jueves, 31 de mayo de 2012

Desendeudamiento en clave "K"

Por Agustín Monteverde (*)
El BCRA, técnicamente quebrado:
  • El BCRA fue convertido durante los últimos años en uno de los dos prestamistas de última instancia del gobierno -el otro es el Fondo de Sustentabilidad del Sistema de Seguridad Social.
  • Esta situación está deteriorando la solvencia patrimonial del organismo monetario.
    • Las proyecciones oficiales sobre vencimientos de la deuda pública asumen siempre, sistemáticamente, el roll over automático de esos fondos.
    • Una acreencia sin expectativas de cancelación es una pérdida.
    • El estancamiento de las reservas unido a la mayor expansión monetaria acentúa la descapitalización del Central.
    • Se sustituyen divisas contantes y sonantes por Letras intransferibles, sin valor, mientras suben incesantemente los pasivos monetarios.
  • Se trata de un financiamiento de bajísimo costo para el Tesoro, pues la tasa de interés es igual a la que devenguen las reservas con un máximo de la tasa Libor anual menos un punto porcentual.
  • En 2010 y 2011 no pagaron intereses porque la Libor fue menor a 1 %.
  • La misma práctica oficial de denominar desendeudamiento a cancelar vencimientos tomando nueva deuda con el BCRA deja en evidencia que éste no debiera computar esos fondos como parte del activo sino como pérdida.
  • Esto lo ha llevado a una situación de quebranto a la entidad: la diferencia entre los activos (descontada esta porción irrecuperable) y los pasivos arroja un resultado negativo de nada menos que U$ 31500 MM.
  • El patrimonio del BCRA se ha esfumado y se requieren siete puntos de PBI para cubrir la diferencia negativa.
  • Este festival de derroche no acaba aquí: para este año, la nueva ley orgánica permite prestarle al Tesoro unos $ 65000 MM adicionales y la porción de reservas que considere oportuno el directorio de la entidad.
(*) Agustín Monteverde. Consejero Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado el 23 de Mayo de 2012

Otra vez, la Tragedia griega

Por Alberto benegas Lynch (h) (*)
En realidad, salvando ciertas distancias, lo que ocurre en buena parte Europa y Estados Unidos, no difiere en el fondo de las causas ni las consecuencias de lo que viene sucediendo en tierras griegas. Las deudas públicas astronómicas, los gastos siderales, el déficit superlativo, las regulaciones asfixiantes que incluyen disposiciones laborales que expulsan a trabajadores del mercado, desmedida presión tributaria y reiteradas manipulaciones monetarias en el contexto de un sistema bancario insolvente de reserva fraccionaria, han hecho crujir las economías. 
Los barquinazos que primero sobresalen son en colosos industriales, comerciales y bancarios que amenazan con despidos masivos, convocatorias de acreedores y quiebras. Luego viene el pánico que pretende ocultarse con “salvatajes”, es decir, como los recursos no vienen del aire, con transferencias coactivas sustraídas a las actividades económicas que no cuentan con poder de lobby. Entonces irrumpen los “indignados” que sufren los efectos encarne propia, pero, paradójicamente, como en su mayoría provienen de sistemas educativos sumamente deficientes, reclaman  más de lo mismo.

Simultáneamente a lo consignado, aparecen en la vidriera calurosos debates que presentan dos variantes de igual genealogía: ajustar o continuar con el derroche y las promesas de imposible cumplimiento. Naturalmente, tarde o temprano, igual que en una familia, esto último agrava la situación puesto que, como ha indicado Einstein, no pueden obtenerse resultados distintos insistiendo en las mismas causas.

Respecto a lo primero, la batalla por equilibrar las cuentas sin importar el nivel de succión de recursos de la población también agrava el problema, especialmente cuando viene acoplado a medidas absurdas como la postergación de la edad jubilatoria (como si el esquema actuarial se resolviera postergando el problema), la congelación de sueldos en la administración pública (a sabiendas que los burócratas tarde o temprano revertirán la situación para subsistir) y la poda de funciones (que como en la jardinería, la planta crece con mayor vigor, en lugar de eliminar reparticiones inútiles y contraproducentes).

Sin duda que la eliminación de ministerios, secretarias y direcciones son objetadas por intereses creados y los antedichos “salvatajes” son apoyados enfáticamente, no solo por los gobiernos que adoptan las medidas sino por rentistas que desean mantener sus ingresos sin importarle las mermas en el fruto del trabajo ajeno, las propias empresas beneficiadas con los subsidios, los “compañeros de ruta” que repiten lo del riesgo sistémico sin percatarse del agravamiento de la crisis y buena parte de los administradores de carteras que temen perder clientes.

El caso de Grecia tiene características propias que se pusieron de manifiesto en el comienzo mismo de la eurozona al ingresar en base a estadísticas en su mayoría falsas y ahora se descubren dislates como que por cada maseta en jurisdicción de la administración pública hay cincuenta jardineros. Por más eurobonos emitidos, se teme el efecto arrastre de un default total decidido en Atenas, especialmente en España, Irlanda y Portugal pero que afectará también a Italia y Francia y, si esto fuera así, repercutiría en la vacilante economía estadounidense debido a su vinculación comercial con Europa.

Como ha reiterado Ron Paul, el candidato a la presidencia por el Partido Republicano (junto al delantero Mitt Romney), tal vez haya llegado el momento de prestar debida atención a la tradición de la Escuela Autríaca de Economía iniciada por Carl Menger y continuada por Eugen Böhm-Bawerk, Ludwig von Mises y el premio Nobel en economía Frriedrich Hayek, en el sentido de reconsiderar toda la política financiera y monetaria junto con severas limitaciones a los aparatos estatales en oposición a las recetas keynesianas.

(*) Alberto benegas Lynch. Presidente del Consejo Académico, Libertad y Progreso.


Ludwig von Mises: El gran desmitificador de la viabilidad del Socialismo

Por Gabriel Gasave (*)
Corresponde rendirle homenaje a quien por su obra y prestigio, se hiciera merecedor a ocupar un importante sitial en la historia de las ideas del siglo veinte. Alguien que fuera un tenaz paladín de los emprendedores y de los innovadores tanto intelectuales como empresariales, cuya tarea constituye la llave para el progreso de la humanidad y quienes, como él nos lo demostrara, solamente pueden florecer en el contexto de una sociedad libre.

Ese hombre es Ludwig von Mises quien nació un 29 de septiembre de 1881 en la ciudad de Lemberg, en territorio que por entonces pertenecía al imperio austrohúngaro. La vasta cantidad de libros y artículos por él publicados y de conferencias brindadas conforman un valioso conjunto de obras que aquellos que deseen abocarse al estudio de la epistemología, la economía y la filosofía de la libertad no pueden soslayar. Sus dos trabajos más importantes y los que mejor reflejan su pensamiento son Socialismo (1922) y La Acción Humana (1949). Para quienes recién se inicien en el pensamiento miseano, su lectura quizás debería estar precedida por alguna de sus obras más populares, tales como Burocracia (1944) y Planificación para la Libertad (1952).


Mises era un ferviente defensor de la economía de mercado y de la sociedad abierta. Su oposición al socialismo, y a toda forma de intervención gubernamental, derivaba de su simpatía por el capitalismo y su afecto por la libertad individual y convicción de que los intereses individuales de los hombres libres pueden convivir en armonía, en razón de que en una sociedad abierta la ganancia de un individuo no está constituía por la perdida de otro, sino en realidad por el beneficio que el primero le proporciona a sus semejantes.

