 2017

Se crearon 4 empleos públicos por cada 1 empleo privado

Por IDESA (*)
Se anunció un plan de modernización del Estado que toma como eje la capacitación de los empleados públicos. El planteo subestima la caótica conformación del sector público que se potenció en los últimos años con la masiva contratación de nuevos empleados estatales. La prioridad no es capacitar sino revisar funciones para eliminar solapamientos entre la Nación y las provincias y modificar el régimen del empleo público.
Con el objetivo de cambiar el funcionamiento de la administración federal, se anunció un plan para destinar unos $60 millones a la capacitación de más de unos 80 mil empleados públicos. Invertir recursos y esfuerzos en modernizar el sector público se justifica ya que la convivencia pacífica y el emprender un proceso sostenido de desarrollo económico y social sólo son posibles con la presencia de un Estado sólido, transparente y profesional.  
Darle prioridad al empleo público también se justifica por otros motivos. Por un lado, porque el desempeño de los recursos humanos condiciona decisivamente el funcionamiento del Estado. En segundo lugar, porque el gasto en personal absorbe una porción muy importante de los presupuestos estatales: representa el 14% en el presupuesto nacional y el 65% en promedio en los presupuestos provinciales y municipales.
¿Capacitar a los empleados públicos es suficiente para modernizar el Estado? A fin de responder a esta pregunta resulta pertinente analizar la dinámica del empleo público en los últimos años. Según el Ministerio de Trabajo entre los años 2012 y 2016 se observa que: 
  • Los empleados registrados en el sector privado aumentaron en 120 mil personas sobre un total de 6 millones de trabadores en esta condición.
  • Los empleados públicos en los tres niveles de gobierno aumentaron en 483 mil personas entre un total de 3 millones de empleados estatales.
  • Esto significa que en los últimos cuatro años se generaron 4 empleados públicos por cada nuevo empleado en el sector privado registrado.
Estos datos muestran que el sector público estuvo sometido en los últimos años a un proceso masivo de nuevas contrataciones. En parte se explica por la débil generación de empleos privados en un contexto en el que el sector público ofrece, en la mayoría de los casos, salarios más altos y muchas menos exigencias. Pero también incidió el uso del Estado para premiar la militancia política o congraciarse con familiares, amigos u otro tipo de compromisos. El resultado es que se agravaron problemas estructurales de sobredotación de empleo público que vienen de larga data.   
Profesionalizar el empleo público es una meta muy desafiante porque requiere enfrentar los intereses espurios enquistados en la sobredotación y la mediocridad. Con el agravante de que la sociedad no percibe en su real dimensión los enormes perjuicios que generan estos excesos, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con la corrupción. No hay conciencia de que incorporar gente que no se necesita al Estado es tan dañino como cobrar sobreprecios en la obra pública. Peor aún, es frecuente que la laxitud en la contratación y la gestión de los empleados públicos sean asociadas con la sensibilidad social. En este desorden generado por las contrataciones indiscriminadas, los planes de capacitación no sólo que no aportarán soluciones sino que agravarán el problema ya que promoverán que el gasto público siga aumentando sin mejorar el desempeño.
Un primer paso para avanzar en la modernización del Estado es replantear las funciones respetando la organización federal. Existe una gran cantidad de programas nacionales que se superponen con funciones provinciales. Eliminando estos solapamientos se podrían eliminar derroches y generar las condiciones para que las provincias y los municipios mejoren la gestión de los servicos. Otra acción imprescindible es revisar la interpretación que se hace de la garantía de estabilidad en el empleo publico. Aplicar esta regla de manera extrema, excediendo el espíritu que la justifica que es evitar manipulaciones y manejos arbitrarios, genera poderosos incentivos a la falta de compromiso.

