lunes, 30 de julio de 2012

Si el caballo piensa, se acabo la equitación,..

Por Malú Kikuchi (*)
"Si el caballo piensa,.. se acabó la equitación,..."  (1)

Le voy a hablar de educación. ¡No huya, no sea cobarde! Los argentinos sostenemos que la educación es prioritaria. Pero todos sabemos que no es cierto. Queda bien decirlo y lo decimos, pero mientras mis hijos y nietos tengan una educación razonable, ya que nadie aspira a la excelencia, los demás que se arreglen como puedan. Creemos que no es nuestro problema. Pero lo es, y así nos va.

Si llegó hasta acá, todo un esfuerzo, siga por favor. La educación pública DEBE ser de excelencia. Es el único método para integrar,  incluir y superar circunstancias adversas; para formar seres libres, capaces de elegir cómo vivir su vida, respetando la forma de vida de los demás, dentro de la ley.

No abandone ahora, aguante un poco más. Durante el 1° gobierno de Roca, el 8/7/1884, se sancionó la ley N° 1420 de enseñanza primaria (7 años), obligatoria (chicos entre 6 y 14 años) y gratuita. Ley que fuera impulsada por Sarmiento y  Avellaneda, presidentes que creían que la única manera de unificar un enorme territorio con escasa población (el 1° censo de 1869, Sarmiento, dio como resultado 1.830.214 habitantes, con un 71% de analfabetos), era educar. A todos por igual y en libertad. Pioneros

Sarmiento, antes de la ley 1420, encontró una Argentina con 30.000 chicos escolarizados y al terminar su mandato, eran 100.000. Con la 1420 cumplida a rajatabla, los chicos que no justificaban 2 días de ausencia escolar eran multados, en 10 años se redujo el analfabetismo en un 53, 5% y en 1914, ya con una población de 7.903.633, los analfabetos se redujeron un 35% más.

Era el tiempo en que Argentina iluminaba la esperanza de una Europa hambrienta, prometiendo y cumpliendo el sueño de “M´hijo el Dotor” (2). Argentina enseñaba, abría caminos, ilustraba, educaba en los valores esenciales del esfuerzo y el trabajo, para convivir libres y en paz, sin odios, ni divisiones, construyendo una patria  grande, que ya fue. Argentina era el país mejor educado de América Latina, a la par de EEUU. Lástima el “era”.

Todo se reduce, empieza y termina con la educación. ¿Qué pasó con el sueño de Sarmiento y esa Argentina con defectos, pero luminosa? ¿Fue porque si, por desidia, o a propósito, siguiendo un plan siniestro basado en formar clientes, en vez de ciudadanos? No conozco la respuesta, pero sí los resultados. Y son alarmantes. Pocos hechos, pero esclarecedores.

Informe PISA, Programa de Evaluación Internacional de OCDE, se realiza cada 3 años, se evalúan 65 países, con estudiantes de 15 años de nivel secundario, y la evaluación es sobre matemáticas y lengua. Nuestros chicos, en un 52% no interpretan lo que leen y socialmente son los de peor comportamiento. Argentina, sobre 65 países, ocupa el lugar 58. Además de ser el país que más ha INVOLUCIONADO en educación en los últimos 15 años. Hablamos de educación pública. La que pagamos entre todos. Y el presupuesto es alto. ¿¿¿???

Informe de la UNESCO, Global Education Digest. Nuestro secundario es “pésimo”, literal. De 100 chicos que ingresan al mismo, sólo el 43% se recibe en el tiempo previsto, y el 50% lentamente. En la hispánica América del Sur, Perú, Chile y Uruguay consiguen que el 70% de los que entran al secundario lo terminen, Colombia el 64%, Bolivia el 57%, Paraguay  y Argentina el 50%. Sólo le ganamos a Ecuador, con el 48%.  Algo no funciona.

Todos los años nos prometen 180 días de clase. No se cumplen. En Europa y Japón hay 210 días de clase por año. En China 230. ¿Cómo podrán competir nuestros mal educados argentinitos con el resto del mundo civilizado?

Yo tuve el privilegio de tener maestros, mis hijos se conformaron con docentes y mis nietos tienen trabajadores de la educación. La diferencia es notable. No es culpa de los educadores, no ganan lo que merecen y deben pelear por ello. Una prueba más que demuestra que no nos importa la educación, ya que los maestros, para ser tales, deben ser bien remunerados, y así  dedicarse a enseñar, sin estar pensando en cómo llegar a fin de mes.

A todo lo anterior súmele al ministro Sileoni. Sobre la toma de los colegios Nacional Buenos Aires y el Carlos Pellegrini, por parte de los estudiantes, toma hecha al grito de: “panchos y gaseosas subsidiados y nueva fotocopiadora”, declaró, y sus palabras son para recordar:
“Es un triunfo de la democracia y un triunfo de la educación. Es una cocina de participación democrática donde se aprende. Hay cuestiones que tienen que ver con la libertad de expresión que siempre son bienvenidas. Hacia el futuro es un reaseguro de que no nos vuelva a ocurrir lo que en el pasado”. Textual y sin comentarios. Es el ministro de Educación de la Nación.

El que no aprende, no sabe. Si no sabe, no puede elegir. Si no puede elegir con libertad, otros lo harán en su nombre. ¿No será que desde hace muchos años, alguien decidió por nosotros educarnos mal y eso lo hicieron muy, pero muy bien? 

“Si el caballo piensa, se acabó la equitación”. Y los jinetes están en el poder. 

(1) Ezequiel Martínez Estrada, “Las 40”, 1957.¨
(2) ”M´hijo el Dotor”, Florencio Sánchez, 1903.

(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora.