lunes, 31 de octubre de 2011

Juan Manzur se escribe con “M” de Mandrake

Por José de Álzaga (*)
Bendita Provincia es Tucumán, donde crecen hombres que manejan el misterio de los números con más acierto que Pitágoras, tanto que a Manzur le suman en su patrimonio y se le restan en las estadísticas.
Amigo lector, le diré que hay algo mucho peor que la Argentina “ese país generoso”; es el “país prebendario”, donde se accede fácilmente a fortunas que nadie puede justificar y lo peor, es que a nadie le interesa que se justifiquen.
No se puede esperar otra de un país donde el pico televisivo más alto lo tiene un programa donde vedetongas de poca monta se menean lascivamente frente a machos cabríos que danzan como posesos desequilibrados, mientras completa ese cuadro un jurado famélico de neuronas.
El lucro de la liviandad, ni más ni menos. Así, mientras los simples se entretienen con estas banalidades, los más vivos urden sus triquiñuelas políticas para engrosar su bolsa mientras los demás contentos con el “panem et circenses” continúan en la más paupérrima pobreza.
Provoca estas reflexiones el caso del Vicegobernador reelecto de la Provincia de Tucumán, Juan Luis Manzur, que ocupó ese cargo hasta que Graciela Ocaña presentó su renuncia al Ministerio de Salud de la Nación. Sabrán los dioses las razones por las cuales la Presidente, Cristina Fernández, le ofreció reemplazar a esa mujer en el cargo, y Manzur, ni lerdo ni perezoso, hizo el bulto para irse a Buenos Aires, previa solicitud de licencia a su cargo, otorgada por la Legislatura de Tucumán.
El procedimiento desnuda una de las prácticas más espurias de hacer política, la de “plantar” candidatos que no son tales y que se disfrazan bajo le denominación de “candidaturas testigos”, y más modernamente “candidatos virtuales”, expresión por demás precisa y acertada y la que más se ajusta a la figura de un Manzur que está ¡pero que no existe!, porque desde el momento en que pidió licencia como Vicegobernador de Tucumán ese cargo está ocupado por una persona que ni siquiera reside en esa Provincia.
Como para que el hecho sea todavía más injurioso al sentido democrático, este mismo Manzur participó de las recientes elecciones del 28 de agosto próximo pasado donde el “El Dueño” de Tucumán, José Alperovich revalidó su título de Gobernador para un periodo más por una amplia mayoría, acompañando esa fórmula como candidato a Vicegobernador en uso extensivo de la licencia, convalidando el más escandaloso engaño para sus votantes.
Con la impunidad que otorga la legalidad del voto emitido, Manzur violará la legitimidad cuando próximamente jure nuevamente ese cargo que nunca ejerció y que no asumirá por haber sido convocado por la Presidente a continuar en el cargo de Ministro de Salud de la Nación. Ni siquiera Shakespeare podría haber imaginado semejante ilusión para su famoso pasaje de “Hamlet”: “Ser o no ser, ésa es la cuestión”.
Nada sería que este Vicegobernador virtual se mantuviera en el imaginario colectivo como tal sin serlo, sino porque lo único real y tangible de su persona pareciera ser su patrimonio que se multiplicaría con más facilidad que los panes y los peces evangélicos; de hecho ha sido honrado con el suspicaz título de ser el funcionario más rico del Gabinete nacional.
Los papeles son lapidarios y consta así en su declaración de bienes del año 2010, que su patrimonio oscilaba cerca de los seis millones de pesos ($6.000.000) que incluían 14 propiedades, un vehículo de alta gama y otros bienes más. Yo puedo justificar cada “patacón”
Sorprendente prosperidad para un galeno que desde el día de su Juramento Hipocrático únicamente ha conocido cargos en la función pública y que le valiera que el abogado Oscar López le interpusiera una demanda por supuesto enriquecimiento ilícito.
Impunidad no hipocrática sino hipócrita, sibilinamente defendida por un picapleitos mercenario que trató de evitar que Manzur fuera a los Tribunales tucumanos invocando el argumento de que a pesar de ser Ministro de la Nación “es todavía vicegobernador de la provincia en uso de licencia, por lo cual lo contiene dentro de las normas de índole provincial, en relación con la imposibilidad de ser investigado penalmente sin la realización del juicio político.
Aún quedan cerebros con criterio, porque la Cámara lo consideró “un funcionario del Poder Ejecutivo Nacional”, lo cual “altera la naturaleza del supuesto delito cometido sustrayéndolo de la jurisdicción ordinaria y quedando sometido a la competencia federal”, agregaron los integrantes de la Cámara. Menos mal, Zaffaroni le hubiera dado además un Honoris Causa.
Manzur, con “M” de Mandrake
Bendita Provincia es Tucumán donde crecen hombres que manejan el misterio de los números con más acierto que Pitágoras, tanto que a Manzur le suman en su patrimonio y se le restan en las estadísticas.
Es el caso de un tema tan delicado como la mortalidad infantil la cual por obra y gracia de este Fu-Man-Chú norteño bajó sus índices del “25 al 12,8 por mil”. Ni siquiera ese émulo de Rocky, Guillermo Moreno pudo tanto en el INDEC.
Se dirá lo que se quiera de los muchachos del PO y sus allegados, pero es menester reconocer que son rapaces a la hora de la denuncia y han logrado correr el velo al truco de Manzur y denuncian que lo que hizo el Ministro-Vicegobernador habría sido “adulterar los índices de mortalidad infantil, de la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes, donde nacen el 40% de los chicos de la provincia”.
De ser cierto esto, Manzur no sólo sería un “Mandrake” sino también manipulador porque si los bebés viven unas horas, no hay modo de no registrarlos como nacidos vivos, ingresan en la estadística como 'defunciones fetales' o 'egresos por abortos que se habría incrementado un 39%.
Señor de la vida y de la muerte, una investigación habría revelado que los “abortos” eran en realidad bebés nacidos, anotados como tales bajo presión. Los funcionarios que habrían denunciado esta práctica, la estadígrafa Ángela Zóttoli y la epidemióloga Evelyna Chapman, habrían pagado con su cargo el develar esta realidad.
Nos preguntamos dónde están los obispos de la Iglesia Católica rasgando sus sotanas para denunciar a este Herodes que envía niños a un Limbo que para colmo, según Benedicto XVI ¡ya no existe!
Mientras los expedientes van y vienen y Manzur se capitaliza y su patrimonio a esta altura ya rondaría los $9.000.000 (pesos nueve millones) y estuvo construyendo una mansión de importantes dimensiones en el coqueto barrio de Yerba Buena, obra que “prudentemente” habría mandado a detener hasta que el polvo de las denuncias en su contra se aclare. Entretanto, “El Señor de los aviones”.
Alperovich no quiere levantar más polvo, no sea cosa que desde la Casa Rosada le cierren el grifo por unos pesos que Manzur ha hecho de acuerdo “con la dinámica de sus bienes de capital”, como dice su abogado.
Si bien es cierto que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, el ciudadano común no puede menos que preguntarse cómo se puede acaudalar semejante fortuna en un tiempo tan corto. Este Manzur es verdaderamente un sibarita del dinero.
Dirá el viejo dicho criollo que “el vivo vive del zonzo y éste de su trabajo”; por eso, sería interesante - como supo decir su denunciante-, éste Manzur dedicara unas horas a capacitar a los agentes estatales, esos modernos condenados a galeras que dan su tiempo a cambio de mendrugos, para capacitarlos en este prodigioso arte de multiplicar dinero. Sería una actitud que celebraría la igualdad que dicta la Constitución.
Una actitud también muy peronista, porque al fin y al cabo sería un acto de Justicia Social, ¿O no?
(*) José de Álzaga. Licenciado en Historia de la Universidad de El Salvador. Cursó luego la Licenciatura en Filosofía en la Universidad de Navarra, España. Ejerció la docencia en prestigiosos Colegios de la Ciudad de Buenos Aires. Posee títulos de posgrado otorgados por la Universidad de Boston. Actualmente está dedicado a la investigación del impacto social de las ideas posmodernas en la Cultura Occidental.