La puesta en práctica de sus enseñanzas resulta necesaria para la preservación de la civilización. Con Mises quedó demostrado que en su esencia la vida en sociedad se basa en la división del trabajo. Si careciéramos de la mayor productividad laboral que nos brinda la división del trabajo, sencillamente gran parte de la humanidad moriría de inanición. Al mismo tiempo, encontramos que la propia existencia y el eficaz funcionamiento de esa división del trabajo dependen fundamentalmente de que contemos con las instituciones básicas de una sociedad abierta, es decir: gobierno limitado y libertad económica, propiedad privada, moneda sana, ahorro e inversión, libre competencia, y afán de lucro. Como vemos, se trata de instituciones que en todas partes, y en especial en nuestro país, han sido severamente atacadas desde hace ya varias décadas.

Cuando Mises ingresa al mundo de las ideas, el marxismo y otras corrientes socialistas detentaban un monopolio intelectual de facto, situación a la que coadyuvaron ciertos errores e inconsistencias significativas en los trabajos de Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823) y algunos de sus seguidores. A su vez, las obras de William S. Jevons (1835-82), y de los primeros economistas austriacos—Carl Menger (1840-1921) y Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914)—no eran lo suficientemente extensas como para ofrecer una contraofensiva eficaz frente a los socialistas. Por su parte, Frédéric Bastiat (1801-1850) si bien había procurado ofrecer una, falleció muy joven, y de todos modos probablemente hubiese carecido de la profundidad teórica necesaria.

Así las cosas, cuando el profesor von Mises irrumpió en el mundo de las ideas, virtualmente no había ni una oposición intelectual al socialismo ni una defensa del capitalismo que tuviesen un carácter sistemático. Las murallas intelectuales de la civilización estaban desguarnecidas y lo que Mises logró, y que constituye la esencia de su grandeza, fue la construcción de una defensa intelectual de la sociedad abierta.

Por entonces, el núcleo del argumento colectivista sostenía que las instituciones de una sociedad liberal estaban al servicio de los intereses de tan solo un puñado de poderosos explotadores, especuladores y monopolistas y que dichas instituciones se desenvolvían en flagrante oposición al bienestar de la gran mayoría de la sociedad, bienestar del que supuestamente el socialismo sí vendría a ocuparse.

La respuesta que solía ofrecerse frente a este planteo era una que exclusivamente se avocaba a pergeñar mecanismos tendientes a quitarle a los emprendedores un poco menos del fruto de su trabajo que lo que exigían los socialistas. Mises en cambio, desafió esa conjetura simplista y generalizada y demostró que una sociedad basada en el respeto por la libertad de acción y la propiedad privada favorece los intereses individuales de todos sus integrantes, incluidos aquellos que no son “capitalistas”—sino “proletarios”, según la jerga de la época.

En una sociedad libre, demostraba el profesor von Mises, la propiedad privada de los medios de producción está al servicio del mercado. Los beneficiarios directos de las empresas y comercios son todos aquellos que adquieren sus productos y utilizan sus servicios. Y, junto con el incentivo de las perdidas y las ganancias y la libertad para competir que el mercado implica, la existencia de la propiedad privada garantiza una siempre creciente oferta de productos para todos.

La mayor y más original contribución al pensamiento económico que hiciera Mises fue la de demostrar que el socialismo no solamente elimina el incentivo que proporcionan las ganancias y las perdidas y la libertad de competir junto con la propiedad privada de los medios de producción, sino que torna imposible el cálculo económico, y en consecuencia es un sistema que redunda en el caos. Por socialismo entendemos a la abolición del sistema de precios y la división del trabajo; y la concentración de todo el proceso de toma de decisiones en manos de una junta de planificación centralizada o dictador supremo.

Sin embargo, la planificación de un sistema económico está más allá del poder y del conocimiento de alguien: el número, la diversidad, y las características propias de los distintos factores de producción, las diferentes alternativas tecnológicas que están abiertas a ellos, y las disímiles combinaciones posibles de lo que se podría llegar a producir con ellos, escapan a las facultades de incluso el más grande de los genios que pudiésemos concebir.

Mises probó que la planificación económica requiere de la cooperación de todos los participantes del sistema económico. Ella solamente puede existir en una sociedad libre y capitalista en la cual, cada día, los empresarios efectúen sus planes basándose en el cálculo de las ganancias y las pérdidas; donde por su parte los trabajadores, hagan lo mismo en función de los salarios que se están abonando por servicios similares a los que ellos ofrecen y los consumidores planifiquen ponderando los precios de los bienes de consumo a su disposición.

Sostenía que el cálculo económico es esencial para una economía desarrollada; y de ello se colige una importante conclusión adicional: Solamente en una economía capitalista puede tener lugar el cálculo monetario. Una economía centralmente planificada no tiene manera de calcular económicamente y de esa forma no puede prosperar. Mises demostró la imposibilidad de todos los esquemas socialistas, porque los mismos dejan a los planificadotes económicos sin medio alguno con el cual desarrollar el calculo económico. Una oficina central de planificación no posee ningún mecanismo que pueda suplir el rol que los precios desempeñan en el mercado.

Las contribuciones que Ludwig von Mises hizo a la confrontación teórica entre el capitalismo y el socialismo son inmensas. Antes de su aparición en escena, la mayoría de los individuos no eran concientes de que en una sociedad libre existe una planificación económica. Aceptaban, sin entrar en detalles, el dogma marxista de que el capitalismo implicaba una anarquía en materia de producción y que el socialismo venía a representar a la planificación económica racional.

Quienes viven en una sociedad capitalista, se encuentran literalmente rodeados por la planificación económica, y sin embargo no se dan cuenta de su existencia. A diario, hay incontables empresarios que están planificando expandir o achicar sus empresas, introducir nuevos productos o discontinuar alguno de los más vetustos, abrir nuevas sucursales o cerrar alguna de las existentes, modificar sus métodos de producción o seguir con los métodos y procesos actuales, contratar a nuevos trabajadores o dejar que se marchen algunos de los que ya trabajan para ellos. Y también, a cada instante existen innúmeros trabajadores que están planificando mejorar sus habilidades, cambiar de empleo, o seguir como están; y cientos de miles de consumidores, planificando adquirir una casa, automóviles, electrodomésticos o simplemente helados.

No obstante ello, la gente no utiliza el término planificación para referirse a todas esas tareas, reservándolo pura y exclusivamente para describir los vanos esfuerzos de un puñado de burócratas gubernamentales, quienes, habiendo obstaculizado o directamente prohibido la planificación por parte de los demás, presuponen que con su sapiencia e inteligencia pueden reemplazar las decisiones de millones de seres. Cualquier similitud con la presuntuosa actitud de los líderes de nuestra Argentina actual no es mera coincidencia.

Mises fue quien destacó la existencia de la planificación dentro de la economía de mercado, la circunstancia de que la misma se basa en los precios, es decir en el cálculo económico, y el hecho de que el sistema de precios es el único que nos brinda a cada instante la información necesaria para coordinar las actividades de decenas de millones de planificadores individuales.

