martes, 31 de julio de 2012

Inflación: el remedio es la Constitución

Por Aldo Abram (*)
Cuando los economistas definimos inflación, lo hacemos como “la suba generalizada de precios”, lo cual es un error que conduce a diagnósticos y soluciones equivocadas. Es insólito pensar que, de pronto, millones de consumidores y miles de productores de bienes y servicios se vuelven locos y empiezan a subir los precios. Por eso, más vale preguntarse si no habrá algo que tienen todos esos mercados en común y que pueda ser lo que falla. Así, descubrimos que, en todos ellos, en la Argentina, la unidad de medida es el peso. 

Como cualquier bien, la moneda tiene un mercado en el que se determina su valor. La demanda, la conformamos nosotros que la usamos para atesorar, como medio de pago y unidad de medida. Además, tiene un productor monopólico, que es el Banco Central (BCRA).

Cuando se produce más vasos de lo que la gente quiere, vemos que bajan de precio. Ahora, si para comprar divisas y/o transferirles recursos al gobierno para que gaste, el BCRA emite más pesos de lo que los argentinos demandamos, también caerá su valor. El problema es que estamos hablando de la unidad de medida del valor de todos los bienes y servicios de la economía. Por lo tanto, imaginémonos que nos regalan un “metro mágico” que se va reduciendo todo el tiempo y, con él, medimos lo que tenemos alrededor. Llegaremos a la conclusión que “hay una suba generalizada de la medida de los muebles que nos rodean”; pero, en realidad, éstos no están variando su tamaño. Por ello, lo correcto es definir “inflación” como la depreciación de la unidad de cuenta, es decir la moneda. La suba de los precios es sólo un resultado.

Ahora, con un BCRA que emite a una velocidad de más del 30% o 40% interanual para financiar al gobierno, ¿cómo nos puede extrañar que tengamos una inflación de más del 20%? Lo malo es que, al intervenir el Indec, el gobierno prefirió romper el termómetro que marcaba que la enfermedad empeoraba y, como le venía bien, el médico decidió dejar las cosas como estaban.

Sin embargo, existe un remedio. En primer lugar, hay que ajustar el gasto público (incluido el pago de los servicios y capital de la deuda estatal) a lo que verdaderamente le ingresa al gobierno, más lo que pueda conseguir de financiamiento voluntario. De esta forma, logramos que deje de presionar sobre los recursos del Banco Central, permitiendo implementar “metas de inflación”. Este es el mejor sistema posible; ya que cumple con lo que manda nuestra Constitución Nacional:

“Art. 75.- Corresponde al Congreso:

Inciso 2. Imponer contribuciones indirectas como facultad concurrente con las provincias. Imponer contribuciones directas, por tiempo determinado, proporcionalmente iguales en todo el territorio de la Nación, siempre que la defensa, seguridad común y bien general del Estado lo exijan. Las contribuciones previstas en este inciso, con excepción de la parte o el total de las que tengan asignación específica, son coparticipables.

Inciso 11. Hacer sellar moneda, fijar su valor y el de las extranjeras; y adoptar un sistema uniforme de pesos y medidas para toda la Nación”.

De esta forma, fijando las metas de inflación, serán los legisladores los que determinarán el porcentaje del impuesto inflacionario que pagaremos los argentinos, como manda el inciso 2 del artículo 75. Además, como se establece en el inciso 11, son ellos los que tienen que fijar el valor de la moneda, que vimos antes es la inversa de su poder adquisitivo, cuya evolución se puede estimar con la inflación.

Sin embargo, no es factible implementar este sistema si el Indec sigue intervenido y engañando con las cifras de inflación. Por lo tanto, debería pasar a depender del Congreso de la Nación y ser un organismo cuya independencia de juicio del poder político esté garantizada. Así, recuperaremos el “termómetro” y los legisladores podrán controlar que se cumplan los objetivos.

En tanto, el Banco Central deberá obedecer el mandato de los parlamentarios, para lo que dispondrá de plena independencia en el uso de instrumentos de política monetaria y cambiaria. Luego, anualmente, rendirá cuentas ante el Congreso, teniendo que justificar cómo se llegó a las metas preestablecidas o por qué no se lograron. En este último caso, el Congreso podrá determinar la responsabilidad de las autoridades del Banco Central, pedir correcciones a sus estrategias y, en caso de justificarse, decidir la remoción del Presidente u otros directores de la entidad. Conclusión: con el diagnóstico correcto, la solución a la inflación es la Constitución Nacional.

(*) Aldo Abram es Director Ejecutivo de Libertad y Progreso. Artículo publicado por El Cronista y por Economía para todos en su Edición Nº 428 del 30 de Julio de 2012

Keynes y la corrupción

Por Carlos Alberto Montaner (*)
Somos amigos y se lo pregunté directamente: “¿por qué permitiste que los militares se robaran un diez por ciento de los presupuestos de defensa durante tu gobierno?”. Cenábamos. Esta conversación ocurrió hace varios años. Era off-the-record. No había hostilidad en mis palabras, sino curiosidad. El expresidente respiró hondo y me contestó con una mezcla de franqueza y melancolía: “porque si trataba de impedirlo me hubieran dado una patada en el trasero”. No dijo “trasero”, claro.
La corrupción era la forma de mantener una cierta estabilidad institucional. Nadie se escandalizaba. Era la norma, no la excepción. Y ocurría más o menos lo mismo en el resto de la estructura del Estado. Casi todos los funcionarios que tenían acceso a un presupuesto oficial se quedaban con un porcentaje o encarecían los servicios al público de acuerdo con algún empresario privado favorito que les pagaba una coima. El contrato social era ése: la clase dirigente política y económica se repartía una parte sustancial de la renta. A cambio de ese maridaje non sancto había paz.
Esto no es sorprendente. Las tres cuartas partes de los estados del planeta funcionan de esa manera desde hace miles de años. Lo he citado antes: Douglass North, el gran historiador de la economía, Premio Nobel en 1993, junto a otros dos colegas, lo ha descrito admirablemente (A Conceptual Framework for Interpreting Recorded Human History). Les llama “sociedades de acceso limitado”. En ellas la alianza entre el poder político y el económico elige a los triunfadores, divide el botín y le asigna las migajas al resto.
Lo que es novedoso, desde hace apenas dos siglos, es la aparición de algunos estados guiados por la ley, la competencia, y la meritocracia, en los que se condena moralmente y se persigue penalmente el enriquecimiento ilícito, el peculado y la colusión entre el sector público y los empresarios privados dedicados a esquilmar a los contribuyentes. Estas sociedades, de acuerdo con la aséptica nomenclatura de North, son las de “acceso abierto”. En ellas triunfan los mejores, sujetos a las reglas y por medio de la competencia, lo que no las hace perfectas, pero si más hospitalarias con el progreso y la prosperidad.
Por eso, entre otras razones, el keynesianismo funciona peor en las naciones de acceso limitado. A John Maynard Keynes, famoso economista británico y gran funcionario, se debe la peligrosa y muy extendida conjetura de que los gobiernos, mediante la modulación del gasto público, aumentándolo (casi siempre) o disminuyéndolo (casi nunca) pueden combatir el desempleo, impulsar el crecimiento y controlar la inflación de manera permanente.
Esa proposición, avalada por el economista más influyente del siglo XX, se convirtió en la mejor coartada para abultar exponencialmente los presupuestos del Estado. ¿Qué más podía pedir un gobernante deshonesto, rodeado de colaboradores y cómplices que se beneficiaban abusivamente con cada transacción que realizaban, que colocar todas esas actividades delictivas bajo un manto intelectual de legitimidad científica? Mientras más aumentaba el gasto público, mientras más crecía el perímetro del Estado, más adecuado parecía su gobierno a la modernidad keynesiana.
Pero la idea central del keynesianismo —el gobierno como gran operador de los resortes económicos para evitar los ciclos de recesión —tampoco tenía en cuenta la naturaleza psicológica de los políticos y los funcionarios honrados. Éstos no se robaban los recursos porque tienen cierta ética profesional, pero sí suelen gastarlos de acuerdo con sus intereses electorales. Si un congresista o un gobernador regional perciben que una inversión pública realizada en su circunscripción va a favorecer su destino político, lo probable es que la auspicien aunque no tenga mucho sentido para el conjunto de los ciudadanos. Sencillamente, no existe el bien común, sino decisiones que benefician a unos u a otros, y quienes las toman tienen sus propios intereses personales.
Cuando Keynes, en los años treinta del siglo pasado, tras la crisis planetaria de 1929, desatada en EE.UU., comenzó a formular sus teorías, parecía una propuesta razonable. El tiempo y la experiencia no han confirmado sus pronósticos. No es buena para las naciones respetuosas de la ley. Es terrible para las otras.
(*) Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Reside en Madrid desde 1970. Ha sido profesor universitario en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es escritor y periodista.
Artículo de Firmas Press (Publicado en Cato Institute el 19 de Septiembre de 2011)
Cato Institute: 1000 Massachusetts Avenue. N.W. Washington D.C. (20001-5403) www,elcato.org  
Y también en: http://www.elblogdemontaner.com/keynes-y-la-corrupcion/#more-1086

lunes, 30 de julio de 2012

Carta de Milton Friedman a Cristina Fernández de Kirchner

Por Adrián Ravier (*)
Este martes 31 de julio Milton Friedman cumpliría 100 años. A modo de homenaje, a continuación tomamos aquella carta, y con pequeñas variaciones, imaginamos que fuera destinada a nuestra Presidente.

Es sabido que Milton Friedman escribió una carta a Augusto Pinochet el 21 de abril de 1975. Algunos intelectuales, como José Piñera, dirán que Friedman jugó un rol central en la refundación de Chile. Otros, como Rolf Lüders, dirán que aquella visita no jugó ningún rol, puesto que Pinochet ya estaba entonces convencido de tomar el camino de la economía de mercado.

Lo cierto es que el diagnóstico de Friedman, era muy claro y contundente, y advertía cuáles eran los dos problemas centrales de Chile en ese momento: la acelerada inflación y la ausencia de una saludable economía de mercado.
Estos son, casualmente, los problemas centrales de la Argentina de hoy y las recomendaciones económicas que por entonces ofreció Friedman, son las mismas que hoy necesita la Argentina.


Estimad[a] señor[a] Presidente:

Durante la visita que le hiciéramos el viernes 21 de Marzo, realizada con el objeto de discutir la situación económica de [Argentina], Usted me pidió que le transmitiera mi opinión acerca de la situación y políticas económicas luego de completar mi estancia en su país. Esta carta responde a tal requerimiento.

Permítame primero decirle cuán agradecidos estamos mi esposa y yo de la cálida hospitalidad que nos brindaran tantos [argentinos] durante nuestra breve visita; nos hicieron sentir como si realmente estuviéramos en casa. Todos los [argentinos] que conocimos estaban muy conscientes de la seriedad de los problemas que su país enfrenta, dándose cuenta de que el futuro inmediato iba a ser muy difícil. Sin embargo, todos mostraban una firme determinación en aras de superar dichas dificultades y una especial dedicación en el trabajo por un futuro más próspero.

El problema económico fundamental de [Argentina] tiene claramente dos aristas: la inflación y la promoción de una saludable economía social de mercado. Ambos problemas están relacionados: cuánto más efectivamente se fortalezca el sistema de libre mercado, menores serán los costos transicionales de terminar con la inflación. Sin embargo, y pese a estar relacionados, se trata de dos problemas diferentes: el fortalecimiento del libre mercado no culminará con la inflación per se, como tampoco terminar con la inflación derivará automáticamente en un vigoroso e innovador sistema de libre mercado.
La causa de la inflación en [Argentina] es muy clara: el gasto público corresponde, aproximadamente, a un [45] % del ingreso nacional. Cerca de un cuarto de este gasto no deriva de impuestos explícitos y, por lo tanto, debe ser financiado emitiendo una mayor cantidad de dinero; en otras palabras, a través del impuesto oculto de la inflación. […]

Este impuesto inflación genera un enorme daño al inducir a las personas a dedicar un gran esfuerzo por limitar su posesión de dinero en efectivo. Esa es la razón por la cual la base es tan estrecha. En la mayoría de los países, desarrollados y subdesarrollados, la cantidad de dinero es más cercana al 30% del ingreso nacional que al [10,7 %] de éste. […]

Existe solo una manera de terminar con la inflación: reducir drásticamente la tasa de incremento en la cantidad de dinero. En la situación de [Argentina], el único modo para lograr la disminución de la tasa de incremento en la cantidad de dinero es reducir el déficit fiscal. Por principio, el déficit fiscal puede ser reducido disminuyendo el gasto público, aumentando los impuestos o endeudándose dentro o fuera del país. Exceptuando el endeudamiento externo, los otros tres métodos tendrían los mismos efectos transitorios en el empleo, aunque afectando a diferentes personas -disminuir el gasto público afectaría inicialmente a los empleados públicos, aumentar los impuestos afectaría inicialmente a las personas empleadas por quienes pagan impuestos, y endeudarse afectaría inicialmente a las personas empleadas por los titulares de los créditos o por la las personas que, de otro modo, hubieran conseguido esos fondos prestados.

En la práctica, disminuir el gasto público es, por lejos, la manera más conveniente para reducir el déficit fiscal ya que, simultáneamente, contribuye al fortalecimiento del sector privado y, por ende, a sentar las bases de un saludable crecimiento económico.

La disminución del déficit fiscal es requisito indispensable para terminar con la inflación. Un problema menos claro es cuán rápidamente debe terminarse con ella. Para un país como Estados Unidos, en el cual la inflación [de 1975 era] de alrededor del 10%, yo aconsejo una política gradual de eliminación en dos o tres años. Pero para [Argentina], en que la inflación se mueve entre el [2] % y [3] % mensual, creo que graduar su eliminación no es viable; conllevaría una tan gravosa operación por un periodo de tiempo tan largo, que temo la paciencia no acompañaría el esfuerzo.

No existe ninguna manera de eliminar la inflación que no involucre un periodo temporal de transición de severa dificultad, incluyendo desempleo. Sin embargo, y desafortunadamente, [Argentina] enfrenta una elección entre dos males, un breve periodo de alto desempleo o un largo periodo de alto desempleo, aunque sutilmente inferior al primero. En mi opinión, las experiencias de Alemania y Japón luego de la II Guerra Mundial, de Brasil más recientemente, del reajuste de postguerra en Estados Unidos, cuando el gasto público fue reducido drástica y rápidamente, argumentan en pro de un tratamiento de shock. Todas estas experiencias sugieren que este periodo de severas dificultades transicionales sea breve (medible en meses) para que así la subsecuente recuperación sea rápida.

Para mitigar los costos de la transición y facilitar la recuperación, creo que las medidas fiscales y monetarias debieran ser parte de un paquete que incluya medidas que eliminen los obstáculos a la empresa privada y que alivien la aguda angustia.
Para acotar, haré un bosquejo de los contenidos de un paquete de propuestas específicas. Mi conocimiento de [Argentina] es muy limitado como para permitirme ser tanto preciso como exhaustivo, de modo que estas medidas deben ser consideradas más bien como ilustrativas.

Si este enfoque de shock fuera adoptado, creo que debiera ser anunciado pública, muy detalladamente y, además, entrar en vigor en una fecha muy cercana a dicho anuncio. Cuánto mejor informado se encuentre el público, más contribuirán sus reacciones al ajuste. A continuación propongo una muestra de las medidas que debieran ser tomadas: […]

[1].- Un compromiso del gobierno de reducir su gasto en 25% dentro de seis meses; reducción que debiera tomar la forma de una disminución transversal del presupuesto de cada repartición en 25%, con los relativos a personal a tomarse tan pronto como sea posible. Sin embargo, las reducciones de gasto debieran ser escalonadas en base a un periodo de seis meses para permitir el pago de generosas indemnizaciones. (Cualquier intento de ser selectivo o parcial tiene la probabilidad de fracasar debido a las posibles manipulaciones de cada repartición por lograr que la reducción presupuestaria afecte a otra de ellas. Es preferible hacer primero una reducción transversal, para luego reasignar el total ya reducido).[…]

[2].- Un categórico compromiso del gobierno de que después de seis meses no financiará más gasto alguno a través de la emisión de dinero. (Así como la recuperación económica se vaya dando, la cantidad de dinero deseable en términos reales, esto es, la cantidad consistente con precios estables, aumentará. Sin embargo, este incremento debiera servir como base para la expansión de un mercado de capitales privado en vez de utilizarse para financiar gasto público).

[3].- Continuar con vuestra política actual de un tipo de cambio diseñado para aproximarse a un tipo de cambio de libre mercado.

[4].- La eliminación de la mayor cantidad posible de obstáculos que, hoy por hoy, entorpecen el desarrollo del libre mercado. Por ejemplo, suspender, en el caso de las personas que van a emplearse, la ley actual que impide el despido de los trabajadores. En la actualidad, esta ley causa desempleo. También, eliminar los obstáculos a la creación de nuevas instituciones financieras. Asimismo, eliminar la mayor cantidad posible de controles sobre los precios y salarios. El control de precios y salarios no sirve como medida para eliminar la inflación; por el contrario, es una de las peores partes de la enfermedad. (Eliminar obstáculos, pero no sustituir subsidios. La empresa privada tendrá la facultad de gozar de las recompensas del éxito sólo si también arriesga soportar los costos del fracaso. Todo hombre de negocios cree en la libre empresa para todos, pero busca también favores especiales para sí mismo. Ningún obstáculo, ningún subsidio; esa debiera ser la regla).

[5].- Tome las providencias necesarias para aliviar cualquier caso de real dificultad y severa angustia que se de entre las clases más pobres. Tome en cuenta que las medidas tomadas no producirán, por sí mismas, daño en estos grupos. El despido de empleados públicos no reducirá la producción, sino que simplemente eliminará gasto- sus despidos no significarán la producción de un pan o un par de zapatos menos. Pero indirectamente, algunas de las clases menos privilegiadas serán afectadas y, séanlo o no, el programa de medidas será señalado como el culpable de sus angustias. Por lo tanto, sería beneficioso tomar ciertas providencias de este tipo en dicho programa. En este aspecto, mi ignorancia de la situación y acuerdos actuales vigentes en [Argentina] me hacen imposible ser más específico.

Un programa de shock tal como este podría eliminar la inflación en cuestión de meses. También fundaría las bases necesarias para lograr la solución de su segundo problema- la promoción de una efectiva economía social de mercado.
Este no es un problema de reciente origen, sino que surge de tendencias al socialismo que comenzaron hace [80] años y que alcanzaron su lógico, y terrible clímax, durante el régimen de [Perón]. […]

La eliminación de la inflación llevará a una rápida expansión del mercado de capitales, lo cual facilitará en gran medida la privatización de empresas y actividades que aún se encuentran en manos del Estado.

El más importante paso en este sentido es la liberalización del comercio internacional para, de este modo, proveer de una efectiva competitividad a las empresas chilenas y promover la expansión tanto de las importaciones como de las exportaciones. Lo anterior no sólo mejorará el bienestar del [argentino] común al permitirle adquirir todos los bienes al menor costo, sino que también disminuirá la dependencia de [Argentina] en una sola exportación de importancia: [la soja]. […]

Estoy conciente de que su Gobierno ya ha dado pasos importantes y planea otros futuros en orden a reducir las barreras al comercio internacional y a liberalizarlo, y que, como resultado de ello, la ventaja competitiva real de [Argentina] se refleja mejor en éste hoy que en las décadas pasadas. Este es un gran logro. También veo que en esta área existe un fuerte argumento a favor de una gradualización para entregar a los productores [argentinos] una oportunidad para ajustarse a las nuevas condiciones. No obstante, gradualismo no debe significar quedarse estancado. En mi opinión personal, creo que un buen consejo para [Argentina] sería dirigirse a la liberalización del comercio a una velocidad y en una extensión mucho mayores de las que hasta ahora han sido propuestas. Un comercio totalmente libre es el objetivo final deseable, aunque no sea posible de alcanzar en el más cercano futuro.

