miércoles, 30 de noviembre de 2011

La economía de libre mercado de Thomas Jefferson

Por Murray N. Rothbard (*)
Artículo original en: http://mises.org/daily/5084

El liderazgo de los smithianos franceses lo obtuvo rápidamente Jean-Baptiste Say, cuando se publicó en 1803 la primera edición de su Traité d'Économie Politique. Say había nacido en Lyon en una familia hugonote de comerciantes textiles y paso la mayoría de su infancia en Ginebra y luego vivió en Londres, donde aprendió comercio. Finalmente volvió a París como empleado de una compañía de seguros de vida y el joven Say se convirtió en líder del grupo de philosophes del laissez faire de Francia. En 1794, Say se convirtió en el primer director de la principal revista de este grupo, La Décade Philosophique. Defensor no solo del laissez faire, sino asimismo del floreciente industrielisme de la Revolución Industrial, Say era hostil a la fisiocracia absurdamente pro-agrícola.
El grupo de la Décade se llama a sí mismo los “ideologistas”, posteriomente calificado con desdén por Napoleón como los “ideólogios”. Su concepto de “ideología” significaba sencillamente la disciplina que estudiaba todas las formas de acción humana, siendo un estudio una distinción de individuos y su interacción más que una manipulación positivista o científica de la gente como simple objeto de ingeniería social. Los ideólogos se inspiraban en las opiniones y el análisis del último Condillac. Su líder en psicología fisiológica era el Dr. Pierre Jean George Cabanis (1757–1808), que trabajaba junto con otros biólogos y psicólogos en la École de Midécine. Su líder en ciencias sociales era el rico aristócrata Antonie Louis Claude Destutt, Conde de Tracy (1754–1836).[1] Destutt de Tracy creó el concepto de “ideología”, que presentó en el primer volumen (1801) de su Éléments d'idéologie (1801-15) en cinco volúmenes.
De Tracy exponía sus opiniones económicas en su Comentario sobre Montesquieu, en 1807, que quedó en manuscrito debido a sus opiniones abiertamente liberales. En el Comentario, de Tracy ataca la monarquía hereditaria y el gobierno de uno solo y defiende la razón y el concepto de los derechos naturales universales. Empieza refutando la definición de la libertad de Montesquieu como “voluntad de hacer lo que se debe hacer” con la definición mucho más libertaria de la libertad como la capacidad de querer y hacer lo que a uno la parezca. En el Comentariok, de Tracy da primacía a la economía en la vida política, ya que el principal propósito de la sociedad es satisfacer, por medio del intercambio, las necesidades y placeres materiales. Alaba al comercio como “la fuente de todo bien humano” y también lauda el avance de la división del trabajo como fuente de aumento en la producción, sin ninguna de las quejas acerca de la “alienación” que exponía Adam Smith. También destacaba el hecho de que “en todo acto de comercio, todo intercambio de mercancías, ambas partes se benefician u obtienen algo de mayor valor de lo que venden. Por tanto, la libertad de comercio interno es tan importante como el libre comercio entre naciones.
Pero, se lamentaba de Tracy, en este idilio del libre intercambio y el comercio y la creciente productividad, aparece una plaga: el gobierno. Los impuestos, apuntaba, “son siempre ataques a la propiedad privada y se usan para gastos decididamente despilfarradores e improductivos”. Como máximos, todos los gastos del gobierno son un mal necesario y la mayoría, “como las obras públicas, podrían llevarse a cabo mejor por parte de los individuos privados”. De Tracy se oponían ácidamente a la creación pública e intervención en la moneda. As devaluaciones era, sencillamente, “un robo” y el papel moneda es la creación de un producto que vale solo el papel en el que se imprime. De Tracy también atacaba la deuda pública y reclamaba un patrón metálico, preferentemente en plata.
El cuarto volumen de los Éléments de de Tracy, el Traité de la volonté (Tratado de la voluntad), era, a pesar de su título, su tratado de economía. Llegaba así a la economía como parte de su sistema general. Completado al final de 1811, el Traité fue finalmente publicado tras la expulsión de Napoleón en 1815 e incorporaba y estaba construido a partir de las ideas del Comentario sobre Montesquieu. Siguiendo a su amigo y colega J.B. Say, de Tracy destacaba ahora fuertemente al empresario como figura crucial en la producción de riqueza. A de Tracy se le ha calificado a veces como un teórico de la teoría del valor trabajo, pero el “trabajo” se consideraba en su lugar como altamente productivo en comparación con la tierra. Además, el “trabajo” para de Tracy era en buena parte obra del empresario al ahorrar e invertir los frutos de un trabajo previo. El empresario, apuntaba, ahorra capital, emplea a otras personas u produce una utilidad más allá del valor original de su capital. Solo el capitalista ahorra parte de lo que gana para reinvertirlo y producir nueva riqueza. De Tracy concluía dramáticamente: “los empresarios industriales están realmente en el corazón del cuerpo político y su capital es su sangre”.
Además, todas las clases tienen un interés conjunto en la operación del mercado libre. No existe, apuntaba agudamente de Tracy, unas “clases desposeídas”, pues, como le parafrasea Emmet Kennedy, “todos los hombres tienen al menos la más preciosa de las posesiones, sus facultades, y los pobres tienen tanto interés en preservar sus posesiones como los ricos”.[2] En el corazón del énfasis central de de Tracy en los derechos de propiedad estaba por tanto el derecho fundamental de todo hombre a su persona y facultades. La abolición de la propiedad privada, advertía, solo generaría una “igualdad en la miseria” al abolir el esfuerzo personal. Además, aunque no hay clases fijas en el libre mercado y todo hombre es al tiempo consumidor y propietario y puede ser capitalista si ahorra, no hay razón para esperar una igualdad de rentas, ya que los hombres difieren en capacidades y talentos.
El análisis de la intervención pública de de Tracy era el mismo que el de su Comentario. Todos los gastos públicos son improductivos, incluso cuando son necesarios, y todo eso supone vivir de las rentas de los productores y ser por tanto parasitario en su naturaleza. El mejor estímulo que puede dar el gobierno a la industria es “dejarla en paz” y el mejor gobierno es el más mezquino.
Sobre el dinero, de Tracy adoptó una postura firme de moneda fuerte. Lamentaba que los nombres de las monedas ya no fueran simples unidades de peso de oro o plata. El envilecimiento de la moneda lo consideraba claramente como un robo y el papel moneda como un robo a gran escala. De hecho, el papel moneda es sencillamente una serie gradual y oculta de sucesivas devaluaciones del patrón de la moneda. Se analizaban los efectos destructivos de la inflación y se atacaba a los bancos monopolistas privilegiados como instituciones “radicalmente viciosas”.
