martes, 31 de enero de 2012

Capitalismo y socialismo

Por Armando Ribas (*)

Armando Ribas @ CNN Cala - PARTE 1


Armando Ribas @ CNN Cala - PARTE 2


Armando Ribas @ CNN Cala - PARTE 3


Armando Ribas @ CNN Cala - PARTE 4


Armando Ribas @ CNN Cala - PARTE 5


(*) Armando Ribas. Abogado de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en la Habana. En 1960 obtuvo un Máster en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Filósofo. Escritor.

Fuente: Envío personal del autor

Humo, ¿o será Miedo?

Por Enrique G. Avogadro (*)
“En el gobierno, como en el cuerpo humano, las enfermedades más graves proceden de la cabeza” . Plinio el Joven


Todos los diarios y canales de televisión dedican estos días gran parte de sus centímetros y de sus segundos a hablar de dos temas que, a mi juicio, son sólo cortinas de humo.
Me refiero, obviamente, a la reforma constitucional que, anunciada originalmente por la inefable doña DianaAraña Conti y ahora reverdecida por don ex Amado Boudou, permitiría la reelección eterna de la señora Cristina Fernández de Kirchner y, cuando no, a las Malvinas.
En ambos casos se trata de simples expresiones de deseos del oficialismo, ya que ninguna de las dos tiene posibilidad alguna de concretarse. Sin embargo, todos los argentinos discutimos, sin siquiera reflexionar sobre las posibilidades de ocurrencia, y dejamos de pensar en los verdaderos problemas del país que la Presidente dejará y en cómo solucionarlos.
Para reformar la Constitución se requiere que el proyecto sea votado por dos tercios de ambas cámaras del Congreso, un porcentaje de votos que el cristi-kirchnerismo dista mucho de poseer, y que no podría ser acompañado por otras fuerzas políticas, tradicionalmente funcionales al Gobierno, pues implicaría su irreversible suicidio.
En cuanto a Malvinas, después del huracán Kirchner, que dejó a un país totalmente indefenso, en el cual sus fuerzas armadas sólo podrían batallar durante una hora antes de quedarse sin municiones y sin combustible, toda contienda militar debe ser descartada; es decir, deberá la Argentina continuar sólo con medios diplomáticos para intentar terminar con la infamia que constituye la autoridad británica sobre las islas. Sin embargo, la designación de doña Alicia Castro, una chavista convencida, como nueva Embajadora ante el Reino Unido, no promete grandes logros en ese sentido.
Entonces, dejemos de preocuparnos por los velos que mueve el Gobierno para entretenernos y vayamos al tema central de esta nota.
Desde la reasunción de doña Cristina, luego del “milagro” que el Gauchito Gil realizó con su falso cáncer, me he venido preguntando a qué atribuir la belicosidad de un discurso cuando quien lo pronuncia tiene casi el poder absoluto en su país, donde la oposición –tal como la conocíamos antes que don Néstor (q.e.p.d.) inventara la“transversalidad”- ha dejado de existir, donde la figura presidencial es reverenciada hasta la genuflexión por empresarios y funcionarios de todo pelaje, donde aún el Ejecutivo dispone de muchos fondos para gastar a su antojo, donde el Gobierno interviene en todas las esferas económicas, donde –según los informes oficiales- el Banco Central dispone de grandes reservas, y donde se ha logrado “romper el 7” al desempleo.
Debo confesar que no he encontrado demasiadas respuestas, y lo cierto es que la señora Presidente encontró nuevos enemigos –siempre ex aliados íntimos- a quienes echar la culpa de los males nacionales, aún cuando esto implique combatir en demasiados frentes a la vez.
Entre las muchas posibilidades, la que más ha hecho ruido en mi cabeza es: ¿será miedo?.
Ahora bien; ¿miedo a qué? Aquí, el abanico de probabilidades llega al infinito. Veamos algunas.
¿Miedo a perder el control de la calle? Don Hugo Camión Moyano ya tiene a sus tropas alineadas y, tal como era previsible, tiene entre sus aliados a Gerónimo Momo Venegas, a la CTA de Micheli y hasta a Barrios de Pie. Doña Cristina sabe que ella puede hacer que vaya preso, pero también es consciente de que su nuevo enemigo y ex aliado íntimo puede pararle el país entero. Nuevos actores están exigiendo protagonismo en este tema, como se vio en escenarios tan disímiles como Río Gallegos, Trelew, Famatina, Bariloche, Formosa …
¿Miedo a las cacerolas? Han comenzado a caer sobre las familias las bombas del verdadero “rodrigazo” que ha desatado el Gobierno bajo el nombre de “sintonía fina” y, con marzo, llegarán a los hogares los enormes aumentos en rubros tales como gas, luz, agua, tasas municipales, telefonía celular, prepagas médicas y colegios, que se sumarán a la suba en los alimentos. Si a esos “problemas” se les siguen sumando los cortes de energía, y la inseguridad continúa aterrando a la población, esa vieja reacción podría volver a producirse; si el invierno fuese tan frío como caliente es este verano, el “relato” se congelaría al mismo ritmo.
¿Miedo a corridas bancarias o cambiarias? Sólo una respuesta afirmativa a esta pregunta podría justificar los modos policiales que el principesco don Patotín implementó en diciembre contra los pequeños ahorristas, pese a que imputó a los bancos haber especulado con el dólar. La historia enseña que, cuando la ciudadanía percibe o, simplemente, cree que las reservas que el Banco Central informa son ficticias y que, en realidad, se trata de meros papelitos de colores sin valor, convierte sus ahorros en monedas que le dan tranquilidad, y que ese movimiento es imparable, por muchos policías, gendarmes, prefectos e inspectores de la Afip que se pongan en la calle.
¿Miedo a la confirmación del fracaso? Porque, si todo el escenario macro es tan brillante y está tan blindado como dicen los funcionarios, ¿cuál es la razón para que don Guillermo Moreno haya sido enviado a cerrar de este modo brutal la economía, a riesgo de paralizarla por completo? Este funcionario, que ha sido empleado como una eficiente herramienta desde la prohibición de exportar carne, que don Néstor (q.e.p.d.) implementó en 2006, puede ofrecer victorias de corto plazo pero, en la práctica, todas sus medidas se han traducido en enormes daños y perjuicios de largo plazo para el país. El propio Patotín ha dicho que, si el superávit comercial se reduce a US$ 5.000, el Gobierno “estará en el horno”.
¿Miedo a una nueva quiebra del Estado? Como consecuencia de la sequía, que parece haber terminado, las arcas públicas sufrirán una gran disminución en sus ingresos y, según parece, no habrá dólares suficientes para atender, a la vez, a los servicios de la deuda, a las importaciones indispensables para que la industria pueda producir, a las transferencias empresariales, al pago de más de US$ 9.000 por la importación de combustibles.
¿Miedo a la realidad post Indec? La señora Presidente se ufanó de haberle “roto el 7” al desempleo; si esa cifra surge del cuestionado organismo, lo cierto es que resulta poco creíble. Si bien en el mercado del empleo formal parece haber casi plena ocupación, el informal alcanza casi al 40% de la población, y allí los porcentajes trepan por ascensor. Por lo demás, si la cantidad de pobres y miserables aún es muy grande –los mal intencionados dicen que son iguales a 1998-, el descontento de quienes ven el crecimiento sólo en televisión puede ser comparable a las banquinas en épocas de sequía, cuando una colilla imprudente puede generar incendios, choques y muertes. Como se ve, varios miedos pueden terminar relacionados, y producir similares consecuencias.
¿Miedo a la imparable inflación? Si bien todos los economistas a los que he consultado descartan la posibilidad de una “espiralización” en el corto plazo, y a que el enfriamiento de la economía hará bajar algunas décimas esa fiebre, la estigmatización de don Hugo Camión Moyano puede responder afirmativamente a esa pregunta. Ambos ejércitos –los del Gobierno y los de la CGT y sus aliados- se encuentran ya en formación de batalla, en una guerra que tiene todavía un pronóstico incierto.
¿Miedo al PJ? La pretensión de entronizar a La Cámpora como el almácigo del cual saldrán los dirigentes del futuro no se condice con la escasa cosecha de votos que, cuando se presentaron por fuera de las estructuras, obtuvieron estos jóvenes tan bien rentados; eso lo saben muy bien los caudillos territoriales, que no cederán su poder fácilmente en ninguna circunstancia y, menos aún, cuando la “caja” disciplinadora ha adelgazado tanto.
¿Miedo a la conformación de una liga de gobernadores? La inédita presión para desgastar diariamente a Scioli, podría decir sí a esa pregunta. El peronismo tiene una larga tradición en la materia –basta recordar la crisis del 2001- como herramienta de reacción al desgranamiento del poder central, y el cristi-kirchnerismo carece de una figura que, más allá de la señora Presidente, pueda sentarse en el vértice unipersonal de su movimiento.
Son demasiados interrogantes, y se cuenta con escasas respuestas.
Sin embargo, una certeza aparece nítida: la actuación de doña Cristina, su desconfianza e inseguridad, traducida en la reducción  permanente de su “mesa chica”, la necesidad de la recurrencia al luto y a la debilidad personal para suscitar compasión y adhesión, la permanente invención de nuevos culpables, la traición a sus mejores y más leales aliados, la conformación cada vez mayor de un Estado policial, no son actitudes de quien, como dije al principio, debiera sentirse casi una emperatriz triunfante.
Por el contrario, las nubes que se ciernen sobre el futuro inmediato, en un “modelo” político que ha sido estructurado exclusivamente en torno a la figura de la señora de Kirchner y que, por ello, carece de herederos naturales, son lo suficientemente negras como para generar miedo a sus integrantes.
Que, enfrente, tampoco haya nadie capaz de recibir la pesada herencia de desaciertos y sus consecuencias, es otra de las grandes incertidumbres de la Argentina actual. Sin embargo, en las crisis graves, siempre aparece alguien a quien, muchas veces equivocadamente, los argentinos atribuyen el papel de salvador.
Esta vez será un peronista de viejo cuño, aún cuando resulte ser un joven, o un apartidario; pero esto último es, si bien posible, altamente improbable, al menos antes de que se constituya una fuerza de centro-derecha fuerte, que debiera ser la prioridad del momento.      
 Buenos Aires, 31 de Enero de 2012
(*) Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com

