jueves, 28 de junio de 2012

La Plaza se fue llenando

Por María Celsa Rodriguez (*)
La Plaza de Mayo se fue llenando lentamente.Los bombos y los canticos se confundían.El olor a choripan colmó el aire.
Todos tenían una causa común, un reclamo en que  era la voz de Moyano la que iba a recibir semejante tributo de apoyo.
El paro era de camioneros no de la CGT, los trabajadores que estaban allí estaban apoyando al lider, ratificando sus palabras Aunque el reclamo era revindicar los derechos de los trabajadores donde el tema del impuesto a las ganacias esta en el ojo de la tormenta.

La Presidente quien al mismo tiempo se encontraba en San Luis  trató de eclipsar la fiesta a Don Hugo  cortando el clima de euforia que se vivia en la Plaza  al salir por cadena nacional, y fiel a su estilo -como lo hizo en Angola- se puso a hablar de la crianza de cerdos y la producción porcina.Ironizó cuando dijo que "hay chanchitos  buenos   y chanchitos malos y que "cada lechón a su teta".Entretanto  la Plaza iba calentando motores.Estar allí hacia que junio se convirtiera en una siesta  de verano.
Fue una lucha por el raiting del poder

Ella  rodeada del paisaje y del pueblo puntano,continuaba  con su relato  y dijo que se necesita "una Argentina que discuta ideas con argumentos", pero ¿como se puede discutir ideas con alguien que no recibe a la prensa y que no escucha al pueblo y solo quieren que la escuchen?

Pidió que "queden atras los agravios y descalificaciones" ,pero si es el gobierno el que descalifica y agravia  a aquel que se niega a aceptar que le sigan mintiendo.Sabemos que todo  el  que exponga las fallas de este gobierno inmediatamente es atacado.Ademas Ella habla de que valora la libertad pero cercena derechos ¿Cómo se entiende?
Pide que "defendamos el modelo" ¿Qué modelo ? ¿El de la mentira del Indec? ¿El  del relato armado por ella en cada discurso, diciendo que vivimos en el mas maravilloso  de los mundos?

Ella se cree saber todo pero el que mas sabe es el pueblo, el trabajador que sale a la calle todos los días  y que hace malabares para llegar a fin de mes. El que no tienen trabajo o esta en negro, el comerciante que no cotiza para un credito impidiendo de ese modo crecer, o aquel que está cansado que lo asalten, que le mataron un hijo y ve que la inseguridad es mas agresiva cada día, los niños que no tienen para comer y sus padres que viven de changas no les alcanza para vivir, o de los hospitales públicos que le faltan muchas cosas para brindar la atención que los pacientes se merecen. Es que desde las alfombras, desde el helicoptero  y desde el tango  01 no se ve la verdadera Argentina.

Consideran que los reclamos de los trabajadores son extorsivos  y que las protestas son destituyentes -dice el gobierno-sin embargo se olvida que los reclamos, las opiniones, las criticas ,las quejas del pueblo hacen al fortalecimiento de la democracia.

Si bien a Moyano lo condena su pasado pero nadie puede criticarle que se ha ganado un repunte a favor en su imagen  desde que empezó a bregar por el mínimo no imponible.No es justo que los niños  no reciban asignacion familiar porque su padre gane mas de $5000.La voz  del lider de la CGT fue un eco al unísono en el pedido de aumento a las asignaciones familiares. Del mismo modo que su reclamo a la deuda por las obras sociales que el Estado aún no ha devuelto  y la cifra es millonaria.

El le ha puesto el pecho y se plantó frente a La Rosada, en territorio de Ella para decirle que está allí defendiendo a los trabajadores, esos que son la fuerza motriz del país. Aunque dicen que a Ella le molesta las manifestaciones masivas que no se reunan para apoyarla sino para criticarla


Cada uno desde su puesto de lucha está defendiendo lo suyo: Moyano la fuerza sindical y Ella  defiende la supremacia del poder que heredó de Él y la hegemonia que le dió el 54%

Lo que queda claro es que él es un referente anti cristinista, que junto a Scioli y a Macri son los tres protagonistas que le quitan el sueño  a la Reina, aunque el camionero ha demostrado hoy, que es un coloso muy dificil de derribar. 

(*) María Celsa Rodriguez. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora

Moyano no tuvo piedad

Por Pepe Eliaschev (*)
El mandato político de Cristina Fernández tiene plazo fijo de conclusión inexorable. Todo verdor termina agotándose, también el relacionado con los imperios del poder. Gobernada por fuertes emociones, la Presidenta volvió a ser presa estos días de uno de sus mecanismos proverbiales, el despecho. Por eso, estaba esta tarde en una granja de cerdos en la hasta hoy despreciada San Luis, mientras el corazón ardiente del sindicalismo peronista se amontonaba en Plaza de Mayo para evocar aquellos líderes de hace casi siete décadas.

"Se dicen peronistas", los maltrató Hugo Antonio Moyano. Le habló cara a la cara a la señora Fernández: "Una sola persona no puede arreglar al país". Recordó el mítico abrazo Perón-Balbín en la residencia de Gaspar Campos en 1972. No tuvo piedad (¿por qué debería tenerla?) para con los Kirchner, esa riquísima familia sureña a la que describió como "exiliados" en la Patagonia durante el gobierno militar "para lucrar con la 1050". Es cierto: bajo la dictadura, Néstor Kirchner plantó los cimientos de su enorme fortuna en los años 70, explotando el negocio de las ejecuciones hipotecarias.

Pero Moyano jamás ignoró estos hechos durante su larga coalición con Kirchner. Kirchner por lo menos intentó hasta su muerte tener los pies dentro del plato, para evocar esa mítica y podológica metáfora peronista. Cristina, en cambio, siempre tuvo otros aires. Por eso dijo en público que durante los gobiernos de Perón no se reconoció el derecho de huelga. En sus tumbas, la saludaron -sorprendidos- difuntos paladines del antiperonismo, como Alfredo Palacios, Ricardo Balbín, Luciano Molinas, Alicia Moreau de Justo y Américo Ghioldi, entre otros. Ellos antes, como ella ahora, decían la verdad, pero por motivos muy diferentes. Por eso ahora saca afuera todo el desprecio contenido: estos son -apostrofó- "los que estaban debajo de la cama durante la dictadura". ¿Cómo desmentirlo?


Disparó dos trompadas enormemente hirientes para el progresismo kirchnerista. Una de ellas: la economía argentina creció y se recuperó desde 2001 en adelante como parte de una tendencia favorable a escala mundial, pero "esto no es el milagro alemán...". De modo que el peronismo peronista mostró sus dientes en una bella tarde de invierno que olía a primavera. Absolutamente harta de la nerviosa altanería cristinista, la dirigencia sindical ortodoxa puso mucha carne sobre la parrilla. Otro misil doloroso para el "relato" oficial: ¿por qué no nacionalizan el Banco Hipotecario? Moyano sabía lo que decía y dónde duelen ciertas ampollas: el escritorio de Eduardo Elsztain queda sobre la Plaza de Mayo, a pocos metros del palco desde el que hablaba el camionero.


Una coalición ha terminado de morir. Fue armada, con su obsesiva pasión de maestro mayor de obras de la política de copamiento, por el ex presidente Kirchner. Cristina tenía otras ideas y las ha venido exhibiendo con su pasión devoradora por la beligerancia.


El Gobierno se manejó hoy como lo sabe hacer. A las 15, minutos antes de que comenzara a hablar Moyano, la Casa Rosada tenía puesto el cepo televisivo en estricta cadena para enjaular en una emisión igual, a las señales América 24, Canal 26, C5N y Crónica, además -desde ya- del Canal 7. Un gesto de imponente y acerada unanimidad mediática que le daría envidia a los "aló presidente" de Hugo Chávez.


El Gobierno se preparó para el discurso de Moyano con una maniobra previa de colosal ilegalidad: en su enésima cadena de TV, la señora Fernández anunció que retiraba a la Gendarmería de la custodia de todos los bienes provinciales y la policía de la zona metropolitana, "aunque me procesen los jueces". ¿Zona liberada?


Moyano capitaliza la indigencia pavorosa del régimen político argentino. Una vez más, como sucedió tantas veces en los últimos 40 años, se hace oficialismo u oposición dentro del peronismo. Aun cuando muchas de sus motivaciones son, por lo menos, materia de cierta suspicacia, el camionero pega duro y bien cuando, en su jerga simple, admite que desde una Casa Rosada poblada por politólogos esperpénticos y gerentes voraces, se ha tratado de urdir una nueva coalición. "Esos intelectuales que se creen que saben todo", los desmenuzó Moyano, haciendo restallar el látigo sobre uno de los juguetes centrales de esta década, esa "intelligentzia" armada y financiada por el kirchnerismo con los restos de los cuadros "político-militares" de los años setenta.