Aunque seguía a J.B. Say en su énfasis en el empresario, de Tracy se adelantaba a su amigo en el rechazo al uso de las matemáticas o estadísticas en la ciencia social. Ya en 1791, de Tracy estaba escribiendo que mucha de la realidad y de la acción humana sencillamente no es cuantificable y advertía contra la aplicación “charlatana” de la estadística a las ciencias sociales. Atacaba el uso de matemáticas en su Mémoiresur la faculté de penser (Memoria sobre la facultad de pensar) (1798) y en 1805 discrepaba de la importancia que daba su reciente amigo Condorcet a las “matemáticas sociales”. Tal vez influido por el Traité de Say, dos años anterior, de Tracy indicaba que el método apropiado para las ciencias sociales no son las ecuaciones matemáticas sino la expresión o deducción de las propiedades implícitas contenidas en verdades básicas “originales” o axiomáticas (en resumen, el método de la praxeología). Para de Tracy, el verdadero axioma fundamental es que “el hombre es un ser sensible”, a partir del cual pueden obtenerse verdades a través de la observación y la deducción, no a través de las matemáticas. Para de Tracy, esta “ciencia de la comprensión humana” es el fundamento básico de todas las ciencias humanas.
Thomas Jefferson (1743–1826) había sido amigo y admirador de los philosophes e ideólogos desde la década de 1780 cuando fue embajador en Francia. Cuando los ideólogos alcanzaron algún poder político en los consulares de Napoelón, Jefferson fue nombrado miembro del “grupo de expertos” del Institut National en 1801. Todos los ideólogos (Cabanis, DuPont, Volney, Say y de Tracy) enviaban a Jefferson sus manuscritos y recibían a cambio ánimos. Después de acabar su Comentario sobre Montesquieu, de Tracy envió el manuscrito a Jefferson y le pidió que lo tradujera al inglés. Jefferson tradujo con entusiasmo parte para sí mismo y luego hizo que se terminara y publicara la traducción por parte del director de periódico de Philadelphia, William Duane. De esta forma, el Comentario apareció en inglés (1811) ocho años antes de poderse publicar en Francia. Cuando Jefferson envió la traducción publicada de de Tracy, el filósofo, encantado, se vio inspirado a terminar su Traité de la volonté y enviarlo rápidamente a Jefferson, pidiéndole que tradujera ese volumen.
A Jefferson le entusiasmó mucho el Traité. Aunque él mismo había hecho mucho por abrir el camino a la guerra contra Gran Bretaña en 1812, Jefferson estaba desilusionado por la deuda pública, los altos impuestos, el gasto del gobierno, la inundación del papel moneda y el florecimiento de monopolios bancarios privilegiados que acompañaron a dicha guerra. Concluyó que su amado Partido Demócrata-Republicano había en realidad adoptado las políticas económicas de los despreciados federalistas hamiltonianos y el ácido ataque de de Tracy a estas políticas espoleó a Jefferson para tratar de conseguir que el Traité fuera traducido al inglés. Jefferson dio de nuevo el manuscrito a Duane, pero éste estaba en bancarrota, así que Jefferson revisó la defectuosa traducción que Duane había encargado. Por fin, la traducción se publicó como Treatise on Political Economy, en 1818.[3]
El expresidentes John Adams, cuyas opiniones sobre moneda ultrafuerte y banca al 100% en metálico estaban cercanas a las de Jefferson, alabó el Tratado de de Tracy como el mejor libro de economía jamás publicado hasta entonces. Alababa en particular el capítulo de de Tracy sobre el dinero al defender “los sentimiento que he albergado toda mi vida”. Adams añadía que
los bancos han hecho más año a la religión, la moralidad, la tranquilidad, la prosperidad e incluso a la riqueza de la nación, que el (…) bien que hayan hecho nunca.
Todo nuestro sistema bancario, que siempre he aborrecido, sigo aborreciendo y moriré aborreciendo (…) toda banca de descuento, todo banco por el que haya que pagar interés o dar un beneficio de cualquier tipo al declarante, es una abierta corrupción.
Ya en 1790, Thomas Jefferson había alabado La riqueza de las naciones como el mejor libro de economía política, junto con la obra de Turgot. Su amigo el obispo James Madison (1749-1812), que fue presidente del William & Mary College durante 35 años, fue el primer profesor de economía política en Estados Unidos. Libertario que había destacada enseguida que “nacemos libres”, el obispo Madison había utilizado La riqueza de las naciones como su libro de texto. Ahora en su prólogo al Tratado de de Tracy, Thomas Jefferson expresaba la “oración de corazón” de que el libro se convirtiera en el texto básico estadounidense de economía política. Durante un tiempo, el William & Mary College adoptó el Tratado de de Tracy, bajo la insistencia de Jefferson, pero este estatus no duró mucho. Pronto el Tratado de Say sobrepasó al de de Tracy en la carrera de popularidad en Estados Unidos.
El calamitoso “pánico” de 1819 confirmó a Jefferson es sus firmes opiniones de moneda fuerte para la banca. En noviembre de ese año, desarrolló una propuesta de solución para la depresión que se caracterizó por pedir a su amigo William C. Rives que la presentara en el parlamento de Virginia sin descubrir su autoría. El objetivo del plan se indicaba rotundamente: “La supresión eterna del papel bancario”. La propuesta era reducir el medio circulante al nivel de metálico puro; se obligaba al gobierno estatal a eliminar completamente los billetes bancarios en cinco años, reclamando y redimiendo un quinto de los billetes en metálico cada año. Además, Virginia haría un delito grave que cualquier banco pasara o aceptara billetes bancarios de otros estados. Aquellos bancos que eludieran el plan perderían sus licencias o se verían obligados a redimir inmediatamente en metálico todos sus billetes. En resumen, Jefferson declaraba que ningún gobierno, estatal o federal debería tener poder para establecer un banco; por el contrario, la circulación de la moneda debería consistir exclusivamente en metálico.
Referencias: 
[1] También deberíamos mencionar como importante en el grupo de los ideólogos al historiador Constantin François Chasseboeuf, Conde de Volney (1757–1820).
[2] Emmet Kennedy, Destutt De Tracy and the Origins of "Ideology" (Philadelphia: American Philosophical Society, 1978), p. 199.
[3] Debe apuntarse que el intermediario de de Tracy en las negociaciones con Jefferson sobre la traducción fue su amigo común, el último de los fisiócratas, DuPont de Nemours, que había emigrado a Wilmington, Delaware, en 1815 para fundar su famosa dinastía de fabricantes de pólvora.

