viernes, 13 de julio de 2012

Todos desunidos protestaremos

Por Luis Tonelli (*)
Gobierno versus MNoyano. Gobierno versus Scioli. El juego que se ha puesto en marcha es el de la Mutua Destrucción Asegurada. Juego que permitió al mundo sobrevivir a la Guerra Fría pese a todas las escaramuzas de un lado y del otro. ¿Pero son tan racionales los actores vernáculos contemporáneos como lo fueron John Fitzgerald Kennedy y Nikita Sergeyovich Kruschev, durante la Crisis de los Misiles Cubanos?.
Piña que suena no duele, rezaba el adagio de la platea del Luna Park, cuando se escuchaba un sonoro guantazo, que impresionaba solo a los no habitués. Con el sindicalismo pasa en un punto lo mismo. Si el sindicato sale a la calle continuamente es que no tiene poder. Cuando el Loro (léase Lorenzo Miguel) se encontraba al timón de Las Seis Dos (léase las 62 Organizaciones) no tenía necesidad de pasar a los hechos; le bastaba con levantar el auricular del teléfono.

Pero la división lleva a la competencia por quien es más “representativo” (o sea, en épocas duras, quién es más duro). Y la competencia lleva a la protesta. Ahora, la protesta si no es generalizada no duele; pierde legitimidad. Es una decisión egoísta. Poco solidaria.

Es lo que le pasó a Hugo Moyano cuando pensó que su día de fama había llegado. Pero no. Los muchachos del Mionca estrangulando el abastecimiento porteño no podían ser celebrados por la clase media alta, a pesar de todo su neo-gorilismo anticristinista. La plaza hegemonizada por los chalecos verdes, el baile del Tetra, y el folklore peronista tampoco.

Con el sindicalismo, a la Presidenta no le interesa la política. Mira las encuestas y ve que Moyano no es un peligro popular ni mucho menos. Sí le interesa como factor macroeconómico. Los sindicatos divididos, razona, pueden meter mucha bulla. Pero individualmente, la negociación a la baja es más fácil (aunque se compita por quien pide más).

Cierto en teoría. Pero las cosas pueden salir diferentes a lo que marcó la tiza en el pizarrón. Moyano es todavía un factor clave en la gobernabilidad sistémica. Los decuriones camioneros pueden bloquear la vía de acceso que quieren. Generar histeria en el centro; bloquear el suministro de energía; no permitir la salida de la soja. Son cuestiones críticas. Desde ya, Moyano y los suyos pueden pagar un costo altísimo en términos de legitimidad si acuden a su fuerza bruta. Pero también es cierto que si el conflicto se extiende, el principal activo que tiene este gobierno –y más con una economía que se estanca- es el de la gobernabilidad. Y si aparecen desafíos serios a ese activo, el gobierno va a también pagar su costo.
Y tampoco la cosa tiene que pasar necesariamente por camioneros: los gremios de la izquierda combativa están relamiéndose con lo que ellos consideran la “agudización de las contradicciones” capitalistas, lo cual los acerca por un lado a Moyano, y por el otro, hace que lo corran por sinistra. Aun así, para el conflicto con los sindicatos el Gobierno tiene un repertorio de recursos represivos y premios a la lealtad todavía muy importante. Síntesis: el enfrentamiento con los antiguos aliados sindicales le sirve al Gobierno para demostrar que todavía Gobierna (y aleja el fantasma de la sucesión).
 
Donde la situación no aparece tan clara a favor del Gobierno Nacional es en su puja con la Provincia de Buenos Aires. Aquí hay una situación económica de fondo, pero la política parece mandar.  Es cierto que frente a la mishiadura la Nación se ha puesto dura y no dobla el brazo para ayudar a la provincia en momentos en donde los recursos escasean hasta para los más alineados. Pero esta ausencia de ayuda viene, además, acompañada de declaraciones, contradeclaraciones, operaciones y desmentidas múltiples. Declaraciones donde, desde la provincia, elíptica y mediáticamente, la “agradecen” a la Nación “hacer todo lo que pueden” aunque no “puedan” enviar los fondos comprometidos. Desde la Casa Rosada, el ataque es directamente ad hominem: que el Gobernador aprenda a gobernar.

La gran incógnita es a que a simple vista, el juego que se ha puesto en marcha es el de la Mutua Destrucción Asegurada. Juego que permitió al mundo sobrevivir a la Guerra Fría pese a todas las escaramuzas de un lado y del otro. ¿Pero son tan racionales los actores vernáculos contemporáneos como lo fueron John Fitzgerald Kennedy y Nikita Sergeyovich Kruschev, durante la Crisis de los Misiles Cubanos?. Por lo pronto, aquí, ya han empezado a surtirse a lo lindo con las armas orales convencionales. ¿Quién parará la escalada?

(*) Luis Tonelli. Periodista y analista político. Artículo publicado en "7 Miradas" el 11 de Julio de 2012, News Nº 58. Director: Luis Pico Estrada.