Quisiera concluir esta carta diciendo que estoy seguro que [Argentina] tiene un gran potencial. Ha sido un pueblo capaz, letrado, creativo y lleno de energía, que tiene una larga historia y tradición de orden y paz social. Hace unos [ochenta] años atrás, [Argentina], como muchos otros países, incluyendo el mío, se encausó en la ruta equivocada- por buenas razones y sin maldad, ya que fueron errores de hombres buenos y no malos. El mayor error, en mi opinión, fue concebir al Estado como el solucionador de todos los problemas, de creer que es posible administrar bien el dinero ajeno.

Si [Argentina] toma hoy la senda correcta, creo que puede lograr otro milagro económico: despegar hacia un crecimiento económico sostenido que proveerá una ampliamente compartida prosperidad. Pero para aprovechar esta oportunidad, [Argentina] deberá primero superar un muy dificultoso periodo de transición.

Sinceramente,
Milton Friedman

 
(*) Adrián Osvaldo Ravier (Ciudad de Buenos Aires, 1978) es economista, especializado en teoría monetaria el estudio de los ciclos económicos y la historia del pensamiento económico. Ha obtenido su título de doctor en economía aplicada, en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2009), bajo la dirección del profesor Jesús Huerta de Soto. Ha sido alumno de ESEADE donde obtuvo un Master en Economía y Administración de Empresas (2004). Y ha obtenido su licenciatura en economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires (2002). Además es Editor del blog Punto de Vista Económico. Artículo publicado en la Edición Nº 428 de "Economía para Todos" del 26 de Julio de 2012.

Orden jurídico K: todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario

Por Roberto Cachanosky (*)
El Gobierno juega con unas reglas distintas a las de la oposición. Es más: ni siquiera respeta sus propias reglas y las modifica cuando mejor le conviene para siempre tener los árbitros a su favor. Y si tampoco lo consigue, directamente no acata los fallos. Así cualquiera gana…

Vivir hoy en la Argentina y trata de cambiar el país para recuperar la democracia republicana y el crecimiento económico es como si en la cancha hubiese dos equipos: uno que juega con las reglas de fútbol y otro que lo hace con las del rugby. Encima, en esta metáfora, el árbitro siempre falla a favor de los que juegan con las reglas de rugby.

Es obvio que si dos equipos se encuentran en una cancha con estas características de juego, los que usan las reglas del rugby podrán agarrar la pelota con la mano, taclear al adversario o patear por arriba del travesaño y considerarlo gol. En tanto que los que juegan con las reglas de fútbol no podrán agarra la pelota con la mano y si patean al adversario será considerado falta. Además, jugarán 11 contra 15. 

Para decirlo directamente: los enemigos de la democracia han tomado el poder y ahora usan las reglas del rugby para sostenerse, mientras en la oposición juegan con las reglas de fútbol, están todos dormidos y, como si fuera poco, no logran hacer tres pases seguidos. 


Antes de continuar quiero aclarar que me gusta el rugby, que —en general— los jugadores de ese deporte tienen códigos y que, a mi juicio, un partido de rugby bien jugado es mucho más divertido que uno de fútbol (y ni que hablar si lo comparamos con los que se ven en el famoso “Fútbol para Todos”). 

Pero me arriesgo aún más y sostengo que el Gobierno, que juega con las reglas del rugby, ni siquiera las respeta. Hacen los pases para adelante, nock on o taclean a la altura de cuello. Todas estas faltas son miradas con indiferencia por el árbitro, en este caso la Justicia, que se parece al “siga, siga” del fútbol. En otroas palabras, el Gobierno, con el monopolio de la fuerza en sus manos, no respeta las reglas de juego, que no son otras que los límites al poder de una democracia republicana. Usa el monopolio de la fuerza en beneficio propio. Ganar sin respetar las reglas de juego. 

¿Qué puede esperarse de un gobierno cuyo único objetivo es quedarse con el poder a cualquier precio, sin respetar reglas ni leyes? Que si la cosa se le complica sea cada vez más autoritario. 


El ejemplo más claro del creciente autoritarismo lo vemos en el tema de los dólares para viajar. El Gobierno ha decidido que los argentinos pueden comprar dólares sólo si demuestran que van a viajar al exterior, es decir, la gente es culpable de querer comprar dólares hasta que demuestre que efectivamente va a viajar. Sin embargo, el autoritarismo crece. En efecto, la AFIP acaba de informar que detectó que 6.800 personas compraron dólares diciendo que iban a viajar y luego no lo hicieron. Ahora, no solo tienen que devolver los dólares, sino que además deben demostrar por qué no pudieron concretar el viaje. Nuevamente, la gente pasa a ser culpable hasta que demuestre lo contrario. Si no demuestran por qué no pudieron viajar, le quitan el CUIT, le aplican una multa y demás sanciones. 

El kirchnerismo ha dado vuelta el orden jurídico y todos somos culpables hasta que demostremos lo contrario, cuando en realidad todos deberíamos ser inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
A nadie escapa que el mayor riesgo que corre el Gobierno es que la economía le juegue en contra, es decir, que la recesión, la inflación y la desocupación generen tal grado de malestar social que la gente termine manifestándose en las calles y luego en las urnas, siempre y cuando el sistema de conteo de los votos funcione correctamente, o directamente se produzca un altísimo nivel de conflictividad social. Por eso, como la economía es la que va a determinar el futuro político hegemónico del Gobierno, en alguna oportunidad he sostenido que el principal opositor al kirchnerismo es la economía. 


Ahora bien, como el Gobierno ha dado acabadas muestras de no respetar reglas o normas y mucho menos las sentencias de la Corte Suprema (como en el caso de las jubilaciones o la ley de glaciares) es obvio que su tendencia autoritaria se va a acentuar en la medida en que la economía se le complique. Más regulaciones, controles, atropellos y violaciones a los derechos de propiedad, entre otras medidas, serán los parches que aplicará el kirchnerismo cuando no les sea posible mantener relativamente tranquila a la gente desde el punto de vista económico. Obviamente que las mayores regulaciones y controles implicarán otra vuelta de turca en las violaciones a los derechos individuales. Esto ya está demostrado en el libro “Camino de Servidumbre”, escrito por Friedrich Hayek. 

