lunes, 30 de abril de 2012

Más cuentos que chinos

Por Enrique G. Avogadro (*)
Un rey está perdido si no rechaza la adulación y si no prefiere a los que dicen audazmente la verdad”
François de Solignac de la Mothe
Los argentinos estamos recorriendo, como sociedad y guiados por un grupo de “iluminados”, un camino que nos llevará, nuevamente, al desastre y, a la larga, a incrustarnos contra la realidad mundial, sumidos en un aislamiento que sólo provocará más desocupación, más inflación, más corrupción, más hambre; en suma, más decadencia. 
Como Venezuela que, con el mar de petróleo de su subsuelo, permitió a Chávez las más costosas extravagancias dentro y fuera de su país, o como Bolivia que, yaciendo sobre el segundo reservorio de gas de América Latina, hizo lo propio con Evo Morales, como Ecuador y como Nicaragua, la Argentina de los Kirchner continúa desperdiciando el mejor momento histórico de la región, dilapidando recursos que, en manos de un gobierno verdaderamente democrático, respetuoso de las instituciones, conducido por estadistas y sin corrupción, hubieran permitido transformar la realidad y renovar una infraestructura que, a ojos vistas, hoy es una trampa mortal para todos y todas.
La confiscación de las acciones de Repsol en YPF –prohibida por nuestra Constitución, que exige el pago previo- ha sido justificada, más allá de su envoltura patriotera, que tanto ha confundido a nuestra infantil oposición, en la necesidad de recuperar el autoabastecimiento de petróleo, perdido por obra, gracia y voluntad de don Néstor (q.e.p.d.) y doña Cristina. En la medida en que la Argentina carece de recursos para encararla seriamente, los inefables De Vido y Kiciloff, el primero causante y el segundo ignorante de los males y de las razones de esta situación, han salido a recorrer el largo espinel de las grandes empresas mundiales del rubro.
Veamos, entonces, qué resultados cabe esperar de esas tan cacareadas gestiones: más allá del acostumbramiento de esos gigantes de la industria a situaciones de inestabilidad y peligrosidad política –Irak, Irán, Kuwait, Afganistán, Venezuela, Bolivia, Ecuador, etc.- me parece que las conductas locales de los últimos días harán que nuestro país quede borrado de la agenda de aquéllas cuyo control se encuentra en manos de accionistas occidentales quienes, entre otras cosas, no quieren pleitos como los que se producirán entre Respol y Argentina por los yacimientos.
No sólo por el episodio de la curiosa “estatización” –sólo expropiamos la mayoría, y de manos de uno de los accionistas, para convertir a la empresa en una sociedad anónima exenta de toda supervisión de los organismos de control del Estado- sino porque, de continuarse con la política energética implementada desde 2002 a la fecha, con el consecuente congelamiento de precios- las inversiones no podrían tener un retorno que pudiera compensar el “riesgo país”, y eso espantaría a los accionistas. Y si el Gobierno decidiera darnos un baño de realidad y equiparara bruscamente los precios internos a los internacionales, todo el “modelo” saltaría por el aire.
Del lado de las empresas chinas, el problema es otro, en la medida en que su país tiene el peso suficiente para ponerlas al margen de cualquier avasallamiento futuro. Cuando invierten en el exterior es, lisa y llanamente, para llevar el petróleo y el gas a China, gran demandante de combustibles. Es decir, no parece razonable que pusieran un dólar –o un yuan- en la Argentina, que necesita producir para su propio mercado interno, que hoy requiere de importaciones por más de US$ 12.000 millones.
De todas maneras, y aún cuando se produjera el milagro de la llegada de fuertes inversores para explorar y producir en Vaca Muerta, el potencial yacimiento de combustibles no convencional, el país vería extraer petróleo y gas en un lapso nunca inferior a los cinco años. Si, en ese período, estallara una guerra en Medio Oriente –hay mucho ruido de tambores en el aire- y los países en conflicto cerraran el estrecho de Ormuz o disminuyeran su producción de hidrocarburos, el precio del petróleo y sus derivados treparía a niveles que podrían duplicar, en semanas, los US$ 100 del barril actual.
Sin embargo, doña Cristina y sus jóvenes continúan comportándose como los seguidores de Lenin y de Trotsky, es decir, como autoproclamados conductores de las masas ignorantes hacia un futuro promisorio que ha fracasado en el mundo entero. Haciendo el parangón con el “paraíso” cubano que debe blindar sus fronteras para que sus ciudadanos no puedan huir, la Argentina “cristinista” se ve obligada a controlar los capitales para impedir que salgan corriendo, en un momento en que todos los países de la región ponen barreras para que no ingresen más.
Más allá de la sequía producto de saquear las reservas del Banco Central y de expoliar cuanta caja les resulta apetecible, estos “neo-iluminados” legarán a las futuras generaciones un cúmulo de problemas, a cual más grave.
Tal como muchos predijimos cuando la Ley de Blanqueo fue sancionada, no sólo la usaron algunos socios del poder haciendo aparecer fondos extrañísimos, sino que narcotraficantes de todas las nacionalidades llegaron con sus capitales a estas playas a fin de lavarlos y plancharlos, especialmente en Puerto Madero, el paraíso terrenal oficialista.
Claro que nuestros organismos destinados a combatir ese flagelo estaban ocupados en otras actividades no menos importantes, tales como evitar que fueran revisados los fondos aplicados a las cuentas de campaña del kirchnerismo o los provenientes de los crímenes cometidos por la venta de medicamentos falsificados y el robo generalizado en las obras públicas, en los subsidios, en las compras de medios afines, en el manejo de la publicidad oficial y en miles de etcéteras.