Fuente: Comunicación personal del autor

El engañoso populismo del presidente Obama

Por Israel Ortega (*)
"....Obama dejó claro en su discurso sobre el estado de la Unión que está mucho más interesado en seguir haciendo crecer el Gobierno y gastando al mismo ritmo para hacer 'crecer' la economía. El problema es que esas políticas no han servido de nada..." Fundación Heritage

En un discurso que parecía más una previa de la retórica que podemos esperar durante la campaña electoral que culmina en noviembre, el presidente Obama gastó más tiempo criticando al Partido Republicano que planteando políticas concretas para mejorar la situación económica de la nación. Además de usar un tono mucho más partidista en la mayor parte del discurso, el presidente estaba tratando de hacer a un lado su desastroso récord de continuo desempleo y de una serie de poco acertadas políticas impulsadas por su administración.

El presidente usó su discurso del estado de la Unión para pedir una nueva tasa para millonarios y multimillonarios. "La reforma fiscal debe seguir la Regla de Buffett: Si usted gana más de un millón al año, usted No debería pagar menos del 30 por ciento en impuestos… Por otro lado, si gana menos de 250.000 dólares al año, al igual que el 98 por ciento de las familias americanas, a usted no le deberían subir los impuestos". Obama es un mago de la retórica pero parafraseando a nuestro experto Curtis Dubay: señor Presidente, la secretaria de Buffett no paga más impuestos que Buffett.

Pero como el astuto político que es, el presidente decidió seguir adelante con su tono populista que busca explotar la envidia de clase, pintando al rico como el villano y como la razón por la que hay escasez de empleos. Como bien sabemos, como inmigrantes o hijos de inmigrantes, esta es una táctica que suele ser utilizada por políticos latinoamericanos que buscan explotar las emociones del votante.  Esto se aprecia fácilmente viendo a Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega, entre otros.

Pero como también sabemos, el populismo y su paso al terreno práctico mediante políticas socializantes han creado más pobreza que riqueza. Es precisamente por eso que tantos han emigrado a Estados Unidos, ya que siempre ha incorporado la libertad para crear más prosperidad y brindar una alta calidad de vida para sus habitantes.

Lamentablemente, el presidente dejó claro esta noche que está mucho mas interesado en seguir haciendo crecer el gobierno federal y en seguir políticas que buscan seguir gastando al mismo ritmo para hacer crecer la economía. El problema para el presidente es que esas políticas no han servido de nada y poco han hecho para mejorar un desempleo hispano que actualmente supera el 10 por ciento.

En lugar de presentar una serie de planes para reducir el tamaño del gobierno, el presidente pidió más intervencionismo público como si creyerea que Estados Unidos tiene que seguir los pasos de Europa donde el Estado sigue endeudando a los ciudadanos y a futuras generaciones con tal de no hacer verdaderas reformas a los programas gubernamentales (como las pensiones) por miedo a las repercusiones políticas. Por eso Europa se hunde y nosotros ya tenemos un déficit nacional que supera los 15 billones de dólares.

Pero para un presidente que siempre ha tenido la magnífica habilidad de pronunciar buenos discursos, las cifras y datos que pintan una realidad distinta están a la orden del día. Lo importante es dar la impresión de que las políticas fracasadas de un gobierno más entrometido y caro pueden crear esa prosperidad económica que tanto necesitamos.

Ojala que el presidente vuelva a la realidad y permita en los meses entrantes que el libre mercado y nuestro espíritu emprendedor puedan hacer lo suyo y, como resultado, generar prosperidad.

(*) Israel Ortega actúa como portavoz de la Fundación Heritage de los medios de comunicación en español, incluyendo prensa, radio, televisión e Internet. Y como editor de la web de la hermana del Patrimonio, la Libertad (libertad.org ), Ortega es responsable tanto por el contenido y de su comercialización a una variedad de audiencias, incluyendo los medios de comunicación, las coaliciones y los legisladores.