Moyano le sirve hoy a mucha gente, pero su recuperada notoriedad expresa algo más que su resiliencia evidente. Radiografía también la penuria del cuerpo político argentino, que una vez debe conjugar todo el circuito interno de los diferentes peronismos para tener inscripción en el debate en curso. Los 44 minutos de Moyano son también un documento de época. Sus palabras y su veredicto ("Cristina se va en 2015, yo en cambio me quedo") manifiestan la inexorable terminación de un ciclo.


Es una época que se extenderá por un tiempo, pero en cuyo transcurso hay un riesgo enorme y muy ominoso. Si la presidenta Fernández no abandona su emotividad casi desaforada y su autoreferencialidad obsesiva, la Argentina podría volver a visitar caminos de los 70. La calle y la plaza como parámetro de gobernabilidad revelan la penosa pobreza institucional del país.

(*) "Pepe" Eliaschev. Periodista, escritor y analista político. Artículo publicado por La Nación y Chaco mundo el 28 de Junio de 2012.

¿Puede el Derecho sobrevivir al Estado? La propiedad privada origina el derecho

Por Juan Ramón Rallo (*)
¿Puede el Derecho sobrevivir al Estado? Escrito por Juan Ramón Rallo. La propiedad privada y la acción humana son necesariamente anteriores al Estado y, cabe decir con certeza, que son la base de todo ordenamiento jurídico. El Estado de Derecho no requiere de un Estado para garantizar un estado (una situación) de derecho. Más bien, podemos asegurar que sólo sin Estado podremos empresarialmente descubrir el mejor derecho.

Uno de los rasgos más característicos de nuestra época es la muy difundida idea de que el derecho es un conjunto de normas que el poderoso impone al débil. No importa tanto su contenido como el acto de fuerza por el que prevalece; su rasgo característico es la coacción, no la utilidad de las normas. Lo más curioso del argumento es que, al momento que ponen el acento en la irrelevancia de su contenido y en la necesidad de imponerlo por la fuerza, aseguran que el derecho es la precondición de una sociedad libre: sin normas no hay mercado.
 
En otras palabras, estos teóricos socialistas del Derecho consideran que la sociedad nace de las relaciones coercitivas implantadas por un jerarca supremo. Sin una mente consciente, respaldada por un ejército, no hay normas y sin normas no hay relaciones.

La realidad es bien distinta; la acción humana libre y su propiedad deben marcar el comienzo de todo análisis teórico e histórico. Las relaciones anteceden necesariamente a las normas, de hecho, las normas son fruto de las relaciones. Una norma no es más que una expectativa a que otro individuo actúe de una forma determinada, expectativa que puede surgir de las promesas (ius –derecho en latín- proviene etimológicamente de iurare, jurar) o de las costumbres, esto es, de comportamientos idénticos pasados.
 
Si la tesis socialista fuera cierta, es decir, si la propiedad privada naciera de un ordenamiento previo estatal, no queda claro cómo ese Estado podría haber llegado a nacer. ¿De dónde hubiera obtenido los ingresos para pagar a los soldados, a los funcionarios y a los jueces, si no existían propiedades que gravar?

 
En verdad, los socialistas sólo pretenden justificar que la propiedad privada es un privilegio concedido por el Estado a los individuos, gracias a su legislación y a su protección policial y, por tanto, un privilegio que está subordinado a todas las eventualidades y cambios que su garante quiera infligirle.

 
Pero, como hemos visto, la propiedad privada y la acción humana son necesariamente anteriores al Estado y, cabe decir con certeza, que son la base de todo ordenamiento jurídico. Las normas no crean la sociedad, sino que la sociedad da paso a unas normas en continua evolución. Como dice Paolo Grossi: “La praxis construye día a día su Derecho, lo plasma y lo modifica según las exigencias de los lugares y los tiempos”.

 
Quienes quieren establecer una tajante distinción entre sociedad y derecho, creando una fuente autónoma de sabiduría normativa, olvidan que impedir a los individuos crear derecho a partir de sus hechos resulta equivalente a impedirles actuar. Un derecho de origen socialista sólo puede terminar en una sociedad completamente reglamentada y esclavizada.

 
El derecho no es un conjunto de mandatos revelados, sino de prácticas previsibles útiles para alcanzar los fines individuales a través de la cooperación humana. El Estado a través de sus mandatos coactivos sólo desplazada esos lazos voluntarios y cooperativos, destruyendo en la práctica la institución jurídica. De la misma manera que la planificación económica erradica el mercado, la planificación jurídica presente extermina el derecho.

 
El Estado de Derecho no requiere de un Estado para garantizar un estado (una situación) de derecho. Más bien, podemos asegurar que sólo sin Estado podremos empresarialmente descubrir el mejor derecho.

 
Y es que, si como hemos visto, la propiedad privada y la libertad son el origen del derecho, resulta iluso creer que un organismo que se asienta sobre la permanente violación de la propiedad privada y de la libertad pueda crear otra cosa que un derecho violentado y corrupto.


(*) Juan Ramón Rallo es doctor en Economía, habiendo concluido la licenciatura con Premio Extraordinario de fin de carrera y licenciado en Derecho con Premio Extraordinario de fin de carrera por la Universidad de Valencia, así como master en economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Artículo publicado por Ricardo Valenzuela en "Narconomics" el 26 de Junio de 2012.

Fuente: http://cartasliberales.blogspot.com.ar/2012/06/puede-el-derecho-sobrevivir-al-estado_26.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+blogspot/Uvfcj+%28NARCONOMICS%29 

miércoles, 27 de junio de 2012

Dirán que todo es mentira....

Por María Celsa Rodriguez (*)
La felicidad es un estado de animo que produce  bienestar, una sensación de  alegría y  de  satisfacción frente a la vida.
Pero ¿ se puede ser feliz siempre? Muchos han estudiado  e investigado sobre el tema pero hasta ahora nadie a encontrado la formula de la eterna felicidad.Esa llave mágica que nos conduzca hacia las puertas del paraíso
Solo se puede decir que es un estado interno que nos mantiene en una aptitud positiva, mirando la vida  con una sonrisa, disfrutando cada día de las pequeñas cosas .Viviendo todo con satisfacción y estando en un estado de complacencia frente a nuestras circunstancias.
Pero ¿somos todos felices los argentinos? Irónicamente en el ranking del "El Happy Planet Index", la Argentina esta en el puesto 17 de los países mas felices.. Y utilizan para medirlo parámetros como la esperanza de vida, el bienestar y el manejo de la ecología" entre otras cosas.
Pero ¿todos los 40 millones nos sentimos felices?

Si bien los malos momentos pueden golpear a nuestra puerta, como , los problemas económicos,la inflación, la familia, los negocios, las cuentas que no cierran, los problemas de salud,el estres, la inseguridad,la corrupción, etc  Entonces en esos momentos los pensamientos negativos  pueden convertirse en salvavidas de plomo que afectará nuestra aptitud frente a la realidad, debilitandonos ante los cotidianos embates que nos acosan.Y esto luego puede influir  en nuestras decisiones .Y al final terminan por afectarnos   internamente y reaccionamos equivocadamente.


Pero ¿que pasa cuando es el sustento diario el único problema que preocupa a un ser humano? Si se carece del alimento necesario para vivir , y se es un niño que no tiene posibilidades de tener un plato de comida cada día ¿Se puede ser feliz con hambre ?

¿Puede aceptar un funcionario,legislador,
ministro, intendente, gobernador, vicepresidente y presidente de Argentina sin revolvérseles las entrañas  que  un niño  de su país no tenga que comer y que solo cene una tasa de te?
 Y teniendo en cuenta  que  desde la Fundación Conin ( Cooperadora para la Nutrición Infantil) dice que en el país mueren por desnutrición  20 chicos cada 1000, y 2.100.000 no tienen asegurado el acceso a una alimentación diaria , mientras 260.000 niños menores de 5 años sufren algún grado de desnutrición. Entonces ¿podemos sentirnos bien, con niños con hambre, sin espectativa de vida,   sin bienestar y sin fuerzas para jugar, para sonreír, para tener una infancia feliz? 

 ¿Que le pasará por la cabeza a la Presidente  cuando ve en  la television y en las calles de la República Argentina  a su pueblo con carencia de alimentos ? ¿Cuando  dice que  gobierna para  40 millones de argentinos,  acaso  esos niños  no son parte de esos 40 millones? ¿Que siente cuando ve gente sufriendo  y viviendo en la mas cruda pobreza? .¿Que sentirá  cuando ve a  familias que  se alimentan de la basura?. ¿Que piensa cuando ve  niños desnutridos y con poco desarrollo?¿Como se siente sus  funcionarios, y ministros  cuando despilfarra el dinero del pueblo en cosas que no son tan prioritarias como es la comida?.

