sábado, 28 de julio de 2012

Quiero ser Presidente... no me voy a defraudar

Por Raúl Acosta (*)
"(...) Yo tengo un ego así de grande, mire. Así. Prometo no cumplir nada de lo que digo, en eso soy común, nada especial. Estoy totalmente persuadido que debo sonreir impenitentemente hasta el día de la elección. Después solo con amigos. Tendré dos caras bien escondidas la una de la otra. Mi mano derecha no sabrá donde se esconde mi mano izquierda. Se que no hay modo que no investiguen mi pasado y en eso estoy perdido. Tengo pasado. Un desfalco aquí, una amante allá, un dinerillo en negro, otro amante por aquí (todas rubias en mi caso, todas) algunos tuvieron entreveros con artistas, yo con poetas. Todo puede arreglarse. Hay ejemplos. Si uno quisiese hablar, pero no se debe, es políticamente incorrecto. Se cantar la marchita, el adelante radicales, la internacional y se quien fue Esteban Echeverría. (...)".
Esta prácticamente decidido. Voy a elecciones. Necesito todos los votos que se puedan conseguir. En una Comisión de Fomento, en una Mutual (de las que no cambie plata) o en una cooperadora. Lo importante es elecciones libres y generales. Voto secreto. Necesito su voto. Ya veré que hago con él.
 
Hay cosas imprescindibles. Estoy seguro del triunfo. Hay cosas, digo, que son imprescindibles. Contratar un historiador para que arme un relato. Básico. Si es posible un cuerpo de redactores que deforme — perdón— que cambie la historia rescatando aquellos elementos que hacen a la esencia popular y que el neoliberalismo central postergó. Ejem. Lo dicho. Un cuerpo de historiadores, redactores, novelistas. Un cuerpo de relato. Corpus. Articulación. Hay palabras que deben usarse siempre. Un equipo que me mime. Que dé sustancia a la masita, que ponga cuerpo al humo. Que me haga creer que soy lo que no soy. Nadie es más alto que su peor sueño. No quiero sueños malos.
 
Lo primero es lo primero. Una coraza sustentable. Es necesario mantenerse firme en un dogma sin culpas, un dogma bien protestante. Aguante Weber. "Primero hacés que te voten después hacés lo que querés". Incorporar el olvido y el desdén. Eso es lo que se lleva dentro. Parece sencillo, pero uno debe manejar muy bien la culpa. Conozco más de uno que terminó con el corazón partido en mil pedazos, úlceras sangrantes de estómago, colon irritable y tripas ligeras. La culpa, muchachos y chicas, la culpa. Manejar la culpa es triunfar decía un amigo mío. Segismundo era su nombre, le decían de todo. No me peguen, soy Segismundo, vengo de Viena, aclaraba.
 
Fallás una vez, dos veces. En el tercer reportaje lográs decir de corrido: no me guía ningún interés personal, pero alguien debe hacerse cargo de las cuestiones de una sociedad que abandonó sus deberes, esos deberes me guían. No busco honores, este es un mandato de ustedes. A la tercera oportunidad la frase empieza a moverse (articularse) sola y uno, vos, yo, advierte que está para grandes cosas.
 
Hay que tener un antídoto. Un cortafuego. Una receta magistral y un talismán. Conozco una. Una frase sin enemigos. Es un latinazgo pero no hay pero que valga. "Vox populi vox Dei". Conviene traducirlo, para no tener líos con la dentadura y con los micrófonos de mala calidad. La voz del pueblo es la voz de Dios. Se le debe pegar otra. Boxeo elemental, marqués de Quincey. El uno—dos. La voz del pueblo es la voz de Dios y sépanlo: El pueblo nunca se equivoca. Ya está. Chau. A cobrar por ventanilla.
 
Si uno tiene internalizado este argumento contundente resulta fácil la mentira y la esgrima verbal. Si uno es elegido el "uno—dos" es el argumento con menos ateos en la tierra. Es la madre de todas las defensas. No hay debate perdido por alguien elegido por el pueblo que responda eso: el pueblo nunca se equivoca. La voz del pueblo es la voz de Dios. Chau. C´est fini. Atención,. Por favor, atención. Ojo al piojo. No es aconsejable usarlo si se ha perdido la elección, cosa altamente improbable. Estas cosas son iguales a los extinguidores en los edificios. En caso de incendio rompa el vidrio. En caso de incendio, ojo, "no rompás el vidrio al reverendo cuete"
 
Necesito su voto, quiero ser presidente de la Cooperadora. Quiero ser concejal, quiero ser diputado, quiero ser senador, quiero ser vicegobernador, quiero ser gobernador, quiero ser presidente. Quiero y quiero. Me fijo en lo escrito. El inconciente manda. No quiero ser vicepresidente. Fue casual. Escribí de corrido y lo omití. El inconsciente manda.
 