La Argentina dividida

Por Evidencias (*)
Entre el intercambio de informaciones y comentarios, los altos  interlocutores de Brasil, preguntan a menudo por el doctor Lavagna, con quien conservan confianza y amistad. Algo parecido ocurre en Italia, Francia y España países que suelen requerir su opinión desde los más altos foros del pensamiento.
Hace pocos días y con la discreción que tienen habitualmente sus pasos se trasladó a Madrid a un foro armado por la gran consultora Ernst & Young –como se sabe una de las cuatro más importantes del mundo-y la Secretaría Iberoamericana.  “El País” le concedió una página de la cuál vale la pena subrayar algunos párrafos:   
El resultado de la alta dependencia de América Latina en sus materias primas de lo que hagamos. No se me ocurre que frente a un dato externo positivo como es la subida de precios de materias primas uno decida no aprovecharlo. Al revés, uno aprovecha el margen en términos de reservas, de capacidad de inversión que da esa situación para reforzar otros sectores de la economía menos desarrollados. Hacía muchos años que América Latina no tenía una ola favorable de este tipo. No hay nada de malo en que las materias primas tengan más peso en una economía. Lo malo es si los Gobiernos no lo valoran.
El vaticino de que China levanta pie del acelerador económico me parece un poco exagerado. En los últimos trimestres ha habido una ligera desaceleración del crecimiento chino que tiene algún impacto, pero es mayor sobre las materias primas no alimenticias, por ejemplo, sobre el cobre. Esto no significa que las materias primas alimenticias sean inmunes. Pienso que ese mercado y el de India van a seguir con valores relativamente altos. De todas maneras, como dije antes, la clave está en el uso que dé Argentina a esos recursos. Este año hay una sequía muy importante y eso tiene un impacto. Los imprevistos siempre ocurren.
Hoy a diferencia de países como Brasil y otros de América Latina las reservas internacionales argentinas han permanecido estancadas, incluso bajando un poco en los últimos meses. Acá lo que a mí me importa es cómo uno ve : ahí hay tres versiones distintas y las tres son correctas.
1)     La fotografía de la realidad actual de los últimos meses, cuando la presidenta Cristina Fernández fue reelecta ampliamente. Es una fotografía con altos niveles de consumo, y, si bien hay inflación, los salarios han subido por encima de esta. Ha aumentado el empleo, sobre todo el público y hay mucho crédito. En consecuencia, es una sociedad en plena ebullición de consumo que obviamente jugó a favor del Gobierno.
2)     Después está la fotografía dinámica. ¿Qué es lo que ha venido ocurriendo? Argentina ha perdido el superávit fiscal récord que tenía en 2006 (de 4,5 puntos), ya no tiene superávit en cuenta corriente de balanza de pagos, por eso las reservas internacionales no suben. Ha habido salida de capitales, particularmente el último año. De manera que hay una dinámica de este año, el próximo y el que sigue en los que algunos ajustes y cambios de política van a ser necesarios. No sé si se harán o no.
3)     También está el mediano y largo plazo. Argentina es un país de posibilidades enormes. El largo plazo me parece claramente positivo, pero hay que hacer esa transición entre la foto de una situación demasiado alegre respecto a la realidad y de ese futuro.
La foto de mediano plazo no se debe caer en la trampa que se produjo durante las elecciones de 2011. La sociedad argentina se divide. De un lado el Gobierno —apoyado electoralmente por el 54% de la gente— y del otro lado una oposición muy oposición, donde todo lo que hace el Gobierno está mal o todo lo que hizo en el pasado está mal. 
Hay que formular en la Argentina la creación de alternativas de Gobierno. Nunca  oposiciones ciegas que no son creíbles. Tan no creíbles son, que la presidenta sacó muchos más votos que en la elección de 2007. Lo que hay que lograr hoy en Argentina es que la sociedad no se parta en dos, aunque de hecho es lo que ocurre.
(*) Evidencias Nº 709 del 30 de Enero de 2012. Director: Luis Pico Estrada.
Fuente: Comunicación personal del director.






lunes, 30 de enero de 2012

La invención de la mentira

Por Roberto Cachanosky (*)
En su esfuerzo por cantar loas al modelo y quedar bien con la presidente, los funcionarios dan datos económicos que terminan mostrando fuertes contradicciones dejando al descubierto la falta de veracidad de los beneficios del modelo.
Estaba releyendo un discurso de Débora Giorgi sobre inversiones en el país. Debo confesar que mi ex compañera de la UCA parece ser más cristinista que la misma Cristina Fernández porque nos muestra un país que, según ella, es mejor que el que nos pinta CFK. Para ser justos, en rigor, cuando uno escucha a los funcionarios del gobierno, parece estar viendo una competencia para ver quién de ellos se deshace en alabanzas al modelo y a la gestión del kirchnerismo. Pero bueno, cada uno tiene sus propias ideas y visión del mundo y no hay por qué molestarse. Lo cierto es que en ese discurso Giorgi sostuvo que: “la Argentina registró la tasa de inversión más alta de los últimos 30 años en el tercer trimestre de 2011, que llegó al 26,2 por ciento del PBI". Debo confesar que me sorprendió que no dijera en los últimos 200 años como dice Cristina. Ahí se quedó corta en sus alabanzas al modelo. La próxima vez que se acuerde que tiene que decir que todo es mejor que en los últimos 200 años porque en el relato kirchnerista nadie puede superar lo hecho por el matrimonio desde 2003 a la fecha.
Pero volviendo al discurso, agregó: "Esto es producto del proceso de reindustrialización del país que permitió, desde 2008, sustituir importaciones por más de 10.000 millones de dólares". Otra pifiada, tiene que recordar que todo lo bueno en Argentina comenzó en 2003. Nunca antes ni después que Néstor Kirchner llegó al gobierno gracias a la genial jugada política de Duhalde, el que, como gran jugador de ajedrez, pensó veinte jugadas adelante y Néstor le cantó mate en 2 jugadas.
Sigo con el discurso de Giorgi. Según la Ministro, el 28% de las inversiones anunciadas en 2011, que llegaron a los U$S 35.000 millones, según la información oficial, fueron destinados al sector de gas y petróleo.
El primer dato curioso de Giorgi es que no habla de inversiones realizadas por U$S 35.000 millones, sino que habla de ANUNCIOS de inversión. Me parece que hay una gran diferencia entre ANUNCIAR una inversión e INVERTIR. Dicho en castellano básico para que hasta un k pueda entenderlo: una cosa es decir y otra es hacer. Y la Ministro, siempre atenta a los discursos de Cristina para ver cuándo tiene que festejarle con una risa algo que diga la presidente, debería poder distinguir entre ANUNCIAR una inversión y REALIZAR una inversión.
Pero vayamos al tema de la sustitución de importaciones por el cual, el modelo (que ahora necesita sintonía fina con pequeños y quirúrgicos ajuste de tarifas de algo más del 100% superando al rodrigazo del 1975) permitió sustituir importaciones por U$S 10.000 millones. Si este número, que solo Él sabe de dónde salió, es cierto ¿por qué a Moreno le agarró el ataque de cerrar herméticamente las importaciones? Si tan exitoso fue el modelo en sustituir importaciones, hoy no estaría tan necesitado de divisas comerciales cerrando la economía. La verdad es que no se entiende. Por un lado el modelo es fantástico porque generó  sustitución de importaciones y por otro lado tienen que cerrar las importaciones para defender el trabajo argentino, según dichos de los funcionarios kirchneristas. O las inversiones que permitieron sustituir inversiones por U$S 10.000 millones producen basura que nadie quiere y por eso crecen las importaciones o en el discurso oficial hay algún dato que está mal.
Es más, según Giorgi el 28% de las inversiones fueron destinadas a gas y petróleo. Si tal es la envergadura de las inversiones del sector: ¿por qué las importaciones de combustibles aumentaron el 110% en 2011 respecto a 2010? Justamente, el 28% del aumento de las importaciones del 2011 (unos U$S 17.000 millones más que en 2010) se explican por el aumento de las importaciones de combustibles gracias a la horrorosa política energética del gobierno. Pero, por un lado Giorgi, en sus alabanzas al modelo, dice que el sector tuvo grandes inversiones y a los pocos días, Cristina Fernández despotrica contra el sector diciendo que porque no invirtieron hubo que aumentar las importaciones de combustibles en un 110%. Me parece fantástico que los funcionarios kirchneristas les canten loas al modelo y a Cristina Fernández en particular. Si se sienten cómodos en el papel de grandes aduladores, al punto de hacer el ridículo, es algo que no me corresponde juzgar porque cada uno elige el grado de dignidad con que quiere vivir, pero, por lo menos, que sean un poco más prolijos cuando dan datos y dicen cosas, porque finalmente uno se termina confundiendo. Gorgi dice que el sector de gas y petróleo bate récords de inversión y Cristina Fernández se queja porque las inversiones del sector no alcanzan y hay que importar más combustibles. Obviamente que la culpa nunca es de ellos, sino que siempre hay algún desestabilizador y conspirador que quiere terminar con la felicidad del pueblo argentino que el modelo, Él y ella le dieron al pueblo.
Cuando me tope con estas groseras contradicciones y falaces anuncios, porque, como decía antes, una cosa es ANUNCIAR inversiones y otra INVERTIR, me acordé de una película que estaba viendo con mi hijo por televisión. La película se llama La Invención de la Mentira (The Invention of Lying en inglés). En la película se plantea un mundo donde nadie miente. Nadie conoce la mentira. Si uno va a un banco y pide retirar un monto de dinero mayor al que dice el sistema que dispone, la cajera le entrega el dinero porque asume que el sistema está fallando y el cliente no miente.
En ese mundo en el que nadie miente, el personaje principal descubre que mintiendo puede obtener grandes beneficios en ese mundo en que nadie miente. Justamente lo descubre cuando va al banco a retirar un monto mayor al que tenía en su cuenta y la cajera le entrega la suma porque asume que el sistema falló. El personaje sigue mintiendo y ve cómo puede beneficiarse de la mentira, pero por momentos entra en contradicciones y tiene que inventar más mentiras para sostener la primera.
La película, que es una comedia, termina con un final feliz. La diferencia con la realidad argentina es que en la versión oficial The invention of lying es tan grande que cada vez tienen que inventar un lying mayor para poder justificar la lying anterior.
Debo reconocer que, por ahora, la invención de la mentira del modelo le está dando muy buenos resultados de apoyo de la gente. Eso sí, cada vez tendrán que agrandar la siguiente mentira para poder sostener el discurso de una realidad que no es tal, con lo cual, en algún momento la gente descubrirá The Invention of Lying del modelo. Lo que falta por ver es si tanto invento de mentira tiene un final feliz como el de la película, porque una cosa es la ficción de la película y otra la ficción que nos presenta el gobierno.
Como decía Lincoln: “Se puede mentir a pocos, mucho tiempo. Se puede mentir a muchos, poco tiempo. Pero no se puede mentir a todos, todo el tiempo”. 
(*) Roberto Cachanosky es Lic. en economía (UCA, 1980). Consultor económico y Director de "Economía para todos". Edición Nº 402 del 29 de Enero de 2012