Los millones que se gastan en Aerolíneas -que está mal administrada-manteniendo aeronaves por las que pagan fortunas, dinero que pueden ser destinado para dar de comer a tantos pequeños  pero que se gastan en aviones que están abandonadas en las pistas y  sin cumplir sus funciones.O cuando se pagan millones en programas o en  proyectos que terminan truncos pero que sirvieron para favorecer   a unos pocos, o cuando se dilapida en publicidad  y no en  alimentar a los niños de su país.

Es verdad, el hambre duele, pero mas duele cuando se ve como se manipula a esa gente que carece de todo y que no tiene lo mas básico que es un plato de comida diario y el poder  se aprovechan de sus necesidades utilizándolos como comodines para sus fines electorales.

Pero mientras ellos se engalanen de soberbia y vanidad  seguirán sordos y ciegos  y los niños del país dormirán con hambre. Pero sus aplaudidores  obsecuentes que nada les importa,dirán que todo es mentira. 
 
(*) María Celsa Rodriguez. Periodista y analista política.
 
Fuente: Comunicación personal de la autora

La inversión en valor y la economía austriaca

Por Diego E. Quijano Durán (*)
"Where is the one that is lowest-priced in relation to what I believe it is worth?"
John Templeton
"Empresario es el individuo que actúa con la mira puesta en las mutaciones que las circunstancias del mercado registran"
Ludwig von Mises

El método de inversión en valor (value investing) y la escuela austriaca de economía son escuelas de pensamiento muy compatibles, por su visión similar del mundo, y complementarias, dado su enfoque distinto. Son compatibles porque ambas consideran que no se puede predecir en el mundo económico, y que lo más que se puede hacer es identificar los patrones y características que tienden a provocar los resultados buscados. Son complementarias porque la primera tiene como objetivo final generar ganancias al inversor ayudándolo a escoger las empresas en donde invertir, mientras que la segunda trata de comprender los fenómenos económicos y los procesos dentro de los cuales operan las empresas.

El método de la inversión en valor ofrece una serie de principios cuyo cumplimiento es indispensable para decidir invertir en una empresa, y la escuela austriaca de economía permite comprender el papel del empresario, así como los ciclos económicos y su impacto en los distintos sectores de la economía. Veamos cada una en más detalle.
La inversión en valor se rige por dos principios fundamentales: 1) sólo se debe comprar barato; es decir, no importa lo buena que sea una empresa: sería una pésima idea comprar acciones de ella si están caras; 2) las empresas objeto de consideración deben ser concienzudamente analizadas para verificar si históricamente han tenido buenos resultados y determinar si tienen la capacidad de mantener esa competitividad.
La inversión ideal incorpora estos dos factores. El precio barato ofrece un margen de seguridad, y conocer bien las empresas permite escoger a aquellas que probablemente serán capaces de aguantar el tipo durante una recesión y salir adelante sin causar pérdidas irreversibles a sus inversores. Por supuesto, pueden darse errores de estimación, pero el enfoque del margen de seguridad permite que el inversor evite las empresas caras, cuyo valor podría caer, aunque su situación financiera se mantuviese igual, solo porque las perspectivas de crecimiento no se cumplieron. En pocas palabras, cuida de que el inversor no se olvide del precio al que compra. A su vez, suponiendo que las estimaciones han sido bien hechas, el precio barato augura que, si sigue siendo exitosa y creciendo de manera sostenida, el mercado terminará por reconocer su valor y la acción subirá sustancialmente de precio. 
Naturalmente, surge la pregunta: ¿cómo identificar que algo está barato? Hay dos respuestas. La primera y más sencilla, pero menos común, pasa por encontrar una empresa que tenga activos cuyo valor esté siendo subestimado. Imaginemos una compañía sana cuya capitalización de mercado fuera de 1.000.000 de euros, que apenas tuviera deuda y que poseyera 2.000.000 de euros en efectivo. Si la citada compañía tuviese un millón de acciones y los títulos cotizaran a 1 euro, ello implicaría que por cada acción que se comprase... ¡se consiguiesen 2 euros! Es un ejemplo exagerado, pero situaciones más o menos similares no son inusuales. Esto es lo que pudiera denominarse el análisis estático, ya que no se interesa mucho de las expectativas a futuro. La inversión es buena porque, aunque la empresa quiebre, el inversor está muy protegido (aun así, probablemente le toque esperar bastante hasta que en el mercado el resto de los agentes reconozca el valor que hay en esa acción, que cuesta 1 euro pero tiene 2).
La segunda respuesta se encuentra en el rendimiento de la inversión. Imaginemos que podemos colocar 1.000 euros en un plazo fijo de un año con una tasa de interés del 5%. Al cabo de un año tendremos 1.050 euros. Ahora supongamos que esos 1.000 euros los podemos colocar en una empresa que nos podría rendir un 17% al año. Al cabo del año, la empresa ha convertido esos 1.000 euros en 1.170. Desde el punto de vista de la rentabilidad, es mejor colocar el dinero en la empresa, pero esto no es lo único que nos debe interesar. Para proceder, combinemos ambos ejemplos.
Pensemos en una empresa que casi no tiene deuda, con una capitalización de mercado de 1.000.000 de euros, una ganancia de 100.000 euros anuales (rentabilidad del 10%) y 250.000 euros en efectivo. Si las mil acciones de esa empresa se vendieran a 1.000 euros cada una (lo que daría un beneficio por acción de 100 euros), el inversor debería percatarse de que, con los 250 euros en efectivo que hay por cada acción, la empresa es capaz de generar 100 euros en ganancias sobre 750 euros de capital invertido, o sea, un 13,3% de rentabilidad (100 dividido entre 750).
Ahora supongamos que hay una segunda empresa, muy similar, cuya acción se encuentra en 2.000 euros. La empresa tiene mil acciones, lo que da una capitalización de mercado de 2.000.000 de euros. Gana unos 150.000 (150 por acción), lo que supone una rentabilidad de 7,5%, y tiene 350.000 euros en efectivo. Para entrar en la empresa se requiere invertir 2.000 euros, pero como hay 350 por acción en efectivo, en realidad el negocio está generando 150 euros de ganancia por cada 1.650, o una rentabilidad del 9,1% (150 dividido entre 1.650).
¿En qué empresa debe invertirse? A primera vista podía parecer que la segunda es una mejor inversión: un negocio igual de sano, más efectivo, un mayor beneficio neto y un mayor beneficio por acción. Pero el inversor en valor debe comprar la primera, porque la rentabilidad de la compañía es mayor; además de que el efectivo en ésta le da una protección mayor si las circunstancias se tornan sumamente adversas. Además, al precio actual, es la acción de la primera empresa la que ofrece más posibilidades de aumentar.
Suele decirse que invertir sólo en lo que el sector financiero llama renta variable es muy arriesgado. La realidad es que siguiendo este método se minimizan las posibilidades de pérdidas irreversibles porque se buscan protecciones y se amplifican las posibilidades de ganancia. Recordemos que las acciones representan la titularidad de los activos productivos de una empresa, por lo que se está invirtiendo en algo real siempre y cuando esté barato, evitando siempre las empresas que ya están razonablemente valoradas o sobrevaluadas.
Esto parece ser de sentido común, y sin embargo no es el método de inversión más popular. Las estrategias de inversión más frecuentes se basan en intentar predecir lo que hará el precio de una acción, y cuándo. Tanto el método de la inversión en valor como la escuela austriaca de economía consideran eso una actividad inútil. No es posible, científicamente, realizar predicciones de acontecimientos específicos (cuándo y cuánto) en el mundo económico. Lo más que se puede hacer es identificar patrones sobre la base de una serie de supuestos realistas. Por consiguiente, lo que sí se puede hacer es evaluar la trayectoria de una empresa, su situación presente y su capacidad para enfrentar las condiciones constantemente cambiantes y dinámicas del mercado. La predicción que se hace es respecto a la capacidad de la empresa de generar valor en el mercado atendiendo mejor que sus competidores las demandas de sus clientes y de mantener las ventajas competitivas, si es que las tuviese, y no sobre si en el próximo trimestre sus acciones subirán un 20%. Si se ha escogido correctamente, el éxito de la empresa traerá como resultado inevitable a largo plazo un alza sustancial y sostenido en el precio de la acción. Debe quedar claro que la decisión de inversión no se basa en el comportamiento histórico del precio de la acción, sino en la doble guía de comprar algo bueno sólo cuando está por debajo del precio que se estima razonable.
Esta es la parte dinámica del análisis, la más compleja y a la que toca dedicar la mayor parte del tiempo y el esfuerzo. Corresponde evaluar el desempeño histórico de la empresa, su equipo de administración, su estrategia de inversión de capital, su gestión financiera, sus competidores, las relaciones con sus clientes y proveedores, entre otros factores. Si tras realizar este análisis se considera que se ha encontrado una empresa que responde con agilidad y efectividad a las circunstancias variables del mercado –tanto en las operaciones del día a día como en la ejecución de estrategias a largo plazo–, y que cuenta con buenas ventajas competitivas y con un buen potencial para mantener estas capacidades, puede decirse que se ha encontrado una organización extraordinaria. Pero, nuevamente, la decisión de inversión no puede desligarse del precio de compra. Aun esta extraordinaria organización debe evitarse si su precio se encuentra por encima o cerca de lo que el inversor considera razonable porque no ofrece un margen de protección. Pero si se diera la circunstancia de poder invertir en una organización como ésta a un precio bajo, entonces el inversor puede esperar que al cabo de unos años –periodo durante el cual debe tener la paciencia y la disciplina emocional para ir contracorriente y aguantar los vaivenes del mercado– su capital invertido se multiplique.
El inversor en valor, cuando decide invertir en una empresa (o si está reevaluando una en la cual ya ha invertido), tiene que tener tal nivel de confianza en ella, que si la acción empieza a caer debe verlo como un motivo para la alegría, porque podría hacerse con una participación aún mayor en la misma. Recordemos: el inversor en valor sólo invierte pensando en el largo plazo. El precio de mañana poco importa, porque las circunstancias de una empresa no cambian de un día para otro. Por ello, si se ha seguido este método, no puede decirse que una caída en el precio de la acción signifique una pérdida para el inversor.
En el trasfondo de este análisis de cada empresa se encuentra la visión que provee la escuela austriaca de economía. Ambos enfoques coinciden en considerar que los fenómenos económicos son protagonizados por personas con libre albedrío, que no responden como autómatas, como pretende una ecuación matemática. No hay que olvidar el hecho de que las empresas son organizaciones creadas y gestionadas por personas que atienden a otras personas.
La economía analiza la manera en que los individuos se enfrentan a una realidad de recursos escasos. Se entiende que la acción de cada persona tiene un impacto sobre su entorno, y que por ello el actor está continuamente evaluando los cambios provocados por sus acciones y por las de los demás. Los individuos modificamos constantemente nuestras prioridades y nuestras percepciones sobre la utilidad de los medios disponibles. Esto es así porque cada uno es capaz de aprender del éxito y el error, o porque ha adquirido nuevos conocimientos, lo que posibilita actuar con mayor efectividad conforme se va ajustando el comportamiento.
El empresario surge en este contexto como alguien capaz de satisfacer con mayor eficiencia las necesidades de otras personas, logrando combinar mediante acuerdos voluntarios el trabajo, el ahorro del capitalista y los recursos naturales. Los empresarios (exitosos) hacen que el escaso capital sea invertido de la mejor manera posible; el mercado paulatinamente va eliminando a aquellos que lo hacen mal y recompensando a los que lo están haciendo bien. Aquí entra en juego el método de la inversión en valor, que busca identificar las empresas que mejor saben atender las demandas de sus clientes y que pueden mantener sus ventajas competitivas a un bajo precio.
La idea que hay que tener en mente es que no es el mayor riesgo lo que genera más ganancias, sino la capacidad de una empresa de ser eficiente en el uso de la mezcla de capital y trabajo para atender mejor que otros las demandas de los clientes o consumidores. De la misma manera, en lo relacionado con la inversión en valor no se trata de tomar más riesgos, sino de buscar empresas infravaloradas en el mercado que, tras un análisis detallado, ofrezcan un buen margen de seguridad y buenas posibilidades de revalorización.
Por último, cabe notar que la escuela austriaca de economía ha sido la única capaz de ofrecer un marco teórico que explique plenamente el proceso de gestación de la burbuja y la posterior e inevitable crisis financiera y económica. A los inversores en valor, la teoría austriaca les permitió alejarse muy temprano de los sectores financieros e inmobiliarios abocados al descalabro. Este es un claro ejemplo de la complementariedad entre ambas escuelas: una mejor comprensión de los fenómenos económicos permitió que los inversores evitaran ciertos sectores que parecían ofrecer enormes ganancias y cuyos riesgos parecían inexistentes para la mayoría en el mercado. Al hacerlo, los inversores tuvieron que hacer uso de dos cualidades imprescindibles: paciencia y disciplina emocional.
(*) Diego E. Quijano Durán. Artículo publicado por Ricardo Valenzuela en "Narconomics" el 25 de Junio de 2012.