(*) Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Nacionalismo y socialismo

Por Faustino Ballvé (*)
Artículo original en: http://mises.org/daily/2893

El nacionalismo parece una cosa moderna porque parte de La existencia de las nacionalidades que se formaron en Europa entre los siglos XVI y XIX paralelamente a la desaparición del feudalismo y del' Imperio romano-germánico que nació con Carlomagno y fue totalmente liquidado por la unidad italiana. Su espíritu es, sin embargo, antiquísimo (Riedmatten, L'Economie dirigée. Experiences, dépuis les Pharon jusqu'a nos jours. Ed. L'Observateur, Versalles, 1948) ha estado y está aún presente en la historia política y económica: lo único que ha cambiado ha sido la forma. Esta tendencia informó el régimen absolutista-totalitario de los egipcios, el de la Roma de la decadencia, el mercantilismo de los siglos XVII y XVIII y, después de un pequeño eclipse que duró desde el Congreso de Viena hasta la primera guerra mundial, renació en forma de la llamada economía dirigida bajo la influencia coincidente de la reacción belicista y del socialismo obrero que, nacido como movimiento internacional al grito de «Proletarios de todos los pueblos, uníos», se ha pasado ahora al otro lado y dice: «Proletarios de todos los pueblos, no vengan al mío a disputarme mi trabajo».
En el aspecto económico parte de dos falacias: la creencia en economías nacionales y en que una nación sólo puede prosperar económicamente a costa de las demás. Estas convicciones informaron la primera doctrina económica y los clásicos las combatieron, pero no pudieron librarse del mito de la economía nacional. Adam Smith titula su libro La Riqueza de las Naciones y, hasta hace muy poco tiempo, los tratados de Economía se titulaban Economía Política, aun cuando fuesen antinacionalistas.
Nada más ilusorio que la existencia de la economía nacional y de la riqueza nacional. Las naciones no tienen propiedades (los Estados tienen las necesarias para el cumplimiento de sus fines) y no son ricas o pobres; esto sólo sucede con los individuos. En los últimos tiempos los organismos burocráticos de la Sociedad de las Naciones y ahora de la Organización de las Naciones Unidas, han gastado un dineral en máquinas calculadoras, material de escritorio, libros, viajes y salarios de «economistas» para calcular la riqueza y la renta de las naciones. Todos estos cálculos son fantásticos y no conducen a nada porque no hay posibilidad, por muchas leyes que se dicten y por mucha policía que se cree, de saber lo que tiene y lo que gana cada individuo que vive en un país determinado. Cada casa es un mundo, la desconfianza de las gentes en los gobiernos es inveterada y fundada en amargas experiencias y la mayoría se resiste a declarar todo lo que tiene escondido en su casa o fuera del país ni cuáles son sus verdaderas ganancias, aun cuando le aseguren que sólo se pregunta «para fines estadísticos», porque teme que a última hora esos fines estadísticos sean tributarios: cuando no descaradamente expropiadores.
Después de la última guerra, Francia, la Francia de las estadísticas, quedó totalmente arruinada porque los alemanes se habían llevado todo lo que pudieron encontrar. Y, sin embargo, Francia ha renacido y es hoy, a pesar de las estadísticas, un país rico, no por la ayuda norteamericana (Plan Marshall) que se ha ido mucho en gastos burocráticos y en armamentos, sino simplemente porque los franceses han echado mano de sus reservas de oro, mercancías y bienes en el extranjero que, pese a los mandatos y las amenazas del Mariscal Petain y de los alemanes, sustrajeron a la traición y al pillaje. Un país se ha salvado por la resistencia de los ciudadanos a dejarse expropiar; por la desobediencia a los mandatos de gobiernos estúpidos o traidores. Y el ejemplo de Francia no es el único.
Igualmente ilusorio es el mito de la solidaridad económica de los conciudadanos de un país frente a los demás países. Ya hemos visto a grandes rasgos la interdependencia económica universal que quiere decir que es absurdo e imposible que un país pretenda vivir en autarquía exclusivamente de sus propios recursos: ningún país, por grande y variado que sea, ni siquiera Rusia o los Estados Unidos, dispone de todos los recursos naturales necesarios para su producción y consumo: todos necesitan importar y no en poca escala, tanto alimentos y materias primas como productos fabricados, so pena de contentarse con una vida miserable y cara, porque hay ramos de la industria que sólo en gran escala o disfrutando de condiciones especialmente favorables, pueden producir barato (pocos son los países que pueden producir costeablemente maquinaria pesada, automóviles, etc. Leyes del costo diferencial y del rendimiento). Para poder pagar las importaciones necesitan exportar.
Por esto, la única solidaridad económica es la internacional o, mejor dicho, universal, porque no es entre naciones sino entre hombres y a través de las fronteras. Esta solidaridad sólo funciona cuando cada empresario va a los mercados de todo el mundo a comprar o a vender. De este modo juegan y se equilibran las necesidades y se compensan los cobros y los pagos difusa y fluidamente sin dificultades ni choques y cada uno se amolda suave e inadvertidamente a sus posibilidades. Así que se pretende que jueguen en el mercado, no los individuos, sino los grupos nacionales, es entonces cuando el mecanismo del intercambio se hace torpe y además peligroso porque surgen ambiciones, envidias y conflictos entre potencias armadas.
La consigna “compre lo que el país produce, produzca lo que el país necesita” no ha dado ni puede dar resultado, porque el que compra busca su comodidad como y donde la encuentra: esto es la esencia misma de la función económica y del juicio electivo innatos en los hombres. Por otra parte, para producir lo que el país necesita, es necesario disponer de condiciones naturales y de una demanda suficiente que haga la producción costeable y nadie se lanzará a producir una mercadería, por mucho que el país la necesite, que dentro del cálculo económico, resulte incosteable e incapaz de competir con la producción mundial.
Pero lo más absurdo es la obsesión de que los países sólo pueden prosperar cuando tienen una balanza de pagos favorable, o sea cuando exportan más de lo que importan y cobran más de lo que pagan, lo cual equivale a decir que un país sólo puede prosperar a costa de los demás. Este fue el latiguillo de la época mercantilista cuyos efectos desastrosos están muy bien descritos en el citado libro de Conrad. Se olvida que no se puede ser rico entre pobres porque la riqueza consiste en la posibilidad de comprar. Si un país (por ejemplo los Estados Unidos) exporta año tras año más de lo que importa y llega a acumular casi toda la riqueza de los demás países que se han pasado todo este tiempo importando más de lo que han exportado y pagando la diferencia en oro hasta quedar en la mayor miseria, ¿de qué le servirá el oro a aquel país exportador? ¿Qué podrá comprar con él en un mundo donde la gente apenas si tiene lo bastante para no morir de hambre? Se encontrará como el millonario que tiene sed en el desierto del Sahara, y no puede obtener agua a pesar de poseer una cartera repleta de dólares. Un país prospera económicamente cuando aumenta su producción de bienes que, por su calidad y precio, son apreciados en el mercado mundial, con cuyo precio compra en el mismo mercado otros productos que necesita y que en él ofrecen quienes son capaces de producirlos en abundancia y a buenos precios.
Fácil es comprender que esto sólo es posible cuando comprador y vendedor disfrutan de toda la libertad y toda la iniciativa, no sólo dentro de cada país, sino por encima de las fronteras políticas. Las naciones no son comunidades económicas sino comunidades políticas de hombres que se entienden sobre el modo de convivir. En uso del derecho a «la búsqueda del bienestar» (Declaración de Independencia norteamericana) cada hombre dentro de cualquier país se ingenia para ofrecer a los demás hombres del mundo, comodidades que les convengan por su calidad y precio a cambio de las cuales obtiene dinero, con el que él y los que le han auxiliado en la producción —y perciben de este dinero sus remuneraciones por trabajo o capital— , compran a otros empresarios presentes en el mercado nacional' o internacional las comodidades que necesitan o apetecen. Esta libre iniciativa y este deseo de obtener cada día mayor ganancia o bienestar es lo que hace que, a través de los progresos individuales, resulten los progresos de los grupos nacionales que no son otra cosa que la suma de los progresos de sus componentes. Cuando estas actividades e iniciativas de los individuos se reglamentan en aras de un supuesto interés nacional, la actividad se frena, el ritmo de la vida económica disminuye, surgen los conflictos entre los grupos y viene la apelación a la fuerza y la guerra.