Antes de avanzar en la formación y preparación de los recursos humanos es necesario clarificar los roles y los objetivos que se buscan conseguir. Por eso, la capacitación resulta inocua y distractiva si previamente no se hace un replanteo institucional profundo que articule los roles que deben cumplir la Nación y las provincias y se reformulen las reglas de premios, castigos y estabilidad en el sector público. 
(*) IDESA. Informe N°691 del 12 de Febrero de 2017

Sobre el otro terrorismo de estado

Por Roberto Cachanosky (*)

El grado de cinismo de buena parte del periodismo llega a niveles tales como querer hacer un arbitrario corte el 24 de marzo de 1976
En las últimas semanas, algunas víctimas del terrorismo han transitado por algunos medios exponiendo sus sufrimientos. Se ve a periodistas y juristas escucharlos con atención y decir que lamentan los que les pasó pero que como hubo terrorismo de estado no tienen nada que reclamar. Algo así como: tengo que darte la razón para no quedar mal ante el público, pero me importa un carajo si los terroristas mataron a niños, a gente inocente, si secuestraron o torturaron. Nunca se ve una condena explícita y categórica hacia el terrorismo e inmediatamente remiten a la represión militar a partir del 24 de marzo de 1976 para desviar el eje del debate, no mostrar las atrocidades que cometieron los terroristas y volver a centrar la atención en el golpe militar.
En rigor hacen casi lo mismo que cuando entrevistan a una persona que se defendió de un acto delictivo. ¿Usó el agredido una fuerza excesiva contra el delincuente que lo amenazaba con un arma? ¿No podía defenderse de otra manera? ¿Tenía balas el revólver con que lo amenazaba el delincuente? ¿Estaba seguro que el delincuente le iba a disparar? Nuevamente la víctima del delito pasa a ser sospechosa para muchos periodistas, con lo cual alientan la criminalidad y las muertes de inocentes porque terminan envalentonando a los criminales, cuando no terminan justificándolos.
Volviendo al tema principal, este sistemático comportamiento de buena parte del periodismo demuestra que su supuesta defensa de los derecho humanos es solo una postura y que en última instancia comparten el proyecto autoritario que a sangre y fuego quisieron establecer en Argentina y en buena parte de América Latina organizaciones terroristas entrenadas en Cuba, Libia y con el apoyo de la Unión Soviética.
El grado de cinismo de buena parte del periodismo llega a niveles tales como querer hacer un arbitrario corte el 24 de marzo de 1976. ¿Por qué ese deliberado corte histórico? ¿Es que ese día se levantaron de mal humor una docena de generales y empezaron matar y desaparecer gente? No, el corte se hace deliberadamente el 24 de marzo de 1976 porque durante la época de Perón comienza el terrorismo de estado con la creación de la Triple A. Un grupo que fuera de la ley empezó a combatir al terrorismo.
En rigor desde España, Perón  alentó a los terroristas en sus fechorías y luego, cando llegó a la Argentina y vio que los terroristas querían coparle el poder, es Perón el que inicia la acción contra los terroristas. El punto de máxima tensión llega el 25 de septiembre de 1973, dos días después de que Perón gana las elecciones de septiembre de 1973, cuando Montoneros asesina al dirigente sindical José Ignacio Rucci, amigo de Perón. El mensaje de Montoneros fue muy claro a Perón, o hacía una revolución al estilo cubano para establecer una dictadura o ellos la iban a hacer por su cuenta desalojando a los tiros y los bombazos al gobierno de Perón.
La realidad es que el periodismo nunca dice que los terroristas atacaron a un gobierno elegido en las urnas, el de Perón. En ese momento no combatían contra el gobierno militar, combatían contra un gobierno elegido por el voto.
Frente a este asesinato y tantos otros, Perón reacciona y lanza todas las fuerzas legales y no legales para combatir a los terroristas, pero por conveniencia política muchos dirigentes políticos y periodistas hacen silencio sobre el período previo al 24 de marzo de 1976. ¿Por qué no hablan de esos años anteriores a marzo de 1976? Tal vez por ignorancia o, lo que es más grave, porque es políticamente incorrecto señalar a Perón como el que inicia la cacería fuera de la ley de los terroristas. Es esa postura la que los hace poco serios como periodistas.
Pero ojo que también fue terrorismo de estado lo que hicieron los terroristas. En efecto, el apoyo logístico, entrenamiento y financiamiento que recibían de Cuba los transforma en una fuerza agresora externa que mediante el terror apoyado en estados extranjeros intentaron tomar por la fuerza el poder en Argentina para establecer una dictadura. En otras palabras, muchos de los terroristas hoy andan dando vueltas por los medios hicieron terrorismo de estado y deberían estar presos. Es más, siendo que el terrorismo de estado de los terroristas se apoyaba en estados extranjeros, es, a mi juicio, mucho más grave que el terrorismo de estado de los militares, porque mediante el terror otro estado quiso tomar el poder en Argentina. En todo caso acá hubo dos terrorismos de estado, pero el más grave fue el de los terroristas apoyados por estados extranjeros.
Cabe aclarar, también, que hay serias sospechas que acciones terroristas utilizaron el apoyo logístico de gobiernos provinciales que simpatizaban con los sectores marxistas, lo cual los hace terroristas de estado, como fue el caso del mencionado asesinato de Rucci.
Luce patético también que algunos periodistas sostengan que si bien la cifra de los 30.000 desaparecidos no es cierta, hay que mantenerla como un emblema nacional. Ninguna mentira puede ser emblema nacional y menos se puede construir un país basándose en la mentira. Eso muestra, una vez más, que mucho periodista y político no tienen realmente interés en los derechos humanos, sino que solo pretenden defender a los terroristas con los que simpatizan forzando el argumento hasta el ridículo para no reconocer que los montoneros, ERP y demás bandas armadas también cometieron crímenes de lesa humanidad.
Ahora que se está levantando el velo de tanta mentira y hechos que tratan de ocultarse de la década del 70, pareciera ser que los falsos defensores de los derechos humanos buscan nuevos argumentos para defender a los terroristas de estado apoyados en estado extranjeros.
Como última reflexión le formulo la siguiente pregunta: ¿cómo llamaría Ud. a un argentino que se levanta en armas contra un gobierno elegido por el voto para establecer una dictadura mediante el terror, siendo apoyado, estimulado e impulsado por un gobierno extranjero?
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980) Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 12 de Febrero de 2017 en la edición N°665