Demostró que cada individuo, al preocuparse por obtener un ingreso y limitar sus gastos, es guiado de manera tal que ajusta sus planes individuales a los planes del resto de la sociedad. Por ejemplo, aquel empleado que decide convertirse en ingeniero en lugar de dedicarse a la música, en virtud de que al valorar más los mayores ingresos que obtendrá como ingeniero, modifica los planes atinentes a su carrera profesional en respuesta a los planes que otros tienen de solicitar sus servicios de ingeniería y no de demandar sus composiciones musicales. O el caso de la persona que decide que un automóvil es demasiado costoso y por ende claudica en su plan de adquirirlo, que está de manera similar involucrada en un proceso tendiente a ajustar sus propios planes con los planes de los demás; en virtud de que lo que vuelve demasiado costoso al vehículo en cuestión son los planes de los otros de comprarlo al tener la posibilidad y el deseo de pagar más por él.

Fundamentalmente, lo que Mises demostró fue la circunstancia de que toda empresa, al procurar obtener ganancias y evitar las pérdidas, es guiada en la planificación de sus actividades de un modo en el que no tan solo la misma resulta útil para los planes de sus propios clientes, sino que toma en cuenta además los planes de todos los demás usuarios de los mismos factores de producción en el mercado.

 
En definitiva, el profesor von Mises logró demostrar que el proceso de mercado implica la existencia de un sistema económico planificado de manera racional mediante la combinación de los esfuerzos basados en el interés propio de todos aquellos que participan en él. El fracaso del socialismo, probó Mises, se debe al hecho de que el mismo no representa una planificación económica, sino su destrucción, dado que la misma solamente puede existir en el marco de una sociedad libre y del sistema de precios.

Demostró también que la competencia que tiene lugar en el proceso de mercado es de una naturaleza totalmente distinta a la que observamos por ejemplo en el reino animal. No se trata de una competencia por los escasos medios de subsistencia que suministra la naturaleza, sino una competencia por la creación de una nueva y adicional riqueza, de la cual todos se benefician.

Por ejemplo, las consecuencias de la competencia que en su momento tuvo lugar entre los técnicos que se dedicaban a la reparación de las antiguas máquinas de escribir y aquellos que comenzaron a desempeñarse en el incipiente campo de la industria informática no fueron las de que el primero de los grupos pereció a causa de una hambruna, sino la de que todos comenzaron a disponer de más recursos e ingresos para adquirir también cantidades adicionales de otros bienes. Esto fue cierto incluso respecto de los técnicos que “perdieron” la competencia, tan pronto como fueron reubicados en otras áreas del de mercado, las que lograron expandirse precisamente debido a las innovaciones en el rubro de la cibernética.

Al repensar la Ley de las ventajas comparativas de David Ricardo, el profesor von Mises demostró que en el proceso competitivo que tiene lugar en el mercado hay lugar para todos, incluso para aquellos que posean las más modestas de las habilidades. Esos individuos solamente precisan concentrarse en las áreas en las cuales su inferioridad productiva sea menor en términos relativos. Por ejemplo, una persona que no es capaz de desempeñarse más que como un mero albañil no tiene que temerle a la competencia del resto de la sociedad, en la que casi todos sus miembros podrían ser mejores albañiles que él, si a eso deseasen dedicarse. La persona de capacidad limitada que está deseando trabajar como albañil por menos de lo que otros pueden percibir en otras actividades, no tiene porque preocuparse respecto de la competencia de aquellos. En verdad, los está dejando fuera de competencia para el puesto de albañil al desear aceptar un ingreso más bajo que el de ellos.

Von Mises demostró que una armonía de intereses prevalece también en este caso. La existencia del albañil del ejemplo permite que individuos más talentosos dediquen su tiempo a tareas más exigentes, mientras que la existencia de estos últimos le permite a su vez al albañil acceder a bienes y servicios que de otra forma resultarían imposibles de obtener para él.

Sostuvo con una lógica incontestable que las causas económicas de los conflictos bélicos son el resultado de la interferencia gubernamental, bajo la forma de barreras comerciales y migratorias, y que dicha interferencia que viene a restringir las relaciones económicas con el extranjero es a su vez una consecuencia de otra ingerencia gubernamental, aquella que restringe la actividad económica interna. Por ejemplo, los aranceles se vuelven necesarios como una forma de evitar la desocupación solamente en un contexto en el cual existan leyes de salario mínimo y una legislación favorable a los sindicatos, la cual impide que la mano de obra interna enfrente de igual a igual a la competencia extranjera mediante la aceptación de salarios más bajos cuando fuese necesario. Mises demostró también que el fundamento de la paz mundial es una política de laissez-faire tanto a nivel interno como internacional.

Algo que von Mises puso en evidencia es el hecho de que todas las acusaciones en contra del mercado libre eran infundadas o que las mismas debían ser dirigidas contra la intervención gubernamental, la cual distorsiona y destruye las realizaciones y logros del mercado.

Estuvo entre los primeros en señalar que la pobreza que existía en los albores de la Revolución Industrial era fruto del legado de toda la historia previa. La misma se debía a que la productividad del trabajo era todavía sumamente baja, y a que los científicos, inventores, empresarios, ahorristas e inversionistas solamente podían alcanzar progresos de un modo muy paulatino pues les resultaba dificultoso acumular el capital necesario para poder incrementarlos con el paso del tiempo.

Demostró que todas las políticas legislativas tendientes supuestamente a mejorar la condición de los trabajadores y de las masas eran en verdad contrarias a los intereses de aquellos a los que estaban diseñadas a ayudar—que su efecto era el de generar desempleo, retardar la acumulación de capital, y de esa manera mantener baja la productividad del trabajo y el estándar de vida de todos.

En una trascendental y original contribución al pensamiento económico, demostró que las depresiones eran consecuencia de las políticas de expansión crediticia auspiciadas por el gobierno, diseñadas para lograr que la tasa de interés se mantuviese por debajo de los niveles del mercado. Dichas políticas, evidenció Mises, daban lugar a malas inversiones a gran escala, las que privaban al mercado del capital liquido necesario y resultaban a posteriori en contracciones del crédito que provocaban los ciclos económicos de depresión.

Fue uno de los principales defensores del patrón oro y del laissez-faire en el ámbito de la industria bancaria, la cual consideraba que alcanzaría en ese marco virtualmente una reserva cercana al 100%, lo que imposibilitaría de ese modo tanto la inflación como la deflación de la moneda.

En síntesis, Mises fue capaz de demostrar: que la expansión de los mercados libres, la división del trabajo, y la inversión privada de capital constituyen el único sendero posible hacia la prosperidad y el florecimiento de la especie humana; que el socialismo sería desastroso para una economía moderna en virtud de que la ausencia de propiedad privada de la tierra y de los bienes de capital impide cualquier clase de determinación racional de los precios, o estimación de costos, y que la intervención gubernamental, además de obstaculizar y paralizar al mercado, resultaría ser anti productiva, conduciendo inevitablemente al socialismo a menos que el conjunto entero de las intervenciones fuese derogado.

En el prologo de la edición en español de Planificación Para la Libertad, el Doctor Alberto Benegas Lynch en su carácter de Presidente del Centro de Estudios sobre la Libertad escribía sobre Mises estos conceptos que compartimos en su totalidad y que cobran una vigencia inusual en nuestro medio por estos días: “De las enseñanzas de Mises resulta claro que es perjudicial sostener que primero hay que producir y luego distribuir, porque la producción y la distribución son simultáneas y sólo se logra la productividad óptima en el marco del respeto a la propiedad y a la libertad.