Sin asalariados no hay Estado

Por Tomás Bulat (*) 
En estos días agitados, el impuesto a las ganancias que pagan los asalariados se ha convertido en el centro de la polémica. Pero esta discusión es sólo la punta del iceberg, porque si vemos bien los números de la recaudación fiscal, se puede observar que el principal ingreso al fisco es el que proviene de los salarios.

El impuestazo

La recaudación desde enero hasta mayo del 2012, último dato disponible, fue de 258.952 millones de pesos, que se distribuyen de la siguiente manera:
 En el cuadro se observa cómo el 90% de la recaudación se explica con tan sólo 5 items. El orden de importancia a primera vista es el siguiente: el impuesto más relevante es el IVA con 72.306 millones; mientras que el segundo son las retenciones al salario (aportes, contribuciones, más otros ingresos de la seguridad social) que suman 69.061 millones, tan sólo 3.000 millones menos que el IVA.

Es decir que los denominados costos salariales son de una importancia extrema en la recaudación fiscal. El tercer impuesto en importancia es Ganancias, que recauda 48.472 millones, dentro de los cuales hay que incluir a la famosa cuarta categoría, es decir, lo que se les retiene a los trabajadores. Según cálculos de la consultora CIFRA, en el 2010 se recaudaron 10.422 millones. Dado que desde el 2010 hasta el 2012 la recaudación subió más de un 50%, puede estimarse de manera conservadora que este año se recaudarían cerca de 15.000 millones. Es decir que hasta mayo, como mínimo, la cuarta categoría aportó unos 5.000 millones de pesos. Si se suman los 69.061 millones de las retenciones a los asalariados más los 5.000 millones de ganancias de la cuarta categoría, el total alcanza los 74.000 millones, es decir, una cifra aun mayor al IVA.


Por lo tanto, el salario es hoy el principal sostén de los recursos fiscales. Las provincias tiemblan. En el mismo cuadro se puede observar que no sólo los recursos vinculados al salario son cada vez más importantes, sino que además su tasa de crecimiento anual (32,1%) es más alta que la del IVA (22,8) y la de Ganancias (19,1%).


La gran diferencia entre ambos es que las retenciones al salario van a la ANSES y no se coparticipan, mientras que ganancias e IVA van en parte a las provincias. Es por esto que las provincias no están interesadas en subir el mínimo no imponible, porque eso afectaría fuertemente sus ingresos.


De hecho, las provincias recibirían alrededor de 1.500 millones de pesos menos si se ajustara un 20% el mínimo no imponible. Para mostrar con más fuerza aún esta tendencia, considerando la recaudación de mayo, puede observarse que Ganancias DGI subió sólo un 6,5% comparado con mayo del 2011.


Este crecimiento es explicado en su mayor parte por el incremento en la recaudación de la cuarta categoría.


Salarios vs Impuestos

Los datos muestran con gran contundencia la dependencia que tiene la recaudación fiscal del salario y del nivel de empleo. Sería muy difícil para el Gobierno renunciar a la recaudación de los asalariados. Pero hay que mirar con mucho cuidado los próximos meses porque a medida que la economía se estanca (y, en consecuencia, las pymes y pequeños negocios empiezan a tener problemas financieros) pagan primero los sueldos y después, si pueden, los aportes correspondientes. Que, como pudo verse, son ya una pesada carga.

(*) Tomás Bulat es economista, periodista  y docente universitario. Artículo publicado por InfoBae y por Chacomundo el 25 de Junio de 2012.

Impuesto a las ganancias: es la historia de las rebeliones fiscales

Por Roberto Cachanosky (*)
¿Por qué el gobierno de Cristina Kirchner no actualiza el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias? Necesitan caja desesperadamente y no les importa financiarse sobre el sueldo de los trabajadores y las utilidades empresarias. Claves para entender cómo funciona este impuesto. 

El lío en el que está metido en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con el tema del Impuesto a las Ganancias es casi de manual de Historia. ¿Quién no conoce la historia del Motín del Té que tuvo lugar en Boston en 1773, cuando los colonos tiraron todo un cargamento de té al mar por el nuevo impuesto que había establecido Inglaterra, dando lugar a la guerra de la independencia americana? En rigor este impuesto tiene el antecedente de la Stamp Act (1765) y las Townshend Acts (1767) que imponía nuevos impuestos a los colonos sin consultarlos. 