domingo, 12 de febrero de 2017

Trump y la vacuna contra la des-globalización

Por Diana Ferraro (*)
La ola global de descontento con el Presidente de los Estados Unidos es muchas veces impulsada por criterios culturales progresistas que hubieran reaccionado de igual modo ante cualquier presidente republicano. Más aún ante el presidente Trump, con su retórica impulsiva, sus malos modales y una preferencia por conductas anticuadas, hace ya largo tiempo superadas por las élites comunicadoras, testigos vanguardia—en general—de los cambios culturales que más tarde o más temprano se producen en las sociedades a las que pertenecen. Menos visible es la ola de descontento en las empresas e instituciones financieras norteamericanas con despliegue multinacional, las que, bien o mal, han llevado a un progreso real en las condiciones de vida en infinitos países, incluyendo los Estados Unidos. La reacción práctica de éstas ante la campaña desglobalizadora aún no se percibe en su posible dimensión.
 
Del hoy Presidente Trump, lo que importa no es la crítica cultural de sus convicciones, ni siquiera su tendencia al autoritarismo  infantiloide narcisista, sino su ignorancia acerca de y su desprecio profundo de la globalización y que hoy sea, justamente, la mejor expresión de una corriente subyacente en muchos países durante las largas décadas de la globalización: la tendencia a regresar a soluciones anti-mercado y nacionalistas ante las nuevas dificultades creadas por la integración industrial entre países y el libre comercio de bienes y servicios. Los argentinos hemos vivido exactamente este mismo proceso en los años posteriores a los globalizadores Menem-Cavallo, con la reacción del atrasado Duhalde y la posterior dogmatización de su proceso reaccionario a manos de ambos Kirchner.
 