En la época de gran prosperidad económica que comprende la casi totalidad del siglo XIX y los primeros años del XX nadie se preocupaba de economía nacional ni de balanza de pagos, concepto lanzado a la circulación al parecer por David Ricardo (antes se hablaba sólo de balanza comercial): cada uno se preocupaba de producir bienes o servicios que tuvieran aceptación en el mercado del mundo, y este entrecruzamiento multilateral de esfuerzos daba por resultado que todo se comprara y se vendiera, que todo el mundo mejorara su nivel de vida y que jamás hubiera falta de divisas extranjeras. Hasta 1914 no se dio un solo caso de que alguien, en algún país quisiera importar algo y no pudiera porque no encontraba moneda extranjera pora pagarlo a un precio razonable. Pero un día, unos economistas alemanes más o menos dependientes del bando militarista e imperialista descubren la existencia de la economía nacional (Volkswirtschaft), empiezan a razonar sobre si Alemania obtiene una justa compensación por el esfuerzo de su pueblo y crean el complejo de la explotación internacional que lleva a la guerra del 14 y nuevamente a la del 39.
Entonces se empieza a hablar día y noche de la balanza de pagos, funcionan las estadísticas y nos enteramos de que, desde hace mucho tiempo, todos los países importan más de lo que exportan. Esto da lugar a la intervención gubernamental en el comercio internacional, a las prohibiciones de importación y las primas a la exportación (dumping) y al control de la moneda con el resultado de que, a medida que se intensifica la intervención va aumentando el déficit de la balanza de pagos.
El que tenga la paciencia de repasar las estadísticas de los diversos países se encontrará con la sorpresa de que, en total, en el mundo de hoy se importa más mercancía de la que se exporta y se exporta más moneda oro de la que se importa. Esto es naturalmente imposible y la explicación está en que estas estadísticas son todas falsas. En primer lugar, porque calculan los valores de las importaciones y exportaciones por las controladas o visibles y a precios arbitrarios fijados por los gobiernos para fines aduanales. En segundo lugar, porque sólo registran los movimientos de divisas (moneda extranjera generalmente hoy dólares, francos suizos o libras esterlinas) que se hacen por canales controlados o visibles. No tienen en cuenta que el movimiento de mercancías y dinero que registran no es todo eL movimiento real sino una parte que es más pequeña cuanto mayores son las intervenciones gubernamentales, porque esas intervenciones crean y alimentan el mercado negro, que es el verdadero mercado porque es el mercado libre. Sin embargo, sobre esas estadísticas se funda la política económica de los gobiernos, política equivocada que aumenta los males que quiere evitar. De hecho la vida económica real sigue su curso, pero en forma más molesta para los consumidores que pagan los gastos de la intervención gubernamental y la prima de riesgo del mercado negro. El resultado es que el nacionalismo económico no hace a los países que lo practican, más ricos, sino más pobres porque frena la actividad económica y encarece los precios.
Quien quiera enterarse rápidamente de las doctrinas y de la historia del obrerismo, puede leer La Cuestión Obrera de Herkner (Ed. Reus. Madrid),El Socialismo de Ramsay Mac Donald (Ed. Labor) y, por lo que respecta al movimiento internacional nuestro El Socialismo y la Guerra (Ed. Estudio, Barcelona).
El movimiento obrero nace y se desarrolla bajo el signo del socialismo, cualesquiera que sean los títulos que hayan venido adoptando sus diversas tendencias que significan variantes de una tesis fundamental. (Social-democracia, sindicalismo, colectivismo, comunismo, etc.). La palabra parece haber sido inventada por el inglés Robert Owen (1771-1858) con este significado: que la actividad económica no debiera ser inspirada sino por el desinterés: no debiera ser una economía individualista sino social. A este respecto es interesante una observación del economista italiano Pantaleoni, perteneciente a la escuela matemática, quien, rebatiendo una crítica que lo acusaba de fundar sus cálculos económicos en el egoísmo individual, escribía estas palabras:
Decís que partimos de una humanidad egoísta; pero el partir de una humanidad altruista no cambia nada económicamente. Es sólo un cambio de signo. A la rivalidad del egoísmo sustituirá la rivalidad del espíritu de sacrificio y subsistirá la libre competencia.
El leitmotif del socialismo que late dentro de todas las variantes de la ortodoxia obrerista, lo expresó en forma magistral el poeta alemán Enrique Heine en estos versos que traducidos literalmente, dicen así: «Una nueva canción, una mejor canción, oh amigos, quiero rimaros: queremos ya en la tierra alcanzar el cielo. Queremos ser felices en la tierra y no queremos penar; la barriga perezosa no debe consumir lo que alcanzaron manos industriosas. Hoy en la tierra bastante pan para todos los humanos, y tulipanes y lirios y belleza y alegría y no menos los dulces guisantes».
El leitmotif tiene, pues, dos temas: la abundancia y la explotación. Hay en la tierra pan y aun «chícharos dulces» para todos los humanos; pero la «barriga perezosa» priva de su parte a los «manos industriosas». Sin embargo:
1.—Las posibilidades de adquisición de bienes, servicios y comodidades de toda clase en un país en un período determinado, un año, por ejemplo, están representadas por la suma de dinero que en tal período han ganado todos sus habitantes. Esta suma de dinero representa la producción del país en el mismo período de tiempo. La división del dinero por las cosas y servicios, en términos generales, es el precio de estas cosas y servicios. El ingreso anual de cada individuo es la expresión numérica de su porte en el acervo de comodidades que en dicho año están disponibles para toda la población.
Pues bien: según la estadística comparativa más reciente que hemos encontrado, que es de poco antes de 1930, el ingreso medio anual por cabeza de la población era de 749 dólares en Estados Unidos, de 409 en Inglaterra, de 389 en Suiza, de 265 en los países escandinavos, de 201 en Francia y de 37 en la India. En México, según el libro El Desarrollo Económico de México redactado por peritos del gobierno mexicano y del norteamericano y editado por el Fondo de Cultura Económica, el ingreso medio anual por cabeza de la población en 1950, era de 180 dólares de dicho año que valían como la mitad de los de 1930. Es decir, en dólares de hoy y dado que fuera de los Estados Unidos, la situación económica del mundo más bien ha empeorado que mejorado desde 1930, cada habitante de los Estados Unidos, término medio, mezclando los más pobres con los más ricos, dispone para habitación, alimento, vestido, educación, salubridad, diversiones, previsión, etc., de unos 4 dólares diarios; el inglés y el suizo, de algo más de 2 dólares diarios; el escandinavo y el francés, de algo más de 1 dólar; el mexicano, de unos 50 centavos de dólar; y el hindú, de unos 20 centavos de dólar. Esto sería lo que podría comprar cada habitante de estos países si se repartiera entre todos por igual el ingreso nacional, y éste se destinara totalmente al gasto sin pagar impuestos y sin separar de este ingreso lo necesario para conservar los elementos productivos e incrementarlos al menos en proporción al aumento de la población. Ante estas cifras no podría decir hoy Enrique Heine que hay en el mundo bastante para que las gentes puedan no sólo comer pan, sino también «chícharos dulces». Antes suscribiría la frase del difunto economista francés Charles Gide de que Adam Smith no debiera haber titulado su libro La Riqueza de las Naciones, sino La Pobreza de las Naciones.
2.—Los Estados Unidos tienen fama de ser el país capitalista por excelencia y aquel en que la riqueza nacional está peor repartida. Sin embargo, según cifras de la Reserva Federal, el 70 por ciento de la renta nacional va a sueldos y salarios, el 20 por ciento a profesionistas, industriales y artesanos independientes, y sólo un 10 por ciento a intereses, dividendos y rentas.
Hace un par de años [1953], la American Econoznic Review publicó un estudio hecho por los técnicos de la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas, del que resulta lo siguiente: pagado el impuesto, la entrada media del 7 por ciento más rico de la población es de 3.267 dólares al año por cabeza y el del restante 93 por ciento de la población de 1.124 dólares por cabeza. Si se repartiera entre toda la población, el ingreso de este 7 por ciento de privilegiados, después de pagado el impuesto cada individuo del restante 93 por ciento de la población recibiría un suplemento de 150 dólares por año. Es decir: la entrada media del norteamericano por cabeza de la población sería de 1.274 dólares por año en vez de 1.124. Habría mejorado, pues, en algo más del 10%.
Al mismo resultado llega el profesor Lewis respecto de Inglaterra (La Planeación Económica, Breviario del Fondo de Cultura Económica, México, D. F.). Aplicando el mismo coeficiente a los demás países citados, el escandinavo y el francés dispondrían por cabeza de la población, de cerca de un dólar y veinticinco centavos y el mexicano de cerca de 55 centavos de dólar al día por habitante. Pero con ello no sólo tendrían que vivir, sino que tendrían también que proveer a las reinversiones industriales y éstas, en un país tan poco industrializado como México, han importado en los últimos años, según el libro citado más arriba, alrededor del 14 por ciento de la renta nacional Para mantener estas reinversiones, el mexicano, después del reparto, quedaría con un ingreso medio por cabeza menor que el actual.