La morenización de la economía

Por Guillermo Cherashny (*)
En un giro hacia la radicalización, en los últimos días CFK le habría otorgado carta blanca a Guillermo Moreno para que ponga fin a la corrida cambiaria. Y éste fue coherente con la única receta que conoce: intervenir para asumir el control total. A su inspiración se debe el decreto que obligó a la liquidación de divisas en el país de petroleras, mineras y aseguradoras. En el caso de las dos primeras, ya logró que les bajaran la calificación a YPF y Pan American Energy. Este combo se completó con el envío de gendarmes, prefectos y policías a todas las casas de cambio, bancos y financieras del país. El corolario es la resolución 3210 de la AFIP, que establece veladamente el control de cambios al asumir este organismo la función de autorizar previamente las compras de dólares. A todo esto, en la reunión del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) hubo severas recriminaciones al gobierno argentino por utilizar el combate al lavado de dinero como un pretexto para frenar la demanda masiva de dólares, cuando es sabido que la Casa Rosada está en una lista gris por su inoperancia hacia ese delito.
¿Liderazgo en crisis?
Así es que Moreno le presentaría a Cristina sus “brillantes” propuestas, que ella aprueba y luego imparte las directivas para que Amado Boudou, Mercedes Marcó del Pont, Jorge Mayoral (Secretario de Minería), Ricardo Echegaray (AFIP) y el director de la UIF, José Sbatella, ejecuten las medidas. Según trascendió, desde que se agravó la corrida cambiaria, la presidente no convocó a los responsables de todas las áreas mencionadas para escuchar opiniones y sólo hizo una excepción cuando reunió días atrás a Boudou y Marcó del Pont para ordenarles que acentúen los controles. La realidad es que ninguno atinó a decir palabra. Es que, en realidad, éste y no otro es el estilo de gobernar de Cristina Fernández desde el 28 de octubre del año pasado. Ella casi no le pregunta a nadie y apenas consulta con su hijo Máximo, para algunos un genio en potencia, al que Hugo Moyano llama “Mínimo”, en alusión a que no está capacitado. La semana que pasó, el ex jefe de gabinete Alberto Fernández, en otros tiempos confidente de CFK, sostuvo ante las cámaras que Néstor Kirchner escuchaba a sus colaboradores pero que su viuda casi no habla con los mismos.
Cuatro días antes de ser reelecta, la presidente sorprendió a todos en la reunión con la cúpula de Coninagro al sostener que Moreno: “cumple muy bien su deber”. Es decir, adhirió explícitamente a la mentira del INDEC, el control de las importaciones, la prohibición de las exportaciones de carne, trigo y maíz, etc. Por tanto, no hay motivo para extrañarse de que ahora avale las medidas intervencionistas del polémico Secretario de Comercio.
Claro está que en su evaluación política Cristina no se equivocó. Las arbitrariedades de Moreno no tuvieron un costo electoral el pasado 23. Más de la mitad de los votantes plebiscitaron este tipo de políticas y, según encuestas de Poliarquía, el 55% de la población estaría convencida de que su situación económica es muy buena y que el año que viene sería mejor todavía.
Pero aparecieron las inconsistencias de este modelo y la metodología aprobada por el electorado sólo sirvió para agravar el problema. Ahora CFK debe decidir entre devaluar y enfriar la economía. Mientras tanto, puede desencadenarse una corrida bancaria, que sería la consecuencia de la corrida cambiaria que parece indetenible. Tal vez en cuestión de horas nos encontraremos con un dólar paralelo a 5 ó más y en esta ocasión el despliegue comunicacional de la presidente no le sería de gran utilidad. Los costos económicos ya están a la vista y se pueden extender bastante. Ahora están por verse los costos políticos, ya sea que se decida por devaluar o intervenir. De este modo, se abre la puerta a la primera crisis de liderazgo de la presidente.
(*) Guillermo Cherashny es editor de Informador Público.