En cualquier sociedad, la combinación de la droga con otras actividades, en especial la política y el terrorismo, resultan letales; México y Colombia pueden dar fe de ello. Sin embargo, la Argentina –toda ella, ciudadanos de a pie incluidos- no reacciona frente al derrotero hacia ese futuro inmediato, y ello a pesar de la generalizada atribución a ese flagelo de la inseguridad cotidiana. Todos sabemos que nuestras fronteras son un verdadero colador, sea por tierra, por río o por aire y en ambos sentidos; las mayores pruebas de ello fueron la avioneta que, sin ser detectada y proveniente de Paraguay, cayó en un campo en Pergamino, ¡a poco más de cien kilómetros de Buenos Aires!, el avión de los Juliá en Barcelona o las valijas de cocaína que Southern Winds trasladó a España.
Aquí, la explosiva fórmula compuesta por “planes sociales + no trabajo + no educación + no política inmigratoria + droga” está transformando el panorama sociológico de las grandes ciudades, y el “paco” ha convertido a los delincuentes en violentos asesinos.
La difusión y la masividad de la industria del juego, que arrasa con los magros ingresos de los más pobres, no solamente es la más indignante expoliación que los Kirchner han desarrollado al infinito, producto de las sociedades que mantienen con sus operadores, sino que es un eslabón más, y no el menos pernicioso, de ese círculo vicioso y terrible que se convertirá en el legado kirchner-cristinista.
Cuando uno habla de corrupción en la Argentina actual, la generalizada respuesta es que siempre la hubo, lo cual no deja de ser cierto; nuestra historia, desde el Virreinato y junto con ejemplos heroicos en contrario, está plagada de anécdotas de ese tipo. Sin embargo, hemos llegado a un estadio superior: Menem, por ejemplo, robó, y mucho, pero robó dinero; los Kirchner se han quedado con las empresas y, con ellas, con el país entero. Se trata de compañías constructoras, de bancos, de casinos y bingos, de transportadoras de energía, de mineras, de pesqueras, de impresoras de dinero y de cuantas actividades uno pueda imaginar.
Con la “transversalidad” destruyeron –con la participación indispensable e inexcusable de los dirigentes de pseudo-oposición- todo el sistema de partidos y, con sus políticas populistas, se hicieron de las mayorías electorales que, en una democracia “delegativa” como la nuestra, les ha permitido terminar con las instituciones y con la división constitucional de poderes, es decir, con la República.
Los empresarios de todo calibre están paralizados por el miedo. Al terror que les producía la mera mención de la AFIP se ha sumado, ahora, el control que, sobre todas y cada una de las actividades, ejerce Patotín Moreno quien, levantando o bajando el dedo, puede determinar el éxito o la ruina de cualquiera que dependa de la importación de insumos.
La prensa, pese a la creciente presión internacional, continúa bajo asedio del Gobierno, que no acepta voces discordantes en el “relato” que impone, especialmente si se trata de investigaciones periodísticas que, como en cualquier otro país, permitirían descubrir las trapisondas de los funcionarios y conllevarían su inmediata expulsión. Que la cacareada Ley de Medios no sea esgrimida en el caso de la compra del paquete de canal y radios de Hadad por Cristóbal López no es más que una prueba adicional de los verdaderos objetivos de ese engendro jurídico.
Resulta, al menos, curioso que nadie esté en condiciones de responder la pregunta fundamental que el affaire Ciccone-Boudou ha formulado: ¿de quién es la imprenta a la cual el Estado le ha encomendado la confección de la moneda nacional? La flamígera espada de doña Cristina ha cortado, en este tema, varias cabezas importantes, especialmente de aliados y amigos cercanos, y todo ello para evitar confesar dos cosas: que Boudou es un imbécil al que la Presidente eligió en soledad, y que el negocio fue inventado por don Néstor (q.e.p.d.) y estropeado por la impericia y la pretendida impunidad de Guita-rrita.
El “modelo” está jugándose a dos puntas. Si consigue, en las elecciones parlamentarias de 2013, llegar a los dos tercios de ambas cámaras legislativas, podrá modificar la Constitución para permitir la “Cristina Eterna”; si no lo logra, entronizar a Máximo como su heredero y continuador, ya que no tiene nada mejor.
La mención de la última frase me recuerda un viejo chiste. Un hombre, caminando por la playa, encuentra una lámpara mágica y, cuando la frota, aparece un genio que le ofrece cumplir un deseo. Piensa un rato, y pide que le construya un puente que le permita llegar a Malvinas sin tocar el mar; el genio le dice que no, que resulta imposible, dadas las dificultades que presenta la geografía y la profundidad del océano. Entonces, el hombre pide otro: entender a las mujeres. El genio, con cara de preocupado, contesta: ¿de cuántos carriles quieres el puente?
La economía -léase el encadenamiento de hechos que derivarán de ella, tales como la mayor inflación, la conflictividad social, la paralización de obras, la cesación de pagos de provincias y municipios, las exigencias de las centrales obreras, las mayores y más caras importaciones de combustibles- será un potro difícil de domar para la Presidente en el segundo semestre, a pesar de la soja a US$ 550.
Argentina, como siempre, nos ofrece un panorama de corto plazo no apto para cardíacos.
Buenos Aires, 1º de Mayo de 2012
(*) Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
Fuente: Comunicación personal del autor