3.—Quedan, pues, desmentidas por los hechos, las dos tesis fundamentales de la crítica socialista de la llamada economía capitalista que no tiene nada de particular y es la economía de siempre, ya que siempre se ha necesitado para producir, en escala más o menos rudimentaria, un capital, o sea elementos o bienes de producción. El hilador y el tejedor doméstico necesitan ruecas y telares manuales, los artesanos necesitan máquinas y útiles más o menos costosos. Unos y otros necesitan, además, dinero para comprar materias primas y pora subsistir, ellos y sus dependientes, familiares y asalariados. Esto sucede igualmente en los países comunistas. Las industrias socializadas necesitan también capital fijo y circulante y también han de calcular y ajustar sus precios, al menos en las exportaciones; a los deL mercado mundial. Sólo se sustraen a las leyes del mercado en lo referente a los salarios, porque éstos son dictados por el gobierno y no precisamente en beneficio de los trabajadores, pues como lo demuestran el embajador Davis (Misión en Moscú, Edit. Mundo Nuevo, México, D. F.), y Walter Lippmann (Retomo a la Libertad, Edit. Uteha, México, D. F.), las diferencias entre los salarios de los obreros y los de los dirigentes son allí mucho mayores que en los Estados Unidos.
Ni abundancia de bienes, sino escasez, ni injusta distribución de la riqueza, sino la mejor distribución posible regulada por el mercado son las características de la economía actual.
4.—Ante la injusta distribución de la riqueza el socialismo, en todas sus variantes, no busca medios correctivos: este es el objetivo de los movimientos llamados de reforma social y, sobre todo, del dirigismo. La fórmula socialista la dio Marx en esta frase: Los expropiadores serán expropiados. Con la llamada plus valía (ver lección IV), los capitalistas se han hecho dueños de los medios de producción: debe de privárseles de la propiedad de los medios de producción, es decir: deben expropiarse los talleres y fábricas. ¿En beneficio de quién? En beneficio del pueblo, que entonces sólo se compondrá de trabajadores. ¿En qué forma? Este es el gran problema del socialismo que Pautsky discute, sin resolverlo, en su folleto El día después de la revolución. En general hoy dos tendencias. Los llamados socialdemócratas propugnan que la propiedad de las empresas pase al Estado como representante del pueblo. Los seguidores de Bakunin (los anarcosindicalistas) quieren que pase directamente a los obreros organizados en sindicatos de producción. Los comunistas fijan dos etapas: la dictadura del proletariado con la producción centralizada por el Estado como etapa socialista preparatoria del verdadero comunismo en el cual el Estado desaparecerá y sólo quedarán los sindicatos.
Lo que no se ve claro ni nadie ha podido explicar es qué diferencia se lograría con ello en relación con el sistema de libre empresa ni qué beneficio sacarían del cambio los trabajadores. La producción seguiría siendo capitalista y sujeta a las leyes del mercado que en la economía de Estado condicionarían los precios de los productos de importación y exportación y, por consecuencia, de los demás. En la economía sindical jugaría aún más completamente la competencia. De los precios impuestos por el mercado habría que deducir: los costos, las cargas financieras y las reinversiones. La dirección comercial y técnica exigiría una retribución diferencial como la exige y la obtiene en Rusia. Quedaría pora los obreros, como hoy, el resto, pero con estas dos diferencias en su contra. En primer lugar los directivos, no siendo empresarios, ni tendrían ganancias ni pérdidas, sino que tendrían sus buenos sueldos asegurados y el resto sería para los simples trabajadores, al contrario de lo que sucede ahora en que la remuneración fija es para el obrero y el empresario se queda con el resto, si lo hay. En segundo lugar, en la producción estatal desaparecería la libertad de trabajo, no habría mercado de salarios que serían fijados dictatorialmente por el empresario monopolista. Desaparecería el derecho de coalición y de huelga y el obrero sería un esclavo. Esto es lo que sucede hoy en Rusia en donde el obrero no puede elegir siquiera el lugar de trabajo y toda tentativa suya para mejorar sus condiciones es castigada como alta traición.
Una variante muy peculiar del socialismo es el socialismo agrario, conocido también por georgismo y por movimiento de reforma agraria (Adolf Damaschke. La Reforma Agraria, Madrid, E. Reus). Parte de la teoría de la renta de la tierra ya incipiente en Adam Smith, Anderson y Malthus y desarrollada por David Ricardo. Según ella. cuando hay abundancia de tierras fértiles, ellas no producen ganancia y los precios de los productos se miden solamente por el costo de producción. Pero cuando la población crece, las tierras de primera calidad no bastan pero la alimentación y hay que echar mano de las de segunda calidad, etc., entonces los precios de los productos se rigen por el costo de los cultivos de las tierras peores. De esto se aprovechan los que detentan tierras mejores obteniendo precios superiores a sus costos y sacando una ganancia que comprende la normal y, además, una prima por la calidad de sus propias tierras, que es la renta de la tierra.
Poco después de la muerte de Ricardo, un norteamericano, Henry George, explotó a fondo y desarrolló esta doctrina sosteniendo en su famoso libro Progreso y Miseria, traducido a multitud de idiomas, que la miseria de las multitudes no procede de la explotación del obrero industrial, sino del monopolio de la renta de la tierra y proponiendo, como impuesto único, la expropiación de esta renta. Ningún país ha hecho este ensayo aun cuando se han fundado en esta teoría los impuestos progresivos o diferenciales sobre la propiedad inmueble.
Los ensayos de reforma agraria hechos en casi toda Europa después de la primera guerra mundial fueron de tipo antilatifundista y consistieron en la expropiación, con o sin indemnización, y el reparto de tierras para incrementar la pequeña propiedad. Sin embargo, Henry George ha tenido y tiene aún numerosos partidarios y, hasta la última guerra mundial, había en varios países movimientos de Reforma Agraria, siendo muy importante el acaudillado en Alemania por Adolf Damaschke, que fue candidato frente a Hindenburg para la presidencia de la República. Damaschke (libro citado antes) extendió la teoría de Henry George a la propiedad urbana y consiguió que se implantara el impuesto de plus valía a los propietarios de tierras de labor que eran vendidas a precios altos para la expansión de los centros urbanos, siendo este impuesto adoptado luego por varios países. Recientemente ha defendido y desarrollado esta teoría en forma muy interesante el doctor Carlos P. Carranza en su libroVieja y Nueva Economía Política (Buenos Aires, 1954).
La doctrina de la renta de la tierra parte de dos errores: uno de hecho y otro de doctrina. El primero es la escasez de tierras de primera calidad. Esta escasez se hace sentir especialmente en Europa por la sobrepoblación y por las restricciones a la inmigración en los países poco cultivados. Económicamente son aún inmensas las tierras de primera calidad que están sin cultivar en el mundo, como lo expone el célebre explorador Earl Parker Hanson en su interesantísimo labro New Worlds Emerging (Ed. Dwell, Sloan and Pearce, Nueva York) y, según recientemente hacia notar un economista francés, es absurdo que esas tierras todavía no se cultiven y que se gaste un dineral en fletes para abastecer a los países sobrepoblados cuando sería mejor para todos que el exceso de población de esos países se trasladase a cultivar las tierras ociosas y a sacar de ellas su alimento. En segundo lugar, como hace notar von Mises (Human Action) la tierra no es otra cosa que un elemento de producción como las máquinas a los utensilios de trabajo. No hay simplemente tierra sino tierras de diversa calidad como hay máquinas o utensilios de diversa calidad y el que tiene una máquina o utensilio mejor, también puede decirse que le saca una renta en relación con el que los tiene peores. Por eso se pagan a diferentes precios y no se puede decir que usurpa una renta el que tiene una tierra de buena calidad cuya renta ya ha capitalizado al pagarla a más alto precio.
(*) Faustino Ballvé (1887-1959) nació en Barcelona, donde se formó como abogado, antes de estudiar economía en Londres. De joven, Ballvé editó un periódico republicano y en los tormentosos años 30, a medida que las nubes de la guerra civil se cernían sobre España, fue elegido diputado por Izquierda Republicana. Pero no había lugar para este verdadero liberal cuando la lucha degeneró en una batalla por el poder entre el fascismo y el comunismo. Abandonando para siempre su tierra natal, Ballvé fue primero a Francia y luego a México, donde adquirió la nacionalidad en 1943 y vivió hasta su muerte en 1959. En Ciudad de México, además del ejercicio legal activo, el Dr. Ballvé obtuvo enseguida dos cátedras profesionales: en derecho y economía. En ambos campos fue un exponente del mejor liberalismo clásico.
Nota: Este artículo aparece originalmente como capítulo VIII de Fundamentos de la ciencia económica