Para pagar deuda Grecia hipoteca hasta el sol

Por IDESA (*)

Los resultados de la cumbre de Jefes de Estado de la Unión Europea fueron tomados con alivio y optimismo. Sin embargo, para Grecia implica declarar el default y comprometer enormes sacrificios. Por ejemplo, para garantizar el pago de la deuda pública se obliga a destinar los futuros ingresos de un megaproyecto de producción de energía solar. Mientras tanto se sigue difiriendo la solución al problema de fondo, que es la incoherencia de aspiraciones de consumo muy superiores a sus bajos niveles de productividad.   
Una mezcla de alivio y euforia prevalece luego de que la cumbre de Jefes de Estado de la Unión Europea anunció que la deuda de Grecia se reducirá un 50%, que el fondo de Facilidades de Estabilidad Financiera Europeo será ampliado y que los bancos privados europeos serán recapitalizados. El anuncio es interpretado como el principio del fin de la crisis de la zona del Euro y el comienzo de solución al “calvario” que sufre  Grecia.
En realidad, los Jefes de Estado de la Unión Europea no le “perdonaron” a Grecia el 50% de su deuda. Invitaron a los inversores privados (la mayoría, bancos europeos) a reconocer las pérdidas porque Grecia no puede pagar, y a absorberlas incrementando su capital con fondos propios o de inversores privados. Es decir, se declaró el default de Grecia.
Sin dudas, es positivo explicitar la crítica situación financiera. Sin embargo, no resuelve la cuestión de fondo generada por el hecho de que Grecia aspira a niveles de bienestar que son inconsistentes con sus relativamente bajos niveles de productividad. Una evidencia clara es la amplia brecha entre el crecimiento de la masa salarial en comparación con el bajo crecimiento de su producción. Datos de la OECD, para el periodo 2000 – 2010, muestran que:
·         En Grecia, la masa salarial más los beneficios sociales aumentaron un 66% mientras que el producto real aumento apenas un 22%.
·         Esto significa que Grecia expandió la capacidad de consumo de su población muy por encima del crecimiento en la producción.
·         En Alemania, como contraejemplo, la masa salarial creció un 12% y el producto un 10%, o sea, el consumo y la producción crecen a ritmos similares.
Estos datos sugieren que las decisiones tomadas en la Cumbre ayudan al ordenamiento financiero, pero no aportan a Grecia soluciones de fondo a esta inconsistencia entre altas aspiraciones de consumo y bajas capacidades de producción. Peor aún, mientras se difiere la definición de una estrategia para aumentar la producción, se comprometen esfuerzos ominosos para pagar lo que quede de deuda.
Un ejemplo muy ilustrativo es el Proyecto Helio. Se trata de un megaplan, cuyo nombre deriva del antiguo dios Sol, a través del cual se planea construir un complejo de 220 Km cuadrados de paneles solares para generar 10 GigaWatts de energía solar destinada, en su mayor parte, a ser vendida al resto de Europa. Para tener una idea de órdenes de magnitud, esta capacidad es asimilable a dos tercios de la demanda total de energía eléctrica de la Argentina. La lógica del Proyecto Helio es aprovechar un recurso natural abundante en Grecia (el sol) para generar energía eléctrica y venderla al resto de los países europeos, cuya restricción estructural es, precisamente, la escasez de energía y de sol.
La cumbre de Jefes de Estado de la Unión Europea estipuló que Grecia tiene que pagar deuda pública con 15 mil millones de Euros que se obtengan con la venta de esta energía del Proyecto Helio. Dicho de otra manera, para garantizar el pago de su deuda pública, Grecia debe llegar al extremo de hipotecar el fruto de su generoso sol. La sofisticación de aprovechar algo tan etéreo como el sol para pagar deuda pública es de una elevada sutileza financiera, pero no resuelve –en rigor agrava– su debilidad productiva.
Para Grecia, la cuestión sustantiva es decidirse a introducir reformas estructurales tendientes a generar un aumento sustancial de la productividad. El camino alternativo es seguir la estrategia de la Argentina de reducir salarios, jubilaciones y beneficios sociales a través de una megadevaluación. En el caso de la Argentina esto se instrumentó con la salida de la convertibilidad, que para Grecia sería el abandono del Euro.
En suma, Grecia compromete su futuro y pospone la adopción de una estrategia integral y racional para elevar sus niveles de productividad. Salvando las distancias, el proceso es análogo al de la Argentina que, en lugar de aprovechar los favorable precios internacionales para introducir reformas que eleven estructuralmente sus niveles de productividad, apela a recetas fáciles para potenciar el consumo presente a costa de comprometer su futuro con el derroche de los ahorros previsionales y consumiendo las reservas del Banco Central.
(*) IDESA Informe Nº 413

Fuente: www.idesa.org

Corrida cambiaria: ¡y finalmente lo dijeron!