Se expropia YPF con más de $35 mil millones de déficit fiscal

Por IDESA (*)
Desde el año 2009, cuando resurge el déficit fiscal luego de la crisis del año 2002, el oficialismo, acompañado por gran parte de la oposición, en lugar de acordar estrategias para construir un Estado moderno y equilibrado, viene apelando a captar fondos a través de confiscaciones. El desequilibrio fiscal es creciente, las deudas no registradas se acumulan y los ahorros se fugan. Más allá de que para justificar las confiscaciones se apele al sentimiento nacionalista, el proceso conduce a la decadencia, como ya ocurrió en el pasado. Por esta vía, la Argentina desaprovecha la inédita oportunidad que el contexto internacional le está brindando a Latinoamérica.   
Así como en décadas pasadas la caída de los términos del intercambio fue un factor generador de periódicas crisis y decadencia secular, en la actualidad el excelente contexto internacional es promotor de crecimiento y progreso social. La prueba más ilustrativa la dan varios países latinoamericanos (Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú) que en base a políticas racionales están aprovechando el favorable contexto externo y, por eso, están logrando importantes progresos sociales.            
Esto no está ocurriendo en la Argentina donde el gasto público crece de manera desaforada (39%entre el 1° trimestre del 2012 y el mismo período del 2011) al extremo que se apela a financiarlo con expropiaciones a los ciudadanos. El fenómeno se puede ilustrar con datos oficiales de la Secretaría de Hacienda de la Nación los cuales señalan que:
· En el año 2009, el sector público nacional presentó –por primera vez desde el 2002– un desequilibrio de $7.131 millones; la reacción fue apropiarse de los ahorros previsionales acumulados en el sistema de capitalización.
· En el año 2011, el desequilibrio se incrementó a $30.662 millones; lo cual motivó que el Estado nacional se apropiara de las reservas del Banco Central.
· En el primer trimestre del año 2012, el déficit del sector público nacional subió a $35.426 millones; la reacción del Estado nacional fue impulsar la apropiación de YPF.
Esta información oficial sugieren una fuerte correlación entre crecimiento del déficit fiscal y confiscaciones. Ni el oficialismo ni la oposición parecen contabilizar las consecuencias de estas decisiones. Consumir los ahorros previsionales y las reservas del Banco Central implica sacar el respaldo a las futuras jubilaciones y a la moneda nacional. La enorme deuda con la empresa Repsol que quedará impaga se sumará a los 49 juicios que inversores extranjeros ya hicieron contra la Argentina en el CIADI (el órgano internacional de resolución de conflictos entre inversores extranjeros y los países). Serán las futuras generaciones quienes recibirán esta pesada herencia.
Aunque se apele al sentimiento nacionalista para justificar estas decisiones –siguiendo un proceso análogo al que en el pasado gobiernos ilegítimos eligieron para intentar tapar sus fracasos–, el problema de fondo es que ni oficialistas ni opositores muestran intenciones y capacidad para mejorar la calidad del gasto público. Por ejemplo, puestos ante la evidente necesidad de reducir los subsidios a las empresas públicas deficitarias (cuyo monto duplica los subsidios que reciben las familias pobres a través de la Asignación por Hijo) prefieren optar por el camino fácil de seguir confiscando activos a los ciudadanos. Esto demuele las perspectivas de inversión en el país y agrava los problemas fiscales. Más temprano que tarde la nueva empresa estatizada va a requerir subsidios al Estado, como lo vienen haciendo Aerolíneas Argentinas, AySA y ENARSA.
Más preocupante aún es que la expropiación haya sido avalada por los senadores, oficialistas y de la oposición, en representación de las provincias. La Constitución Nacional en su artículo 124° es terminante cuando señala que “Corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”. El petróleo es de las provincias, por eso cobran regalías. Hasta antes de la estatización de YPF, las regalías estaban devaluadas porque el Estado nacional fija un precio de referencia muy bajo respecto al precio internacional. Con la estatización, las provincias seguirán recibiendo regalías devaluadas (ya que no hay intenciones de sincerar los precios de la energía), pero además tendrán que sacrificar coparticipación para financiar los déficits de YPF, como lo vienen haciendo con el resto de las empresas públicas.
(*) IDESA. Publicado en el Nº 439 del 29 de Abril de 2012.

Nada es gratis

Por Alberto Medina Méndez (*)
Mucha gente habla de su disconformidad con el presente y reprueba a la mediocre dirigencia que nos conduce. Son los mismos que dicen que no hay futuro y que resulta casi imposible ser optimistas en las condiciones actuales. Y en alguna medida, todo eso parece cierto. El escepticismo y la resignación parecen estar ganando la batalla.

Lo que es paradójico es que quienes declaman su permanente disgusto con la situación, no consigan percibir la relación directa entre causa y efecto, entre sus propias acciones y las evidentes consecuencias. Pese a la aparente inteligencia de muchos de ellos, diera la sensación de que no logran conectar el vínculo lineal entre sus actitudes, los acontecimientos y los resultados de todo ello.

Es como si no pudieran comprender que estamos como estamos porque hacemos lo que hacemos, o mejor dicho aún, que estamos como estamos porque no hacemos lo que resulta necesario hacer.

Con exceso de abulia y apatía, con demasiada desidia y negligencia, con indolencia e ingenuidad, casi sin querer, van contribuyendo de modo activo con la construcción del poder de los gobernantes. Los que mandan, sustentan su supremacía, en esta característica sociológica de este tiempo, casi patológica, por la cual demasiados deciden no hacer casi nada.

Solo gracias a la insensata conducta de los más, puede explicarse semejante dimensión de atropellos. Es, cada vez más, una matriz global. Una minoría, pero muy organizada, consigue someter a los mas, solo porque ese conjunto de individuos carece de organicidad y termina siendo funcional al poder de turno, a pesar de sus disidencias con esas políticas.

Los que han hecho de la política una profesión, saben poco de lo que deberían realmente conocer, es decir del arte de gobernar con inteligencia, pero indudablemente, son expertos en esto de manipular voluntades.
Conocen la ingeniería social al detalle, interpretan con habilidad las conductas humanas, perciben la pereza ciudadana, esa que hace que muchos sigan creyendo que forman parte de una sociedad democrática solo porque se presentan a votar una vez cada dos años, a veces inclusive de mala gana, casi forzados por las circunstancias legales o de repudio social.

Es paradigmático, ver como muchos ciudadanos de buena fe, caen en la trampa de no comprender que su accionar, muchas veces desidioso e indolente, son la principal causa de todo lo que soportan.

Las múltiples explicaciones que encuentran para justificar su decisión de no participar de la vida política de la sociedad, les sirven de consuelo, pero están lejos de alcanzar como argumentación para no hacer lo necesario.

Ningún resultado relevante en la vida humana, y mucho menos en comunidad, se consigue cruzándose de brazos, sentados en una silla, o simplemente con una postura de espectador en vez de protagonista.

Creer que la realidad se modificará en el sentido deseado, solo porque se invierte un escaso tiempo despotricando entre amigos contra el poderoso de turno o discutiendo en los bares, es pecar de una desmesurada ingenuidad.

Suponer que la sociedad cambiará sus paradigmas, sin un compromiso militante por parte de los que sienten profundo rechazo por el status quo, es demasiado infantil. La alteración del rumbo se consigue con mucho esfuerzo. Muchas veces inclusive, con trabajo tampoco resulta suficiente para lograrlo por falta de perseverancia o dirección correcta.

Lo que está plenamente garantizado es que con holgazanería ciudadana, no conseguiremos absolutamente nada significativo. Solo podremos llenarnos de impotencia inconducente.

Si no hacemos lo correcto, si no HACEMOS con mayúsculas, nada se transformará. Y si por lo contrario, preferimos seguir en la misma, justificándonos para explicar porqué hacemos tan poco, o a veces inclusive nada o lo incorrecto, debemos entonces estar dispuestos a pagar el precio de esa decisión.