Historia a la carta

Por Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz (*)

Como todos los problemas de nuestro país están resueltos gracias a su exitoso “modelo”, la presidente ha dispuesto crear el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano, al que ha puesto el nombre del inocente Manuel Dorrego, por no haber sido suficientemente recordado por la Historia nacional. Desde luego, con toda una estructura burocrática de sueldos y financiamientos varios que pagaremos, como siempre, todos los argentinos.

El objetivo, netamente político e ideológico, tiende a desmitificar a los próceres “tradicionales” y a crear otros nuevos. Así seguramente serán bajados del pedestal Julio Argentino Roca por militar, José Gervasio de Artigas por xenófobo y antifederal, o Martín Miguel de Güemes por paramilitar irregular, y en cambio pasarán al bronce indiscutido Néstor Kirchner como el prócer máximo de la historia argentina, el Che Guevara por ser el protagonista de un libro plagado de errores, cuyo autor es el señor presidente de la institución (objetivos comerciales de por medio), los mapuches por “discriminados” según el Inadi y los integrantes de las bandas terroristas Montoneros y Erp, por “jóvenes idealistas”.

Este engendro está presidido por el psiquiatra Mario "Pacho" O'Donnell, un ex liberal, ex radical, ex menemista, ex duhaldista, y hoy por hoy populista, “federalista” e incondicional cristinista. Mañana veremos. El resto del equipo, igual que su presidente, son “historiadores” aficionados, o -lo que es peor- mercenarios de la historia. Entre los integrantes está Felipe Pigna, un obsesivo “buscador-descubridor de defectos” de nuestros próceres, que ya escribiera más de un mamarracho, pero cuya aceptación popular le permite lucrar con sus sesudos “estudios”.

También se suman al directorio “personalidades” del entorno kirchnerista como el jefe de gabinete Aníbal Fernández, el actual secretario de incultura Jorge Coscia, y el tristemente célebre Eduardo Anguita, secuestrador y asesino de Argentino del Valle Larrabure, ahora presentado como una especie de “periodista”. En total 33 “eminencias” para re-educarnos en “la historia que no nos contaron”, como reza el sitio de internet de O’Donnell.

Tan sorprendente como esta “comisión de notables” son los dos premios que otorgará el “instituto”: José María Rosa y Jorge Abelardo Ramos. El primero se refiere a un docente universitario, abogado e historiador, alineado en la corriente revisionista, pero cuyo abuelo fue ministro de hacienda del dos veces presidente Julio Argentino Roca y posteriormente de Roque Sáenz Peña, también presidente de los argentinos; su padre fue interventor federal en Mendoza luego del golpe militar de Uriburu en 1930 contra el presidente constitucional Hipólito Yrigoyen y un simpatizante de la extrema derecha filonazi y de los militares golpistas del 43, en particular del general Arturo Rawson. José María Rosa, además, se casó con una representante de la más rancia aristocracia porteña: María Luisa Delfina Bunge.

