domingo, 22 de julio de 2012

Orbis primus

Por Luis Tonelli (*)
Nos estamos dando cuenta de que a nuestro país le iba bien, no solo por aplicar la “exitosa” receta K, sino cuando al mundo le iba bien. Con la economía mundial estancándose pareciera que no hay modelo nacional y popular que pueda con el bajón. La Presidenta tiene razón: el mundo se cae arriba de la Argentina. Dependemos de que el mundo se recupere. Y también de que el Gobierno no se esmere por agravar la situación.

Carlos Menem consideraba que la Argentina de su tiempo formaba ya parte del Primer Mundo. Cristina Fernández de Kirchner ha superado holgadamente al riojano en su peculiar perspectiva. Para la Presidenta los argentinos no formamos parte del Primer Mundo, porque lo hemos superado. La Argentina hoy esta mejor que, por ejemplo, los países del Viejo (ex) Primer Mundo.

Europa está atravesando una grave crisis económica. Especialmente los eslabones más delgados de la cadena europea (Grecia, España, Italia)  luego de más de una década de beneficiarse de estar ligados a Alemania, Francia y los países nórdicos; ahora, con la burbuja desinflándose, tienen que pagar la cuenta.  La crisis se manifiesta de diversos modos. Quizás el más dramático es el desempleo, que en España está alcanzando proporciones horripilantes.
Ahora, claro, es necesario poner la crisis en perspectiva. El ingreso medio en España es de más de 30.000 dólares.  El de los Estados Unidos es de casi 50.000 dólares y el de Noruega casi 100.000 dólares. El de Grecia, solo 27.000. Países en crisis que no pueden ser comparados con el ingreso per cápita argentino que es de… 11.000 dólares. El doble que el de Ecuador, y casi el triple que el de Paraguay, eso sí.

Cierto, tenemos que pensar en pesos, dadas las últimas instrucciones dictadas desde la Casa Rosada, pero cualquiera que haya viajado sabe que el poder de compra del salario argentino ha disminuido notablemente y hoy el viajero encuentra barato comer y comprar ropa en Londres o París, ni más ni menos.

Por supuesto, la Presidenta, en su comparación, seguramente se refería a la tendencia. Mientras Europa está estancada, la Argentina crece a tasas chinas. El problema es que nos estamos dando cuenta de que a nuestro país le iba bien, no solo por aplicar la “exitosa” receta K, sino cuando al mundo le iba bien. Con la economía mundial estancándose pareciera que no hay modelo nacional y popular que pueda con el bajón. Por supuesto que uno siempre puede decir:  “imagínense que pasaría si en esta crisis, en vez de estar en el poder keynesianos como Kiciloff, hubiera estado un neo liberal como Broda”.  De todas maneras, el oficialista quedaría expuesto a un fácil contra-ataque irónico del tipo: “seguramente estaría haciendo cortes importantes de las remesas a todas las provincias, y en ellas se darían protestas como las que se dan en España”.

Europa es uno de los principales compradores de Brasil, y Brasil es nuestro principal comprador. El parate brasilero, significa la parálisis de nuestra industria automotriz (cuyas autopartes en más de un 60% son brasileras. O sea, les compramos para ahora no poder venderles). También está el ralentamiento de la economía china. 

Uno puede imaginarse que si la economía de, un decir, Cabo Verde decae medio punto, el mundo no sufrirá demasiado. Pero que la economía china se desacelere en un punto y medio es algo bastante problemático. Es un indicador de que, pese a la recuperación estadounidense, la caída de las ventas a Europa ha afectado las exportaciones chinas, y que estás no han podido ser compensadas con el bombeo del mercado interno.
 
O sea, menos chinos industrializándose, menos chinos cambiando el arroz por pollo, menos pollos chinos naciendo y alimentándose  con la rica soja argentina. Pero se sabe que si Confucio era chino, Dios es argentino. Y la sequía estadounidense impulsa los precios de la soja hacia arriba. Y a eso hay que sumarles los muchachos de Wall Street que se dan cuenta de que es mejor apostar al “yuyo” como inversión que guiarse por la tasa Libor (truchada por los Guillermos Morenos ingleses). A tal punto que pese a la sequía nacional, la menguada cosecha ha rendido más en valor que la del año pasado.

La Presidenta tiene razón: el mundo se cae arriba de la Argentina. Lo cual contradice también lo que decían los columnistas contreras. No estamos aislados. Dependemos de que el mundo se recupere. Y también dependemos de que el Gobierno no se esmere por agravar la situación con esa extraña manía de solucionar un problema generando un problema mayor. Transformar el dólar, ese obscuro objeto del deseo argentino, en una perversa obsesión, más allá de haber logrado el Banco Central amarrocar los  verdes necesarios para pagar las deudas, ha convertido un bien bastante accesible, en un bien escaso, especialmente para el Gobierno.

Así, es un enigma de fácil solución el preguntarse por qué los capitalistas invierten en soja pero no invierten en el país de la soja.

(*) Luis Tonelli. Artículo publicado en "7 Miradas", Director Luis Pico Estrada, el 18 de Julio de 2012, en el News Nº 59.