Por Roberto Cachanosky (*)
Mientras el Gobierno saca a la calle la Gendarmería, la Prefectura y la AFIP para intentar frenar la corrida, varios funcionarios sostienen que comprar dólares es mal negocio. ¿El que apuesta al dólar pierde?
Cuando lo leí no podía creerlo. En efecto, las declaraciones de autoridades del BCRA diciendo que el que compra dólares hace un mal negocio es un calco de “el que apuesta al dólar pierde” o “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. Si es así, ¿por qué sacaron la gendarmería, la prefectura y la AFIP a la calle, si, como ellos dicen, el Central tiene tanto poder de fuego? Solo les falta sacar a la calle a los boy scouts y a los bomberos para intentar frenar la corrida cambiaria.
Argumento de las autoridades del Central para convencer a la gente que no compre dólares: "La gente que tiene ingresos y que compra dólares con su sueldo o con su jubilación, más allá de estar haciendo un mal negocio, lo que tiene que hacer solamente cuando lo hace es dar información". Veamos primero la última parte del párrafo. ¿Acaso es un delito comprar dólares? ¿Por qué una persona, con el fruto de su trabajo, tiene que informar por qué compra dólares? Para eso está su declaración jurada anual de ganancias y bienes personales donde detalla cuánto ganó y qué hizo con la plata. Pedir información adicional es una clara muestra de desesperación para intimidar a la gente. Pero como la gente no es tonta, si los controlan por el mercado oficial se va al marginal e igual va a comprar dólares.
Veamos la primera parte de la afirmación. La gente que tiene ingresos  y que compra dólares está haciendo un mal negocio porque hubiese ganado más colocándose a tasa de interés que le ganó al dólar. ¿Qué nos están diciendo? Que la gente haga una bicicleta financiera. Venda dólares, aproveche estas tasas y gane mucho en dólares. Ganar mucho quiere decir cobrar tasas inconsistentes con el sistema productivo. Una propuesta típica de lo que llaman la patria financiera. Te doy tasa y dame dólares para que no se me complique el escenario económico.
Pero analicemos un poco más este punto. ¿Qué tasa de interés le pagan a un pequeño inversor? Hasta $ 100.000 pueden pagarle el 12 o 13 por ciento anual. ¿Gana o pierde? Contra la inflación pierde. Es decir, al final del período, aún con los intereses ganados, pierde parte de su capital y gana frente al dólar si es que el tipo de cambio no se mueve. Todo depende de lo que las autoridades del BCRA entiendan por hacer un buen negocio. Si apostaron a vender dólares, colocarse en pesos y volver a comprar dólares, ganaron. Bicicleta financiera. Si apostaron a vender dólares, colocarse a tasa y quedarse en pesos, perdieron porque la inflación les comió parte del capital. Lo que se llama tasa de interés negativa.
Por otro lado, ¿tan estúpida es la gente que no advierte el negocio que le proponen desde el Central? El problema es si la gente confía en que el tipo de cambio se mantendrá quieto por un largo período. Por ahora la gente no cree eso y el gobierno hace lo imposible para que la gente confirme sus sospechas. Si, como digo en el Documento de Trabajo 10, el gobierno saca a la calle a la Gendarmería, a la Prefectura y a la AFIP, el mensaje que está enviando es que el Central no está en condiciones de controlar la corrida cambiaria. Es más, si además tienen que pedirle plata prestada a otros bancos centrales para disimular la caída de las reservas, todo indica que no hay tanta pólvora en la santabárbara para seguir aguantando.
El señor que va a la ventanilla del banco o a la casa de cambio no tiene idea sobre cuál es la política monetaria del BCRA. No sabe que el Central está emitiendo moneda a tasas del 40% (por cierto, ya llegamos a la serie T de los billetes de 100 pesos. Todo un símbolo de emisión monetaria descontrolada). Como decía, ese señor desconoce cuánto está emitiendo el Central, pero resulta que va al supermercado y los datos que Moreno informa de inflación no coinciden con la mayor cantidad de platita que tiene que sacar del bolsillo cuando llega a la caja con un carrito que cada vez llena menos, con productos que faltan y otros que tiene menos contenido o menor cantidad. ¿Vio el lector el tamaño de los rollos de papel higiénico? ¿Qué significa esto? Que la gente no tiene que seguir los indicadores económicos para saber que el dólar está barato. Solo le basta con ver cómo el billete de 100 pesos se le evapora en dos pavadas que compra. Ese señor dice: “acá algo va a pasar”. Y el “algo va a pasar” significa que imagina algún cimbronazo económico. ¿Qué hace ante esa incertidumbre? Compra dólares para proteger sus escasos ahorros que en Argentina es algo así como el arca de Noé cuando se viene el diluvio.
A ese señor, lo que le proponen las autoridades del Central es que se quede en pesos para que el gobierno pueda licuarle su capital y no le entorpezca la fiesta de consumo. Más que defenderlo en sus inversiones, parecen estar tratando de convencerlo de que deje la plata para que el Estado pueda aplicarle más fácilmente el impuesto inflacionario, pero el señor “desinformado” no quiere pagar más impuesto inflacionario, por lo tanto compra dólares.
Si uno ve lo que está haciendo el gobierno, advierte que se viene una profundización del modelo. ¿Por qué cambiar si con esta política ganamos las elecciones por afano? Ese mayor populismo implica más gasto público, y el gasto público requiere más financiamiento. Como la plata no alcanza, todos perciben que se financiarán con más inflación o con nuevas confiscaciones. En cualquiera de los dos casos, toda una invitación para incentivar la compra de dólares.   
A esto hay que agregarle a un BCRA que se esmera en entregar dólares a precios de liquidación. Para ser más claro: ¿por qué la gente consume mucha energía en sus casas? Porque el precio es artificialmente barato. ¿Qué ocurre entonces? Que la demanda crece más rápido que la oferta y hoy tenemos una explosión de importaciones de combustibles para sostener el sistema energético, explosión que les pega en el saldo de balance comercial. Ahora bien, si la gente consume más energía porque es artificialmente barata, ¿por qué no va a comprar dólares si están baratos respecto a lo que hicieron y a lo que van a hacer? Porque aclaremos que aquí nadie espera una avalancha de ingresos de dólares por inversiones, y con la soja en U$S 500, ni los dólares comerciales les alcanzó para financiar la fuga de capitales del primer semestre.
¿Qué dice la ley de la oferta y la demanda? Que cuando el gobierno pone un precio máximo aumenta la demanda y disminuye la oferta. Si el Estado se pone muy pesado, aparece el mercado negro donde se comercializa el producto a precios más alto pero no hay faltante. Pregunta, ¿por qué la ley de la oferta y la demanda va a funcionar diferente para el dólar y, además, bajo un gobierno kirchnerista? Ellos creen que la política domina la economía o que con un simple DNU pueden derogar la ley de la oferta y la demanda.
Recuerdo que hacia el final del gobierno militar, cuando la economía estaba fuera de control, las tasas de interés subían constantemente. En el medio de ese lío económico un general golpeó sobre la mesa y ordenó que las tasas de interés tenían bajar. Bien, el actual gobierno se maneja con el mismo criterio. Golpean sobre la mesa, amenazan y ordenan que la ley de la oferta y la demanda se comporte de acuerdo a sus criterios. No comprenden que la ley de la oferta y la demanda es un problema de la praxeología que es la ciencia que estudia la estructura de la lógica de la acción humana. Este término fue originalmente utilizado por Alfred Espinas pero ampliamente desarrollado por Ludwig von Mises en su tratado de economía La Acción Humana.
Como aporte, si es que el gobierno quiere tomarlo o bien descartarlo, sugiero que lean La Acción Humana y verán que la praxeología explica el comportamiento humano, la teoría del valor y cómo esta influye en la ley de la oferta y la demanda. Si leen atentamente La Acción Humana posiblemente descubran porque hay una corrida cambiaria que no se frena con la gendarmería en la calle sino que la economía es la ciencia de la acción humana. Y la acción humana puede tener un comportamiento cuando vota pero otro muy distinto cuando se trata de defender sus ingresos y ahorros. Así de fácil.
(*) Roberto Cachanosky es Licenciado en economía (UCA, 1980). Consultor económico. Artículo de la edición Nº 389 de Economía para todos.