Seguramente que muchas razones amparan nuestras elecciones individuales en lo que a la vida política hace. La corrupción, la falta de tiempo personal, la necesidad de buscar el sustento cotidiano o sencillamente la convicción de invertir el tiempo en otros asuntos que se consideran más importantes, son todas cuestiones atendibles.  Pero eso no logra modificar la ecuación. Siguen siendo decisiones que implican priorizar ciertas cosas por sobre otras. Y eso tiene consecuencias, siempre.

Asumir que lo que nos sucede es el resultado de lo decidido es un gran primer paso. Somos libres de tomar las determinaciones que deseemos, pero debemos comprender que ello conlleva un desenlace. Si no tomamos nota de esto seguiremos creyendo en esta fantasía de que lo que nos ocurre es responsabilidad de otros, los culpables de todos nuestros males.

La verdad es que esa caricatura de la realidad nos tranquiliza, nos despoja de culpas y nos hace sentir víctimas de esa casta enemiga. Es que tenemos responsabilidad y mucha, y si bien existe esa corporación que conspira  permanentemente contra nuestras vidas para arrebatarnos libertades, saquear nuestros recursos y amedrentarnos para que no reaccionemos, no menos cierto es  que está en nosotros, asumir que podemos modificar el presente con la actitud correcta y el esmero necesarios.

Hay que entender la dinámica de los acontecimientos para no fracasar en el diagnóstico de lo que nos sucede y poder luego, con la inteligencia apropiada, aplicar nuestros talentos para imprimir la energía necesaria, en el sentido preciso, y así, cambiar el curso de la historia.

Mientras tanto, resulta relevante, dar el primer paso, ese que nos ayude a entender que las decisiones que hemos tomado hasta aquí, explican lo que estamos padeciendo. Y que esto que nos pasa, de algún modo lo decidimos, por acción u omisión. Nuestro presente como sociedad es solo la inevitable consecuencia de nuestras determinaciones cotidianas, solo porque como en tantos otros aspectos de la vida personal, “nada es gratis”.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político

Fuente: Comunicación personal del autor


Duele

Por Malú Kikuchi (*)

“El poder es la impunidad”. Alfredo Yabrán, Clarín 16/3/1997

Y siguen jurando por Dios y por la Patria, esperando que éstos los juzguen. ¿Alguna vez, en algún tiempo, eso sucederá? De Dios no se pone en duda, pero ¿y la Patria? ¿Alguno de ellos piensa en la Patria, así, con mayúscula?

El 22/2/2012, una formación del Sarmiento no frena en la estación de Once. 51 muertos, 703 heridos. TBA es la concesionaria del Sarmiento entre otras líneas ferroviarias, generosamente subsidiadas por el estado nacional. Dos meses después de la tragedia, TBA sigue ejerciendo sus concesiones. Duele. Baja la imagen presidencial.

El ministro responsable de controlar el pésimo manejo de Repsol/YPF, es nombrado interventor de la YPF estatal. Duele. El secretario de energía, Cameron, sigue en su puesto. El desastre Repsol/YPF parece no ser de su incumbencia. Duele. Baja la imagen presidencial.

El vicepresidente de la nación, es sospechado de tráfico de influencias, con aparentes pruebas conseguidas por el fiscal y el juez de la causa. Baja la imagen presidencial. Amado consigue la renuncia del procurador general de la nación y que una cámara recuse al juez Rafecas. Todo el “boudougate” cae en manos del juez Lijo. Duele. El olor a impunidad es muy fuerte.

En el acto de Vélez se muestra un sonriente y victorioso Boudou, del brazo de la impune mamá Hebe, que ni siquiera es requerida como testigo para declarar sobre la millonaria desaparición de fondos del estado, entregados a la fundación que ella preside, lo que la hace responsable ante la ley. Duele. El olor a impunidad se vuelve irrespirable.

La “Hiena” Barrios, por manejar borracho, mata a una mujer embarazada,  --dos vidas-, es condenado, pero sale de cárcel con permiso para manejar. Acá no ha pasado nada. Son sólo 2 muertes, y ocurren tantas… Duele. Ser conocido como boxeador, ¿da impunidad?

El ministerio de seguridad de la nación está situado en el corazón del barrio de la Recoleta. En ese barrio funcionan 40 prostíbulos “vip”. En la mayoría hay mujeres obligadas a prostituirse, o sea trata de personas. Delito grave. También funciona un productivo negocio de venta de drogas con “delivery”. Los vecinos lo saben, hasta saben que los lunes y martes se colectan las coimas que permiten que los negocios funcionen. La ministra Garré, rodeada de todo esto, ¿no está enterada? ¿Mira otro canal? Duele. Demasiada impunidad. Baja la imagen de la presidente.

Del ostentoso anillo de brillantes  de US$ 250.000 que exhibe impunemente el juez federal Norberto Oyarbide y que declara haber comprado vendiendo los regalos recibidos en los últimos 5 años, no se sabe nada. ¿Puede un juez recibir regalos caros, lo permite la ley? NO. Duele. Pero  en la Argentina K, se supone que un juez K, debe ser impune. ¿O no debe? Esto también contribuye a bajar la imagen presidencial.

Según una encuesta de la asesoría para la tercera edad de CABA, un jubilado ha visto aumentar su canasta básica durante este último año en un 30%. Eso implica $3.519 mensuales, contra los $1687 que reciben los 4 millones de jubilados, que cobran la mínima. Duele y mucho. Baja la imagen presidencial.

Los hechos que bajan la imagen presidencial deben revertirse con un efectivo golpe de comando. Con uno de esos hechos que según los analistas políticos marcan agenda y hacen olvidar los otros hechos y levantan los porcentajes de aceptación. Por eso YPF, que sólo es responsable del 30% del petróleo en Argentina. Y que fue deliberadamente vaciada por los K. Duele.

Fue una intervención patotera, previa a una expropiación compulsiva y discriminatoria, sólo las acciones de Repsol en YPF. El proyecto de ley ha sido elaborado por un economista académico, que no sabe de petróleo, ni de empresas y es marxista. ¡Bingo! Cuba es el destino.