Nadie va a invertir sus ahorros y capitales con entusiasmo si le dicen que cuando haya producido la abundancia que promueve el bienestar general, el estado, compulsivamente, le va a confiscar una parte de la producción para distribuirla de otra manera que no sea mediante el libre juego de los factores productivos. Mises explica con claridad meridiana que ninguna distribución es más justa y equitativa que la que resulta del mercado no intervenido, en el cual cada factor de producción recibe su parte en función de su aporte al proceso productivo”.

Desde el deceso de Mises acaecido el 10 de octubre de 1973 en la Ciudad de New York a los 92 años, su doctrina e influencia han experimentado un renacimiento. Si bien nadie que analice las actuales circunstancias que vive el mundo y en particular América Latina, puede evitar tener un dejo de pesimismo respecto al futuro, las tendencias pueden cambiar y ello en gran medida dependerá de cuán diestros y tenaces seamos en la difusión de ideales tan nobles como los que Ludwing von Mises nos dejara.
 
(*) Gabriel Gasave es Investigador Analista en el Centro Para la Prosperidad Global en The Independent Institute. Oriundo de Argentina, ha estudiado Ciencias Políticas en el Lock Haven State College en Pennsylvania, y recibido su título de Abogado de la Universidad de Buenos Aires y su Maestría en Economía y Administración de Empresas de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) en Buenos Aires.
Artículo publicado por Ricardo Valenzuela en "Narconomics" el 30 de Mayo de 2012.

La crisis del intervencionismo

Por el Prof. Jesús Huerta de Soto (*)


 (*) Prof. Jesús Huerta de Soto. Curso 2009-2010 en http://www.anarcocapitalista.com El Profesor Huerta de Soto es Catedrático de Economía Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

¿Porqué los políticos no recortan gastos?

Por Ben Powell (*)


(*) Benjamin Powell is Senior Fellow at The Independent Institute, Associate Professor of Economics at Suffolk University, and President of the Association of Private Enterprise Education. Dr. Powell received his Ph.D. in economics from George Mason University and his Bachelor of Science degree in Finance and Economics from the University of Massachusetts at Lowell. He has been assistant professor of economics at San Jose State University, a fellow with the Mercatus Centers Global Prosperity Initiative, and a visiting research fellow with the American Institute for Economic Research.
Publicado en "Narconomics" por Ricardo Valenzuela el 30 de Mayo de 2012

Qué hay detrás del "corralito verde"

Por Luis Majul (*)
Por qué el Gobierno pone cada vez más restricciones a la compra de dólares y a las operaciones que habitualmente se hacen con la moneda norteamericana? Responde un economista heterodoxo, no kirchnerista, que hasta marzo era muy optimista con el futuro de la economía argentina en general, y que ahora sostiene que esto es un "desbarajuste" del que va a ser muy difícil salir sin costo. 
"Más allá de que yo considero que se trata de una decisión errada, la Presidenta lo hace porque Guillermo Moreno se lo vendió como un instrumento apto para tratar de frenar el precio del dólar y así morigerar el aumento del costo de vida y la inflación en dólares", dice. 
¿Y por qué cree usted que es una medida inadecuada? "Porque ya demostró su ineficacia largamente. El Gobierno lo viene intentando desde 2007. Decidió mantener el tipo de cambio bajo pero no le sirvió para desacelerar el proceso inflacionario. La manipulación del índice de precios oficial es la evidencia más clara de que esa política fracasó." 
¿Y qué supone que puede pasar, entonces, a partir de ahora? "Hay tres escenarios posibles: uno es la continuidad de las restricciones y, para mí, sería desastroso. Nos llevaría a la tablita cambiaria de [José Alfredo] Martínez de Hoz y terminaríamos como terminó el país en la época de [Lorenzo] Sigaut, con el ministro gritando: «El que apuesta al dólar pierde», en el medio de una profunda recesión y una altísima inflación. Otro sería la salida ortodoxa, muy parecida a la de 2002, cuando el dólar llegó a 4 pesos pero terminó, a fin de año, cerca de 2,80 pesos, una vez que el mercado comprendió que la política económica sería expansiva y que el Banco Central no dejaría que la moneda norteamericana se disparara más allá de tres pesos. Esto significaría aflojar las restricciones y dejar subir el dólar hasta una cifra controlable, por encima de 5, pero lejos de 6 pesos." 
¿Y el tercer escenario? "Es uno intermedio, con un tipo de cambio desdoblado. Uno para el campo, con un precio muy cercano al dólar oficial, de más o menos 4,50 pesos, y otro dólar «industrial», que hoy podríamos ubicar en 5,50 pesos. Eso le permitiría al Central absorber muchos millones de dólares, por la diferencia que podría hacer entre la compra y la venta. Sería como una 125, pero a través del desdoblamiento cambiario." 
¿Y qué supone usted que hará el Gobierno? "Si me dejo llevar por los antecedentes inmediatos, creo que profundizará las restricciones y provocará todavía más desaceleración económica." 
El economista, responsable de uno de los bancos más importantes de la Argentina y hombre de consulta tanto de Mauricio Macri como de colegas que reportan a la presidenta Cristina Fernández, dio una cifra sobre uno de los aspectos de la economía que le preocupan más.
"Nuestros números indican que la inversión directa, desde mayo del año pasado al mismo mes de este año, registró una baja del 16 por ciento. Eso prenuncia una señal de alarma en la economía, en general." 
¿Y qué opina del estado policial que se está generando con las restricciones a la compra de moneda extranjera para viajes al exterior, operaciones inmobiliarias y las transacciones con el dólar, en general? "No me preocupa tanto eso como la incertidumbre que tiene la mayoría de la sociedad, desde los grandes empresarios hasta el pequeño ahorrista, sobre qué hacer con el dinero que tenían o tienen apartado para atesorar o para no perder el valor de la moneda", me explicó. 
¿Qué haría usted si fuera un pequeño ahorrista?, le pregunté. "No tengo la menor idea. Colocar los pesos a plazo fijo no sería un buen negocio, porque la inflación los está desvalorizando cada vez más rápido. Comprar dólares no se puede. El excedente de los pequeños ahorristas ya no alcanza para cambiar otra vez el auto y comprarse un nuevo plasma, porque los salarios ya no están acompañando el costo de vida. Si yo fuera un pequeño ahorrista estaría gastando mis ingresos en alimentos y en el pago de los impuestos y los servicios." 
El economista no quiso opinar sobre las declaraciones del senador nacional Aníbal Fernández, quien recomendó a los argentinos que empiecen a pensar en pesos y se olviden de hacerlo en dólares. Sólo se limitó a repetir que en nuestro país mucha gente ahorra en dólares no porque ame el sistema de vida norteamericano, sino porque no confía en la moneda argentina como un instrumento adecuado para conservar el valor de sus bienes. 
De cualquier manera, es interesante analizar por qué un gobierno que defiende con tanta convicción la libertad para elegir el sexo, la identidad de género y otros derechos civiles, funciona al mismo tiempo como un gendarme de frontera cuando un individuo trata de decidir qué hacer con el dinero que se ganó de manera lícita. 
Durante los últimos años, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, el vicepresidente Amado Boudou y el responsable de la Administración Federal de Ingresos Públicos, Ricardo Echegaray, eligieron, entre otras opciones, la divisa estadounidense para no desvalorizar su patrimonio y nadie puso el grito en el cielo por eso. Por otra parte, es evidente que las restricciones sobre la compra de dólares operan, de manera directa, sobre un mercado muy pequeño, y eso le daría la razón al Gobierno cuando sostiene que no se trata, todavía, de un problema enorme, sino de un hecho que está siendo potenciado por quienes pretenden que "al país le vaya mal". 
Pero esto no impide reconocer, al mismo tiempo, que las sospechas sobre la existencia de problemas más serios en la economía estén alcanzando no sólo a los inversores más sofisticados, sino también al ama de casa, los encargados de los edificios y los choferes de taxis, que se informan no sólo por los medios de comunicación, sino también a través "de la calle". 
Periodistas especializados en economía que simpatizan con este gobierno no se atreven, todavía, a cuestionar el paquete de medidas a las que el controvertido ex ministro de Economía Domingo Cavallo llamó "corralito verde". Por ahora sólo destacan los evidentes problemas de comunicación, que incluyen idas y venidas, conferencias de prensa que no son tales y resoluciones imposibles de comprender aun para los sectores directamente afectados. Esta semana le volvieron a sugerir a la Presidenta que no siga hablando del dólar, porque no sólo iba a potenciar la preocupación de los argentinos, sino que iba a afectar su propia credibilidad. 
El relato oficial podrá insistir en que la inflación anual de los últimos cinco años no superó los dos dígitos, pero ahí están las paritarias del año pasado para poner las cosas en su lugar. Los funcionarios podrán argumentar que la moneda nacional mantiene su valor, pero la existencia de billetes viejos y en muy malas condiciones que inundan el mercado lo desmiente día tras día. También lo desmiente la creciente cantidad de billetes que se necesitan para llenar la góndola del supermercado o el almacén, que, como se sabe, no es una operación de los medios ni una decisión "gorila" o propia de "cipayos".