A su vez, esas mayores regulaciones, atropellos y violaciones a los derechos de propiedad generarán más pobreza, lo cual exigirá más autoritarismo. No habrá que tener asco en aplicar las medidas más arbitrarias y violar las normas más elementales. Para eso, la Presidente tendrá que rodearse de los peores elementos de la sociedad, personas imbuidas de un ciego fanatismo o de una ambición de dinero infinita, que solo podrán saciar en algún cargo público. Después de todo, para hacer el trabajo sucio hace falta ser fanático o mercenario. 

Sin duda el escenario que tenemos por delante no es alentador, salvo que la gente reaccione antes de que sea tarde. 


Un último párrafo para aclarar un punto. Suelen comentarme que soy muy duro cuando digo las cosas. Puede ser, pero me parece que este no es momento para los tibios. Acá no se está discutiendo si nos gusta una política cambiaria u otra, o si el libre comercio es mejor que el proteccionismo. Acá están en juego las libertades civiles más elementales. Por eso, insisto: o se está a favor de la democracia republicana o se es cómplice de la destrucción de la república bajo el argumento de los buenos modales. 

Porque —no nos engañemos— el kirchnerismo no incluye en su estrategia el diálogo. Su proyecto es imponer atropellando los derechos civiles. ¿Acaso creen los “moderados” que con su discurso de palabras floridas van a convencer a los kirchneristas de que cambien su objetivo de establecer un sistema autoritario? 

Y si creen que van a salvarse con sus vocabularios floridos, que recuerden aquella famosa frase: ayer fueron por los negros y como yo no era negro no hice nada…

(*) Roberto Cachanosky. Lic. en economía (UCA, 1980). Consultor económico y Director de "Economía para Todos". Artículo publicado en la Edición Nº 428 del 28 de Julio de 2012.


1 de cada 3 jóvenes de 15 años está atrasado en la escuela

Por IDESA (*)
A pesar de que se realizó un esfuerzo inédito de inversión en educación, llegando a superar la meta fijada en la Ley de Financiamiento Educativo del 6% del PBI, la formación que recibe la mayoría de los jóvenes, especialmente los más pobres, es cada vez más deficiente. Esto demuestra que la calidad de la educación no depende sólo de contar con más docentes mejor remunerados sino que también hacen falta reglas que estimulen la superación y la excelencia. Los justificativos de la máxima autoridad de educación a la toma de las escuelas ilustran de manera palmaria esta desorientación y pérdida de valores en la comunidad educativa.                 
El Ministro de Educación evaluó como un hecho positivo la toma de colegios por parte de los alumnos. Resulta sorprendente que la máxima autoridad del sistema educativo avale actos que implican el entorpecimiento de las clases regulares y, consecuentemente, un retroceso en los aprendizajes académicos. Se trata de otra evidencia de la falta de toma de conciencia del severo déficit educativo que sufre la Argentina y el daño que este déficit genera, sobre todo en los segmentos socioeconómicos más humildes. Por ejemplo, se minimiza que la prueba PISA (evaluación internacional que se toma a jóvenes de 15 años) registró un retroceso de Argentina entre los años 2000 y 2009. Como consecuencia de esta involución, la Argentina pasó de un lugar de liderazgo en la región a ubicarse detrás de Chile, México, Uruguay, Brasil y Colombia en tan sólo una década.

Un dato de relevancia que arroja esta prueba es que los déficits de conocimientos están asociados a los atrasos que produce la repitencia y que en ellos operan factores internos al sistema educativo y factores asociados al contexto familiar. En este sentido, según la evaluación PISA para el año 2009 entre los jóvenes con 15 años de edad se observa que:
· El 31% de los jóvenes ha repetido de curso en algún año de su vida escolar.
· De éstos, 9 puntos porcentuales provienen de hogares donde sus padres terminaron la secundaria.
· Los restantes 22 puntos porcentuales corresponden a jóvenes que provienen de hogares donde al menos uno de los padres, o ambos, no terminó la secundaria.

Planteado de manera sintética, estos datos muestran que casi 1 de cada 3 jóvenes de 15 años está atrasado en la escuela y esto está fuertemente correlacionado con padres que no han logrado concluir la educación básica. Se trataría de una potenciación de factores adversos. Por un lado, las carencias de estímulos y apoyo que sufren muchos niños y jóvenes en sus hogares. Por el otro, el fracaso del sistema educativo para compensar la desigualdad de oportunidades que los jóvenes heredan de sus entornos familiares. 

Esto se da en el marco del importante esfuerzo que implicó cumplir con la meta de la Ley de Financiamiento Educativo de aumentar la inversión en educación, ciencia y técnica hasta el 6% del PBI. Como pocas veces ocurrió en la historia argentina, una meta no pasó al olvido sino que se cumplió. También hay que considerar que casi la totalidad de estos mayores recursos fueron volcados a mejorar la remuneración de los docentes.

Pero, como se puso un énfasis absoluto y excluyente en aumentar la inversión sin establecer reglas que premien los esfuerzos, la dedicación y la superación, el resultado es un fracaso, como lo muestran las evaluaciones internacionales. Un hecho muy ilustrativo de esta falta de reglas es el beneplácito ante la toma de colegios. En lugar de desplegar estrategias que apunten al restablecimiento del orden y al sentido de responsabilidad en la comunidad educativa, se buscan argumentos ingeniosos para justificar el desorden.

La desidia de las autoridades y de la comunidad docente para generar un marco académico de excelencia en la educación pública perjudica a todos los jóvenes, pero mucho más a los que provienen de los hogares más humildes. Ante las falencias de las escuelas de gestión pública, las familias con padres más educados suplen las deficiencias en escuelas de gestión privada y profesores particulares. Pero en los hogares más humildes los padres no tienen estas posibilidades. Allí se hacen explícitas las consecuencias de un sistema público de educación incapaz de compensar los déficits del entorno familiar.

El 46% de las personas entre 18 y 65 años de edad no llegó a concluir la educación secundaria. Estas personas enfrentan grandes dificultades para apoyar a sus hijos y evitar la reproducción intergeneracional del atraso y la deserción educativa. Por eso, para el sistema educativo se plantea un desafío mayúsculo que no podrá ser resuelto con mediocridad, oportunismo y demagogia. Por el contrario, es imprescindible acompañar el crecimiento en la inversión educativa con un cambio en la gestión que tome como base restablecer los valores de la superación, el esfuerzo y la búsqueda de la excelencia.