El gobierno no enfría la economía, lo hará el mercado

Por Roberto Cachanosky (*)
Cristina Fernández de Kirchner no enfriará la economía como ya lo ha dicho, sino que será la misma dinámica del "modelo" la que se encaragará de enfriarla. Es que los gobiernos nunca devalúan sus monedas, es el mercado el que los fuerza a devaluar.
Mientras la gente pregunta si luego de las elecciones habrá una devaluación, Cristina Fernández dice que ella no hará el ajuste y que el modelo ha demostrado que ha sido exitoso. Sin duda que el modelo ha sido exitoso en términos de su objetivo político, al estimular artificialmente el consumo y crear un auge de prosperidad ficticio, todo esto apoyado por las buenas condiciones internacionales que prevalecieron durante los últimos 8 años. Todo lo artificial algunas vez se acaba, por eso cuando la gente me pregunta si luego de las elecciones el gobierno va a devaluar, mi respuesta es que muy raro que los gobiernos devalúen. El que devalúa es el mercado o, en todo caso, el gobierno modifica el tipo de cambio por las presiones que ejerce el mercado. De la misma manera, no será Cristina Fernández la que decida enfriar la economía, sino que será la misma dinámica del “modelo” la que terminará enfriando la economía.
¿Por qué hoy el BCRA pierde reservas permanentemente? Porque trata de no devaluar contrariando la tendencia del mercado. El mercado fuga capitales y tiende a elevar el tipo de cambio pero el gobierno se niega a convalidar esa devaluación y para ello está dispuesto a despilfarrar miles de millones de dólares de las reservas y, sobre todo, a destruir el patrimonio neto del Central.
¿Qué percibe hoy la gente respecto al tipo de cambio? Que ante la continuidad del kirchnerismo a partir del próximo 23 de octubre y su tendencia confiscatoria, lo mejor es poner a salvo el patrimonio comprando algo que esté barato. ¿Y que está barato hoy en Argentina? Entre otras cosas el dólar. Prácticamente el gobierno se ha comido la devaluación del 2002 aplicando el impuesto inflacionario y dejando casi quieto el tipo de cambio. Como paralelamente no hizo reformas estructurales que permitan mejorar la competitividad de la economía, más bien todo lo contrario, el mercado anticipa el desequilibrio de precios relativos y compra lo que está barato considerando el horizonte confiscatorio que tenemos por delante.
En la medida que continúe la fuga de capitales y el Central quiera frenarla vendiendo reservas, entregará dólares y retirará pesos del mercado enfriando la economía. Si opta por emitir pesos para compensar la restricción monetaria, entonces financiará una mayor fuga de capitales. Algo de esto está haciendo. En efecto, el Central ha estado vendiendo dólares para contener la suba al retirar pesos de circulación reduciendo el stock de LEBACS, NOBCs y pases. Antes que se acelerara la fuga de capitales, en marzo de este año el Central tenía emitidos LEBACs, NOBACs y pases por $ 102.000 millones. Al 30 de septiembre, ante la fuerte corrida que tuvo que enfrentar, ese stock de pasivos cortos había bajado a $ 88.000 millones. ¿Tiene que ver esto con la política de desendeudamiento del gobierno? No, el Central compró bonos suyos que estaban en el mercado contra emisión monetaria para compensar la contracción monetaria que generó vendiendo divisas para frenar el dólar. Por esa las presiones cambiarias son cada vez mayores. El Central le echa nafta al fuego y el mercado va a seguir arbitrando entre el dólar barato que ofrece el Central, sus expectativas y la liquidez que dicha institución vuelca al mercado. Si la gente tiene expectativas que el dólar va a seguir subiendo, dejará de comprar bienes para volcarse al dólar. El ajuste llegará con más inflación.
Lo mismo sucederá con el mercado laboral. Como los salarios en el mercado formal han estado aumentando por encima de la productividad de la economía y ante el adverso contexto internacional, el mercado laboral ajustará por cantidad. Puesto en otros términos, menos ocupación. Lo sucedido con la industria automotriz, textil y siderúrgica en las últimas semanas son los primeros síntoma de lo que vendrá. Un anticipo de lo que ocurrirá en el mercado laboral si sigue esta demagogia de subir salarios por encima de la productividad y de la inflación. Nuevamente el ajuste ocurrirá no porque el gobierno lo implemente, sino porque el mercado lo llevará a cabo. Las empresas no podrán seguir afrontando costos laborales de esta envergadura.
Las tarifas de los servicios públicos también tendrán que ajustar. Y tendrán que ajustar porque el gobierno no tiene recursos ilimitados para financiar cualquier nivel de subsidio. Cuánto más artificialmente bajas sean las tarifas, más demanda habrá. La lógica de la ley de la oferta y la demanda aquí también funciona. Si un precio es artificialmente barato, la demanda sube.
El gobierno podrá estirar el momento del ajuste que le impondrá el mercado confiscando más activos y flujos para seguir financiando un nivel de consumo que no se corresponde con lo que puede sostener la economía, pero cuánto más se empeñe en disfrazar la realidad, más complicada será la salida de precios distorsionados.
En sus dos primeros mandatos, Perón aplicó el mismo esquema populista. Agotados los recursos (el pasillo del Central está abarrotado de oro) y habiendo generado desestímulos a la producción, tuvo que dar marcha atrás, anunciando el famoso: “de la casa al trabajo y del trabajo a casa”. ¿Cuál era el mensaje? “Paren el consumo que no podemos seguir financiando la fiesta”. Si con todo el poder de convocatoria que tenía Perón, igual tuvo que aplicar el freno, ¿por qué Cristina Fernández podrá evitar un final similar?
Posiblemente la presidenta gane las elecciones por un amplio margen, el tema es que, más tarde o más temprano, tendrá que enfrentar a la gente y decirles que la fiesta de consumo que mantuvo todos estos años era artificial. Es cierto que a alguien le echará la culpa del ajuste. No se hará cargo de lo que hicieron en todos estos años. La pregunta es: ¿le creerá la gente que la culpa no es de ella sino del mundo, los medios de comunicación, los especuladores y demás discursos populistas? No lo sabemos, pero sí sabemos que, aún con ese discurso, cuando la situación económica empeora el discurso populista se agota si no mejora la economía. Así como la gente hoy vota por la fiesta de consumo sin considerar los atropellos institucionales, mañana, con una economía sometida al ajuste, el voto de la gente puede cambiar como ocurrió en el 2009.
Si el gobierno, en la adversidad económica, quisiera seguir reteniendo el poder, la única opción que le quedará para dominar el descontento popular será avanzar con mayor ferocidad sobre los derechos individuales, silenciando a quienes piensan diferente y reprimiendo el descontento en las calles.
(*) Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Artículo editado en "Economía Para Todos" por  Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos. 