La propuesta del Presidente Trump es tan sencilla como antigua: priorizar la producción nacional, en especial en los sectores de energía, infraestructura, construcción y manufacturas menos competitivas, y desentenderse, por medio de altos impuestos, de la producción multinacional y del comercio multilateral. Regresando en el imaginario al próspero pasado posterior a la Segunda Guerra Mundial, negando la globalización como hecho irreversible, y sin la vocación ni la información necesaria como para, dentro de un legítimo espíritu de volver a hacer grande a los Estados Unidos de América, enfrentar los nuevos problemas de la globalización y analizarlos hasta resolverlos.  

Esta renuncia a la globalización es la principal diferencia entre quienes se imaginan y hasta sueñan con que puede ser un segundo Reagan y entre quienes con mayor lucidez ven al nuevo Presidente como la vacuna necesaria contra las recurrentes tendencias hacia la desglobalización. Hay que recordar, además, que dichas tendencias han sido fogoneadas tanto por la izquierda anticapitalista como por las derechas nacionalistas que nunca vieron con buenos ojos ni la globalización ni el predominio norteamericano como líder de esa globalización. De ahí las aparentemente inverosímiles alianzas o apoyos, locales e internacionales, que este nuevo presidente ha cosechado en sus primeras semanas como gobernante.
 
 Para valorizar al Presidente Trump, se insiste en decir que fue votado por una contundente mayoría de delegados y, si no por una mayoría popular, por una minoría importantísima y significativa de los estadounidenses, muchos cansados de los errores sin reformulación del ex-Presidente Obama, y otros, los menos, identificados con su ilusión de hacer grande a la Nación por medio de un regreso al pasado glorioso, el de  militares victoriosos y salvadores del mundo, el de una industria nacional que era la más competitiva del mundo, con norteamericanos en pleno empleo y crecimiento personal, muy pocos inmigrantes marrones y una población negra sin demasiados derechos. Esa minoría blanca, de clase obrera, media o alta, no legitima a Trump más que en el resultado electoral. En cambio, son legítimas sus preguntas angustiadas acerca de un país que ha dejado de crecer como debería y que no parece tener el éxito de antaño en el mundo, y,  por lo tanto, merece respuestas reales y un líder mejor formado y más adecuado a sus intereses profundos que los ayude a comprender el mundo moderno y a enfrentar sus desafíos, también legítimamente y con chances de un éxito real.
 
 La gestión del Presidente Trump puede durar un corto tiempo o el período entero, pero difícilmente tenga éxito en su propósito de hacer de los Estados Unidos más de lo que ya es hoy día. Puede incluso, empequeñecer a la gran nación aún más de lo que hizo el ex presidente Obama con su internacionalismo culpógeno y cometer aún mayores errores en su política internacional. Los Estados Unidos sólo pueden conservar lo adquirido y desplegarse aún más, con un liderazgo mejorado de la globalización y no desentendiéndose de ésta. Este período intermedio de marcha atrás, pausa, y error conceptual en el liderazgo presidencial estadounidense, terminará y el avance hacia el futuro continuará, porque esa es la lógica de la historia estadounidense, anclada en un irrenunciable destino global.
 
Como el kirchnerismo, antídoto político autoinfligido por los argentinos durante más de doce años antes de recuperar la salud mental y regresar al camino correcto de una economía abierta al mundo, el Presidente Trump, desconociendo el mapa y con una brújula sin imán, llevará inexorablemente a sus compatriotas al camino del cual nunca debieron haber salido, en las antípodas del que él lamentablemente eligió. En el mientras tanto, los republicanos lúcidos tendrán la oportunidad de buscar soluciones globales al problema del desempleo y de algunas de las desigualdades sociales creadas por el inequitativo reparto de las ganancias del conjunto, y de reformar y aumentar las innumerables condiciones de igualdad que la globalización creó en el planeta. Los líderes demócratas, a su vez, deberán afinar sus ideas acerca de la economía global y la correlación de éstas con la política internacional, de modo de no cometer errores, a la vez que reafirmando y expandiendo globalmente su cultura basada en las libertades personales interesándose, por ejemplo, en la libertad de las mujeres en los países musulmanes.
 