La Revolución Francesa tuvo, entre otros motivos, la aplicación de altos impuestos que no alcanzaba a ciertos sectores de la nobleza, del clero y otros sectores. La causa de esta presión tributaria tenía que ver con los gastos bélicos que tuvo Francia al apoyar a los colonos americanos en su lucha por la independencia. Es más, cuando se produjo la revolución, varios edificios del ente recaudador fueron incendiados por los revolucionarios franceses.
La Carta Magna que los barones le impusieron al rey Juan Sin Tierra también incluye límites a la aplicación de impuestos, además de justicia en el tratamiento que el rey le daba a sus súbditos. 

Charles Adams publicó un interesante libro sobre la historia de las rebeliones fiscales titulado For Good and Evil, The Impact of Taxes on the course of civilization (Madison Books). En ese libro, Adams analiza la historia de las rebeliones fiscales desde el antiguo Egipto, pasando por la Edad Media, Rusia, Suiza, España, Alemania y, obviamente, Inglaterra y EE.UU. Cualquiera que lea ese texto puede advertir cómo los pueblos se rebelan cuando son expoliados impositivamente.

[ Nota relacionada: Giotto y la rebelión fiscal ]

Esta introducción tiene que ver con lo que estamos viviendo hoy en Argentina, siendo Hugo Moyano el que, curiosamente, se levanta contra el Gobierno por la presión impositiva del impuesto a las ganancias. ¿Por qué curiosamente? Porque Moyano fue aliado de este gobierno, al igual que muchos otros personajes que fueron quedando en el camino, y de ser aliados pasaron a ser acérrimos enemigos para el Gobierno.
Lo cierto es que, en su voracidad fiscal, el Gobierno viene liquidando a la gente con el impuesto a las ganancias, tanto a la gente que trabaja en relación de dependencia como a las empresas y a los independientes.

¿Qué mecanismos usa el Gobierno para aumentar el impuesto a las ganancias? El sistema es complejo, pero voy a tratar de simplificarlo.
Supongamos que, de acuerdo a este impuesto, un trabajador en relación de dependencia, casado y con hijos, no pagaba ganancias si ganaba $ 3.000 mensuales. Como la inflación llevó al ajuste de salarios, que por cierto, vinieron subiendo por arriba del 30% anual en estos últimos años, ese trabajador que ganaba $ 3000 pasó a ganar, digamos, $ 6000. El impuesto a las ganancias determina que hasta cierto monto no se paga impuesto y a partir de ese monto comienza a pagarse a una tasa progresiva. Supongamos que el mínimo no imponible era de 4500 pesos para ese trabajador casado y con hijos. Como el Estado prácticamente no ha modificado el mínimo no imponible (los $ 4.500), ese trabajador empezó a pagar ganancias cuando, por los aumentos de salarios, superó esa el mínimo no imponible. Así, cuanto más gana, más impuestos paga. 

Decía antes que la tasa del impuesto es progresiva, esto quiere decir que si alguien gana un 10% más puede pagar, por ejemplo, un 15% más de impuesto a las ganancias. Es decir, no es que si gana un 10% paga un 10% más de impuesto, sino que puede pagar el 15%. Por eso es progresivo el impuesto. 

Como los aumentos de salarios estuvieron superando ampliamente la inflación real y el mínimo imponible casi no se ajustó, muchas personas en relación de dependencia empezaron a pagar cada vez más impuesto a las ganancias, con lo cual el aumento de salarios conseguido se licúa en parte con el pago de este impuesto.

Pero ojo que no solo los que trabajan en relación de dependencia tienen este problema. Las empresas y los trabajadores independientes también sufren la mayor carga impositiva del impuesto a las ganancias. 

Por ejemplo, una empresa compra una mercadería a 10 pesos y a los 6 meses la vende a 15 por efecto de la inflación. Supongamos que reponer la mercadería le cuesta 13 pesos. Para el Estado esa empresa no ganó 2 pesos, ganó 5 y, por lo tanto, le cobra el impuesto a las ganancias sobre 3 pesos que no son utilidades. Le aplica el impuesto a las ganancias sobre utilidades que no existen o si se prefiere, le cobra el impuesto a las ganancias sobre el costo de reposición de la mercadería, con lo cual le cobra ganancias sobre su capital de trabajo. 

Con los profesionales independientes pasa lo mismo. Lo que pueden deducir del Impuesto a las Ganancias es nada. Es más, y esto supera al problema actual, un profesional que dedica horas de trabajo a estudiar para luego entregar su trabajo no puede deducir esas horas de trabajo del impuesto a las ganancias. Para el Estado el trabajo intelectual no es un costo y, por lo tanto, el impuesto a las ganancias se transforma casi en un impuesto a los ingresos brutos.
Doy mi caso de economista independiente. Para escribir un informe o dar una conferencia tengo que buscar datos, elaborarlos, analizarlos, leer libros y diarios, etc. 

Ese trabajo, para la AFIP, no es un costo. Lo único que considera como costo es el precio del libro o del diario, pero no el trabajo de estudiar y elaborar. Es como si un economista se sentara a escribir un informe y todo el tiempo que estuvo buscando datos, armando series estadísticas y analizándolas no fuera un costo de producción. Los economistas solo nos sentamos y escribimos lo primero que se nos pasa por la cabeza, y por lo tanto lo que cobramos por nuestro servicio es pura ganancia sin costo de producción. 

Para quienes redactaron la ley del Impuesto a las Ganancias y para la AFIP que es quien la reglamenta, el trabajo intelectual no es un costo. Si alguien fabrica chorizos, la AFIP considera como costos de producción la carne, la tripa y el hilo, costos que se deducen del precio para determinar la ganancia que obtiene el fabricante de chorizos. No ocurre lo mismo con los profesionales. El buscar datos, elaborarlos y analizarlos —que serían el equivalente a la carne, la tripa y el hilo del chorizo— no es un costo de producción. Un disparate conceptual. 

De todo lo anterior se desprende que no son solamente los empleados en relación de dependencia quienes sufren con el Impuesto a las Ganancias, sino que también las empresas y los profesionales independientes lo padecen, y yo diría que hasta con mayor intensidad. 

Para ir terminado con el tema de los empleados en relación de dependencia, los independientes y las empresas, hago un solo comentario más. ¿Por qué todos los legisladores de la oposición y el periodismo sostienen que están de acuerdo con que se suba el mínimo no imponible de Ganancias para los empleados en relación de dependencia pero no dicen nada de los independientes y las empresas? ¿Acaso somos ciudadanos de segunda los independientes y las empresas al momento de pagar el impuesto a las ganancias o la posición de los políticos opositores y periodistas es pura demagogia? 

Muchos de mis colegas economistas dicen que el problema del Impuesto a las Ganancias está en la inflación. Sin duda que la inflación es un problema, pero si se indexara el mínimo no imponible por la inflación verdadera y se permitiera indexar los balances y se corrigiera la ley para el caso de los profesionales independientes, el problema se atenuaría bastante. El punto es que el Gobierno sabe que está aplicando el impuesto a las ganancias sobre utilidades que no existen y sobre la indexación de los salarios. Tanto lo sabe que lo hace deliberadamente para recaudar más y así financiar su política populista. Por eso el problema no es solo la inflación en esto del impuesto a las ganancias, sino un nivel de gasto público que hoy solo es financiable expoliando a la gente. En consecuencia va a ser difícil que el Gobierno ceda fácilmente en esto de elevar el mínimo no imponible. Porque necesita desesperadamente caja. Si cede, no solo pierde políticamente, sino que pierde parte de la caja que necesita para su populismo. 

Así como siglos atrás los reyes enfrentaban rebeliones fiscales por la alta carga impositiva que tenían que aplicarle a los súbditos para financiar sus guerras de conquistas y vidas opulentas, hoy sucede lo mismo. La diferencia es que en vez de financiar guerras de conquistas, hoy hay que financiar un gasto público aplastante fruto del populismo imperante. Pero el dato común es que estamos asistiendo a una rebelión fiscal. Ya pasó en el 2008 y ahora de nuevo. 

Si en el Gobierno leyeran la historia de las rebeliones fiscales, empezarían a poner las barbas en remojo porque llega un punto en el que la gente se harta de trabajar para el Estado y, encima, no recibir nada a cambio por los impuestos que paga.

(*) Roberto Cachanosky. Lic. en economía (UCA, 1980). Consultor económico y Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 27 de Junio en la Edición Nº 423.


Impuestos, la argucia que se afianza

Por Alberto Medina Méndez (*)
Cierta forma de ver las cosas se ha incorporado a la forma de pensar de muchos con excesiva naturalidad. De tanto escucharlo, y hasta de repetirlo, se aceptan demasiadas falacias, como verdades que no admiten discusión.

Literalmente la palabra “impuesto” significa obligado, exigido, forzoso. Es excesivamente claro. Es algo que ocurre contra toda voluntad, que se impone y que  se concreta cuando el que cobra ( el Estado ) hace uso de la fuerza de la ley para conseguirlo.