Por la plata baila el mono

Por Roberto Cachanosky (*)
Dice el dicho popular: "por la plata baila el mono. La pregunta es: ¿seguirá bailando el mono cuando no haya más plata?"
Encuestadores serios afirman que el fuerte apoyo a Cristina Fernández no se basa solamente en la economía sino que la gente identifica otros temas como positivos. Por ejemplo la forma en que el gobierno lleva adelante el tema de los derechos humanos. Es posible que así sea dado que la distorsión histórica de lo ocurrido en los 70 hace aparecer a los terroristas como inofensivos jóvenes idealistas que querían cambiar el mundo. Los asesinatos, secuestros e intentos de tomar el poder por la fuerza (apoyados y financiados por gobiernos extranjeros en los años de la guerra fría) no se cuentan. De todas maneras, es posible que la gente crea que todo comenzó el 24 de marzo de 1976 cuando un grupo de generales se levantó de malhumor y comenzó a secuestrar y matar a los jóvenes idealistas, pero mi punto es que si este tema tuviera tanto peso en el apoyo al gobierno no se entiende por qué este mismo gobierno, con el mismo discurso distorsionado de los 70, perdió las elecciones del 2009. En ese año la economía estaba en recesión y el discurso distorsionado de los 70 era el mismo. De manera que no termina de convencerme el argumento.
Me parece que aquí ha pesado enormemente al auge artificial del consumo y un mecanismo de distribución de los recursos típico de los modelos populistas. Desde aumentos salariales que nada tienen que ver con la productividad de la economía, hasta una catarata de subsidios parecen haber influido en forma notable en el apoyo a Cristina Fernández, más allá de la escasa imaginación y sobre todo egoísmo de los opositores. Candidatos que, montados en el caballo de la soberbia, definían cuáles eran sus límites descartando a otros dirigentes como si fueran leprosos.
Pero volviendo a la influencia del tema económico, me parece que, si bien la gente puede no reflejarlo en las encuestas, ha tenido un peso fundamental en el resultado de las elecciones. Decía antes de los aumentos de salarios que, si bien son insostenibles en el mediano plazo, sirvieron en el corto para atraer votos. Lo mismo ocurrió con los subsidios.
Si uno mira el presupuesto ejecutado al 30 de septiembre de la Administración Pública Nacional, se va a encontrar con que el rubro de mayor importancia es Servicios Sociales con $ 173.000 millones, donde las jubilaciones tienen un peso decisivo. Pero el segundo rubro es Servicios Económicos con $ 63.148 millones donde el 89% fue destinado a subsidiar la energía y el transporte público. Todo parece indicar que este año el gobierno destinará cerca de $ 80.000 millones en subsidios para, fundamentalmente, tener energía, gas y transporte público de pasajeros “baratos”. Por supuesto que con estos números vamos de cabeza a otro rodrigazo, pero mientras tanto ayudó a conseguir votos.
Si uno mira los subsidios sociales, alcanzaron la friolera de $ 32.000 millones a septiembre. La asignación universal por hijo creció el 34% respecto a enero-septiembre del año pasado. Bien por arriba de la inflación real. Hasta septiembre llevaban destinados a este plan casi $ 6.600 millones. No nos engañemos, como dice el viejo dicho popular: por la plata baila el mono. Acá se habla mucho de valores, derechos humanos, solidaridad, etc. pero la realidad es que desde el empresario beneficiado por el proteccionismo, pasando por el nuevo empleado público que no se sabe para qué está y llegando a los que viven de los subsidios, todos son felices si tienen la platita en el bolsillo sin importarle demasiado qué le puede pasar a su semejante que tiene que financiarlo previa expoliación del Estado.
Justamente unos días atrás me preguntaba un productor agropecuario si era posible que en otro mandato kirchnerista se expropiaran los campos. Mi primera respuesta es la de siempre: bajo el kirchnerismo cualquier cosa es posible. La segunda es que si bien es posible algún tipo de expropiación, la realidad es que los jóvenes de La Campora no van a ir a trabajar los campos. Más bien le conviene que el productor trabaje la tierra por ellos y el gobierno se apropie de su renta. Dicho en otras palabras, probablemente le dejen el campo pero lo van a hacer trabajar para los otros.
Por eso la sociedad está tan fragmentada como no se vía desde los primeros dos gobiernos de Perón. Porque una parte de la sociedad vive a costa del trabajo casi esclavo de la otra mitad. Unos trabajan todo el día para que el Estado los expolie con impuestos para poder comprar la voluntad de la otra mitad. Con eso solo le alcanza para ganar las elecciones. Usa a una mitad de la población de esclavos para generar ingresos y luego distribuirlos, en nombre de la solidaridad social, entre aquellos que le acercarán los votos.