(*) Luis Majul. Periodista, escritor y analista político. Artículo publicado en La Nación y en Chasquido por Pablo Varela el 31 de Mayo de 2012.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Crisis de deuda y emergencia financiera

Por el Lic. Héctor L. Giuliano (*)
El agravamiento de la Crisis de Deuda Pública que sufre la Argentina está determinando una serie de medidas de emergencia monetaria, cambiaria y financiera por parte de la administración Kirchner.
 
Lo que sigue es un intento de comprender la lógica convergente de esta batería de acciones gubernamentales, que – improvisadas o no - están destinadas esencialmente a cumplir a ultranza con los servicios de la Deuda del Estado.
 
DEUDA Y FINANZAS PÚBLICAS
 
El Estado tiene tres fuentes básicas de financiamiento que son la Emisión de Dinero, la Recaudación Tributaria y la toma de Deuda Pública; con la importante diferencia que esta última – la Deuda – conlleva el costo de los servicios de Intereses y Capital.
 
Cuando el peso de estos servicios aumenta en forma extraordinaria sobre el presupuesto nacional, los países deudores – como el caso de la Argentina – pierden la capacidad de repago de sus obligaciones y entonces las deudas entran a ser refinanciadas permanentemente bajo un esquema de Deuda Perpetua.
 
El país – nuestro país – vive así refinanciando pasivos y además tomando más deuda para cubrir los costos financieros crecientes de la misma.
 
Pero para ello debe afrontar el pago de mayores servicios por intereses y por renovación de las obligaciones.
 
La administración Kirchner, desde sus inicios, está embarcada en una política de cumplir escrupulosamente con este esquema de pagos y re-endeudamiento.
 
Pero hoy la magnitud y gravedad del perfil de vencimientos de Capital e Intereses ha llevado nuevamente al país a una situación de Crisis de Deuda, esto es, a un riesgo cierto de default o incumplimiento de sus compromisos.
 
Esto es lo que ha determinado que el gobierno – en función de su “vocación pagadora” – haya tenido que apelar a medidas extra-ordinarias en materia financiera.
 
Se verifica así la regla nefasta que, cuando se agravan las crisis de Deuda no sólo se siguen tomando más deudas sino que, además, se refuerzan las otras dos fuentes de financiamiento público – la emisión monetaria y la recaudación fiscal – para ponerlas también al servicio de la Política de Endeudamiento.
 
CUADRO DE SITUACIÓN
 
La Argentina afronta actualmente un serio problema en el perfil de vencimientos de su Deuda Pública, que en más del 60 % del total está constituida por obligaciones en moneda extranjera.
 
Este año los vencimientos de Capital son del orden de los 40.100 MD y está previsto por Presupuesto tomar nuevas deudas por 51.800 MD – producto de refinanciación total de las obligaciones que vencen más asunción de deuda adicional – lo que significa un aumento de 11.700 MD en el stock de la Deuda.
 
No es cierto que la Argentina se esté “des-endeudando”; por el contrario, el endeudamiento viene creciendo a un ritmo de más de 10.000 MD por año.
 
En estos importes no están comprendidos los pagos de Intereses de la Deuda, que forman parte del Gasto Corriente del Ejercicio y que representan este año 45.000 M$ (10.200 MD).
 
Las cifras, en realidad, son peores porque no toda la Deuda Pública por Capital está registrada en las estadísticas oficiales: falta computar la Capitalización de Intereses, la Indexación de Deuda en Pesos ajustada por Inflación y las estimaciones de pago de los Cupones ligados al PBI.
 
Tampoco están incluidos aquí los vencimientos de deuda correspondientes a Empresas del Estado, Organismos Nacionales y Fondos Fiduciarios, cuyo monto se desconoce pero es relevante: baste decir que según el Presupuesto 2012 este año está autorizado tomar en este ámbito 28.000 MD. Se trata de Deuda Pública Indirecta con aval del Estado.
 
Igualmente, tampoco se incluyen aquí la Deuda cuasi-fiscal del BCRA (por Lebac/Nobac) ni la Deuda consolidada de Provincias y Municipios. Ni la Deuda Contingente por Juicios contra el Estado externos (CIADI y Holdouts) e internos (ANSES y otros).
 
En todos los casos, las proyecciones de pago de Intereses de la Deuda y de vencimientos de Capital son fuertemente crecientes en los próximos años.
 
DEUDA PÚBLICA Y MODELO K
 
El denominado Modelo K descansaba en lo concreto sobre un esquema de Superávits gemelos: Fiscal y Externo.
 
Pero este “modelo” ha terminado: hoy la Argentina tiene Déficit Fiscal y un resultado negativo en su Balanza de Pagos.
 
El gobierno confunde a la Opinión Pública mostrando un Superávit Primario pero el Resultado Financiero de su gestión es deficitario. En 2011 el Déficit Fiscal fue de 30.700 M$ y en lo que va del corriente año este saldo sigue siendo negativo.
 
A su vez, la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos fue prácticamente neutra en 2011: sólo 17 MD a favor. Dentro de este resultado pesaron especialmente las Rentas de Inversión por pago de Intereses (Débitos por 5.100 MD y saldo neto de -3.400 MD) y por transferencias de Utilidades/Dividendos (Débitos por 8.600 MD y saldo neto de -7.300 MD), lo que dio así un saldo negativo de 10.800 MD por suma de ambos rubros.
 