Vaya concepto de armonía social, consenso y acuerdo cívico. Sin embargo su aceptación como obligación ciudadana, en el discurso cotidiano de los más, es “demasiado” habitual.

Cabe recordar que el impuesto, en un sentido práctico, es esa parte del fruto del esfuerzo individual, del sacrificio personal, que el Estado detrae coercitivamente, haciendo uso del monopolio de la fuerza que detenta.

El discurso político que endiosa al impuesto, que lo coloca como algo bueno, positivo, moralmente correcto, se ha instalado definitivamente. Nadie se detiene mucho en señalar que en realidad, los instigadores de esta visión, son los mismos que finalmente amparados en su alegato ideológico, se aprovechan convenientemente de esos recursos económicos. La política, los burócratas y el socialismo como ideología madre, se ocupan de fortalecer esta mirada. Es la que les permite darle cierta legitimidad al saqueo, revestirla de un manto de piedad a lo que claramente es el método más habitual para esquilmar a los más, para quitarle a cada individuo el resultado de su talento, el fruto de su habilidad, para finalmente manejar fondos de modo discrecional, sin consulta previa.

Tanto han trabajado esta forma de percibir la realidad, que han conseguido que mucha gente repita con absoluta convicción,  aquello de que un buen ciudadano “debe” pagar sus impuestos. La lógica planteada es tan perversa que instala la idea de que el saqueado debe avalar el atraco por una cuestión de orden moral, es decir debe producir, trabajar para todos, aceptar ser esquilmado y luego aplaudir a quienes lo saquean por aquello del altruismo y la solidaridad. Claramente al límite del ridículo.

Nunca más apropiada aquella archiconocida comparación que dice que cuando el que te roba lo que has generado con tanto esfuerzo es un particular a eso le llaman robo, y que cuando el que te quita lo tuyo es el Estado, solo le cabe el nombre de “impuesto”.

Queda claro que, para quienes creen que el Estado es una necesidad de este tiempo, este debe brindar seguridad, justicia y ocuparse de las relaciones internacionales. Inclusive para los mas también debe hacer lo propio con la educación y la salud, por solo citar algunas de las cuestiones que el estado del bienestar moderno contempla. Todo eso hay que financiarlo de algún modo.

En ese esquema, por detestable que sea, parece que no se disponen de más alternativas que aceptar mansamente la existencia de impuestos que permitan sostener esas supuestas tareas que despliega la utopía estatal.

Pero aun asumiendo, a regañadientes, que esta tendencia resulta inevitable, pues entonces habría que decidir qué tipo de impuestos se deben implementar y cual su nivel de razonabilidad, lo que constituye una discusión difícil y un arte complejo de articular con alguna inteligencia.

La prudencia debería orientar a establecer “pocos” impuestos, de la menor cuantía posible y cuyo impacto sea mínimamente distorsivo, sin dejar de entender previamente que no existe tal cosa como un impuesto sin consecuencias indeseadas.

Un debate casi interminable se ha instalado respecto de que resulta mejor si fijar impuestos al consumo, a las ventas, a la rentabilidad, a la tierra, a la riqueza, a la propiedad o a esa lista ingeniosamente interminable de criterios que siempre parece reproducirse.

Es que la creatividad de los que esquilman a todos, es realmente inagotable. Cabe decir que, en realidad, no precisan considerar estos parámetros, sino todos ellos y al mismo tiempo, además de que siempre terminarán priorizando simplemente aquellos que resultan más fáciles de recaudar y más complicado eludir para los saqueados.

A los recaudadores solo les interesa disponer de recursos para sus aventuras políticas y sus fantasías de ayudar a la sociedad con dinero ajeno, esas que les permiten alimentar sus ensayos electorales y ambiciones personales.

El creciente gasto público, esa tendencia mundial por la cual los Estados intentan gastar más de lo que disponen, los ha llevado a recorrer con mucha inventiva, aunque sin tratarse de algo novedoso, este nuevo capítulo de los impuestos al trabajo.

Pero se han metido en un verdadero brete, sus discursos políticamente correctos empiezan a entrar en contradicción. Su retorica sobre la “clase” trabajadora y los impuestos como obligación ciudadana se contraponen y entran en franca colisión. Son prisioneros de sus falsas ideas. Sus mentiras finalmente los ponen en un dilema. Gastan irresponsablemente los dineros ajenos. Nos endeudan, emiten dinero exponiéndonos a la perversa inflación que lastima con más dureza a los que ellos dicen defender y ahora, a su interminable batería de impuestos, tributos y tasas, se agrega la profundización del impuesto al trabajo.

No tienen principios, ni escrúpulos, tampoco son coherentes. La evidencia dice que no han necesitado esa consistencia, al menos hasta aquí. Cuando se trata de generar “caja” para ellos todo vale. Las justificaciones se acomodan, las ideologías se ajustan y los argumentos se inventan. Lo importante es que la fiesta siga, a cualquier precio. Nunca faltan ciudadanos funcionales a esta estrategia. Lamentablemente vivimos tiempos en los que las falacias están a la orden del día. Esta vez sería, los impuestos, la argucia que se afianza.

(*) Alberto Medina Méndez

Fuente: Comunicación personal del autor.

martes, 26 de junio de 2012

Nunca es triste la verdad: Cuando Moreno habla, cruje hasta el relato

Por Jorge Fernández Díaz (*)
Confieso que siento una malsana curiosidad por las andanzas de Guillermo Moreno. A veces me parece incluso un personaje tragicómico surgido de las novelas de Osvaldo Soriano, una parodia de la política pajuerana que vive en un micromundo donde juega absurdamente a ser emperador de las cuentas públicas y fracasa.

El argumento de esa narración trataría sobre un hombre pequeño, honesto, autoritario y proclive al fanatismo que, a la manera del Don Quijote con las historias de caballería, un día se vuelve loco leyendo informes de la Cepal, cree que puede manejar la macroeconomía de un país subdesarrollado, convence de eso a los monarcas y realiza una serie de graciosos estropicios.

Lo interesante de la trama literaria estaría en el grado de genuflexión que conseguiría entre los empresarios nacionales y extranjeros. Que aguantarían sus amenazas, festejarían sus diatribas y sus chistes violentos, y luego le mendigarían un mendrugo.


No puedo sentir, como se ve, mucha piedad por esos hombres de negocios. En el libro Belgrano , que recién publicó el presidente de la Academia Nacional de Historia, se rescata una frase del prócer. "El comerciante -se quejaba Manuel Belgrano en 1809- no conoce más patria, ni más rey, ni más religión que su interés propio. Cuando trabaja, sea bajo el aspecto que lo presente, no tiene otro objeto, ni otra mira que aquel interés." Quiero decir con esto que las humillaciones que Moreno dedica a los empresarios y ejecutivos me caen mal, pero la actitud de las víctimas me parece aberrante.


Tampoco estoy seguro de que, desprovistos de "verdugueos", los cuidados proteccionistas en medio de una crisis global carezcan de cierta lógica. Hace poco un embajador de una potencia me preguntó: "¿Por qué se escandalizan tanto con Moreno? Nosotros no maltratamos a las personas, somos más cuidadosos, pero en el fondo hacemos lo mismo, y mucho más".


Moreno se gana definitivamente mi atención cuando habla. Y cuando dice lo que nadie se atreve en el mundo kirchnerista. Un ejemplo de esta inefable prosa oral fue aquella descripción de los cuatro grupos diferenciados que operan dentro del Gobierno: "El primero somos nosotros, los nacionalistas que llevamos el proyecto a fondo -se le oyó decir-. En segundo lugar están los desarrollistas, como De Vido o Marcó del Pont, con los que coincidimos, pero que son timoratos y se quedan en formalismos. El tercer grupo es el de los desfachatados, como Boudou, que hacen lo mismo que en los 90: acercarse al peronismo por los cargos y los negocios. Al final están los chicos de La Cámpora, que no sirven para nada".


También leí con cierto placer la transcripción completa de su discurso del viernes 15 de junio en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Más allá de reivindicar las bondades de dirigir un sistema económico con la cultura de un almacén, su argumentación a favor del modelo no dejó de tener consistencia. Incluso se permitió hablar finalmente de la inflación, que él adultera todos los días a través del Indec. Los militantes que lo escuchaban lo aplaudieron, sin embargo, por una descripción que paradójicamente desaira a los cráneos del relato. ¿Cómo describe Moreno a la era menemista? De esta manera: en los 90 a la gente le alcanzaba únicamente para comprar comida y por eso estaba triste. ¿Cómo describe a la Alianza? A la gente no le alcanzaba ni siquiera para comprar comida. Y finalmente, ¿cómo es el kirchnerismo? A la gente, del salario le sobra "un mango", y entonces "va al cine, de vacaciones, cambia el zapato y está feliz".