(*) IDESA. Informe Nº 452 del 29 de Julio de 2012

Fuente: www.idesa.org

Colosal incoherencia

Por Alberto Medina Méndez (*)
Que los individuos podemos ser contradictorios e inconsistentes no es precisamente una novedad. Después de todo, somos seres humanos y por tanto portadores de una imperfección que forma parte de nuestra esencia.

Pero esta posibilidad de reconocernos, esto de poder vernos como seres que a veces pensamos cosas que no son consistentes entre sí, no nos impide intentar racionalizarlo para tratar de alinear nuestras visiones, y hacerlas coherentes.

En materia política y de nuestra vida ciudadana, se lleva los laureles de la incongruencia, esta visión claramente contradictoria que hace que muchos ciudadanos despotriquen contra las instituciones del Gobierno, pero al mismo tiempo intenten asignarle tareas a diario.

En casi todo el planeta, algunas instituciones estatales lideran los rankings de mala imagen, y América Latina no es la excepción a la regla.

Cuando se le pregunta a los ciudadanos su opinión sobre algunas instituciones, inevitablemente aparecen entre las que lideran esa temible nómina de desprestigio, los cuerpos colegiados legislativos, la justicia o el gobierno en términos genéricos, o bien la policía, la educación estatal o el sistema de hospitales cuando se afinan las muestras.

Y no es que no figuren en la grilla otras instituciones de la sociedad civil en esta patética lista, como pueden ser los casos de los partidos políticos ( y sus miembros, los políticos ), los sindicatos o los bancos.

Las razones que explican buena parte del descrédito de muchas instituciones estatales, tienen que ver casi siempre con la corrupción, la ineficiencia, el despilfarro y la discrecionalidad.

Es probable que una importante cantidad de ciudadanos nos identifiquemos con esa visión. De hecho, lo repetimos a diario, en la conversación cotidiana con amigos, en el trabajo o en la mesa familiar.

Sin embargo, y en evidente contradicción, los mismos individuos que sostienen esa mirada, y que son tremendamente críticos con esas instituciones y con las personas que tienen la responsabilidad de conducirlas, cuando se plantea cualquier problema de orden económico o social, dicen que las soluciones deben venir de la mano del Estado.

Es difícil entender como ciudadanos que se creen gobernados por corruptos, gente que toma decisiones arbitrarias, sobre las que recae una sospecha generalizada de que favorecen a grupos afines o a intereses económicos sectoriales, cuando no a familiares y amigos, pueden pretender que esas mismas personas, asuman más responsabilidades y resuelvan problemas complejos.

Resulta muy engorroso comprender como los individuos pueden suponer que una institución que no puede resolver cuestiones domésticas menores, podrá ocuparse con eficacia, de solucionar aspectos que conllevan mucha especialización, extrema profesionalidad y cuyo abordaje implica una gran complejidad.

En la misma línea, cuando una sociedad intenta asignarle a esas instituciones la tarea de administrar recursos económicos con eficiencia y austeridad, va a contramano de lo que afirma muchas veces cuando dice que esas instituciones despilfarran el dinero, no son transparentes en su uso y utilizan esa potestad para desviar fondos para provecho propio, su sector político o amigos circunstanciales.

Esa compulsión de muchos por controlarlo todo, los lleva a investigar en forma desesperada para encontrar una referencia y lograr que ese vicio se pueda concretar. Y en esa búsqueda, caen en la trampa de ser recurrentes, hurgando en los espacios estatales y profundizando el paradigma de siempre, para dar con aquella institución que los represente y custodie sus intereses ciudadanos.

La pasión controladora lo puede todo, y la sociedad se equivoca y mucho cuando le asigna al Estado un atributo de neutralidad, objetividad y honestidad, que ya ha demostrado que no puede exhibir con solvencia.

El Estado no es esa utopía que siguen “vendiéndonos” desde la política tradicional, sus administradores circunstanciales, que son los mismos que se ven favorecidos por su crecimiento, por los recursos económicos que administran sin tener que mostrar nada.

Tampoco es lo que parece, y mucho menos lo que pretenden convencernos que es, quienes tienen especial interés en hacernos creer lo que les resulta funcional a título personal para favorecer sus ambiciones, sus proyectos políticos, cuando no su futuro económico.

Pero está en nosotros, en los ciudadanos libres, en cada individuo de a pie, permitirnos la posibilidad de revisar nuestras ideas para alinearlas e intentar tener alguna cuota de coherencia en este tema que tan sensible para nuestras vidas cotidianas.

Es que el Estado nos impacta todos los días en nuestro quehacer, y está allí porque nosotros mismos, como sociedad, hemos creído en él, generamos sus cimientos, y hoy, tantos años después, los mas lo siguen alimentando y engordando, cuando piden MAS ESTADO frente a cada problema que logramos identificar.

Estamos a tiempo de ordenar las ideas que decimos defender, de organizar aunque sea parcialmente esa mezcla repleta de absurdas afirmaciones que van unas contra otras, superponiéndose entre sí.

Con un poco de humildad, de integridad, y sobre todo de honestidad intelectual con nosotros mismos, podremos destrabar esta serie de idas y vueltas, para avanzar en esto de desarmar esta “colosal incoherencia”.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político.

Fuente: Comunicación personal del autor

La guerra civil de los espíritus

Por Jorge Fernández Díaz (*)
"...nunca es triste la verdad,..."
Partieron en dos a las organizaciones del movimiento obrero: la CGT y la CTA. Dividieron al peronismo, al progresismo, al socialismo y a los radicales. Fragmentaron en dos y hasta en tres partes a los empresarios, los industriales, los intelectuales, los periodistas, los economistas, los chacareros. E incluso a los supermercadistas chinos: ahora hay dos cámaras, y una es ultrakirchnerista. 

Dividieron a los hijos de desaparecidos, a los derechos humanos, a los indigenistas, a los gremios de base (para combatir a los trotskistas), a la FUA, los piqueteros (hay dos asociaciones Aníbal Verón), la comunidad judía organizada. Y hasta a los plateístas de Boca: el kirchnerismo llevó su metodología al fútbol para arrebatarle el club a Macri. Durante la campaña por las elecciones partidarias La 12 bajó, por ejemplo, una enorme bandera con la cara de Néstor Kirchner en la Bombonera. Algo que ni siquiera le gustó al boquenese común y silvestre: "Además -me dijo uno de ellos- todo el mundo sabe que Kirchner era de Racing". 

Perón era un militar corporativo y nacionalista que amaba el orden y la cohesión: al menos inicialmente, separó sin querer hacerlo. La irrupción del peronismo abrió las aguas, y Perón luego lidió duramente con sus nuevos adversarios, muchas veces fue cruel e injusto con ellos, pero lo hizo como quien en el fondo enfrenta una fatalidad. Hay dos clases de continuadores de Perón. 

