lunes, 23 de julio de 2012

El inútil esfuerzo privado

Por Aníbal Hardy (*)

Se entiende por “impuesto” o “tributo” aquel ingreso coactivo exigido por el poder fiscal sin contraprestación, es decir, que no guarda relación alguna con los beneficios recibidos por los ciudadanos como consecuencia de la actividad estatal. Fisco, viene del latín fiscus, cesto mimbre, también cesto para guardar dinero, de aquí se derivó a tesoro público.

El contribuir con el pago de los impuestos se ubica entre los deberes de promoción del bien común. El derecho del Estado de percibir los impuestos se basa en principios de ética social: Para que el Estado pueda cumplir su misión de procurar “el bien común” son necesarios ciertos recursos económicos que faciliten las condiciones sociales que hagan posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más accesible de su propia perfección.

Además, los impuestos no son el único ni necesariamente el mejor medio para concurrir a la solidaridad, pero bien administrados es un medio idóneo. Las cargas impositivas correctamente aplicadas, posibilitan la solución de estas exigencias éticas, pues mediante contribuciones adecuadas a la capacidad de cada ciudadano, el Estado promueve servicios para todos, subvenciona iniciativas sociales e impulsa el Desarrollo Nacional.


Pero, en la actualidad el pueblo argentino no puede continuar tolerando el abuso al esfuerzo privado, la continúa fuga de capitales al exterior, y que la muy escasa acumulación de riqueza financie el gasto público. Es evidente la gran angustia del comerciante que depende de su negocio para alimentar a su familia, del profesional, del docente, del taxista, del empleado en general, y muchos otros son los sectores que ya no encuentran salida a situaciones, como producir, exportar y hasta tener la posibilidad de insertarse en el mercado de trabajo.


Argentina sigue por una pendiente sin que aparezcan motivos para pensar que esta situación se modificará en el corto plazo. La economía no crece, se pierden posiciones frente a otros países, la inflación es preocupante, cae el nivel de vida y aumenta la pobreza ante la falta de crédito e inversiones. Sigue el gasto público con la financiación de mayores impuestos, siguen las políticas que sobredimensionan el Estado y, con ello, aumentan las contribuciones excesivas de un sector privado casi agotado.


Incertidumbre, es el sentimiento que está desgastando el poco optimismo que le queda al pueblo argentino ante la falta de coherencia en el accionar del cuadro gobernante. Si en todos estos últimos años de bonanza, gracias al viento de cola económico mundial, no se “derramó” la riqueza por acción del Estado, menos es de esperar en estos tiempos de crisis y de baja en las ganancias.


Pío XII dijo: “el impuesto no puede jamás convertirse para los poderes públicos en cómodo medio de enjugar el déficit provocado por una administración imprudente”. Impecable frase aplicable al despilfarro administrativo de fondos tributarios de estos últimos años. Sin lugar a dudas, desaparecieron las expectativas que tenía el pueblo y se está creando un clima que pronostica conflictos sociales, pero nunca se debe olvidar, que la democracia es el único sistema político que permite a los ciudadanos dirimir los conflictos en un clima pacífico y cambiar a los malos gobernantes sin violencia por medio del voto.

(*) Aníbal Hardy. Periodista y analista político. Artículo publicado por Chacomundo el 21 de Julio de 2012
hardyani@arnet.com.ar