 El proyecto de ley tiene media sanción del senado, 3 votos por el NO, 4 abstenciones, 2 ausencias (Menem no fue y Basualdo[1] se retiró), el resto, 63 senadores por el SI. Fueron el FPV, PJ disidente, UCR, FAP y partidos minoritarios. El patrioterismo barato, duele. La impunidad duele más.

Todo sumado, es mucho. Nadie ha explicado nada de lo anterior. Ni siquiera se conoce el plan para cambiar YPF. Y en la Argentina del 46% (porque desgraciadamente ya está dividida en K y no K), hay una sensación de abatimiento, tristeza, desaliento, amargura, pesadumbre, congoja, aflicción, desconsuelo, impotencia y pena. Duele. Argentina duele.

Duelen los representantes que no representan. Duelen las extorsiones sensibleras, apelando a la soberanía (¿soberanía en un país que hace imprimir sus billetes de $100 en una empresa privada, sospechada de negociados con el vicepresidente de la nación?), duele el cortoplacismo, duelen las mentiras, empezando por el INDEC; duele el circo, el avance sobre el periodismo independiente, duele el fervor estatista y el sueño de ser Cuba, sueño que no pudieron hacer realidad en los 70.

Y duele muchísimo que los que no comparten “la revolución de los maravillosos muchachos idealistas”, hoy en el poder, no se den cuenta de lo que está pasando, y hacia adonde se dirige la Argentina.

Personalmente tengo la sensación de “arar en el desierto… labrar en el espacio… sembrar en el viento… cosechar en el vacío”. (Poeta loco 2011). Demasiada impunidad, para demasiadas personas. ¿Vale la pena seguir alertando? Estoy tan cansada, que creo que no. Si ya sabemos hacia donde van, ¿lo vamos a seguir permitiendo?



[1] Roberto Basualdo, senador por San Juan, Producción y Trabajo

(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista politica.

Fuente: Comunicación personal de la autora

El cristinismo y el abuso de la épica

Por Jorge Raventos (*)
El discurso de la señora de Kirchner el último viernes, en el estadio de Vélez Sarsfield, no pasará a la historia como una gran pieza política ni como un dechado de elocuencia. La señora definió allí como “los logros más importantes” de la era K “que una mujer pueda ser presidenta junto con el matrimonio igualitario”. Más allá de que desde la década del ‘70 ya estaba probado que una mujer podía ser presidente (lo fue la tercera esposa de Juan Perón), seguro que a varios de sus fans se les habrá ocurrido un listado distinto y acaso más imaginativo.

Más importantes que las palabras, sin embargo, fueron los silencios y el acto en sí mismo: los cuadros políticos y gremiales del justicialismo -mudos e imperceptibles- quedaron eclipsados por los contingentes de La Cámpora y de las organizaciones sociales que movilizaron para festejar una nueva era: la del cristinismo.

Más lejos del peronismo
No debería ser una sorpresa. Un año atrás, en una nota titulada “El cristinismo, etapa superior del kirchnerismo”, señalamos lo que se venía: “La señora de Kirchner está intentando reemplazar el poder que ostentaba su difunto esposo en las propias filas del Frente para la Victoria. Ella está buscando consolidar el cristinismo, una construcción que se pretende recortada y más disciplinada e ideológica que el conglomerado que Néstor Kirchner había puesto en caja; de Kirchner quedaría el culto (a El) y la referencia mitológica constante”. Agregábamos: “la Señora consolida su poder sobre el sector que la respalda, y, si se quiere, homogeneiza su ejército, pero quizás paga el precio de un mayor aislamiento”.

Resulta evidente que las legiones cristinistas -las que ella prefiere y favorece- están reclutadas principalmente fuera de la tradición peronista. Ni Amado Boudou ni Axel Kiciloff, para citar sólo dos estrellas emblemáticas de la nueva era, tienen esa genealogía: uno, un ex liberal de Álvaro Alsogaray; el otro, un sedicente marxista de pasillo universitario, ninguno de ambos tiene capital político en el peronismo y los dos están en los altos cargos que ostentan sólo porque son protegidos de la Señora.

Aunque ella siempre fue reticente en relación con el peronismo (particularmente con la figura de Juan Perón), y reserva sus invocaciones a ciertos actos inevitables y a las épocas electorales, quizás la nueva era se distinga por una toma de distancia más explícita del movimiento desde el cual Néstor Kirchner juntó los primeros porotos de su fortuna política. 

En el terreno de las ideas, uno de los ideólogos más próximos al oficialismo, José Pablo Feinmann, apunta ya contra el eje del pensamiento filosófico de Perón -el texto “La Comunidad Organizada”- al que acaba de definir en una conferencia como un “fárrago pseudofilosófico ante el que se prosternaba en los setenta el peronismo mogólico”. 

Más allá del uso hiriente y discriminatorio de la palabra mogólico el ataque de Feinmann contra el libro que Perón caracterizó siempre como el texto fundamental para la comprensión de la doctrina justicialista constituye un blanqueo del distanciamiento con el que el ala intelectual del oficialismo se posiciona ante el peronismo. 

El acto de Vélez, con su retórica de gestos y silencios marcha en esa misma dirección.

La épica petrolera y la opinión pública
El gobierno y sus seguidores militantes consideran que pueden revitalizar el “relato” y la iniciativa que han venido perdiendo desde (y a pesar de) el imponente 54 por ciento que cosechó la señora en las urnas de octubre. Así, se han aferrado a la bandera épica de lo que podría llamarse “el nacionalismo petrolero” a raíz de la confiscación de las acciones de YPF que estaban en manos de Repsol.

En rigor, conviene no confundir consignismo y modales bruscos con épica nacionalista. La argentinidad de los recursos no necesitaba ninguna medida de este tipo, pues ya estaba garantizada por la Constitución, que reconoce sobre ellos los derechos de las provincias. 

En cuanto a la medida, sólo toca a una compañía que representa un tercio de la producción nacional de combustibles y, de hecho, la que (según los datos oficiales). proporcionalmente más había invertido y producido en los últimos años Para colmo el Estado -con la intervención y la confiscación decretadas- se autopropone para resolver problemas y pecados (por caso, el reparto excesivo de beneficios y su repatriación) que no sólo no impidió pudiendo hacerlo (a través de su participación en el directorio de YPF y de otros mecanismos legales existentes), sino que planificó, alentó y avaló expresamente (basta leer discursos del actual interventor Julio De Vido, el representante del Ejecutivo en el directorio de YPF, Roberto Baratta y la propia Señora Presidente, que sólo cambiaron rotundamente su guión apologético en los últimos tres meses).