Primero, están los peronistas que hicieron autocrítica acerca de las aberraciones divisionistas llevadas a cabo en aquella época. Son los que formaron un peronismo que giró hacia el juego democrático y la creencia en el bipartidismo. Un peronismo que fue perseguido y que ya nunca más quiso ser perseguidor. Luego están los otros peronistas, aquellos que en la fatalidad de Perón creyeron encontrar su gran virtud. Estos últimos son como los malos escritores, que a los genios literarios les copian no sus valías sino sus defectos. Copiar los pecados de Perón es como calcar los ripios de Arlt y no sus majestuosos hallazgos. Desarrollar y multiplicar deliberadamente los enconos de aquella primera época peronista es como querer ser ciego para escribir como Borges.

Algo se cocinó en los 70 y llegó al paroxismo en los últimos años: la política del copamiento. Que es, traducida al credo actual, "vamos por todo". "Tenemos que dividir para ganar y meternos en todos lados; tenemos que dominar hasta el consorcio", decían los setentistas. Una cosa es la militancia (actividad genuina) y otra muy distinta es el militantismo, que resulta su malformación lamentable: allí todos los aspectos de la vida se piensan en términos de poder, ideología y política. 

Esa enfermedad alejó a las elites militantes de la gente común. Porque la gente transcurre por otros espacios físicos y existenciales que no tienen nada que ver con la política. Cuando la militancia tiñe todo, los militantes se robotizan, se deshumanizan y se alejan del pueblo, que tiene otros intereses y sentimientos.

Todo este gigantesco error es un estigma para el neoizquierdismo peronista. Y se entronca con las nuevas teorías populistas puestas de moda por "pensadores de lo argentino" que duermen en Londres. Lo que es fáctico y fatal en Perón, es premeditado en Ernesto Laclau. Hay que partir a las sociedades. Dividir profundo, abrir zanjas, cavar trincheras, cooptar con dinero, aprovechar ambiciones, atizar odios y separar discursivamente la patria de la antipatria. 

Esta idea es frívola y simplificadora, y por eso mismo suele tener tanto éxito. Hay intelectuales kirchneristas que proponen hacer más nítida esa "línea divisoria", puesto que el "momento histórico lo necesita". Decretan "el momento histórico" con la misma arbitrariedad con que las viejas izquierdas decían a cada rato que había condiciones prerrevolucionarias en la Argentina. 

Decretaban ese estado prerrevolucionario siempre, y la revolución no llegaba nunca. ¿Cómo puede ser que funcione todavía ese viejo truco? Porque el público se renueva. La línea divisoria torna todo muy fácil: yo o el abismo, kirchnerismo o muerte, cristinismo o neoliberalismo, reelección o 2001. Así de cómodo y así de burdo.

Lo paradójico de este Pacman es que se transforma en cultura y alcanza una dinámica propia y autodestructiva. No se puede realizar un nacionalismo popular en nombre de la patria cuando se lucha contra la cohesión nacional. Entrando en su misma lógica, la contradicción se hace evidente: la división como praxis total, el adversario como eje de la política, debilita precisamente a la patria. La deja inerme frente a los "peligros" que denuncia. No se puede, dicho en términos antiguos y míticos, realizar una política antiimperialista dividiendo a los pueblos, sino uniéndolos en torno a una idea.

El Pacman, esa máquina patológica de dividir, sigue dividiendo incluso hacia adentro. A cada figura política, le ponen un contendiente. A Lorenzino le ponen a Kicillof, a Garré le ponen a Berni, a Scioli le ponen a Mariotto, a De Vido le ponen a Moreno. Y así hasta el infinito. Amigos contra amigos, colegas contra colegas, vecinos contra vecinos. 

Alguna vez el sociólogo Carlos Altamirano definió esta situación como "la guerra civil de los espíritus". Lo que quedará, diez años después, será un triste paisaje de patria partida. Una fractura difícil de reparar.

Aunque siguiendo con la lógica imperante, y pidiendo perdón por la cita peronista: para un argentino no hay nada mejor que otro argentino. ¿Se acuerdan? Qué viejo suena todo eso, ¿no?

(*) Jorge Fernández Díaz. Periodista desde hace treinta años. Dirigió la revista Noticias, fundó el suplemento adnCultura y actualmente es secretario de redacción de La Nación. Artículo publicado en La Nación el 29 de Julio de 2012

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/autor/jorge-fernandez-diaz-82

Revanchas de la política y la economía

Por Joaquín Morales Solá (*)
El muy alto precio de la soja es la refutación del relato, que atribuye a la crisis mundial la fuerte retracción de la economía argentina. Es cierto que los precios actuales no repercutirán aquí en el acto, pero el valor internacional de los alimentos se mantuvo siempre en niveles elevados. En ese mundo que le está dando al país una nueva oportunidad, la economía argentina se parece, sin embargo, a la del recesivo año 2009. Es la consecuencia de una dirección económica errática e incierta. De la misma manera, el peronismo comienza a moverse para establecer una solución política y electoral propia, al margen del kirchnerismo. Es la consecuencia del estilo político.

Más allá de las victorias y derrotas de la vieja resolución 125, el espíritu de ella ha triunfado. Impuestos nacionales, provinciales y municipales han terminado por reducir de manera significativa la renta agropecuaria. Ese fue el eje del duro discurso de ayer del presidente de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcati. A pesar de todo, ningún problema se resolvió. El país ingresó en el segundo semestre del año en recesión, con el crecimiento del PBI bajo cero. El promedio del primer semestre fue directamente cero. Sólo una fuerte desconfianza puede explicar que haya caído notablemente la venta de maquinarias agrícolas en un clima mundial todavía generoso con la producción de alimentos.

La caída de la construcción ha sido muy importante, pero más importante fue el derrumbe de las importaciones de bienes de capital (cayó casi un 40 por ciento en el segundo trimestre). Esta es la mejor prueba de que la inversión huye de la Argentina de los Kirchner. Desde la estatización de YPF, la inversión se desplomó. No fueron actos de solidaridad con Repsol (esas cosas no suceden casi nunca en el mundo de los negocios), sino el común temor a la guillotina. El caso Repsol marcó un camino para el kirchnerismo: prohibición para repatriar utilidades, primero, y luego confiscación de la principal empresa del país. La proscripción del dólar y la reciente y directa intervención estatal en la industria petrolera están desalentando cualquier proyecto de inversión. Así, los Kirchner dejarán un país con una fuerte desinversión y dependiente durante muchos años de las importaciones de combustibles.


