domingo, 15 de julio de 2012

Psicometeoropolítica

Por Ricardo Saldaña (*)
“Era el mejor de los tiempos,
 era el peor de los tiempos…..”
Charles Dickens
Historia de dos ciudades

Frente a la deserción de la política, la mesa de arena luce hoy más inteligible desde la psiquiatría y la meteorología. Paradójicamente, cuanto más crece la intensidad con que “se nos cae el mundo encima”, más se reduce el nivel de humedad en el midwest estadounidense, y hace volar el precio del “yuyito”. Paralelamente, se advierte que las tensiones que trae la implacable escasez, tornan indisimulable la precariedad emocional de quien está a cargo. Un diseño político de tamaña concentración de poder, no puede evadirse de la natural ansiedad por saber qué pasa por la cabeza del que manda, en particular cuando se advierte repudiada, toda lógica política.

Chanchitos, muñequitos, “la vaca lechera”, o “el pelado”, para nombrar sólo algunos protagonistas de los últimos derrapes que muestran sus diarios stand ups, tornan inevitable la evocación -por cierto que con otra teatralidad- de los desafortunados episodios de Fernando divagando sobre la crisis de la merluza en el living de Susana, o haciendo de patético partenaire de Marcelo. No es un tema menor, para un régimen cuyo poder se sostiene en un elaborado proceso de construcción y circulación de símbolos.

Los sondeos de opinión comienzan a registrar el malhumor que despunta en variados segmentos sociales, donde cobra vida la sensación de ser víctimas del particular estilo presidencial de enfrentar los conflictos. La concepción patrimonialista del Estado con que se ejerce el poder, coloca al pueblo como rehén de los caprichos presidenciales. Así como un día se lo deja sin seguridad para castigar a Moyano o a Macri, otro día se lo despoja del aguinaldo, para someterlo a Scioli. Cristina Fernández haría bien en meditar acerca de las particularidades con que el imaginario social suele construir el vínculo de responsabilidad, sin descartar que las carencias puedan revertir en contra de quien retacea los recursos, con independencia del grado de elaboración de la retórica exculpatorias.

El aislamiento que padece el gobierno es la natural consecuencia de la pobreza conceptual de su concepción política. La dinámica en curso revela la inconsistencia de un gobierno pretendidamente peronista, paradójicamente desconcertado frente a un poder sindical que desafía el relato, reivindicando consignas que atraviesan categorías sociales propias de una arquitectura desactualizada.

En el otro frente, la riqueza del “combate del aguinaldo”  reside en hacer manifiesto el núcleo duro de una contradicción estructural, que condiciona severamente la viabilidad de cualquier estrategia imaginable de desarrollo. Subyacente a las justas reivindicaciones bonaerenses por la discriminación a que el distrito está sometido por el injusto régimen de reparto de los recursos fiscales, emerge la tensión fundamental irresuelta entre el interior dinámico y emprendedor, paradigma de la modernidad y la competitividad internacional -de creciente protagonismo en la generación de riqueza- y el poder electoral excluyente del conurbano bonaerense -tributario de un aparato industrial de baja productividad relativa-, que concentra explosivos bolsones de marginalidad y exclusión social.

Se entiende la furia desatada en las tiendas cristinistas, cuya ofensiva destituyente recorta el principio de legitimidad democrática al ejecutivo nacional. El desafío de la precoz apertura de la sucesión por el poder los encuentra a contrapierna. Vaciaron la economía de las fortalezas que le permitieron remontar la caída de 2009, rompiendo el maleficio que significaba hasta entonces una derrota en elecciones de medio término.[1] El pánico del 29 J, los llevó a sobreactuar los estímulos anticíclicos más allá del punto en que la economía había recuperado su dinamismo autónomo, fogoneando el proceso inflacionario, justo cuando empezaba a ceder por la moderación de la demanda. La torpeza de haber malversado esas condiciones virtuosas, somete hoy al gobierno a las consecuencias de un caótico desajuste de los precios relativos, malformación que empieza a detonar desordenadamente bajo las más variadas expresiones, desde las crisis fiscales provinciales hasta la demanda sindical por la actualización de los umbrales de tributación.

Como en un caleidoscopio, el azaroso encadenamiento de los hechos va entregando retazos de imágenes que varían caprichosamente. Por detrás del impacto visual de los brillos y las formas, la ocasión abre una ventana de oportunidad para un cambio de pantalla, que haga posible intentar el abordaje de las cuestiones estructurales. Una mirada optimista hasta podría permitirse la osadía de identificar nuevos clivajes, que aporten al intento de clausurar la larga noche política que transitamos desde 2001. El producido de ese desafío estará condicionado a la agudeza y pertinencia de la interpelación.

Puede aspirarse a una genuina conducción política de la Provincia rehuyendo el desafío de dar la pelea de fondo por la subrepresentación electoral y la coparticipación ? En esa contienda, de qué lado estarían “los feudales” ? No se está sobreestimando la homogeneidad de la estructura del poder territorial del conurbano cuando se ignora el peso relativo de la militancia gremial de los municipios ? 

Por otro lado, una renovada configuración del mercado de trabajo, que empuja los bordes de los estereotipos de estratificación social, ensancha la perspectiva de una coalición de intereses que conmueva los enmohecidos alineamientos de un dibujo político virtual, restaurando la representatividad astillada.
El primitivismo político con que se mueve el régimen, producto del abuso de los teleprompters mentales, reitera como respuesta fallidos intentos de deslegitimación del poder sindical, cuyos efectos colaterales supieron engendrar fugaces experiencias del tipo SITRAC SITRAM, que poco aportaron a la concordia nacional.

Los augures de la antigua Roma interrogaban al futuro leyendo las vísceras de las aves. Excepto por la sofisticación del instrumental, nada demasiado diferente de la imagen que proyecta una sociedad pendiente de los pluviómetros de Illinois y las probetas para dosaje de T₄., mientras en Palacio se añora la irrepetible purificación de la viudez.
14.07.2012
(*) Ricardo Saldaña. Periodista y analista político.
                                                                            

Fuente: Comunicación personal del autor

[1] Convendría advertir que la endeblez de aquel anatema no repara en que Alfonsín, Menem y De la Rúa no contaron con una economía tan pródiga en el tramo final de sus respectivas gestiones.