Anses y Banco Central financian la mitad del déficit fiscal

Por IDESA (*)
La solvencia fiscal es condición necesaria para sostener un proceso de desarrollo social. Por eso es preocupante la actitud de las autoridades económicas de anunciar un supuesto superávit fiscal cuando la realidad es que se ha llegado a una situación en que, ni con las apropiaciones sobre la ANSES y el Banco Central, alcanza para financiar al sector público. Más allá de que la situación no sea explosiva en el corto plazo, es de alta prioridad mejorar la calidad en la gestión del Estado. Uno de los pasos esenciales e iniciales en este sentido es restablecer la seriedad en la difusión e interpretación de la información sobre las cuentas públicas.
El Ministerio de Economía anunció que el sector público nacional cerró el año 2011 con un superávit de $4.920 millones. Como ocurre desde hace varios años, la declaración se realizó enfatizando que uno de los pilares del modelo económico imperante es la solidez en las cuentas públicas. Más allá de la pertinencia de reconocer la importancia de la sustentabilidad de las finanzas públicas, la realidad que muestran las cifras oficiales, en sentido contrario a lo anunciado, es que hay una gran precariedad fiscal.
El monto que anuncian las autoridades como “superávit” es el resultado  primario, esto es, la diferencia entre ingresos y gastos antes del pago de intereses de deuda pública. La suma que el sector público nacional pagó en intereses en el año 2011 fue de $35.584 millones. Cuando se computa este concepto se llega a un déficit de $30.664 millones. Este monto representa aproximadamente 1,7% del PBI; el mayor desde el año 2002.
Pero lo más importante es que en estos cálculos se consideran como ingresos las transferencias de la ANSES, del Banco Central y otros organismos públicos. Según los propios datos oficiales del Ministerio de Economía, que se publican junto con los anuncios del “superávit”, surge que estos recursos extraordinarios fueron los siguientes:
·         El excedente de la ANSES fue $22.699 millones ($11.154 millones por rentas del FGS, básicamente, y $11.545 millones de excedentes de ingreso y gasto previsional).
·         Desde el Banco Central y otros organismos se transfirieron $12.236 millones.
·         Esto significa que, sin los excedentes de la ANSES, el Banco Central y otros organismos, el desequilibrio fiscal asciende a $65.599 millones.
Los datos oficiales delatan –en oposición a los anuncios– un muy severo proceso de deterioro de las cuentas públicas. No sólo que el sector público está lejos del “superávit” declamado, sino que el desequilibrio entre los ingresos genuinos y el gasto público alcanzan a $66 mil millones ó el 3,6% del PBI aproximadamente. Este desequilibrio es asimilable al del año 2001, que, según los datos del Ministerio de Economía, fue de 3,2% del PBI, ó al déficit fiscal de Italia que, en crisis, se estima en 4% del PBI. Para financiar parte de este enorme desequilibrio, desde la ANSES, el Banco Central y otros organismos se generan $35 mil millones que alcanzan para financiar el 53% del déficit.
Tratar de disimular la insolvencia del sector público con anuncios “optimistas” no es una acción responsable ni sostenible. Pero más cuestionable y preocupante aún es que se llegue a semejante desequilibrio cuando la presión impositiva del sector público nacional ha alcanzado un récord histórico, pasando de un 20% en el año 2002 al 35% en el año 2011. En otras palabras, los ciudadanos nunca pagaron tantos impuestos, sin embargo, el desequilibrio de las cuentas públicas es el más elevado de la última década
No menos preocupación causan las formas espurias de financiamiento de este desequilibrio. El excedente de la ANSES es el resultado de la violación a la movilidad de los haberes previsionales. Esto genera cientos de miles de juicios cuyo pago el organismo previsional difiere dilatando al extremo los procesos judiciales. Las rentas de la ANSES son el resultado de la expropiación de los ahorros previsionales ocasionada con la eliminación del régimen de capitalización. Estos fondos –ahora destinados a financiar el déficit fiscal– en una gestión responsable deberían ser capitalizados para respaldar las futuras jubilaciones. En igual sentido, las reservas del Banco Central deberían priorizarse para respaldar el dinero emitido.
La premura manifestada por el gobierno por reducir los subsidios, aunque implique la impopular acción de ajustar las tarifas que paga la población, delata el convencimiento que la situación fiscal es insostenible. Sin embargo, las acciones carecen de la integralidad, calidad e intensidad que demanda esta profunda crisis del sector público argentino. El deterioro acumulado, no sólo con la expansión de los subsidios sino también con crecimiento espurio del empleo público, beneficios previsionales y otras erogaciones, demanda un audaz proceso de modernización del Estado. Para ello, un paso “fundacional” sería restablecer la seriedad en la difusión e interpretación de la información sobre las cuentas públicas.
(*) IDESA. www.idesa.org Informe del 29 de Enero de 2012. Nº 426

Los Fundamentos del Liberalismo

Por Federico Salazar (*)


Conferencia de apertura de la "Universidad de la Libertad", programa anual de capacitación de jóvenes del Instituto Político para la Libertad www.iplperu.org
La conferencia estuvo a cargo del reconocido filósofo y periodista Federico Salazar.
Miraflores, 24 de noviembre del 2011.