Por supuesto que este esquema tiene el problema de que si una parte de la sociedad tiene que sostener a la otra mitad, se desestimula la inversión y la producción. La economía produce menos riqueza y cada vez es más complicado mantener este esquema de mitad esclavos, mitad beneficiados del trabajo de los esclavos. Sin el mundo sigue complicándose, el gobierno tendrá que hacer demasiados malabarismos para poder mantener este esquema económico que le permite construir poder.
Pero en definitiva el problema que tenemos en Argentina es que se ha acentuado la destrucción de valores como la cultura del trabajo, el riesgo empresarial, el espíritu de superación personal y se ha impuesto la cultura de la dádiva, del vivir a costa del trabajo ajeno, del desprecio por la libertad y la propiedad. Lo que ha hecho el kirchnerismo es aprovechar esa destrucción de valores. El problema ya no son ellos, sino los valores que imperan en buena parte de la sociedad.
Lo más grave no es si el tipo de cambio real está retrasado, si las cuentas públicas están desequilibradas o si la política monetaria está fuera de control. Lo más grave, en todo caso, es que todos esos problemas son consecuencia de los valores que imperan en buena parte de la sociedad: “yo tengo derecho a que el otro me mantenga, me pague la casa, el televisor, etc.” sin explicar por qué el otro tiene esa obligación. Y no se explica porque no hay explicación posible a un esquema de saqueo generalizado. Unos robando a otros en nombre de la justicia social no tiene explicación posible.
Con este mecanismo se podrá ser exitoso electoral y políticamente, pero es imposible construir un país donde todos progresen. Tal vez no sea este el objetivo. Tal vez el objetivo sea fabricar pobres para luego mantenerlos con el trabajo ajeno, con lo cual el país tendrá una mitad de la población esclava trabajando para financiar el proyecto populista y otra mitad denigrándose para recibir dádivas del burócrata de turno.
En definitiva, mientras haya recursos para financiar este esquema perverso, el poder está asegurado. Cuando se acaben los recursos veremos cómo se convence a la mitad de los que viven del trabajo ajeno para que me sigan votando.
Por eso me permito dudar que este resultado electoral esté influenciado por una versión distorsionada de la historia de los 70 o por el vestidito negro. Pueden haber tenido alguna influencia, pero me parece que el esquema de vivir una fiesta de consumo artificial a costa del trabajo ajeno y las confiscaciones tiene un peso fenomenal. Basta con revisar los resultados electorales y compararlos con el nivel de actividad para advertir que hay una alta correlación.
De todas maneras, de aquí en adelante queda un gran interrogante. Si por la plata baila el mono, ¿cómo harán para que el mono siga bailando cuando no haya más plata?
(*) Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Artículo editado en "Economía Para Todos".

Con inconsistencias

Por Gabriela Pousa (*)
Con inconsistencias: Indica que no se han superado los mencionados controles, detallando el/los motivo/s correspondiente/s.” Resolución 3210 de la AFIP. Art. 6

Apenas una semana de los comicios presidenciales, y sin embargo, parece que hubieran pasado meses o años ya… Pese a ello, la contundente victoria de Cristina Fernández de Kirchner conlleva, como todo, su debilidad.


En primer lugar, no posee aquellos mentados 100 días de gracia que, según muchos, debe dársele a un gobierno en su faz inicial. En segundo término, la Presidente no puede apelar más a denunciar gestiones anteriores, herencias recibidas y/o conspiraciones destituyentes, si se tiene en cuenta el magro caudal electoral de los opositores, amén de los “aplausos y ovaciones” que confesó poseer de todos los sectores durante la campaña, así como la venia que le hiciera la dirigencia empresaria.

En definitiva, entre el viento de cola, los precios de los comodities, la madre soja y la indiscutible habilidad política del kirchnerismo, el gobierno ha llegado a las elecciones sin más obstáculos que si mismo. Todo debería marchar sobre ruedas pero de pronto, el triunfo apabullante, la conquista de los sectores díscolos y las encuestas que sonríen a la jefe de Estado comienzan a tambalear sin que se haya alterado el escenario, ni se sepan a ciencia cierta los cambios que se producirán en ciertos despachos.

¿Razones? ¿Causas? Poco aportan los análisis macroeconómicos ahora. Hay, por encima de toda lógica matemática y dato de mercado, una idiosincrasia nacional que no puede traicionar su naturaleza. Si algo caracteriza al argentino medio ha sido y es su afán por el regateo en todos los órdenes, sin excepciones. Si la oferta es tentadora, allí estará haciendo cola.  

