miércoles, 22 de agosto de 2012

Historieta del dinero

Por Aníbal Hardy (*)

PRIMERA PARTE (27/07/2012)

La presente nota y otras futuras, serán una ficción sobre el origen dinero y las finanzas, hasta el presente. El problema mundial sobre los banqueros, su relación con la gente y las naciones no es muy comprensible, pero si preocupante, y esta fábula puede ayudar a entender un poco. Todo proviene de cosas que he leído, que he oído, que he visto, y que pienso, por ello no todo es mío, pero nada me es ajeno. Espero agrade y aclare.

El personaje de este relato se desarrolla durante la época de los orfebres ingleses en siglos 16 y 17, época en la que se inicia este cuento ilustrativo. Juan era un artesano que trabajaba con plata y oro, haciendo joyería y ornamentos, pero estaba descontento con tener que trabajar para vivir. Siempre deseo prestigio y poder. Tuvo una idea y sus sueños se hicieron realidad. Por generaciones la gente utilizó el sistema del “trueque”. Toda persona mantenía a su familia trabajando o bien se especializaba en un comercio particular. Los bienes excedentes de su propia producción, los intercambiaba por los excedentes de los otros. En los días del mercado había mucha gente discutiendo: era necesario un sistema mejor.

En cada comunidad un gobierno simple había sido formado para resguardar las libertades y los derechos de las personas. Éste era el único propósito del gobierno y cada gobernador era apoyado voluntariamente por la comunidad local que lo eligió. Sin embargo, el día del mercado era un problema que no podían solucionar. ¿Valía un cuchillo una o dos cestas de maíz? Valía una vaca más que un carro...? etc. A ninguno se le había ocurrido un sistema mejor.


Juan dijo, "tengo la solución a los problemas del trueque, e invito todos a una reunión pública". Reunidos, explicó el nuevo sistema que él llamó "dinero". La idea sonó bien. "¿cómo vamos a comenzar?" preguntó la gente.


"El oro que uso en ornamentos y joyería es un metal excelente. No se deslustra ni se enmohece, y dura muchos años. Fundiré un poco de mi oro en monedas y llamaremos a cada moneda "un peso”. Él explicó cómo trabajarían los valores, y que ese dinero sería realmente un medio para el intercambio, un sistema mucho mejor que el trueque.


Uno de los gobernadores advirtió: "algunas personas pueden encontrar oro y hacer las monedas para sí mismos, y eso sería injusto…"


Juan tenía preparada la respuesta: “solamente las monedas aprobadas por el gobierno pueden ser utilizadas, y éstas tendrán una marca especial estampada en ellas”, y sugirió que cada uno obtenga la cantidad que requiera de mí. No habrá límite, a excepción de su capacidad de devolverlas. Cuanto más dinero cada uno obtiene, más debe devolver al final del año.


-¿Y qué pago recibe usted? la gente le preguntó a Juan, y este respondió: “puesto que estoy proporcionando un servicio, es decir, la fuente de dinero, me dan derecho al pago por mi trabajo. Digamos que para cada 100 monedas que ustedes obtienen, me devuelven 105 por cada año que ustedes mantienen la deuda. Los 5 serán mi pago, y llamaré a este pago, “interés”. No parecía haber otra manera, y además, el 5% parecía poca cantidad para un año, y todos aceptaron.


Juan no perdió un minuto. Él hizo monedas y al final de la semana ya estaba listo. La gente hizo cola para entrar en su tienda, y después que las monedas fueran examinadas y aprobadas por los gobernadores el sistema comenzó. Algunos pidieron unas pocas monedas y se fueron a intentar el nuevo sistema. Descubrieron que el dinero era maravilloso, y pronto valoraron todo en monedas o pesos de oro. El valor que pusieron en cada cosa fue llamado un “precio”, y este dependió principalmente de la cantidad de trabajo requerido para producir el bien. Si tomaba mucho trabajo el precio era alto, pero si era con poco esfuerzo el precio era bajo.


En la ciudad vivía un solo relojero y sus precios eran altos. Después otro hombre comenzó a hacer los relojes y los ofreció en un precio más bajo para conseguir ventas. El primero fue forzado a bajar sus precios, y luego todos los precios se vinieron abajo, de modo que ambos hombres se esforzaran en dar la mejor calidad en el precio mas bajo. Era una libre competencia genuina.


Fue igual con los constructores, contadores, granjeros, etc. De hecho, los clientes elegían siempre lo que se sentían era el mejor trato. Tenían libertad de elección. No había protección artificial tal como licencias o tarifas para evitar que la gente entre en el negocio. El estándar de vida se elevó, y después de poco tiempo la gente se preguntaba cómo habían vivido antes sin el dinero.