(*) Federico Salazar cursó estudios de Filosofía en la Universidad Mayor de San Marcos, fue profesor de comunicación en la universidad San Ignacio de Loyola, co-conductor de programas periodísticos en Radioprogramas del Perú. Ha sido jefe de la sección financiera del diario La Prensa, editor de la revista Meridiano de Lima, columnista de los diarios Expreso, Ojo, Universal, Gestión y lo es actualmente de Perú 21. Fue encargado de la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Comunicación de la Universidad San Ignacio de Loyola y es profesor de cursos de periodismo en el Centro Cultural de la Universidad Católica y la Universidad Particular
San Martín de Porres, así como director de la revista mensual Quid.
Actualmente se desempeña como periodista en el noticiero de América Televisión "Primera Edición". Asimismo, escribe en el diario Gestión y en el portal de internet Alo.com. Es considerado un periodista serio y de buena credibilidad.

Liberalismo

Por Jesús Huerta de Soto (*)

El liberalismo es una corriente de pensamiento (filosófico y económico) y de acción política que propugna limitar al máximo el poder coactivo del Estado sobre los seres humanos y la sociedad civil. Así, forman parte del ideario liberal la defensa de la economía de mercado (también denominada "sistema capitalista" o de "libre empresa"); la libertad de comercio (librecambismo) y, en general, la libre circulación de personas, capitales y bienes; el mantenimiento de un sistema monetario rígido que impida su manipulación inflacionaria por parte de los gobernantes; el establecimiento de un Estado de Derecho, en el que todos los seres humanos -incluyendo aquellos que en cada momento formen parte del Gobierno- estén sometidos al mismo marco mínimo de leyes entendidas en su sentido "material" (normas jurídicas, básicamente de derecho civil y penal, abstractas y de general e igual aplicación a todos); la limitación del poder del Gobierno al mínimo necesario para definir y defender adecuadamente el derecho a la vida y a la propiedad privada, a la posesión pacíficamente adquirida, y al cumplimiento de las promesas y contratos; la limitación y control del gasto público, el principio del presupuesto equilibrado y el mantenimiento de un nivel reducido de impuestos; el establecimiento de un sistema estricto de separación de poderes políticos (legislativo, ejecutivo y judicial) que evite cualquier atisbo de tiranía; el principio de autodeterminación, en virtud del cual cualquier grupo social ha de poder elegir libremente qué organización política desea formar o a qué Estado desea o no adscribirse; la utilización de procedimientos democráticos para elegir a los gobernantes, sin que la democracia se utilice, en ningún caso, como coartada para justificar la violación del Estado de Derecho ni la coacción a las minorías; y el establecimiento, en suma, de un orden mundial basado en la paz y en el libre comercio voluntario, entre todas las naciones de la tierra. Estos principios básicos constituyen los pilares de la civilización occidental y su formación, articulación, desarrollo y perfeccionamiento son uno de los logros más importantes en la historia del pensamiento del género humano. Aunque tradicionalmente se ha afirmado que la doctrina liberal tiene su origen en el pensamiento de la Escuela Escocesa del siglo XVIII, o en el ideario de la Revolución Francesa, lo cierto es que tal origen puede remontarse incluso hasta la tradición más clásica del pensamiento filosófico griego y de la ciencia jurídica romana. Así, sabemos gracias a Tucídides (Guerra del Peloponeso), como Pericles constataba que en Atenas "la libertad que disfrutamos en nuestro gobierno se extiende también a la vida ordinaria, donde lejos de ejercer éste una celosa vigilancia sobre todos y cada uno, no sentimos cólera porque nuestro vecino haga lo que desee"; pudiéndose encontrar en la Oración Fúnebre de Pericles una de las más bellas descripciones del principio liberal de la igualdad de todos ante la ley.
 
Posteriormente en Roma se descubre que el derecho es básicamente consuetudinario y que las instituciones jurídicas (como las lingüísticas y económicas) surgen como resultado de un largo proceso evolutivo e incorporan un enorme volumen de información y conocimientos que supera, con mucho, la capacidad mental de cualquier gobernante, por sabio y bueno que éste sea. Así, sabemos gracias a Cicerón (De re publica, II, 1-2) como para Catón "el motivo por el que nuestro sistema político fue superior a los de todos los demás países era éste: los sistemas políticos de los demás países habían sido creados introduciendo leyes e instituciones según el parecer personal de individuos particulares tales como Minos en Creta y Licurgo en Esparta... En cambio, nuestra república romana no se debe a la creación personal de un hombre, sino de muchos. No ha sido fundada durante la vida de un individuo particular, sino a través de una serie de siglos y generaciones. Porque no ha habido nunca en el mundo un hombre tan inteligente como para preverlo todo, e incluso si pudiéramos concentrar todos los cerebros en la cabeza de un mismo hombre, le sería a éste imposible tener en cuenta todo al mismo tiempo, sin haber acumulado la experiencia que se deriva de la práctica en el transcurso de un largo periodo de la historia". El núcleo de esta idea esencial, que habrá de constituir el corazón del argumento de Ludwig von Mises sobre la imposibilidad teórica de la planificación socialista, se conserva y refuerza en la Edad Media gracias al humanismo cristiano y a la filosofía tomista del derecho natural, que se concibe como un cuerpo ético previo y superior al poder de cada gobierno terrenal. Pedro Juan de Olivi, San Bernardino de Siena y San Antonino de Florencia, entre otros, teorizan sobre el papel protagonista que la capacidad empresarial y creativa del ser humano tiene como impulsora de la economía de mercado y de la civilización. Y el testigo de esta línea de pensamiento se recoge y perfecciona por esos grandes teóricos que fueron nuestros escolásticos durante el Siglo de Oro español, hasta el punto de que uno de los más grandes pensadores liberales del siglo XX, el austriaco Friedrich A. Hayek, Premio Nobel de Economía en 1974, llegó a afirmar que "los principios teóricos de la economía de mercado y los elementos básicos del liberalismo económico no fueron diseñados, como se creía, por los calvinistas y protestantes escoceses, sino por los jesuitas y miembros de la Escuela de Salamanca durante el Siglo de Oro español". Así, Diego de Covarrubias y Leyva, arzobispo de Segovia y ministro de Felipe II, ya en 1554 expuso de forma impecable la teoría subjetiva del valor, sobre la que gira toda economía de libre mercado, al afirmar que "el valor de una cosa no depende de su naturaleza objetiva sino de la estimación subjetiva de los hombres, incluso aunque tal estimación sea alocada"; y añade para ilustrar su tesis que "en las Indias el trigo se valora más que en España porque allí los hombres lo estiman más, y ello a pesar de que la naturaleza del trigo es la misma en ambos lugares". Otro notable escolástico, Luis Saravia de la Calle, basándose en la concepción subjetivista de Covarrubias, descubre la verdadera relación que existe entre precios y costes en el mercado, en el sentido de que son los costes los que tienden a seguir a los precios y no al revés, anticipándose así a refutar los errores de la teoría objetiva del valor de Carlos Marx y de sus sucesores socialistas. Así, en su Instrucción de mercaderes (Medina del Campo 1544) puede leerse: "Los que miden el justo precio de la cosa según el trabajo, costas y peligros del que trata o hace la mercadería yerran mucho; porque el justo precio nace de la abundancia o falta de mercaderías, de mercaderes y dineros, y no de las costas, trabajos y peligros".
 