El fervor “nacionalista petrolero” del gobierno cuenta, según las encuestas con un importante respaldo de opinión pública. Menor que el que el oficialismo esperaba, pero igualmente significativo. Esas cifras pueden parecerse a cantos de sirenas “que enloquecen la brújula”. Baste recordar que el default votado por aclamación en el Congreso en 2001 tuvo en un primer momento un respaldo análogo. Después, cuando se experimentaron sus efectos, la opinión cambió.

La medida en sí misma (incluidos los modales usados y la elusión de los pasos que la Constitución dicta para que el Estado ejerza su legítimo derecho a expropiar por motivos de necesidad pública) no mejora el prestigio de la Argentina en el mundo: el riesgo país se incrementa, el acceso al crédito se dificulta. Las provincias que en estos tiempos pensaban colocar bonos para allegar recursos a sus exigidas arcas lo piensan dos veces: los intereses se han vuelto más pesados.

Tampoco está claro si pese a ese aislamiento mayor –acentuado, claro, por las medidas de cierre comercial- el país podrá al menos resolver con estos métodos el problema real de su déficit energético, que demanda cada vez más dólares en exportaciones.

Lo que pensaba Perón
El “nacionalismo petrolero”, contrariamente a lo que algunos imaginan, no forma parte de la tradición doctrinaria peronista. En uno de sus libros más famosos (“La Fuerza es el Derecho de las Bestias”, 1958), Perón tomaba distancia de esa postura y se afirmaba en el realismo. 

En ese texto, el fundador del peronismo historiaba la cuestión petrolera argentina en estos términos: “La historia del petróleo argentino es simple. Se descubre en Comodoro Rivadavia (Chubut) a principios de este siglo (Perón se refiere al siglo XX, claro está), mientras se hacían perforaciones en busca de agua potable. Sin ninguna legislación en la materia y en la mayor imprevisión gubernativa comienza su exploración libre. Llegan al país numerosas compañías extranjeras que comienzan las explotaciones, obtienen concesiones y se dedican a la prospección y cateo cuando la explotación está en pleno desarrollo, en medio de la mayor liberalidad se produce en el país una reacción política contra las compañías particulares. 

El resultado de esta compañía es la Ley de petróleos que instaura la explotación a base de un monopolio del Estado. Así, a la amplia libertad sucede la limitación absoluta. El resultado de esa política está la vista: en cuarenta años Yacimientos Petrolíferos Fiscales ha alcanzado a producir sólo el 40% de las necesidades nacionales en petróleo.”

Concluía Perón: “Yacimientos Petrolíferos Fiscales, que en 40 años sólo ha alcanzado a producir 4 millones de metros cúbicos al año, ¿podrá en 10 años alcanzar a producir 36 millones de metros cúbicos por año? Este es el interrogante a contestar antes de hacer cálculos alegres. Yo creo que YPF no tiene capacidad organizativa ni capacidad técnica, ni capacidad financiera para un esfuerzo de esa naturaleza. Los costos de producción de YPF son absolutamente antieconómicos. Hacer de esto una cuestión de amor propio es peligroso y es estúpido”.

La cita, como es obvio, describe una realidad de hace 60 años. Pero analizar la realidad actual exige también no convertir el tema en una cuestión de amor propio presuntamente nacionalista, porque, eso sí, tanto entonces como ahora, sería necio y riesgoso. Lo que es evidente es que no puede tomarse a Perón como antecedente de esas posturas. 

Ayer como hoy la clave está en los hechos no en las consignas ni en las intenciones: de qué forma Argentina consigue las inversiones que necesita para alcanzar el autoabastecimiento y cómo lo hace de modo de desarrollar sus posibilidades e integrarse mejor en el mundo.

Épica y aislamiento
El aislamiento no es buen consejero. 
El aislamiento por izquierda que proponen los muchachos de La Cámpora quizás termine dañando al gobierno tanto como el que le produce a la Presidente su respaldo inequívoco al vicepresidente Boudou en el affaire Ciccone. Ese respaldo -que Boudou, lógicamente, celebra- se ha llevado puesto a un Procurador -Esteban Righi-, al juez original de la causa (Daniel Rafecas) y quizás (es lo que reclaman Boudou y sus amigos) al fiscal Rívolo, que mantuvo activa la investigación y acopió pruebas de las relaciones entre el vicepresidente y el misterioso e insolvente señor Vandenbroele, líder del fondo de inversión The Old Fund, que compró la imprenta que ahora producirá papel moneda para los argentinos. 
Alguien a que el vicepresidente insiste en afirmar que no conoce. Los defensores del “grupo Ciccone-Old Fund” no sólo piden que Rívolo deje la causa, sino también que se declaren nulas las pruebas acumuladas. Semejante uso del poder sobre la Justicia probablemente dañará al gobierno, aunque hoy parezca aventurado conjeturar cuándo. 

Es probable que, antes o después de que se defina si Rívolo continúa siendo fiscal de la causa, se conozca otro elemento probatorio singular: varias decenas de pasajes que financió Old Fund. Sus beneficiarios tienen apellidos conocidos: Vandenbroele, Núñez Carmona, Boudou.

Por un desfiladero que recorre dos abismos de aislamiento (el internacional y el de un escepticismo interno que ya erosionó más de treinta puntos en el índice de confianza) el gobierno se esfuerza en construir una fuerza propia, una nueva etapa, un nuevo relato. 

Se ha iniciado la epopeya del cristinismo.

(*) Jorge Raventos. Artículo publicado por Informador Público el 29 de Abril de 2012.

Ir por todo y volver por nada

Por Gustavo A. Bunse (*)

Van por todo.

Veamos bien que significa exactamente este escalofriante concepto de intenciones… supuestamente colectivas… del semianalfabetismo.

He dicho en mi última disertación, días pasados, que nos encontramos en una perfecta “abortocracia”:
El gobierno de los abortos de la naturaleza.