Conozco gente que está en los pliegos del Ejecutivo y/o Legislativo desde 1982 (si, no hay error) con fugaces pasos por cuerpos colegiados y candidaturas, ministerios y entes autárquicos. Cultivan el perfil bajo en julio como en enero pero, ay, minga de mano sincera. Están. Esa es una fórmula. Persevera y perdurarás. Chito la boca.
 
Conozco enfermos de abstinencia, con el mono a cuestas, temblequeando si tienen que pagar el teléfono y la nafta. Hace tanto que mandan las boletas a viáticos que ya ignoran el costo del kilo de yerba. No llevan dinero en el bolsillo ni se suben a los colectivos.
 
Todos conocemos casos de vivillos, de vagos y mal entretenidos. Eso es una cosa. Que te voten es otra. Yo preciso que me voten. Si te votan el ego está satisfecho. Algunos fueron elegidos en un tren colectivo y creen que triunfaron solos. La última vez que se fracturaron la muñeca fue cuando cayeron del ego. Yo tengo un ego así de grande, mire. Así. Prometo no cumplir nada de lo que digo, en eso soy común, nada especial. Estoy totalmente persuadido que debo sonreir impenitentemente hasta el día de la elección. Después solo con amigos. Tendré dos caras bien escondidas la una de la otra. Mi mano derecha no sabrá donde se esconde mi mano izquierda.
 
Se que no hay modo que no investiguen mi pasado y en eso estoy perdido. Tengo pasado. Un desfalco aquí, una amante allá, un dinerillo en negro, otro amante por aquí (todas rubias en mi caso, todas) algunos tuvieron entreveros con artistas, yo con poetas. Todo puede arreglarse. Hay ejemplos. Si uno quisiese hablar, pero no se debe, es políticamente incorrecto.
 
Se cantar la marchita, el adelante radicales, la internacional y se quien fue Esteban Echeverría. Tengo un lío con los demócratas progresistas porque algunos son excesivamente gorilas, pero saco a relucir "la liga del sur" y zafo. Las cosas se complican con radicales y peronistas si me trasladan la inquisición que los degüella: ¿ de qué sector? Houston, estamos en problemas.
 
La historia y los archivos no me ayudan. Muchos que fueron colaboracionistas son tan feroces progresistas como antes implacables anticomunistas. Los que "inmigraron" haciendo aduana interior cuentan hazañas de batallas donde había una peña de estudiantes y tiroteos donde funcionaba una caja de crédito y una mesa de dinero en negro. Nada ayuda porque algunos que fueron usureros son militantes de la primera hora y otros no lograron despegarse. Los acompaña el pasado.
 
Me dicen que hay pastillas del olvido y es necesario tomarlas. Puede ser. Como las del cómico mejicano: pastillas de chiquitolina.
 
Creo desenfrenadamente que la solución es bancarse todo hasta el primer cargo, después el tren te lleva. Lo que cuesta vale. Hay dirigentes que dan órdenes desde la cárcel y otros que han matado a más de veinte y van de juerga los sábados y confesiones y ostia los domingos. Otros no confiesan porque su religión no lo permite.
 
El eje es creer y creerse. El eje es creer que el de al lado es honesto, casto y puro y chau. Si el de al lado es puro y yo estoy a su vera también lo soy. El carácter recíproco es valioso en la política.
 
Después el transitivo. Si él es bueno y es amigo de Pepe luego Pepe es bueno y yo soy amigo de Pepe y puedo nombrar a mis parientes porque son amigos de Pepe y si no lo son ya lo serán. Todo llega. Aún mi cargo electivo. No moriré en el intento. No señor. No señora. Me tengo fe. No me voy a defraudar.
 
(*) Raúl Acosta. Artículo publicado por La Capital (Rosario) y por Urgente 24 el 28 de Julio de 2012