El segundo premio lleva el nombre del dirigente político argentino fundador de la Izquierda Nacional, escritor de ideología marxista, que no podría estar más alejado del pensamiento nacionalista y conservador de Perón como del repudiable capitalismo de amigos de los Kirchner. Tampoco hay forma de asociar a Jorge Abelardo Ramos al presidente del club, el inefable “Pacho” O’Donnell, que ha navegado por todas las aguas políticas del país y naufragado en todas ellas, con lo cual el nombre del premio no puede menos que significar una ofensa para la familia del inclaudicable luchador de la extrema izquierda nacional.

De esto se deduce que para algunas figuras públicas del país el pasado no es obstáculo para bautizar calles, estadios o premios, mientras que para otras cualquier mácula -real o inventada- sirve para borrarlos de un plumazo de la memoria colectiva, además de ser vilmente descalificados en cuanta oportunidad se presente.

Lo que más desprestigia a esta “historia a la carta” que nos impone la actual administración kirchnerista es que, en lugar de dejar libertad a diferentes corrientes de pensamiento elaboradas por los profesionales de esa disciplina formados en nuestras universidades y centros científicos, se pretende la homologación de las ideas surgidas de mentes poco preparadas y cuyos propósitos no están demasiado claros, ni en el corto ni el largo plazo.

(*) Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz. Raquel Consigli es Profesora de Inglés y Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Horacio Martínez Paz es Licenciado en Periodismo por el Círculo de la Prensa de Córdoba y la Universidad Nacional de Córdoba, especializado en Radio y Televisión en España.
Artículo publicado en "La Argentina que yo quiero" el 29 de Noviembre de 2011.

Radiografía actual de la moneda argentina

Por: Rodolfo C. Rossi (*)
Rodolfo C. Rossi
De acuerdo al Artículo 35 de la Carta Orgánica del BCRA, “El Banco debe de publicar dentro de la semana siguiente, los estados resumidos de su activo y pasivo al cierre de operaciones de los días siete (7), quince (15), veintitrés (23), y último día de cada mes”.
Su respectivo análisis es relevante para conocer la composición del Activo del BCRA (Reservas Internacionales, Títulos Públicos y Financiamiento al Gobierno Nacional, Créditos concedidos al Sistema Financiero, Aportes a Organismos Internacionales por cuenta del Gobierno Nacional, Derecho por Operaciones a Término y Otros Activos) y su contrapartida del Pasivo (Base Monetaria, Cuentas Corrientes en otras monedas, Depósitos del Gobierno Nacional, Obligaciones con Organismos Internacionales, Títulos emitidos por el BCRA, Obligaciones por Operaciones a Término, Previsiones, Otros Pasivos y Patrimonio Neto).
Su seguimiento de análisis de tal documento, conjuntamente con otros Informes, que brinda el BCRA, permite, en su continuidad determinar una opinión técnica de la moneda y el sistema financiero en general, definiendo relaciones de importancia como la evolución de la cantidad de moneda emitida, sus fuentes y absorciones y motivaciones; la evolución de las Reservas Internacionales, el Financiamiento al Gobierno Nacional, el Financiamiento al Sector Financiero, e incluso determina el monto de los depósitos y préstamos del Sector Privado y del Público, Ratios de Liquidez y análisis de todos los Agregados Monetarios.
Todo este análisis es de fundamental utilidad en el seguimiento de la evolución financiera que registra el país, ya que complementándose tal información elaborada por el BCRA y profundizada por cada analista interesado, determinan un análisis exhaustivo de la economía nacional, por el flujo y variación de las distintas variables.
Sin embargo, este importante cuadro de situación sistematizado, pierde relevancia en un análisis unitario parcial. Es de fundamental importancia, su correspondiente comparación en distintas fechas de las variables consideradas, para dar una definición concreta y objetiva de la “tendencia analizada”. 
En un caso que es de apreciar relevante, se expondrá el “Respaldo de Reservas Internacionales”, que tiene la Moneda Argentina, destacando que en la evaluación de una moneda y la tendencia de su respectivo valor, tiene fundamental importancia, su alto respaldo. Al respecto, un bajo respaldo en las Reservas Internacionales, en su relación a la cantidad de moneda existente, hace asumir una “huida” de ella, por falta de confianza y previene un futuro espectro inflacionario, porque la moneda pierde su esencia de resguardo de valor. Es de analizar al respecto, los rubros de interés, en los Balances del BCRA, al 15 de Agosto de 2008 y al 18 de Noviembre de 2011:
BALANCE DEL BCRA AL 15/8/20088 / BALANCE DEL BCRA AL 18/11/2011
Reservas Internacionales en US$46.978 millones / 46.012 millones
Menos Encaje de los Bancos en US$( 3.930 millones) / (6.018 millones)
Menos Préstamos “call” del BIS ------ / (4.085 millones)
Menos Obligaciones a Pagar (Decreto 276/11) ------- / (2.353 millones)
RESERVAS NETAS 43.048 Millones / 33.556 millones
TOTAL MEDIOS DE PAGO (M2)$155.039 millones = 51.053 Millones / $301.054 millones= 70.460 millones
RESPALDO DEL $CON RESERVAS EN US$84,32% / 47,62%
En 39 meses, las Reservas Netas se redujeron un 22%. Con un lógico criterio “aceleracionista”, podrían extinguirse en un plazo relativamente corto.
En similar periodo, los Medios de Pago en Pesos ($), prácticamente, se duplicaron.
La expansión de los Medios de Pago (M2) y la caída real de las Reservas Internaciones está determinando una importantísimo debilitamiento de Respaldo de la Moneda Argentina (del 84,32% del 15/8/2008 al 47,62%, existente al 18 de Noviembre de 2011, última información).
Dable es observar también, cómo evolucionó el Financiamiento Fiscal por el BCRA, según información de ambos Balances:
Total Títulos Públicos + Adelantos al Gobierno $62.356 millones / $196.312 millones
En US$(al tipo de cambio de fecha de Balance) 22.590 millones / 45.946 millones.
Las Reservas Internacionales han sido afectadas por el Financiamiento fiscal, consecuencia del fuerte crecimiento del Gasto Público. Los compromisos externos de los años 2010 y 2011, debieron haberse cumplido con un real superávit fiscal (Ahorro). El haber pagado con Reservas ha determinado su respectiva disminución y la debilidad del “respaldo” y, simultáneamente, la creación de moneda inflacionaria (Emisión en los 12 últimos meses = 35,68%) para la reposición parcial de las Reservas, con compra de Dólares por el BCRA, en el mercado. Por su parte, las compras netas de billetes en moneda extranjera por parte de residentes (“Huida del Peso”), en el periodo analizado por US$ 34.965 millones, también fue factor determinante de la “debilidad del $”. El Patrimonio del BCRA se está “licuando”. La creación de moneda de la “nada”, creó adicionalmente, la “ilusión” monetaria de aumento del consumo, de la inversión y del crecimiento, que a la fecha, por angustiosa necesidad, se está intentando “desinflar”. ¿Solucionará estos problemas la “sintonía fina”?
(*) Rodolfo Rossi. Artículo publicado en Informador Público el 30 de Noviembre de 2011.    Director: Carlos Tórtora