En consecuencia, el resultado positivo de la Balanza Comercial – 13.600 MD en 2011, producto de 84.300 MD de Exportaciones menos 70.700 MD de Importaciones – quedó prácticamente neutralizado por el giro de los Servicios Financieros (los 10.800 MD citados).
 
Dada la fuerte salida de divisas, el saldo de la Cuenta Capital/Financiera fue negativo de 2.200 MD y la Variación de Reservas Internacionales (RI) en el año resultó de -6.100 MD.
 
Tal empeoramiento de los números en las cuentas nacionales fiscales y externas frente al aumento de los servicios de Capital e Intereses de la Deuda Pública durante el corriente año fueron determinantes de las medidas de Emergencia Financiera en curso adoptadas por el gobierno Kirchner.
 
DEUDA Y POLÍTICA MONETARIA
 
Hoy la causa principal de la actual política de emisión de dinero del Banco Central (BCRA) es atender el Gasto Público para el pago de las deudas en pesos del Estado y sostener paralelamente el costo financiero de la esterilización de moneda usada para comprar dólares, dólares que se prestan a la Tesorería para pagar Deuda.
 
La administración Kirchner está aplicando para ello tres vías de acción simultáneas.
 
- La primera vía de acción del BCRA es dar préstamos directos en pesos al Ministerio de Economía para cubrir las erogaciones presupuestarias; dinero éste que se origina por emisión de moneda sin respaldo.
 
Al 30.4.12 el monto de estos Adelantos Transitorios al Gobierno Nacional era de unos 72.500 M$.
 
La reciente Ley 26.739 modificó el artículo 20 de la Carta Orgánica del BCRA (CO BCRA) para posibilitar la duplicación de este tipo de préstamos de corto plazo al Tesoro.
 
Se trata de importes que, en la práctica, constituyen una suerte de stock constante para el Banco por concepto de créditos a corto plazo (un año) ya que los mismos se renuevan permanentemente a sus fechas de vencimiento.
 
- Una segunda vía ha sido despegar la relación cierta entre Reservas y Base Monetaria (BM) para poder utilizar las divisas en su Política de Pagos de la Deuda Externa con Reservas.
 
La 26.739 modificó la Ley de Convertibilidad 23.928, que establecía el respaldo total de la BM con Reservas Internacionales (RI) y faculta ahora directamente al Directorio del Banco para fijar el nivel de las Reservas excedentes a la cobertura de la BM o Reservas de Libre Disponibilidad (RLD), que se utilizan para pagar Deuda Externa del Tesoro.
 
El BCRA no ha informado el criterio que usa para determinar los nuevos niveles de RLD ni el monto en valor absoluto fijado para las mismas, de modo que se ignora así el grado de respaldo real con que ha quedado el peso argentino en términos de moneda extranjera (básicamente, en dólares).
 
Pese a esta seria insuficiencia el Banco sigue girando al Gobierno divisas que están comprendidas en ese cálculo de RLD, aunque – como decimos - dicho cálculo no está explicado en su metodología ni informado en su monto disponible.
 
De esta manera, la BM ha dejado de tener un respaldo cierto en reservas del BCRA.
 
El levantamiento de tal restricción Reservas-BM libera legalmente al BCRA de limitaciones para poder aumentar la masa de dinero en la Economía y, a la vez, para aumentar los giros de reservas al Tesoro para pagar Deuda Externa.
 
DEUDA Y BCRA
 
Una tercera vía de acción en materia monetaria, que se deriva de la anterior – el levantamiento de las restricciones de emisión de dinero - y que se le mantiene abierta al Directorio del BCRA, es la facultad discrecional de colocar Deuda Cuasi-Fiscal por Letras y Notas (Lebac/Nobac).
 
Tal facultad le permite al BCRA tomar este tipo de obligaciones de Corto y muy Mediano Plazo a los fines de absorber o esterilizar el dinero emitido; precisamente dinero que fue impreso para comprar dólares, dólares que pasan a integrar las Reservas y que se usan para ser prestados al Tesoro para pagar Deuda Externa del Estado.
 
Ergo, las reservas que se prestan al Gobierno para pagar Deuda Externa – préstamos en moneda extranjera contra Letras de la Tesorería a 10 años de plazo - son divisas compradas con Deuda que fue asumida por el BCRA a través de Lebac/Nobac; de modo que este tipo de endeudamiento, en principio, aumenta en función de la compra de reservas internacionales.
 
O sea, que existe una correlación entre compra de Reservas, aumento de la emisión monetaria y aumento de la Deuda Cuasi-fiscal del BCRA.
 
Como gran parte de estas reservas – las RLD – se prestan al Gobierno para pagar Deuda Externa, el BCRA se queda entonces con Letras de Tesorería en el Activo (que son Títulos Públicos de dudoso cumplimiento) y simultáneamente con una masa creciente de Deudas por Lebac/Nobac en el Pasivo (que son, en cambio, de cumplimiento cierto y que implican altos costos de intereses).
 
El stock de la deuda por Lebac/Nobac era de 111.600 M$ al 30.4 - equivalente a unos 25.300 MD – devenga una Tasa de Interés promedio del 13 % anual (14.500 M$ 3.300 MD por año) y tales obligaciones se renuevan continuamente en forma semanal pactándolas con un grupo acotado de grandes bancos (locales y extranjeros) que operan en la Argentina.
 
Esta práctica del BCRA mantiene retirada de la circulación una cantidad de dinero equivalente a la mitad de la BM – que al 30.4 era de 222.900 M$ - remunerando a los bancos prestamistas por tales sumas, que dejan de prestarse a la actividad económica productiva del país.
 
De hecho, sobre una masa monetaria total de 335.000 M$, las 2/3 partes están en la BM y 1/3 está retenido por Lebac/Nobac del Banco Central.
 
La existencia de este altísimo stock de Letras y Notas del BCRA – que subsidia fondos ociosos de los bancos – determina el elevado “piso” de las Tasas de Interés de plaza y se transmite así al Sistema de Precios a través del Costo Financiero de las Empresas, que es el peor “costo invisible” dentro de la actividad económica y es también el principal factor de Inflación en la Argentina.
 
DEUDA E INFLACIÓN
 
Dada la gravedad creciente de la Inflación Argentina el gobierno Kirchner, desde principios de 2007 modificó la metodología del INDEC en relación al Índice de Precios al Consumidor (IPC o Inflación Minorista) y, por extensión, al de sus coeficientes derivados o conexos (como Pobreza/Indigencia y aumento del PBI).
 
Este procedimiento le permitiría así al gobierno tratar de ocultar el aumento real de los precios y, a la vez, licuar parte de la Deuda Pública en Pesos que se ajusta por Inflación (bonos indexados por CER), que al 30.9.11 (último dato disponible) era equivalente a 37.500 MD.
 
En la actualidad se estima que la Inflación Real en la Argentina es de un 22 % anual (entre 20 y 25 %) – según Índice de Precios Congreso, estimaciones de Consultoras Privadas y Direcciones Estadísticas de Provincias – mientras que la Inflación Oficial es del orden de un 10 %.
 
Los mecanismos de indexación de deudas están prohibidos en la Argentina por la Ley 23.928 de Convertibilidad (artículo 10) pero esta restricción no se aplica a los casos de Deuda Financiera en Bonos del Estado.
 
Sobre un total de Deuda en Pesos Indexada equivalente a 37.500 MD esto significa una actualización anual de 3.800 MD, que es menos de la mitad de la cifra de incremento por año del Capital que correspondería si se tomara la Inflación Real.
 