Otra notable aportación de nuestros escolásticos es su introducción del concepto dinámico de competencia (en latín concurrentium), entendida como el proceso empresarial de rivalidad que mueve el mercado e impulsa el desarrollo de la sociedad. Esta idea les llevó a su vez a concluir que los llamados "precios del modelo de equilibrio", que los teóricos socialistas pretenden utilizar para justificar el intervencionismo y la planificación del mercado, nunca podrán llegar a ser conocidos. Raymond de Roover (Scholastics Economics, 1955) atribuye a Luis de Molina el concepto dinámico de competencia entendida como "el proceso de rivalidad entre compradores que tiende a elevar el precio", y que nada tiene que ver con el modelo estático de "competencia perfecta" que hoy en día los llamados "teóricos del socialismo de mercado" ingenuamente creen que se puede simular en un régimen sin propiedad privada. Sin embargo, es Jerónimo Castillo de Bovadilla el que mejor expone esta concepción dinámica de la libre competencia entre empresarios en su libro Política para corregidores publicado en Salamanca en 1585, y en el que indica que la más positiva esencia de la competencia consiste en tratar de "emular" al competidor. Bovadilla enuncia, además, la siguiente ley económica, base de la defensa del mercado por parte de todo liberal: "los precios de los productos bajarán con la abundancia, emulación y concurrencia de vendedores". Y en cuanto a la imposibilidad de que los gobernantes puedan llegar a conocer los precios de equilibrio y demás datos que necesitan para intervenir en el mercado, destacan las aportaciones de los cardenales jesuitas españoles Juan de Lugo y Juan de Salas. El primero, Juan de Lugo, preguntándose cuál puede ser el precio de equilibrio, ya en 1643 concluye que depende de tan gran cantidad de circunstancias específicas que sólo Dios puede conocerlo ("pretium iustum mathematicum licet soli Deo notum"). Y Juan de Salas, en 1617, refiriéndose a las posibilidades de que un gobernante pueda llegar a conocer la información específica que se crea, descubre y maneja en la sociedad civil afirma que "quas exacte comprehendere et pondedare Dei est non hominum", es decir, que sólo Dios, y no los hombres, puede llegar a comprender y ponderar exactamente la información y el conocimiento que maneja un mercado libre con todas sus circunstancias particulares de tiempo y lugar. Tanto Juan de Lugo como Juan de Salas anticipan, pues, en más de tres siglos, las más refinadas aportaciones científicas de los pensadores liberales más conspicuos (Mises, Hayek). Por otro lado, tampoco debemos olvidar al gran fundador del Derecho Internacional Francisco de Vitoria, a Francisco Suárez y a su escuela de teóricos del derecho natural, que con tanta brillantez y coherencia retomaron la idea tomista de la superioridad moral del derecho natural frente al poder del estado, aplicándola con éxito a múltiples casos particulares que, como el de la crítica moral a la esclavización de los indios en la recién descubierta América, exigían una clara y rápida toma de posición intelectual. Pero, sin duda alguna, el más liberal de nuestros escolásticos ha sido el gran padre jesuita Juan de Mariana (1536-1624) que llevó hasta sus últimas consecuencias lógicas la doctrina liberal de la superioridad del derecho natural frente al poder del estado y que hoy han retomado filósofos liberales tan importantes como Murray Rothbard y Robert Nozick. Especial importancia tiene el desarrollo de la doctrina sobre la legitimidad del tiranicidio que Mariana desarrolla en su libro De rege et regis institutione publicado en 1599. Mariana califica de tiranos a figuras históricas como Alejandro Magno o Julio Cesar, y argumenta que está justificado que cualquier ciudadano asesine al que tiranice a la sociedad civil, considerando actos de tiranía, entre otros, el establecer impuestos sin el consentimiento del pueblo, o impedir que se reúna un parlamento libremente elegido. Otras muestras típicas del actuar de un tirano son, para Mariana, la construcción de obras públicas faraónicas que, como las pirámides de Egipto, siempre se financian esclavizando y explotando a los súbditos, o la creación de policías secretas para impedir que los ciudadanos se quejen y expresen libremente. Otra obra esencial de Mariana es la publicada en 1609 con el título De monetae mutatione, posteriormente traducida al castellano con el título de Tratado y discurso sobre la moneda de vellón que al presente se labra en Castilla y de algunos desórdenes y abusos. En este notable trabajo Mariana considera tirano a todo gobernante que devalúe el contenido de metal de la moneda, imponiendo a los ciudadanos sin su consentimiento el odioso impuesto inflacionario o la creación de privilegios y monopolios fiscales. Mariana también critica el establecimiento de precios máximos para "luchar contra la inflación", y propone la reducción del gasto público como principal medida de política económica para equilibrar el presupuesto. Por último, en 1625, el padre Juan de Mariana publicó otro libro titulado Discurso sobre las enfermedades de la Compañía en el que ahonda en la idea liberal de que es imposible que el gobierno organice la sociedad civil en base a mandatos coactivos, y ello por falta de información. Mariana, refiriéndose al gobierno dice que "es gran desatino que el ciego quiera guiar al que ve", añadiendo que el gobernante "no conoce las personas, ni los hechos, a lo menos, con todas las circunstancias que tienen, de que pende el acierto. Forzoso es se caiga en yerros muchos, y graves, y por ellos se disguste la gente, y menosprecie gobierno tan ciego"; concluyendo Mariana que "es loco el poder y mando", y que cuando "las leyes son muchas en demasía; y como no todas se pueden guardar, ni aun saber, a todas se pierde el respeto".
 
Toda esta tradición se filtra por los ambientes intelectuales de todo el continente europeo influyendo en notables pensadores liberales de Francia como Balesbat (1692), el marqués D'Argenson (1751) y, sobre todo, Jacques Turgot, que desde mucho antes que Adam Smith, y siguiendo a los escolásticos españoles ya había articulado perfectamente el carácter disperso del conocimiento que incorporan las instituciones sociales entendidas como órdenes espontáneos. Así, Turgot, en su Elegía a Gournay (1759) escribe que "no es preciso probar que cada individuo es el único que puede juzgar con conocimiento de causa el uso más ventajoso de sus tierras y esfuerzo. Solamente él posee el conocimiento particular sin el cual hasta el hombre más sabio se encontraría a ciegas. Aprende de sus intentos repetidos, de sus éxitos y de sus pérdidas, y así va adquiriendo un especial sentido para los negocios que es mucho más ingenioso que el conocimiento teórico que puede adquirir un observador indiferente, porque está impulsado por la necesidad". Y siguiendo a Juan de Mariana, Turgot concluye que es "completamente imposible dirigir mediante reglas rígidas y un control continuo la multitud de transacciones que aunque sólo sea por su inmensidad no puede llegar a ser plenamente conocida, y que además dependen de una multitud de circunstancias siempre cambiantes, que no pueden controlarse, ni menos aún preverse".
 