Esa última definición, pronunciada por el mismísimo guardián del modelo, despeja la espuma y deja al desnudo el hueso pelado. Moreno vende muchas cosas, pero esta vez no vende buzones. El kirchnerismo, módicamente, consiste en lograr que al trabajador le sobre un peso y que lo vuelque al consumo, y que eso le traiga satisfacción. No está nada mal el objetivo, sólo que sabe a poco si uno lo compara con la grandilocuente revolución nacional y popular que resuena día y noche, la épica machacona que cambió la historia, las epifanías y orgasmos ideológicos que producen los intelectuales orgánicos del Estado kirchnerista. Pensaba en esa abismal distancia entre la realidad concreta y los delirios de grandeza esta misma semana cuando caminaba por Buenos Aires y veía cada cincuenta metros un afiche partidario que mostraba al general Belgrano en pie de igualdad con Néstor y Cristina Kirchner. Lo extraño no es que los propagandistas del poder promuevan el disparate. Lo extraño es que gente inteligente lo crea.


Algo del orden de lo psicológico opera en esta construcción megalómana de epopeyas imaginarias que, en realidad, se sostienen sobre cimientos tal vez positivos pero infinitamente más modestos. Cuando Moreno habla expone brutalmente lo que este gobierno es de verdad. El relato cultural queda convertido así en hojarasca patológica.


Aunque cuando no es el inconsciente quien mueve sus labios, el secretario de Comercio cae también en sus propias hipérboles. De lo contrario no sería, como es, un personaje de Soriano. Tal vez en los epílogos de esa hipotética novela, Osvaldo mostraría a un Moreno anciano e insomne, mirando sus ya inofensivos guantes de box y engañándose a sí mismo: "La patria era yo, cómo les daba caña a los poderosos". Y abriendo luego la ventana para ver el sol que asoma: "Hoy va a ser otro día peronista".

(*) Jorge Fernández Díaz. Artículo publicado en La Nación y en Chacomundo el 24 de Junio de 2012.

Fuente: http://chacomundo.blogspot.com.ar/2012/06/nunca-es-triste-la-verdad-cuando-moreno.html

El límite de la realidad

Por Alfredo Leuco (*)
En la histórica Plaza de Mayo suelen parirse los nuevos escenarios políticos. El miércoles, ese territorio de las asambleas populares puede dar a luz el poskirchnerismo. La postal emblemática será una movilización de más de 100 mil personas de carácter pluralista en lo político y policlasista en lo social, encabezada por la CGT y con reclamos en los afiches que hasta La Cámpora comparte: “No a la criminalización de la protesta, no al impuesto al trabajo y asignaciones familiares para todos”.

Hugo Moyano desde la calle y Jorge Lanata desde la pantalla con más de dos millones de telemilitantes, abrieron la primera grieta en el blindaje cristinista. Y por ese hueco se filtraron todas las quejas. Con distintas magnitudes y grados de compromiso, van a compartir la masividad de la protesta trabajadores peronistas de tres centrales sindicales distintas, señoras caceroleras y estudiantes de la clase media independiente, grupos de radicales, socialistas y macristas, junto a movimientos de desocupados de la izquierda clasista o pequeños campesinos de la Federación Agraria. Cada uno tendrá su pancarta con su propio reclamo. Pero hay algo que los unifica: están hartos de que les hagan sentir que no existen, que son un mero invento de los medios hegemónicos.

Este es el tamaño del cambio. Ni el más opositor al Gobierno hubiera imaginado hace poco que dos de los tres pilares sobre los que se edificó el modelo oficialista iban a ser empujados a la vereda de enfrente, como hizo Cristina con Daniel Scioli y Moyano. Y lo más incomprensible es que no lo hizo por cuestiones ideológicas o económicas, sino por un capricho de Estado que tiene dos negaciones obsesivas: la inflación y el diálogo. Por eso la Presidenta se debilitó tanto en tan poco tiempo. No se puede administrar un país desde el fanatismo sectario que tiene una única respuesta a todos los problemas: la culpa es de Magnetto.


Mientras el teniente coronel Sergio Berni jugaba a Rambo (Pablo Moyano, dixit) y con discurso castrense hablaba de operativo de pinzas y de distracción, se produjo algo inquietante que no debe quedar afuera de ningún análisis. Por primera vez en forma masiva, la Presidenta fue insultada groseramente. Y los que cruzaron ese límite de la investidura no fueron derechistas destituyentes de Barrio Norte. Fueron morochos y proletarios que, casi en su totalidad, la habían votado.


La ostentación de fragilidad que hizo el Gobierno fue patética. Le ordenaron a Scioli que agrediera verbalmente a Moyano, como una prueba más (y van…) de lealtad. El gobernador apenas hizo un llamado “a la responsabilidad”. Se les exigió a los gobernadores que cruzaran con contundencia y desprecio a Scioli y sólo José Luis Gioja hizo declaraciones pero contra la caza de brujas. Conclusión: el que disciplina con fondos frescos pierde su principal instrumento de conducción cuando esa caja se acaba. Pronto se escucharán las voces críticas de intendentes que tienen paralizadas las obras públicas por falta de pago y suspensiones de trabajadores en varios sectores.


Hay una desproporción muy grande en los niveles de representatividad entre los que Cristina quiere pasar a retiro y los reemplazantes que elige. Las distancias entre Mariotto y Scioli o entre Antonio Caló y Moyano son siderales. Y encima la Presidenta está tan encerrada sobre sí misma que tampoco les da instrumentos ni satisfacciones a aquellos que están dispuestos a poner la cara por ella. Ni el fiel gobernador entrerriano, Sergio Urribarri, recibió ayuda para afrontar el rojo de sus cuentas.


El propio Gerardo Martínez, de la Uocra, le confesó a un empresario que no sabían para qué lado disparar porque no tenían interlocutores ni órdenes claras. El Gobierno tiene mucho poder pero ya no puede hacer cualquier cosa. Las abortadas candidaturas de Daniel Reposo y la de un asesino del idioma castellano para dirigir los ex medios de Hadad, muestra la poca eficiencia de sus padrinos: Amado Boudou y Juan Manuel Abal Medina, respectivamente. El kirchnerismo bobo le complica la vida a Cristina cuando más ayuda necesita.


Con respeto institucional y responsabilidad hay que decir las cosas como son para que nadie se haga el distraído. La Presidenta exhibe con frecuencia su inestabilidad emocional. No hay que cargar las tintas sobre ella. Pero ocultar los problemas no sirve para solucionarlos. Es una mujer inteligente que viene sufriendo demasiado. No sólo por la muerte de su mentor, esposo y jefe político. También porque la medicación para afrontar la falta de tiroides la hace pasar de ciclos de alta a baja tensión y por momentos la inflamación de su rostro (como se vio cuando repudió el golpe de Estado en Paraguay) la pone de muy mal humor.


Sus hijos son un dolor de cabeza. Ya es vox populi que la internación de Máximo Kirchner fue por motivos más preocupantes que los de una rodilla infectada y que la relación con su madre está sembrada de fuertes discusiones. Florencia, la hija, bajó a cero su perfil. No encuentra su lugar y tuvo que viajar a España, en pleno conflicto con Repsol, para despejarse un poco y quedar al cuidado del embajador Carlos Bettini por pedido de Cristina. Increíblemente, en forma simultánea, Bettini era sometido a una operación de desgaste por los servicios K que lo acusaban de complicidad con los españoles.


Hay una sola jefa, pero por momentos parece que no hay ninguna. Tanto Scioli como Moyano ofrecieron cien pruebas de que estaban dispuestos a conversar todo y de que no querían sacar los pies del plato. Pero fue tanto el bombardeo que se desató sobre ellos que se vieron obligados a tomar más distancia de la que les hubiera gustado. Moyano le confesó a un amigo de la UIA: “Quieren convertirme en Zanola pero yo voy a ser Walesa”. El electricista polaco fundó los sindicatos Solidaridad, ayudado por la Iglesia y contra el bloque soviético, y llegó a ser presidente de su país y hasta Nobel de la Paz. Más allá de la exageración o de la expresión de deseo, Moyano no quiere ir preso y mucho menos si se lo acusa de maniobras en las que Néstor Kirchner estuvo involucrado.


Pregunta final para negadores seriales y “progresimios”, término inventado por el ferozmente intimidado Julio Piumato: ¿los conflictos y reclamos hacia Cristina terminan el miércoles o recién comienzan? El relato encontró el límite de la realidad.

(*) Alfredo Leuco es periodista y analista político. Artículo publicado por el diario "Perfil" y por "Chacomundo" el 24 de Junio de 2012.