El gobierno Kirchner logra de este modo atenuar el impacto de la inflación sobre el valor Capital de los títulos públicos indexados pero hoy en día lo hace con una ambivalencia: que el efecto de licuación beneficia y afecta al propio Estado porque la gran mayoría de este tipo de bonos se encuentra en manos de agencias del Sector Público, de modo que lo que se ahorra la Tesorería lo pierden por lucro cesante las Agencias del Estado tenedoras de esta Deuda (que estaría mayoritariamente en poder de la ANSES).
 
DEUDA Y PRESIÓN TRIBUTARIA (PT)
 
La recaudación impositiva y previsional configura también una vía de ingresos adicionales al Erario Público gracias a la Inflación de Precios.
 
La presión fiscal efectiva es la segunda fuente de financiamiento del Estado que está hoy puesta al servicio de la recaudación de dinero para el Fisco y del refuerzo a los pagos de la Deuda.
 
Esta presión real se traduce aplicando la carga impositiva sobre montos imponibles que se han venido incrementando por efecto de la inflación a la vez que retrasando la actualización de las desgravaciones correspondientes.
 
Es el caso de la incidencia generalizada del IVA, del Impuesto al Cheque, del Mínimo no Imponible del Impuesto a las Ganancias, del piso del Impuesto a los Bienes Personales o de la prohibición de Ajustes por Inflación en el Balance de las Empresas.
 
Sin contar aquí los aumentos directos de bases, tasas o alícuotas tributarias, como es el caso de las Retenciones a las exportaciones agropecuarias o los revalúos de bienes durables que se trasladan a los impuestos inmobiliarios provinciales y a las tasas de servicios municipales.
 
Porque el aumento de esta presión tributaria es concurrente y potenciada a nivel Nación, Provincias y Municipios; y está determinada en forma directa por la necesidad de sufragar el costo financiero del endeudamiento público generalizado del Estado en todos sus niveles.
 
Se cumple así la regla que, en los tiempos de Crisis de Deuda, la función de recaudación fiscal asume un papel clave porque deviene necesario aumentar la presión tributaria, nominal y efectiva, para sostener los mayores servicios de la Deuda Pública.
 
El gobierno puede mostrar así un aumento relevante en su recaudación pero gran parte de ese aumento no es producto de una gestión tributaria normal o genuina sino producto del efecto inflacionario sobre los valores imponibles.
 
Con la ventaja adicional para el Fisco que su erosión de ingresos por el Efecto Olivera-Tanzi hoy en día se ve disminuida porque existe un menor desfasaje entre el momento de devengamiento y el momento de percepción de los impuestos.   
 
De esta manera, por medio de la Inflación el Estado licua parcialmente sus deudas en pesos mientras mejora comparativamente el valor de sus ingresos tributarios en moneda nacional.
 
EL ROL DE LA DEUDA INTRA-ESTADO
 
- La tercera vía de financiamiento público es la Deuda, deuda que en este momento no se toma de los Mercados Internacionales de Capitales - salvo los Organismos Multilaterales de Crédito (Banco Mundial, BID y CAF) – sino que se ha venido asumiendo en gran escala con el propio Sector Estatal.
 
Este procedimiento consiste básicamente en tomar prestado fondos de todos los entes oficiales que dispongan circunstancialmente de excedentes de Caja, de agenciarse créditos provenientes de fondos administrados por el Estado y/o de transferir al Fisco utilidades contables de los organismos públicos
 
Las principales sumas de estos préstamos provienen del Sistema Previsional – los fondos de los jubilados administrados por la ANSES – y del uso de las Reservas Internacionales del Banco Central (RI BCRA); con la importante aclaración que el Tesoro Nacional no tiene capacidad de repago demostrada para responder a estas obligaciones.
 
La administración Kirchner exhibe hoy que casi la mitad de la Deuda Pública está contraída con entidades del propio Estado, fundamentalmente – como dijimos - con el Fondo de Garantía del Sistema Jubilatorio de la ANSES y con el BCRA (a través de Adelantos Transitorios en pesos al Gobierno y del préstamo de Reservas Internacionales contra entrega de Letras de Tesorería).
 
Esta conducta ha llevado actualmente los montos de esta Deuda Intra-Sector Público a niveles muy elevados: más del 50 % de los fondos de la ANSES – que pasan los 200.000 M$ - están prestados al Estado y las deudas contraídas por el Fisco con el BCRA son de 72.500 M$ ( 16.400 MD) por concepto de Adelantos Transitorios y de casi 33.000 MD por Títulos Públicos entregados al Banco contra entrega de reservas).
 
En total, la Tesorería le debe así al BCRA unos 49.300 MD: más que el monto de las Reservas, que es de 47.800 MD, y casi tanto como la BM, que equivale a 50.500 MD.
 
El uso de este mecanismo de excepción de la Deuda Intra-Estado se ha generalizado por parte del gobierno Kirchner a toda una serie de organismos públicos: Banco Nación, Lotería/Casinos, AFIP, PAMI, Fondos Fiduciarios, etc. 
 
Esto configura un riesgo de “empapelamiento” del Sector Público porque el Estado Argentino no tiene capacidad de pago para cumplir este cúmulo de obligaciones que sigue contrayendo.
 
En la práctica, los fondos que esas distintas agencias oficiales prestan al Tesoro se usan básicamente para pagar vencimientos de Deuda con Organismos Financieros Internacionales (los citados Banco Mundial, BID y CAF) y especialmente deudas con Acreedores Privados, de modo que el stock total de la deuda pública no disminuye – al contrario, sigue creciendo - pero cambia a la vez su composición o estructura.
 
Este procedimiento no es neutro desde el punto de vista financiero fiscal porque de esta forma el Estado no sólo altera sus prioridades de Gasto Público sino que se va descapitalizando y/o desfinanciando en su conjunto ya que la mayoría de esos fondos no son propios sino de propiedad ajena (caso de la ANSES) o de asignaciones específicas (como el caso del BCRA y los Fondos Fiduciarios).
 
El problema es ahora más grave todavía porque el gobierno Kirchner habría llegado ya al tope de su Deuda Intra-Estado y por eso ha forzado su ampliación por medio de la modificación de la Ley de Convertibilidad y la Carta Orgánica del BCRA tanto en materia de Adelantos Transitorios como de préstamos de Reservas.
 
DEUDA Y TIPO DE CAMBIO
 
El problema de la Deuda Externa se ha venido agravando en los últimos tiempos y repercutiendo en el panorama económico y comercial argentino a través del Tipo de Cambio Real (Tipo de Cambio Nominal menos Inflación Interna).
 
El ritmo actual de devaluación del Peso (un 10 %) es menos de la mitad de la Inflación Real (estimada entre 20-25 %).
 
La Inflación carcome el Tipo de Cambio y eso equivale a una apreciación del Peso, por lo que estamos ante el doble problema de Inflación con Retraso Cambiario.
 
Esta combinación es particularmente perjudicial para las exportaciones nacionales porque reduce la competitividad por precio y afecta a la vez la sustitución de importaciones ya que abarata la compra de productos extranjeros.
 
Ello incluye el estímulo de otros rubros – entre los que está el turismo hacia el exterior - que se ven subsidiados así por un tipo de cambio barato.
 