La Presidenta habla dos o tres veces por semana, pero nunca nombra la inflación. Nunca informa, siquiera, de que está enterada de la existencia de ese cruel fenómeno. La inflación ronda ahora el 25 por ciento anual, según la estimación coincidente de economistas privados. La inversión, el cerco al dólar y el cerrojo a las importaciones afectan a Cristina en los sectores sociales medios y medios altos. Pero la inflación, que destruye todas las economías, perjudica sobre todo a los sectores de menores recursos.


El manejo tan arbitrario como torpe de la economía tiene consecuencias políticas: según las últimas mediciones nacionales, son casi similares las imágenes positiva y negativa de la Presidenta. La tendencia es peor aún: la imagen positiva está en caída libre, mientras la negativa está en ascenso.


El peronismo se mueve. Una presidenta más amable y consensual con su partido habría demorado las cosas. No fue así. La señal de largada la dio el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, cuando notificó que recurrirá mañana a la Corte Suprema de Justicia para que el Gobierno cumpla con el viejo acuerdo por los fondos de los jubilados. Cristina dejó de girar esos recursos luego de una fuerte reacción del ex gobernador Juan Schiaretti. Después de ser sometido a la silbatina y el insulto de jóvenes kirchneristas en un acto en Córdoba, Schiaretti le recriminó personalmente a Cristina el manejo de esa juventud por parte del kirchnerismo. Fue duro y directo , recuerda un testigo de aquella conversación. La Presidenta rompió desde ese momento un acuerdo avalado por la Corte Suprema. Nunca envió más dinero para jubilaciones.


Ahora, el propio Daniel Scioli está analizando una presentación propia ante la Corte por los recursos del Fondo del Conurbano, que fue pesificado y nunca actualizado en los últimos años. De la Sota ya tomó la decisión de que irá con candidatos propios a diputados nacionales en las elecciones del año próximo. Cristina tendrá que sumarse o deberá ir con sus candidatos con el Frente para la Victoria , dijeron cerca del gobernador. El primer candidato a diputado nacional de De la Sota es Schiaretti, si éste quisiera ser, o la actual vicegobernadora de Córdoba, Alicia Pregno, a quien Cristina impugnó en su momento para poner a otra mujer afín a ella. De la Sota se negó entonces. Los dos candidatos actuales del gobernador han sido en el pasado cuestionados por la Presidenta.


Scioli está muy cerca de hacer lo mismo. Con encuestas que lo sitúan como el político más popular del país (y también el que menos imagen negativa tiene), habría llegado a la conclusión de que nunca tendrá futuro si no diera un salto hacia fuera del kirchnerismo en el próximo año. Su primer candidato a diputado nacional sería el intendente de Tigre, Sergio Massa, una figura también popular y también rechazada por el cristinismo. Ya existirían acuerdos terminados entre ellos. La política, debe subrayarse, tiende a desconfiar de que ambos, Scioli y Massa, lleguen hasta el final con sus rebeldías electorales. La candidata de Cristina para el lugar de primer candidato es su cuñada, Alicia Kirchner. Cristina deberá sumarse o enfrentar la lista de Scioli con su propia lista , dijo un intendente bonaerense. Es el mismo planteo del peronismo cordobés.


Esos proyectos esconden ambiciones presidenciales, es cierto, pero también aspiran a apartar al peronismo de un previsible derrumbe del kirchnerismo. Una década con Menem y otra con los Kirchner podrían acabar con el peronismo , suele decir un viejo ícono del peronismo. También es una reacción contra la indiferencia. Cristina ha dejado al peronismo fuera del Gobierno, y el peronismo está sublevándose , precisa un gobernador de ese partido.


Alrededor de De la Sota nadie duda de su ambición presidencial. Esta es su oportunidad. No quiere seguir siendo gobernador , explican. ¿Y Scioli? Nadie tiraría las encuestas de hoy para irse a su casa , explican sus intérpretes. Scioli habla con más gobernadores e intendentes peronistas (y no peronistas) de lo que se sabe o intuye. El kirchnerismo lo destrató por haber explicitado en público el proyecto presidencial, pero el destrato terminó beneficiando a Scioli y perjudicando a Cristina. Las sociedades siempre se vuelcan a favor de la víctima y no del victimario.


Scioli cree que su vocación de pacifista fanático lo llevará a la poltrona de los presidentes. La historia no lo desautorizó hasta ahora. De la Sota, que nunca fue kirchnerista, juega más fuerte. Hace poco, en el aniversario de un municipio cordobés, canceló su presencia a última hora cuando se enteró de que estaría también el vicepresidente Amado Boudou. Nunca se sacará una foto al lado de Boudou , contaron. Boudou es ahora la figura más impopular del país. Cristina debe cargar también con esa mochila, pesada como un bloque de cemento, que es también producto de una decisión personal e inconsulta.


Los gobernadores peronistas se pasean entre Scioli y De la Sota. ¿O, acaso, fue casualidad que el gobernador sanjuanino, José Luis Gioja, un dirigente respetado por la estructura peronista, saliera en defensa de Scioli en el peor momento de éste? La política de los gobernadores más importantes del peronismo, el bonaerense y el cordobés, consistiría en unir a todos los mandatarios justicialistas en una misma estrategia. Esta es: confeccionar listas peronistas con candidatos propios y dejar que la Presidenta se sume a ellos o se presente con sus propios candidatos. Tendrá que pensarlo dos veces, porque podría ser derrotada, y no tiene ni tendrá posibilidad de reelección , aseguró un conocido gobernador. La reelección es una utopía; no existe ninguna condición para ella, apuntó otro mandatario.


Cristina Kirchner no desconoce, seguramente, nada de todo esto. Ni las consecuencias políticas ni las económicas de sus decisiones. Por eso ha vuelto a ser una mujer de enojos, ofensas y crispaciones. Llegó al extremo de haber considerado conspirativo un simple almuerzo entre dirigentes de la Sociedad Rural y editores de diarios independientes. La denuncia la hizo en uno de sus muchos discursos públicos. El almuerzo fue en la Exposición Rural, un lugar público, en un restaurante también abierto al público.


Semejante fantasía conspirativa sólo puede ser explicada por una inmanejable sensación de persecución o por una estrategia clara y autoritaria: atemorizar y callar al periodismo distribuyendo falsos fantasmas entre sus seguidores sedientos de fantasmas.

(*) Joaquín Morales Solá. Periodista, escritor y analista político. Artículo publicado en La Nación y en Chacomundo el 29 de Julio de 2012

Fuente: http://chacomundo.blogspot.com.ar/2012/07/revanchas-de-la-politica-y-la-economia.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+Chacomundo2011+%28ChacoMundo+2011%29