En el recreo de la globalización, esperando que la vacuna contra la desglobalización haga efecto, el mundo se seguirá preguntando, a través de los infinitos análisis de la Presidencia Trump y sus efectos, cuando volverán esos Estados Unidos multirraciales, multiculturales, en la cresta del desarrollo tecnológico gracias a la importación de millares de cerebros del mundo, a liderar el planeta y a sostener el avance global hacia una libertad y un crecimiento aún mayores. Seguramente, dentro de no mucho tiempo, si creemos en la persistencia de ese espíritu de libertad que los ha hecho pioneros, en América y en el mundo, a la vez del libre mercado y de las libertades individuales, y líderes de una globalización que aún cuenta con ellos. 
(*) Diana Ferraro. Periodista, escritora. Publicación de su blog personal el 12 de Febrero de 2017

Revuelcos interesantes

Por Enrique Guillermo Avogadro (*)
“La incomprensión del presente nace de la ignorancia del pasado”. Rafael Bielsa
El domingo pasado, al leer la imprescindible columna de Jorge Fernández Díaz en “La Nación” (https://tinyurl.com/z4qcmmf), tomé conciencia del primero de los impresionantes cambios que se han producido en lo que va del año.
Hasta ahora, los ideólogos de izquierda del mundo subdesarrollado se hartaron de despotricar contra la globalización, a la que consideran terriblemente perjudicial para los países pobres. Sin embargo, hoy quien enarbola la bandera más importante de resistencia a ese movimiento –que, debo decir, me parece imparable- es nada menos que Donald Trump, que brega por cerrar la economía estadounidense con los mismos argumentos que utilizan quienes se encuentran en sus antípodas políticas.
Es interesante, entonces, pensar cómo puede darse un fenómeno socio-económico, relativamente nuevo, que resulte perjudicial para todos, sean privilegiados o sumergidos. Como, naturalmente, eso contiene una contradicción que lo convierte en imposible, resulta fundamental discernir a quién le asiste la razón.
Estados Unidos es, sin duda, el mayor país del mundo todavía, aunque China pretenda acercársele. Y es el mayor exportador de tecnología, dada su monumental inversión en investigación y desarrollo. Pero, para poder mantener al mundo entero como un mercado para sus productos, debe también aceptar que el resto de los países exporten a su mercado interno porque, en general, las economías son reacias a comprar a quien no les compra.
Por eso, creo que los próximos meses –hace pocas décadas, hubiéramos dicho años- traerán algunas respuestas a estos interrogantes, generados por algunos datos ciertos: un obrero estadounidense gana, en promedio, cuatro veces más que su homólogo mexicano, y ni hablar de los trabajadores del sudeste asiático, pese a que éstos también han mejorado. Si Trump insiste en concentrar toda la producción de las empresas norteamericanas en su propio territorio y en incentivar el “compre nacional”, resulta obvio que los salarios locales subirán aún más, y ese mayor costo se trasladará, necesariamente, a los precios; de la reacción de la sociedad ante ese incremento dependerá, en mucho, el futuro político del nuevo Presidente. Casi tanto como de sus feroces batallas contra la prensa (tan tradicionalmente libre allí que llegó a costarle su cargo al Presidente Richard Nixon) y contra la Justicia, que ha actuado siempre como garante de la división de poderes y como última defensa de los ciudadanos frente a los abusos del Poder Ejecutivo.
El segundo vuelco se refiere a la ola anticorrupción que, desatada por las investigaciones en las empresas Petrobras y Odebrecht, ya alcanza a varios países de Latinoamérica. El pedido de captura del ex Presidente peruano, Alejandro Toledo, las imputaciones al Gobernador del Estado de Rio de Janeiro y al Alcalde (Prefeito) de su capital, el bloqueo judicial a la designación de uno de los principales ministros de Michel Temer (Presidente de Brasil), las acusaciones contra Juan Manuel Santos (Presidente de Colombia), las repercusiones en Panamá y en República Dominicana, donde hay varios políticos y funcionarios de primer nivel involucrados, están transformando al Lava Jato en un verdadero tsunami internacional que nadie sabe dónde terminará, ni cuál será su costo.