El modelo de La Caja

Por Carolina Mantegari (*)
El modelo de la Caja“Mes de transición. De ajuste. Tierra de Nadie. Donde nadie sabe de qué forma está parado”.
Es la introducción a “Cartel francés” (cliquear). Inicio del “Interregno de noviembre”, seminario que concluye hoy.
La idea, cuando asoma diciembre, se mantiene inalterable, aunque agravada.Sobre todo después de la denominada “crisis a la flatulencia”. Dislate cambiario que suponen engañosamente resuelto por“Moreno y el apriete eficaz” (cliquear).
La crisis a la flatulencia derivó en el desgaste prematuro. Extendió la sospecha (transformada en certeza) del agotamiento de la Caja.
Ocho años después, el desperdicio irresponsable del crecimiento inútil muestra el peor de los efectos. La desaparición del dinero. Otra vez dilapidado.
Pero aquí nadie tiene el menor derecho a sorprenderse. Conste que también se evaporaron, en su oportunidad, aquellos fondos, tristemente prestigiosos, de Santa Cruz.
Con la mejor voluntad interpretativa (y sin siquiera insinuar ningún ilícito), los fondos se derrocharon por la ilusión del mantenimiento de la estructura demencial. En pagar sueldos. Sin intentar el proyecto más irrisorio de desarrollo.
La insolvencia, en general, evita cualquier despegue.
Salto de Moyano a Rocca
Sin Caja para el dispendio, el modelo se desvanece.
Porque este es, precisamente, el modelo de la Caja.
Es el Sistema Recaudatorio de Acumulación, que precisamente estalló.
El modelo se agotó. Y Cristina se predispone para cambiarlo, saludablemente, en el plano fáctico.
Para mantenerlo, apenas, entre las martingalas de la oralidad.
Se asiste entonces a los entretelones de otra tergiversación. Puede, perfectamente, interpretarse como una gran estafa.

El modelo de la CajaAunque sin pagar, siquiera, el tributo de una convincente explicación.
Que legitime el salto simbólico desde Moyano hacia Paolo Rocca. Junto a las otras destrezas que pueden ser facturadas, arbitrariamente, a la gloria del acercamiento con el “influyente” Mendiguren, El Vasco. Con sus focos iluministas de realidad.
Que legitime, en fin, el desmoronamiento ideológico de los subsidios demenciales.
O el reconocimiento, al menos superficial, de la inflación.
La pasión por la impunidad, en el kirchner-cristinismo, es soberbiamente admirable. Como la explotación de otra certeza. Saber que no tienen, enfrente, absolutamente a nadie que se encuentre en condiciones éticas de reclamarles. Nada.
Se consolida otra tesis del portal. El kirchner-cristinismo se voltea siempre solo. Conspira contra sí mismo.
Cae, incluso, por la fascinación de recuperarse. Como pasó en el 2008, después del colapso del campo.
O en el 2009, cuando se estrelló con la alucinación de las Testimoniales. O ya sin Kirchner, en noviembre del 2011, después del inmovilizador 54 por ciento.
“Solo, en la ruta, el cristinismo vuelca en la primera curva”, pudo leerse en “Y Kirchner se empezó a morir” (cliquear).
Se agotan, paulatinamente, las energías. Como los fondos. Para aspirar a otra recuperación.
Ahora sí que Kirchner se les empieza a morir. De verdad.
Interpretación libre. La Centralidad
El modelo de la CajaEl balance de noviembre, menos que negativo, es fatal.
Durante el lapso de la serie, los treinta días del “mes más cruel”, el cristinismo exhibió una extraordinaria inoperancia, que contrasta con la inteligencia destructiva que supo imponer en las elecciones. Exhibió, además, la tendencia inquietante hacia la improvisación. Con el complemento, grotescamente dramático, del secretismo de “Nuestra César” (cliquear), llevado, en el caso de estudio, hasta la obsesión.
La pasión oficial por el secreto instiga, a los analistas articulados, a practicar el deporte de la interpretación libre. A partir de informaciones casi fantasiosas.
Emergen los desorientados que se deslizan alrededor de la centralidad. O sea, de Cristina, la centralidad personalizada. Sobran entonces las indagaciones acerca de lo que Cristina dice, lo que Cristina hace, o deshace, o difícilmente calla. El deporte consiste en entregarse a la monotonía de conjeturar. Acerca de la continuidad de los paralizados ministros. O sobre la identidad misteriosa de alguno de los eventuales nuevos. Tormentas de nombres. Vuelve Nicolás Fernández. Vuelve Bettini. Vuelve Arslanián. Secretos, todos, contenidos en Cristina, o la centralidad.
“No puedo con todo”, clama Nuestra César, cuando se quiebra, conmueve con la impotencia y mantiene el absoluto control de la tensión. Excedida, la pobre, en el atributo de asumir la totalidad de las decisiones. Mientras habla, todo el tiempo habla. Incluso cuando no tiene, acaso, nada más para decir.
Silencio de radio
El silencio de radio indica que se está en el aire.
La sociedad entera, entonces, está en el aire. Jugada a la arbitraria selección de la indecisa, que supone sorprendernos.
Supo, hasta aquí, equivocarse tanto, o mucho más, que el marido extinto.
Justo en noviembre, también, se le rompe, a Nuestra César, otro juguete emblemático. Resultó de indispensable utilidad para la musiquita de la campaña. Boudou.
El modelo de la CajaA los gritos, para la arenga, El Furia contaba que Cristina solía reprocharle por Cobos, el vicepresidente que le había elegido. El que se va vituperado, después de tolerar “La terapia lenta del frío” (cliquear). Y que va a ser, bastante pronto, sobrevalorado.
En cambio, al actual vicepresidente, lo escogió ella. Sola. En el sentido estricto. Ya no tiene a quién recriminarle.
La cuestión que Boudou llegó, precipitadamente, a las alturas. Cuesta ahora sacarlo. Casi tanto como mantenerlo allí. En el escalón previo. Entre dos mujeres jerárquicas. Cristina, y la otra dama que abre su espacio en la historia. Beatriz Rotkes de Alperovich. Con un destino marcado.
El interinato.
Morbo enternecedor
Al cierre del seminario, Cristina se prepara para otro desplazamiento. Es también metafórico. Como el viaje desde Moyano hacia Rocca.
El modelo de la CajaParte hacia Caracas. Se lleva el suspenso de las decisiones. Demoradas hasta el regreso.
El juego de escribir (de vivir) en la Argentina, no es un ejercicio para ansiosos. Es para perversos.
Con los otros Presidentes del vecindario, Cristina comparte el morbo fraternalmente enternecedor. Va a participar de una despedida terrenal.
Porque Chávez mantiene programada, en la agenda geopolítica, una Cumbre próxima, con El Furia. En lugar a determinarse (ampliaremos).
(*) Carolina Mantegari. Periodista. Analista politica. (Artículo publicado en Nº 947 de www.jorgeasisdigital.com del 30 de Noviembre de 2011)