Desafortunadamente, toda esta tradición liberal del pensamiento hispano fue barrida en la teoría y en la práctica, como indica Francisco Martínez Marina (Teoría de las Cortes o Grandes Juntas Nacionales de los Reinos de León y Castilla) por los Austrias y los Borbones que han producido una "monstruosa reunión de todos los poderes en una persona, el abandono y la abolición de las Cortes y siglos de esclavitud del más horroroso despotismo". Se termina de consolidar así en nuestro país un marco político y social intolerante e intervencionista ajeno a las más genuinas tradiciones representativas y liberales de los viejos reinos de España: la antigua tolerancia y modus vivendi entre las tres religiones de judíos, moros y cristianos de la época de Alfonso X El Sabio, es sustituida por la intolerancia religiosa de los Reyes Católicos y sus sucesores, que Americo Castro (La realidad histórica de España) y otros han interpretado como una desviación mimética de la cultura y sociedad españolas que paradójicamente terminan reflejando e incorporando en su esencia más íntima las características más negativas de sus seculares "enemigos": el integrismo religioso musulmán justificador de la Guerra Santa contra el infiel, y la obsesión por la pureza de la sangre, propia del pueblo judío. No se absorben, por contra, la proverbial iniciativa y espíritu empresarial de los comerciantes y artesanos hebreos y moriscos que hasta su expulsión constituyeron la médula económica del país. En España se termina menospreciando, por considerarse impropia de cristianos viejos, la función empresarial y prácticamente hasta hoy el éxito económico se valora negativamente a nivel social y se critica con envidia destructiva, en vez de ser considerado como una sana y necesaria muestra del avance de la civilización, que es preciso emular y fomentar. Si a todo esto añadimos la "Leyenda Negra" que impulsada por el mundo protestante y anglosajón tuvo como objetivo desprestigiar todo lo español, se comprenderá la soledad y el vacío ideológico con que se hallaron los ilustrados españoles del siglo XVIII, como Campomanes y Jovellanos, y los padres de la patria reunidos en las Cortes de Cádiz que habrían de redactar nuestra primera Constitución de 1812, y que fueron los primeros en el mundo en calificarse a sí mismos con el término, introducido por ellos, de "liberales".
 
La situación en el resto del mundo intelectual europeo no evolucionó mucho mejor que en España. El triunfo de la Reforma protestante desprestigió el papel de la Iglesia Católica como límite y contrapeso del poder secular de los gobiernos, que se vio así reforzado. Además el pensamiento protestante y la imperfecta recepción en el mundo anglosajón de la tradición liberal iusnaturalista a través de los "escolásticos protestantes" Hugo Grocio y Pufendorf, explica la importante involución que respecto del anterior pensamiento liberal supuso Adam Smith. En efecto, como bien indica Murray N. Rothbard (Economic Thought before Adam Smith, 1995), Adam Smith abandonó las contribuciones anteriores centradas en la teoría subjetiva del valor, la función empresarial y el interés por explicar los precios que se dan en el mercado real, sustituyéndolas todas ellas por la teoría objetiva del valor trabajo, sobre la que luego Marx construirá, como conclusión natural, toda la teoría socialista de la explotación. Además, Adam Smith se centra en explicar con carácter preferente el "precio natural" de equilibrio a largo plazo, modelo de equilibrio en el que la función empresarial brilla por su ausencia y en el que se supone que toda la información necesaria ya está disponible, por lo que será utilizado después por los teóricos neoclásicos del equilibrio para criticar los supuestos "fallos del mercado" y justificar el socialismo y la intervención del Estado sobre la economía y la sociedad civil. Por otro lado, Adam Smith impregnó la Ciencia Económica de calvinismo, por ejemplo al apoyar la prohibición de la usura y al distinguir entre ocupaciones "productivas" e "improductivas". Finalmente, Adam Smith rompió con el Laissez-faire radical de sus antecesores iusnaturalistas del continente (españoles, franceses e italianos) introduciendo en la historia del pensamiento un "liberalismo" tibio tan plagado de excepciones y matizaciones, que muchos "socialdemócratas" de hoy en día podrían incluso aceptar. La influencia negativa del pensamiento de la Escuela Clásica anglosajona sobre el liberalismo se acentúa con los sucesores de Adam Smith y, en especial, con Jeremías Bentham, que inocula el bacilo del utilitarismo más estrecho en la filosofía liberal, facilitando con ello el desarrollo de todo un análisis pseudocientífico de costes y beneficios (que se creen conocidos), y el surgimiento de toda una tradición de ingenieros sociales que pretenden moldear la sociedad a su antojo utilizando el poder coactivo del Estado. En Inglaterra, Stuart Mill culmina esta tendencia con su apostasía del Laissez-faire y sus numerosas concesiones al socialismo, y en Francia, el triunfo del racionalismo constructivista de origen cartesiano explica el dominio intervencionista de la Ecole Polytechnique y del socialismo cientificista de Saint-Simon y Comte (véase F.A. Hayek, The Counter-Revolution of Science, 1955), que a duras penas logran contener los liberales franceses de la tradición de Juan Bautista Say, agrupados en torno a Frédéric Bastiat y Gustave de Molinari.
 
Esta intoxicación intervencionista en el contenido doctrinal del liberalismo decimonónico fue fatal en la evolución política del liberalismo contemporáneo: uno tras otro los diferentes partidos políticos liberales caen víctimas del "pragmatismo", y en aras de mantener el poder a corto plazo consensúan políticas de compromiso que traicionan sus principios esenciales confundiendo al electorado y facilitando en última instancia el triunfo político del socialismo. Así, el partido liberal inglés termina desapareciendo en Inglaterra engullido por el partido laborista, y algo muy parecido sucede en el resto de Europa. La confusión a nivel político y doctrinal es tan grande que en muchas ocasiones los intervencionistas más conspicuos como John Maynard Keynes, terminan apropiándose del término "liberalismo" que, al menos en Inglaterra, Estados Unidos y, en general, en el mundo anglosajón pasa a utilizarse para denominar la socialdemocracia intervencionista impulsora del Estado del Bienestar, viéndose obligados los verdaderos liberales a buscarse otro término definitorio ("classical liberals", "conservative libertarians" o, simplemente, "libertarians").
 
En este contexto de confusión doctrinal y política no es de extrañar que en nuestro país nunca haya cuajado una verdadera revolución liberal. Aunque en el siglo XIX se puede distinguir una señera tradición del más genuino liberalismo, con representantes tan conspicuos como Laureano Figuerola y Ballester, Alvaro Flórez Estrada, Luis María Pastor, y otros, se desarrolla doctrinalmente muy influida por el tibio liberalismo de la Escuela Anglosajona (la traducción española de José Alonso Ortiz de La Riqueza de las Naciones ya se había publicado en Santander en 1794), o por el racionalismo jacobino de la Revolución Francesa. En el ámbito político el liberalismo español se enfrenta primero a las poderosas fuerzas absolutistas y después al pragmatismo disgregador de los "moderados", todo ello en un entorno continuo de guerra civil desgarradora. De manera que el triunfo de la Gloriosa Revolución Liberal de 1868 es efímero y cuando se produce la Restauración Canovista de 1875, triunfa el arancel proteccionista y se traicionan principios liberales esenciales, por ejemplo en el ámbito de la autodeterminación del pueblo cubano, con un coste tremendo para la nación en términos de sufrimientos humanos. Y ya entrado el siglo XX la pérdida de contenido doctrinal del Partido Liberal Democrático se hace cada vez más patente y en cierta medida culmina con el "reformismo social" de José Canalejas que impregna su política de medidas intervencionistas y socializadoras, restablece el servicio militar obligatorio y sigue adelante con la inmoral y nefasta política de gradual implicación militar de nuestro país en Marruecos. En este contexto de vacío doctrinal no es de extrañar que los pocos españoles que continúan aceptando calificarse de "liberales" crean que el liberalismo, más que un cuerpo de principios dogmáticos a favor de la libertad, es un simple "talante" caracterizado por la tolerancia y apertura ante todas las posiciones. Así, para Gregorio Marañón (véase el "Prólogo" a sus Ensayos liberales) "ser liberal es, precisamente estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es, pues, una conducta y, por tanto, es mucho más que una política". Posición que en gran medida es compartida por otros grandes liberales españoles de la primera mitad del siglo XX, como José Ortega y Gasset o Salvador de Madariaga, y que en gran parte explica por qué el protagonismo político, primero durante la Dictadura del General Primo de Ribera, después durante la República y más tarde durante el Franquismo, nunca estuviera en manos de verdaderos liberales, sino más bien en la esfera de ambos extremos del intervencionismo (el socialismo obrero o el fascismo o socialismo conservador o de derechas), o bajo el control de políticos racionalistas jacobinos como Manuel Azaña.
 