Otro vuelco, el primero propio, se refiere al reducido índice de inflación de enero, un mes tradicionalmente malo para esta medición, que sorprendió a todos los economistas. Anualizando los logros de los últimos siete meses en la materia, resulta claro que el Gobierno y el Banco Central han conseguido domeñar este flagelo, que tantos pobres produce; además, resultará un dato clave al momento de negociar las paritarias, salvo aquéllas que se celebrarán con los gremios de marcada dirigencia kirchnerista, en especial los maestros. Pero creo que, si los diferentes gobiernos provinciales se mantienen firmes, surgirá una importante disidencia dentro de los distintas agrupaciones que permitirán el comienzo de las clases en tiempo y forma, y lo mismo sucederá con el subterráneo capitalino y sus salvajes “metrodelegados”. Cada vez serán más quienes estén dispuestos a desobedecer directivas claramente desestabilizadoras.
El dato de la inflación, sumado al éxito del blanqueo y a la proximidad del ingreso de ingentes divisas provenientes de las exportaciones de granos, acompañado por la favorable opinión de los grandes operadores de los mercados de crédito internacionales (Morgan Stanley dijo, el viernes, que Argentina enderezará su economía y atraerá US$ 230 mil millones), permiten afirmar que el Gobierno está haciendo muy bien las cosas en ese terreno. Estoy seguro que el país volverá a crecer este año, aunque será muy difícil que ese crecimiento sea parejo para todas las áreas de actividad, en la medida en que muchas de ellas dependen de la marcha de nuestro principal socio comercial, Brasil, inmerso en una crisis económica y política de incierto futuro.
Y, finalmente, el marcado revuelco que significa la permanente presencia en los medios de difusión masiva, que hoy hasta editorializan sobre la cuestión de los presos políticos pese a haberla ignorado durante los últimos catorce años. Obviamente, ese cambio de actitud responde a un nuevo interés social, reflejado en el rating y en los cientos de cartas de lectores que publican los diarios de mayor circulación, que piden una solución inmediata de este grave condicionamiento de nuestra joven democracia.
Todo ello resulta innegablemente positivo porque, a la entrevista que realizó Eduardo Feinmann a Victoria Villarruel esta semana, siguió un interesantísimo y constructivo debate -en Intratables- entre Silvia Ibarzábal (hija del Coronel secuestrado en el ataque a la guarnición de Azul, torturado y asesinado en 1974, durante la presidencia de Juan Domingo Perón), Luis Labraña (el ex montonero que inventó la mágica cifra de los 30.000 desaparecidos) y Eduardo Anguita (ex combatiente del ERP), que permitió iluminar este tema, tan manipulado.
Resulta inexplicable que, mientras rivales seculares como Alemania, Francia, Gran Bretaña, Polonia y Rusia, que combatieron en guerras terribles y sanguinarias, pudieron sólo siete años después de la Segunda Guerra Mundial (en la que murió el equivalente a toda nuestra población) sentar las bases para la actual Comunidad Europea, y Estados Unidos y Japón se convirtieron en fuertes aliados después de los bombardeos atómicos, nosotros sigamos inmersos en una contienda que ya debiéramos haber debido dejar atrás, cerrando las heridas que, sin duda, causaron esas décadas violentas.
Pero no podremos hacerlo hasta que cese la venganza, y todos podamos estudiar nuestra historia analizando crudamente los hechos tal como sucedieron, sin enmascararlos detrás de posturas ideológicas, y sin tergiversar lo que pasó en nombre de un sesgado relato que, a esta altura, huele irremediablemente a moho. 
Bs.As., 11 Feb 17
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com


Fuente: Comunicación personal del autor