La República… es lisa y llanamente, un andrajo político y social.
Un juez, casi con un cartel en la frente de ultra-oficialista, desde que se hizo cargo de la causa de un extravagante joven corrupto estructural con guitarra y moto… venía ayudándolo de mil modos a través del contacto casi impúdico con los abogados de sus socios.
Se mandaba mensajitos de texto.

¿Es un idiota?
Véase bien que no lo es. Y véase bien la maniobra
Como tenía fama de puro, recto y honesto, todo lo cual es obviamente falso, avanzó con una especie de aura de presuntiva independencia que mantuvo a todo el mundo en un palco de respeto solemne.

Trabajó descaradamente para dejar sin efecto las acusaciones que había sobre todos los vinculados a aquel joven corrupto con poder “en moto”.

Les dijo a sus abogados que algunas apariencias había que guardar y que algunas “medidas” tenía forzosamente que tomar… precisamente para poder hacer luego un sobreseimiento protocolar… fundado en episodios que serían visibles y evidentes ante toda la ciudadanía.

Le dieron un guiño… pero siempre haciéndole notar que se debía reportar sus acciones… en cada paso que diera.

Lo controlaban con preguntas absolutamente descaradas por mensaje de texto. Él no ignoraba esa relación. El que lo hacía era un enviado del corrupto quien dialogaba con el Juez como si el magistrado fuera un empleado de muy bajo rango.

Daba por hecho… un sometimiento que podía pasarle el rasero por cualquier cosa que mostrara el magistrado.

El Juez creía que… en cierto costado recóndito… un mínimo de respeto le profesaban. No señor… lo que le exigían era un sometimiento rayano con la postración absoluta.

El Juez sometido… hizo entonces un allanamiento, descentrado, ectópico e inconsistente… pero absolutamente protocolar… que ya les había avisado a “ellos” que lo iba a hacer… sin decirles donde ni cuando.

Y asumió que sus mandantes…estaban sabiendo -con tranquilidad- que él era su aliado y que cualquier cosa que hiciera se sobreentendía que se hallaba enmarcada en el riguroso fin de servirlos.

Pero no: Ellos se enojaron con el “cadete” por una sola causa:
No avisar ni pedir permiso para ejecutar esa parte de la farsa ya pactada.

Lo retaron por mensaje de texto.
Para demostrar que un juez federal no tiene margen para otra cosa que la obediencia ciega al ejecutivo que lo ha nombrado… lo impugnaron aun habiendo sido ayudados por él. Lo impugnaron para que se entienda que el juzgado lo manejan ellos.

Al abogado que traficaba mensajes de texto con el Juez (aún no se sabe la causa) no lo han expulsado todavía de la matrícula.

Es una abortocracia claramente. La división de poderes es esto
Y en otro sentido… he dicho que es también una “desfalcocracia”.
Un holograma de país, saqueado por sus gobernantes ante nuestra vista.

Los mercenarios que formaban parte de la escolta de los emperadores de Roma se llamaban latro, latronis, y el verbo latrocinare significaba ‘servir en ese pequeño ejército que era la escolta del imperio’.

Con la descomposición del Imperio romano, el sueldo de los “latronis” empezó a demorarse hasta que terminó por no llegar más, con lo que, por tratarse de asalariados que tenían el derecho de portar armas, se convirtieron en ladrones y salteadores, dando lugar al significado actual de ladrón y latrocinio.

Ella… nuestra viuda plañidera, después de la muerte del Corruptor, se las tuvo que ver súbitamente con una gran parte de “arreglos” y pactos dinerarios, distribuciones por izquierda, premios raros mensualizados, cuotas negras, alícuotas por contraprestaciones especiales de servicios muy privados y compromisos personales íntimos, gran parte de los cuales eran manejados por la “cohorte” de cajeros que tenía el extinto y que encabezó siempre el gran Visir de la Planificación Federal.

Tuvo pues que proceder ella a convalidar o a colapsar, según su criterio, las partes de la trama que consideró apropiadas a su visión de latrocinio y que lucían ciertas y útiles… o acaso sin fundamento.

Lo dijo en modulando las palabras en Rosario y en estas horas lo va a decir en voz alta en la cancha de Vélez porque ya le importa un bledo:
Vamos por todo.

Y esto incluye la reforma constitucional y su re-reelección, no les quepa a nadie ni la menor duda de lo que aquí señalo.

Los más elementales niveles de conciencia crítica, ya cayeron fulminados en todo el arco político… aturdidos, reducidos y saturados por legiones que enarbolan la peor perversidad organizada desde el gobierno del Estado.

Es el prolegómeno de la pérdida de la conciencia crítica social y del colapso de la identidad de las cosas simples.

El hartazgo suele devenir en el remolino de un prolapso imprevisible
Todavía hay un considerable porcentaje de gente que les cree todo.

Aun viéndolos robar… los prefiere:
Entregado ya a cualquier humillación, abnegado y muy urgido por la vida, intuye que este gobierno conserva ventajas para sostenerse, más por la inexistencia de la oposición y sus errores, que por los méritos propios.

Los jueces como este que todos conocen, como el del anillo y casi todos los demás, en su mayoría, juraron apoyando la mano sobre una olla de locro carrero, o algo así, donde aceptaron cumplir fielmente con todos esos axiomas políticos permanentes para la magna posteridad nacional de la República.

Es penoso que la sociedad haya quemado y convertido en cenizas… su único reaseguro de dignidad: la conciencia crítica.

Es penoso que varios millones convaliden “ir por todo”.
Y es penoso que, además,… vayan con ella… por todo.

No quedará nada.
Aun empujada por el gobierno a hacerlo… la sociedad no tiene excusa humana posible.
Deberán volver de allí…. algún día. Todos deberán volver.
Y se verá allí que… habrán ido por todo… y volverán por nada.

La contracara peligrosa, para el gobierno, es que todos los parásitos de la escoria social que rodean a la viuda, saben bien que esa cabriola, se va a estrellar… mas temprano que tarde contra la realidad…

Verán espantados un día… lo que es… ir por todo… y volver por nada

(*) Lic. Gustavo Adolfo Bunse. Periodista y analista político.

Fuente: Comunicación personal del autor

Un mal de poder

Por María Celsa Rodríguez (*)
Del mar de la política, siempre en todas las épocas y en toda la historia, han surgido ellos, esa nueva elite social y económica que -utilizando los peldaños de la función publica- cambiaron su nivel de vida luego de considerarse los afortunados elegidos, para hacer ostentación de su poder y de su riqueza. 