Pero el atraso cambiario tiene una explicación financiera: posibilitar mayores pagos de servicios de la Deuda Externa.
 
El retraso cambiario mantenido hasta el presente por el gobierno Kirchner es un pre-requisito de los pagos en moneda extranjera porque de esta forma la recaudación fiscal y las tenencias en pesos tienen más valor de cambio para el giro de divisas.
 
Un Tipo de Cambio Bajo – Dólar barato – facilita el cumplimiento de las obligaciones en moneda extranjera porque aprecia el peso argentino y entonces la recaudación fiscal en moneda local permite comprar con esos fondos más dólares destinados a atender tales compromisos.
 
Se trata de un caso típico de contraposición de prioridades e intereses entre la Economía Real o Productiva – caso del Agro y la Industria – a la que conviene un tipo de cambio alto y la Economía Financiera ligada a la Deuda Externa, a la que conviene un tipo de cambio bajo, que facilita el aumento de la cantidad y valor de las divisas que se giran al exterior para el cumplimiento de los servicios de la Deuda.
 
Gracias a esta situación de rezago cambiario el BCRA puede comprar dólares más baratos, que después se usan para el pago de la Deuda Externa del Estado.
 
El reciente proceso de devaluación del real brasileño habría sido uno de los detonantes que forzó al gobierno argentino a incrementar relativamente el ritmo de sus mini-devaluaciones pero la relación de cambio del peso sigue estando todavía muy por debajo de las necesidades económicas locales.
 
Por eso, la administración Kirchner se encuentra hoy ante el dilema de mantener un
Tipo de Cambio retrasado, o por lo menos oficialmente frenado, para posibilitar el pago de Deuda Externa o acelerar el ritmo devaluatorio del Peso facilitando el aumento de nuestras exportaciones y la protección del mercado interno frente a las importaciones.
 
EL BALANCE DE DIVISAS
 
La Política de Pago de Deuda Externa con Reservas del BCRA viene determinando no sólo un problema general de retraso cambiario sino también un desequilibrio en el stock de divisas del Banco para atender todas las transferencias al exterior.
 
El BCRA ha pasado a ser una suerte de abastecedor institucional de moneda extranjera para la Tesorería a los efectos que ésta pueda cubrir los servicios de la Deuda Externa Argentina.
 
El Banco vive comprando dólares que por un lado ingresan a las Reservas y por otro salen prestados al Gobierno para atender pagos de la Deuda.
 
Es como usar la “alcancía” del Estado para privilegiar el pago de compromisos a Organismos Financieros Internacionales y, especialmente, Acreedores Privados externos a costa de reponer las divisas que se van gastando.
 
Como hemos visto más arriba, estas divisas se giran al Tesoro contra entrega de Letras Intransferibles a 10 años que tienen muy improbable cobrabilidad por parte del BCRA.
 
El Banco, entonces, está forzado a reponer los dólares que salen de sus reservas, dólares que hoy compra a un tipo de cambio comparativamente bajo debido a la oferta de exportadores que liquidan sus ventas y de capitales financieros que ingresan al país para lucrar con el diferencial de tasas de interés locales versus internacionales, aprovechando la relativa estabilidad cambiaria y/o su previsibilidad devaluatoria.
 
Por otra parte, las operaciones internacionales en moneda extranjera obviamente no están prohibidas, de modo que las mismas continúan realizándose, aunque circunstancialmente no lo hacen en modo normal.
 
De hecho, el gobierno Kirchner, necesitado de divisas para atender los pagos de Deuda Externa de este año está apelando a todas las vías posibles para procurarse los dólares necesarios para pagar deuda: corralito cambiario (que afecta principalmente al mercado minorista, que no es relevante), trabas burocráticas a las importaciones, freno transitorio al giro de Utilidades/Dividendos, etc.
 
Tales medidas tienen por objeto asegurar la disponibilidad de una importante suma de divisas necesaria por parte del Gobierno para atender los pagos de Deuda Externa y, a la vez, contener la suba del dólar para que no se dispare el tipo de cambio financiero “oficial”, que es el que se toma como moneda de cuenta.
 
El desdoblamiento fáctico del Mercado Cambiario, con una brecha que se amplió en los últimos días a un 25-30 % y más entre Tipo de Cambio Oficial y Paralelo, pudiera ser transitorio o tender a nivelarse en la medida que los sectores financiero-bancarios entiendan que una fuerte devaluación – más allá de las operaciones especulativas de coyuntura – no convendría al negocio más importante y permanente del arbitraje entre Tipo de Cambio y Tasas de Interés.
 
Pero ello corresponde ya al plano de suposiciones que exceden las posibilidades de este análisis.
 
Lo único que puede decirse en firme a este respecto es que, en el actual contexto monetario, cambiario y financiero – merced a la política oficial del gobierno Kirchner - no es casual que los Bancos sigan siendo el Sector con mayor rentabilidad de la Economía. 
 
RESERVAS Y DEUDA EXTERNA
 
Hemos visto que los fuertes pagos de servicios derivados del Perfil de Vencimientos de Capital e Intereses de la Deuda Pública en general, y de la Deuda Externa en particular, explican las medidas de emergencia financiera que está adoptando la administración Kirchner para demostrar su “vocación pagadora”.
 
De hecho, éste es el Gobierno Argentino que más pagos ha venido efectuando sobre la Deuda del Estado y uno de los que está usando más recursos extraordinarios para mantener el cumplimiento de sus compromisos externos, independientemente de todos los altibajos de relación con los acreedores (caso Holdouts, Club de París, CIADI y otros).
 
Pero, por sobre todas las cosas, es quizás el Gobierno que más lapidariamente ha dado por concluida toda investigación y/o revisión de la Ilegitimidad de la Deuda Pública que se viene arrastrando desde la época del Proceso Militar y a través de todos los gobiernos democráticos sucesores (excepto la efímera presidencia del Dr. Rodríguez Saá).
 
La presidenta Cristina Kirchner fue contundente en su discurso del 4.3.10 y conexos acerca de la aceptación del sistema de la Deuda, de su no cuestionamiento y de su voluntad de cumplir al ultranza con los compromisos derivados de la misma.
 
El problema es que los pagos que se vienen efectuando y los vencimientos crecientes de servicios de esta Deuda están comprometiendo seriamente su gestión de Gobierno y el manejo consecuente de las Finanzas Públicas.
 
Y el empecinamiento en mantener esta posición no soluciona la Crisis de Deuda.
 
Hoy los tres ejes principales de la política de la administración Kirchner parecen ser:
 
1. El uso de la Deuda Intra-Estado como forma de traspaso o rescate de pasivos con terceros a costa de “empapelar” al propio Estado con títulos sin capacidad de repago.
 
2. La utilización de Reservas Internacionales del BCRA – a través del denominado Fondo Argentino de Desendeudamiento – para el pago a Organismos Financieros Internacionales y Acreedores Privados.
 
3. El re-armado de una estrategia de vuelta a los Mercados Internacionales de Capitales – después del fracaso del Megacanje Kirchner-Lavagna de 2005 – a los fines de volver a endeudarse.
 
Serían, en el fondo, los lineamientos vigentes y previsibles de una política económico-financiera que viene poniendo todas sus herramientas posibles de gobierno en función del sistema de la Deuda Pública.-
 
(*) Héctor L. Giuliano. Artículo publicado por Política y Desarrollo el 28 de Mayo de 2012.