A pesar de que el siglo XX será tristemente recordado como el siglo del Estatismo y de los totalitarismos de todo signo que más sufrimiento han causado al género humano, en sus últimos veinticinco años se ha observado con gran pujanza un notable resurgir del ideario liberal que debe achacarse a las siguientes razones. Primeramente, al rearme teórico liberal protagonizado por un puñado de pensadores que, en su mayoría, pertenecen o están influidos por la Escuela Austriaca que fue fundada en Viena cuando Carl Menger retomó en 1871 la tradición liberal subjetivista de los Escolásticos Españoles. Entre otros teóricos, destacan sobre todo Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek que fueron los primeros en predecir el advenimiento de la Gran Depresión de 1929 como resultado del intervencionismo monetario y fiscal emprendido por los gobiernos durante los "felices" años veinte, en descubrir el teorema de la imposibilidad científica del socialismo por falta de información, y en explicar el fracaso de las prescripciones keynesianas que se hizo evidente con el surgimiento de la grave recesión inflacionaria de los años setenta. Estos teóricos han elaborado, por primera vez, un cuerpo completo y perfeccionado de doctrina liberal en el que también han participado pensadores de otras escuelas liberales menos comprometidas como la de Chicago (Knight, Stigler, Friedman y Becker), el "ordo-liberalismo" de la "economía social de mercado" alemana (Röpke, Eucken, Erhard), o la llamada "Escuela de la Elección Pública" (Buchanan, Tullock y el resto de los teóricos de los "fallos del gobierno"). En segundo lugar, cabe mencionar el triunfo de la llamada revolución liberal-conservadora protagonizada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher en Estados Unidos e Inglaterra a lo largo de los años ochenta. Así de 1980 a 1988 Ronald Reagan llevó a cabo una importante reforma fiscal que redujo el tipo marginal del impuesto sobre la renta al 28 por 100 y desmanteló, en gran medida, la regulación administrativa de la economía, generando un importante auge económico que creó en su país más de 12 millones de puestos de trabajo. Y más cerca de nosotros, Margaret Thatcher impulsó el programa de privatizaciones de empresas públicas más ambicioso que hasta hoy se ha conocido en el mundo, redujo al 40 por ciento el tipo marginal del impuesto sobre la renta, acabó con los abusos de los sindicatos e inició un programa de regeneración moral que impulsó fuertemente la economía inglesa, lastrada durante decenios por el intervencionismo de los laboristas y de los conservadores más "pragmáticos" (como Edward Heath y otros). En tercer lugar, quizás el hecho histórico más importante haya sido la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del socialismo en Rusia y en los países del Este de Europa, que hoy se esfuerzan por construir sus economías de mercado en un Estado de Derecho. Todos estos hechos han llevado al convencimiento de que el liberalismo y la economía de libre mercado son el sistema político y económico más eficiente, moral y compatible con la naturaleza del ser humano. Así, por ejemplo, Juan Pablo II, preguntándose si el capitalismo es la vía para el progreso económico y social ha contestado lo siguiente (véase Centessimus Annus, cap. IV, num. 42): "Si por 'capitalismo' se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, el mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, la respuesta es ciertamente positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de 'economía de empresa', 'economía de mercado', o simplemente 'economía libre'".
 
El pensamiento español no se ha mantenido ajeno a este resurgir mundial del liberalismo. Pensadores como Lucas Beltrán o Luis de Olariaga supieron mantener viva la llama liberal durante los largos años del autoritarismo franquista, llevándose a cabo un importante esfuerzo de estudio y popularización del ideario liberal por parte de los profesores, intelectuales y empresarios aglutinados en torno a la sociedad liberal Mont Pèlerin fundada por Hayek en 1947, y al proyecto de Unión Editorial que, a lo largo de los últimos 25 años, ha traducido, publicado y distribuido incansablemente en nuestro país las principales obras de contenido liberal escritas por pensadores extranjeros y nacionales. Entre éstos destacan los hermanos Joaquín y Luis Reig Albiol, Juan Marcos de la Fuente, Julio Pascual Vicente, Pedro Schwartz, Rafael Termes, Carlos Rodríguez Braun, Lorenzo Bernaldo de Quirós, Francisco Cabrillo, Joaquín Trigo, Juan Torras, Fernando Chueca Goitia y, como principal representante de la tradición liberal subjetivista en nuestro país, el prof. Jesús Huerta de Soto. La influencia de esta corriente doctrinal no ha dejado de sentirse en la vida política de nuestro país a partir del restablecimiento de la Monarquía constitucional, primero dentro de la extinta Unión del Centro Democrático a través de Antonio Fontán y del ya fallecido Joaquín Garrigues Walker; después vino el Partido Demócrata Liberal de Antonio Garrigues Walker, que integrado en el Partido Reformista de Miguel Roca no logró representación parlamentaria en las elecciones de 1986; posteriormente tuvieron representación parlamentaria la Unión Liberal de Pedro Schwartz y el Partido Liberal de Antonio Segurado, ambos integrados dentro, primero de Alianza Popular, y después en la Coalición Popular (1982-1987). Y tras los años de gobierno del PSOE, en los cuales, y a pesar de sus atentados al principio liberal de separación de poderes, también cupo distinguir una tímida corriente liberal de la mano de Miguel Boyer y Miguel Angel Fernández Ordóñez, tanto el Presidente del Gobierno del Partido Popular, José María Aznar, como alguno de sus ministros más significados (como Esperanza Aguirre y otros) no han dudado en calificarse como los herederos actuales del liberalismo y del centrismo político.
 
Dada la trágica trayectoria del socialismo a lo largo de este siglo no es aventurado pensar que el liberalismo se presenta como el ideario político y económico con más posibilidades de triunfar en el futuro. Y aunque quedan algunos ámbitos en los que la liberalización sigue planteando dudas y discrepancias -como, por ejemplo, el de la privatización del dinero, el desmantelamiento de los megagobiernos centrales a través de la descentralización autonómica y del nacionalismo liberal, y la necesidad de defender el ideario liberal en base a consideraciones predominantemente éticas más que de simple eficacia- el liberalismo promete como la doctrina más fructífera y humanista. Si España es capaz de asumir como propio este humanismo liberal y de llevarlo a la práctica de forma coherente es seguro que experimentará en el futuro un notable resurgir como sociedad dinámica y abierta, que sin duda podrá ser calificado como "Nuevo Siglo de Oro español".


(*) Jesús Huerta de Soto. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Doctor en Derecho.  Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales (Universidad Complutense de Madrid). Catedrático de Universidad: Economía Aplicada (Economía Política y Análisis Económico Institucional), en Universidad Rey Juan Carlos


Fuente: "Refugio Liberal", Director: Ricardo Valenzuela. En: https://mail.google.com/mail/?ui=2&ik=dbc3122c21&view=lg&msg=1352e5ddca427da0#1352e5ddca427da0_25