Fuente: http://chacomundo.blogspot.com.ar/2012/06/el-limite-de-la-realidad-por-alfredo.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+Chacomundo2011+%28ChacoMundo+2011%29

Amargo Tereré

Por Enrique G. Avogadro (*)
“Si quieres hacer la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos”. Moshé Dayam

La destitución del, ahora, ex Presidente Lugo por el Congreso de la República del Paraguay, más allá de la velocidad impresa al trámite legislativo –idéntica a la que usa el oficialismo aquí para aprobar, en trámites express, todos los proyectos del Ejecutivo- ha sembrado una profunda inquietud en las pseudo democracias, todas ellas delegativas, de América del Sur. Los gobiernos de Venezuela, Ecuador y la Argentina, acompañados por una declaración retórica de Brasil, vieron como se afeitaban las barbas de su vecino y correligionario, y pusieron las propias a remojar.
Porque, a despecho de la intencionalidad política de quienes dicen encarnar proyectos similares al “socialismo del siglo XXI” del decrépito papagayo caribeño, en el Paraguay no hubo “golpe” alguno sino que, muy por el contrario, fueron las propias instituciones de la Constitución las que pusieron fin a una aventura encarnada por un solo hombre, sin partido y sin apoyo. Como sucediera en Honduras, donde el Presidente fue destituido por desobedecer una sentencia de la Corte Suprema de su país, que inmediatamente fue castigado con el aislamiento por estos mismos “neo-ofendidos”. Para curarse en salud, recordemos, el inefable Correa “vendió” (y sus hipócritas colegas “compraron”) como golpe de Estado una mera huelga policial en reclamo por mejoras salariales, y consiguió que sus pares activaran las cláusulas regionales de protección a la democracia.
Porque lo que vimos esta semana en Asunción es, tal vez, la reacción civilizada y constitucional de los pueblos de América ante los desmanejos de quienes, mesiánicamente, se sienten dueños y señores de sus destinos. En un mundo globalizado, que no tolera ya los golpes militares, parece haberse encontrado un nuevo camino, y los que enarbolan sus mayorías electorales para usufructuar del poder lo saben. El refrescante tereré puede expandir sus efectos y eso, claro, les preocupa sobremanera.
Si las informaciones de que dispongo son verídicas, doña Cristina se habrá convertido, una vez más, en el hazmerreír internacional: con bombos y platillos, el Gobierno anunció el retiro de su Embajador en Asunción, Rafael Romá; sin embargo, mis amigos paraguayos me dicen que éste se había despedido, con un gran cocktail y muchos agasajos, hace ya dos meses, y que la representación diplomática está, desde entonces, a cargo de un encargado de negocios. ¿Ese personaje notable, don ex Twitterman, no habrá tenido ocasión de informar a doña Cristina ese “pequeño” detalle?
En la Argentina, por otras vías y diferentes razones, también parecen haberse activado mecanismos nuevos, que señalan que se están juntando, en la vereda de la protesta, actores de todos los géneros. Viejos aliados del kirchnerismo prebendario, organizaciones sociales excluidas del calor de las billeteras gubernamentales, partidos políticos cuyas cúpulas han dejado de interpretar a sus afiliados, sindicalistas expulsados de los despachos oficiales, nuevas conducciones combativas de gremios tradicionales,  honestos ciudadanos que ven como la inflación destruye sus ingresos, individuos hartos de la prepotencia oficial, víctimas de la creciente inseguridad, chacareros cansados del permanente expolio, recientes descubridores de la corrupción oficial, gente indignada ante el ejercicio de la Presidencia por un notorio delincuente, peronistas de la vieja guardia desconformes con sus juveniles reemplazos, gobernadores e intendentes con las arcas vacías por la voracidad de la Casa Rosada, industriales con problemas de importación y exportación, ahorristas esquilmados y limitados por medidas que desconocen, y simples hombres y mujeres de la calle repugnados hasta por el innecesario y obsceno gasto en el traslado del hijo presidencial, convergen con los renacidos “caceroleros” para generar un ruido político que no se oía en el país desde hace años.
 El 31 de octubre de 2010, en una nota a la que titulé “Muchos muertos en uno”, inserté dos párrafos que, a la luz de la agitada semana que hemos vivido y de lo que promete la próxima, resultan casi proféticos: “Porque lo cierto es que, esa mañana, en el Calafate, murieron muchas personas a la vez: el marido de doña Cristina, el jefe político de la Presidente, el padre de Máximo, el Presidente del PJ oficial, el verdadero ministro de economía, el real presidente del Banco Central, el Secretario General de UNASUR, el conductor de la diplomacia nacional, el dueño de los negocios non sanctos, el jefe de los testaferros, el árbitro equilibrista entre tantos sectores con fuerzas contradictorias y enemistadas” y “Pero, como dije, lo que hoy más me preocupa es el reemplazo en la administración de los conflictos entre las distintas alas del kirchnerismo que, con toda lógica política, comenzarán a disputarse los espacios de poder, y de dinero, a partir de mañana mismo”.
Desde la muerte de don Néstor (q.e.p.d.), la señora Presidente ha perdido esa capacidad de arbitrar y componer con que su marido dotaba al Gobierno. E inició una purga, a la que se puede calificar sin pudor como “stalinista”, para desprenderse de quienes fueran los principales adláteres de Kirchner. Así, pasaron a llorar más sentidamente ese fallecimiento personajes tales como don Alberto Fernández, don Rudy Ulloa Igor, don Hugo Moyano, don Julio de Vido, don Ricardo Jaime, don Claudio Cirigliano, don Enrique Eskenazi, don Anímal Fernández, y muchos otros ahora ex amigos del poder o, directamente, testaferros y socios de éste. Doña Cristina ha optado por encerrarse en un círculo cada vez más pequeño, que comanda el Chino Zanini, desde el cual las órdenes bajan hacia los radios que emergen del núcleo central de esa rueda.
El sobrenombre de quien está detrás del trono no es gratuito. Ha abrevado en el maoísmo, y pretende reproducir aquí lo que los líderes chinos han logrado allá: una nueva forma de capitalismo, conducido y digitado por quienes disponen del poder político irrestricto que el Partido Comunista ha conservado y engrandecido en los últimos años. Sin embargo, el fracaso económico, producto de la torpeza y de la ignorancia de los llamados a “profundizar” el modelo, hará que todos sus esfuerzos terminen en la nada, si nos olvidamos del enorme costo que habrá implicado esa tentativa para el país.
Porque, convengamos, la peor herencia del cristi-kirchnerismo será la multitud de pobres –casi el 20% de la población de la Argentina- que, literalmente, comen todos los días con los diferentes subsidios que este Estado clientelista les entrega y que ya resultan impagables. ¿Cómo y qué hará el sucesor de la Presidente para desactivar esa bomba de tiempo que, irremediablemente, amenazará con estallar en forma inmediata? Se trata de ciudadanos que, ya por generaciones, no trabajan ni han trabajado nunca, y que no están preparados para acceder al mercado laboral.
Es cierto que la inflación, tan negada por el oficialismo a pesar de ser la verdadera madre de todos los problemas económicos que nos afligen, ha ido carcomiendo y deteriorando el poder adquisitivo de esos subsidios y planes, haciendo caer a sus beneficiarios en la miseria. Sin embargo, son muchas bocas que habrá que alimentar, cuando ya no es posible recurrir al viejo método de hacer trabajar la maquinita de imprimir pesos, mal que le pese a Ciccone y a sus fantasmales dueños.
El “modelo de inclusión con matriz diversificada”, ampuloso nombre dado a este fracaso por sus cultores, dejará este legado al próximo ocupante de la Casa Rosada, después de diez años de un crecimiento inédito del país. Se trata, como tantos otros derivados de la gigantesca corrupción de este gobierno, de un verdadero crimen de “lesa humanidad”, ya que reúne todos los requisitos que el Estatuto de Roma, que creó la Corte Penal Internacional y definió esta figura en 1998 -pero el Gobierno y los Tribunales argentinos usan retroactivamente para condenar a los militares que combatieron a la guerrilla en los 70’s-, utiliza para describirla.
El miércoles, la Plaza de Mayo será testigo de la batalla inicial de una verdadera guerra cuyo final estamos lejos de prever. Doña Cristina, tal vez por estar pésimamente asesorada por su mesa chica, perderá poder real en cualquiera de los escenarios; es decir, que don Camión siga al frente de la CGT o que ésta se parta en cuatro o cinco centrales sindicales diferentes ya que, entonces, los diferentes líderes competirán entre sí para obtener beneficios para sus afiliados y prebendas propias, aumentando la conflictividad social en un momento en que, además, la ciudadanía le ha perdido el miedo a la Presidente. Tanto como lo han comenzado a perder los parlamentos y los tribunales ante los dictadores disfrazados de demócratas en América del Sur.
Argentina, un país totalmente a la deriva, sigue siendo un lugar en el que sus habitantes son perennemente niños ya que, todos los días, se recupera la capacidad de asombro.
Buenos Aires, 24 de Junio de2012

(*) Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com
 
Fuente: Comunicación personal del autor.