Aunque parezca que no tiene sentido el recuerdo, en estos días, rememoraba una imagen que no pude dejar de relacionar con aquello. Venían a mi mente esas largas filas de autos que se producían en plena ruta 2, con el sólo fin de conseguir –de manera gratuita-, una botellita de agua o un yogur de determinada marca. Eran épocas en que todavía se veraneaba sin grandes sobresaltos, la economía no yacía como espada de Damocles sobre los ciudadanos. Aun así, podían pasarse minutos interminables detenidos como si el obsequio fuese un gran premio.

Pues bien, este afán por la compra de dólares, más allá de responder (como ciertamente responde) a la lógica del mercado tiene mucho que ver también con aquella manera de ser de los ciudadanos. Por circunstancias similares hemos vivido como si fuese eterna la etapa del “déme dos”, de los viajes a Miami, y la aparente fiesta interminable…

Aquellos que, por ese entonces, vaticinaban un final de festejo complejo eran tildados de agoreros, “tira bombas”, mala onda. Es justo admitir que los pronósticos de los analistas van más allá del corto plazo que se ha elegido para situar las expectativas, pero simultáneamente hay que sincerarse y asumir que, en los últimos años, se ha hablado de Apocalipsis y catástrofes sin demasiado argumento del que agarrarse.

Ahora bien, se supone que -hoy por hoy-, no hay amenaza latente para que se mancomune la idea de prevención. Sin embargo, prima la incoherencia. Basta con observar las diferencias entre la siembra y la cosecha de la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, para darse cuenta hasta qué punto en Argentina, se vive en la contradicción.

Mientras la clase media aducía sentirse identificada con las declaraciones televisivas que hacía la mencionada dirigente política, en el cuarto oscuro se ensobraba una oratoria sustancialmente distinta. ¿Cómo es posible que quienes aplaudían la vehemencia de Carrió, hayan terminado avalando, precisamente, lo que aquella denunció? La respuesta no es muy científica que digamos.

Tampoco es científica la causa por la cual, aparentemente de la noche a la mañana, los argentinos bregan por el papel verde en detrimento del peso local. Convengamos que hablar de una conducta subrepticia es un tanto falaz. No es nueva la desconfianza hacia la moneda nacional. A fuerza de desventuras, se ha agudizado la falta de credibilidad en general, y en lo económico y político en particular.

Si ahora hay una mayor demanda del billete americano las razones hay que buscarlas tanto en el juego de oferta-demanda del mercado, así como también en nuestra peculiar forma de ser: contradictorios sin igual. Dejar alguna de estas variables de lado es una suerte de auto-engaño.

Asimismo, ello explica que a horas de haberse ratificado el modelo de “matriz diversificada y doble flujo” que, en verdad, no dice nada claro, los mismos votantes se hayan volcado a los bancos y casas de cambio. El escorpión está de uno y otro lado. Es decir, el mismo “bicho” habita en Olivos, trabaja en Balcarce 50, y se refleja y halla en todos los demás barrios y periferias, a lo largo y a lo ancho. Cristina Kirchner es tan argentina como todos los demás.

Aunque suene a chicana, tampoco se puede descartar el hecho de haber sido Néstor Kirchner -a quién, recientemente, se idolatrara-, quién desoyera las advertencias del poder central para aumentar su declaración patrimonial.  Mi abuelita hubiera dicho que “se predica con el ejemplo”. A juzgar por los bienes acumulados por los Kirchner, el “negocio” no fue tan malo. Y es más, ¿los fondos de Santa Cruz se depositaron con la cara de Roca, San Martín, y Belgrano? Somos ingenuos pero no tanto.

En este orden de cosas, el asombro frente a los acontecimientos sobra. Las medidas lanzadas a las apuradas por el Ejecutivo Nacional responden, a su vez, a la concepción política intrínseca de quienes están en el poder: coerción, persecución, caza de brujas, y el viejo recurso de sembrar el temor. ¿Podía esperarse una acción coherente y acorde a un mercado que se auto-equilibra satisfactoriamente si no media el Estado, por parte del kirchnerismo? A juzgar por los últimos ocho años, era impensado.

Lo que debería preocupar con tanto énfasis o más, en la sociedad, es la capacidad de reaccionar que tiene la ciudadanía cuando se trata de la economía, frente a la total incapacidad para advertir que la suerte que corre el dólar es exactamente igual a la que corre la libertad. Claro, la libertad no se palpa, y aparenta ser abstracta, inmaterial…

Limitados por esa realidad, hastiados de pronósticos de tsunami que no llegaron a producirse con la misma intensidad que en otras ocasiones de nuestra historia nacional, y frente a un gobierno que promete seguir en una especie de letargo anunciando planes, inaugurando obras, y festejando efemérides populares, no puede esperarse conductas más racionales.

Puede ser que el típico ciclo económico de las crisis regulares se haya alterado pero eso no amerita creer que se ha acabado. Esta certeza repica en el inconsciente ciudadano.

La vasta papelería decorativa que supimos acumular a lo largo de diferentes períodos políticos explican, de alguna manera, que se haya llegado como se llegó hasta acá. A su vez, hay conciencia acerca de esta continuidad aunque el rumbo de imprevisibilidad que fuera bendecido por una mayoría electoral, no implica una entrega de cheque en blanco sino más bien pone en evidencia: 1) la falta de alternativa; 2) la seguridad de tener que adoptar, tras los comicios, otras medidas en lo personal pues, el gobierno, no garantiza tener más herramientas que la suerte y la habilidad comunicacional para asentar las bases de la aparente prosperidad.

Más que una declaración de amor hacia el poder hegemónico de los K, lo que ha habido el pasado domingo ha sido una confirmación de paciencia y aceptación ciega de lo que se da, como cuando nos deteníamos a esperar el agua y el yogur por su carácter gratuito primero y principal, y muy posiblemente sin tener siquiera sed ni hambre como para consumirlos ya.

El dólar, en ese sentido, y además de tener un color esperanza que el peso no tiene, posee una estabilidad que justamente la da aquello que tanto se desdeña acá: la institucionalidad, la libertad.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.