Catilina en la antigua Roma, era un hombre de confianza del Cesar y fue acusado de malversación de los fondos del imperio, aunque no sufrió castigo alguno porque el Emperador intervino, pero su carrera política fue destruida. Pero aquí, no podemos decir lo mismo. A nadie se le destruye su carrera política; pasa todo lo contrario.



Ellos se imponen frente al resto del pueblo a quien lo siguen engañando o, quizás aún, éste -sabiéndose engañado- está conforme con lo que les ofrecen.¿Porque será? 



Ellos, mientras tanto, toman posesión de aquello que es de todos, se benefician de las mieles del poder y lo convierten en algo propio.



Ya que lo único que los mantiene en un equilibrio de intereses es estar atento a las próximas elecciones, ven cómo van en las encuestas, si van a ganar votos, qué cargo publico tomaran la próxima vez y cómo incrementaran su patrimonio. De este modo alimentan sus ambiciones personales y la de su entorno que gira a su mismo ritmo.



Pero muchas veces ese poder va inversamente proporcional con su capacidad, y con sus atributos intelectuales, produciendo efectos perjudiciales al interés de todos.



Aunque manejan el engaño hábilmente, con un discurso cargado de falsedades. Son hábiles Judas a la hora de poner en juego estrategias favorables cuando la situación lo amerita. La verba politiquea los ayuda a envolver a sus seguidores con habilidad seductora que hace crecer el auditorio con aplausos y cánticos, que terminan por llenarlos de vanagloria.



Pero cuando las cosas se ponen pesadas el discurso se vuelve ambiguo, y entonces lo que ayer se dijo mañana no funciona y hay que cambiar el mensaje quebrando la coherencia, demostrándose así una falta de plantificación y de conocimiento en lo que se hace. ¿Pero eso importa? ¡Claro que no! Y como "las papas queman" hay que remarla como se pueda, para continuar alimentando la popularidad y la imagen, aunque con ello se arriesgue la verdad y se deje de lado la honestidad .



Es más, buscan con esmero poner a la prensa no oficialista en un grado de poca credibilidad, y que más allá de ser cuestionada a diario por todos ellos, minimizan las criticas al punto tal de convertirlas en chimentos sin fundamentos serios. Así los escándalos oficiales vienen y van como las olas en la playa; hacen mucha espuma al principio, pero luego desaparecen de la escena, eclipsándose a través de maniobras astutas llenas de efervescencias. 



Sabemos que la Argentina -como tanto otros países- han sido muchas veces golpeada por los malos políticos que, sobrepasados por el poder y la vanidad y deslumbrados por un cómodo sillón y un gran despacho lleno de secretarias, esmerilaron la realidad de tal modo que pasaron a ver la realidad con lentes muy distintos a lo que se ve en la calle , y a lo que vive y padece la gente.



Y en ese mar de opiniones donde se entremezclan las adulaciones y las críticas, las euforias y las ofensas surgen situaciones en que escasean las soluciones .Y mientras ellos dilapidan mal el dinero del pueblo con presupuestos holgados para gastos que no se saben a donde van, afuera hay carencias, hay reclamos eternos que nunca fueron escuchados. Donde pasaron gobiernos, pasaron elecciones pero el problema persiste, y nada ha cambiado.



Caminamos así de la mano de un egoísmo por parte de quienes deben brindarnos una mejor calidad de vida, pero ellos no lo ven ni nos escucha y eso los deshumanizan. Pero ¿por qué? Porque hay una hipocresía tras sus ambiciones; esas mismas que los enceguecen. No miran las carencias de su gente, carencias que pone al hombre contra el hombre y así surge la inseguridad como resultado de la marginalidad Y los que tienen la autoridad para cambiar todo, tampoco lo ven.



Y muchos interrogantes y pocas respuestas se repiten en bocas de todos, y solo recibimos de parte de ellos una lucha por el poder, una carencia de responsabilidad y una carencia de capacidad para solucionar los problemas.



Algunos piensan que las crisis económicas conducen al fracaso a los modelos de gobierno. Cuando es todo lo contrario, son las crisis políticas las que conducen al fracaso a un país. Políticos que repiten errores del pasado para tener como resultado errores en el presente.



Ya que un catálogo de conceptos forman parte de ese entramado de medidas que debe ser el índice general en la toma de decisiones, donde las necesidades del pueblo son las prioritarias como la pobreza, la educación, la producción, la salud, el desarrollo, la energía, el transporte, la vivienda, la seguridad, el trabajo entre otras cosas, y que debería marcar la retorica de un ritmo que los conducirán al éxito o al fracaso. Sin embargo a veces todo queda en propuestas, en proyectos absorbidos por el exceso de gasto, la falta de presupuesto o su mal manejo, ya sea por favoritismos, por la corrupción, por las omisiones y errores repetidos que luego hay que esconderlos tras explicaciones que no conducen a soluciones factibles.



Pero aun así se disfrazan tras un personalismo seductor, y un vocabulario grandilocuente, vanalizandose sus omisiones y sus ineficiencias. Y la oposición que debería intervenir para modificar lo que está mal, toma una posición de simple observador, que como producto de sus propias limitaciones ,de sus incapacidades y de sus debilidades terminan siendo funcionales obsecuentes, humillados por el oficialismo ante sus propias narices y traicionando así la confianza de quienes los eligieron
.
Si bien miles de años han pasado bajo los pies del hombre pero eso no ha cambiado en el ser humano y es que cuando transita por los pasillos del poder solo se ven a si mismo, allí solo vale su negocio y no la ideología. No hay interés sobre el bien común solo el "salvase quien pueda" regula la capacidad del mas apto, para continuar sentado en esos estrados.



Allí la evolución de un político no se maneja con las herramientas de la honestidad , ni de la verdad. Hay una degradación lenta que crece y se hace poderosa entre ellos y que es alimentada a veces por la torpeza del pueblo que los apoya ,o por la debilidad de la oposición que actúan como títeres al servicio de ellos y que sin darnos cuenta -por culpa propias y ajenas- todos terminamos tropezando ante nuestro futuro.

(*) María Celsa Rodriguez. Periodista y analista política. http://www.chacorealidades.blogspot.com

Fuente: Comunicación personal de la autora.