Al año, Juan salió de su tienda y visitó a toda la gente que le debía las monedas. Algunos tenían más de lo que pidieron prestado, pero esto significaba que otros tenían menos, puesto que solo había cierto número de monedas distribuidas inicialmente. Los que tenían más de lo que pidieron prestado devolvieron lo prestado más 5 adicionales cada 100, pero de todos modos, luego de devolver sus monedas, tuvieron que pedir prestado nuevamente para poder continuar. Los otros descubrieron por primera vez que tenían una “deuda”. Antes de prestarles más dinero, Juan tomó una “hipoteca” sobre algunos de sus activos, y cada uno salió una vez más a intentar conseguir esas 5 monedas extra que siempre parecían tan difíciles de encontrar…

  

Segunda Parte: (31/07/2012)

Seguimos con esta ficción.
Salvo Juan que había inventado el dinero, nadie se dio cuenta que en el conjunto, nadie podría salir de su deuda hasta que todas las monedas fueran devueltas, pero, aunque se repusieran todas, estaban siempre esos 5 adicionales en cada 100 que nunca habían sido puestos en circulación. Nadie más que Juan podía ver que era imposible pagar el interés, por lo tanto a alguien siempre le faltaría.

Juan gastaba algunas monedas, pero no podía gastar tanto como el 5% de la economía total del país. Había millares de gente y Juan era solamente un artesano, viviendo una vida confortable. En la parte posterior de su tienda hizo una caja fuerte y la gente encontró conveniente dejar algunas de sus monedas en ella como “Depósito de Seguridad”. Él cobraba un canon pequeño dependiendo de la cantidad de dinero, y del tiempo que permanecía con él, daba al dueño de las monedas, un recibo por cada depósito. Cuando iban de compras, no llevaban las monedas de oro, solo le daban al comerciante uno de los recibos de Juan, según el valor de las mercancías que deseaba comprar.


Los comerciantes reconocían el recibo como genuino y lo aceptaban con la idea de llevarlo luego ante Juan y recoger la cantidad apropiada en monedas. Los recibos pasaron de mano en mano en vez de transferir el oro en sí mismo. La gente tenía completa confianza, y los aceptaban como si fueran las monedas de oro. Así nació el billete.


Al poco tiempo, Juan notó que era bastante raro encontrar que alguna persona le pidiera realmente sus monedas de oro, y se dijo: Estoy en la posesión de todo este oro y sigo teniendo que trabajar duro como artesano. No tiene sentido. Hay docenas de personas que estarían contentas de pagarme el interés por el uso de este oro depositado y que sus dueños raramente reclaman. Es verdad, que el oro no es mío, pero está en mi posesión, que es todo lo que importa. Ya no necesito hacer más monedas para prestar, puedo utilizar algunas de las monedas almacenadas en la caja fuerte. Al principio fue muy cauteloso, prestando unas pocas monedas cada vez, y sólo cuando tenía amplia seguridad de su devolución. Pero gradualmente tomó confianza, y prestó cantidades más grandes.


Un día, cuando un préstamo muy grande fue solicitado, Juan sugirió, en vez de llevar todas estas monedas podemos hacer un depósito en su nombre, y entonces le daré varios recibos al valor de las monedas. El prestatario convino, y el cliente se fue con un manojo de recibos. Él había obtenido un préstamo, sin embargo el oro permanecía en la caja fuerte de Juan, el que sonrió, descubriendo que él podía tener la torta y encima comerla también. Él podría prestar el oro y todavía mantenerlo en su posesión.


Todos necesitaron fondos para realizar sus negocios, y siempre y cuando podían asegurar la devolución, podían pedir prestado tanto como necesitaran. Simplemente escribiendo recibos Juan podía prestar tanto dinero como varias veces el valor del oro en su caja fuerte, y él ni siquiera era el dueño del dinero en ella. Todo era seguro siempre y cuando los dueños verdaderos no pidieran su oro y la “confianza” de la gente fuera mantenida. Él tenía un libro mostrando los debitos y los créditos de cada persona.


De hecho, el negocio de préstamos demostraba ser muy lucrativo. Su posición social en la comunidad aumentaba casi tan rápidamente como su riqueza. Él se estaba convirtiendo en un hombre de importancia, él requería respeto, y en materia de finanzas, su palabra era como una declaración sagrada.


Los orfebres de otras ciudades fueron curiosos sobre sus actividades y un día lo llamaron. Él les dijo qué hacía, pero tuvo mucho cuidado en remarcar la necesidad de mantener el secreto. Si su plan fuera expuesto, el esquema fallaría, así que acordaron formar su propia alianza secreta. Cada uno volvió a su propia ciudad y comenzó a operar como Juan les había enseñado.


La gente ahora aceptaba los recibos como algo tan bueno como el oro en sí mismo, y muchos recibos fueron depositados para mantenerlos seguros de la misma manera que las monedas. Cuando un comerciante deseaba pagar otras mercancías, él escribía simplemente una nota corta dirigida a Juan en la que le mandaba “transferir el dinero de su cuenta” a la del segundo comerciante. A Juan le tomaba solamente algunos minutos para ajustar los números en el libro. Este nuevo sistema llegó a ser muy popular, y las notas con la instrucción de transferencia fueron llamadas “cheques”.

 

Tercera parte: (06/08/2012)

Un día los orfebres tuvieron otra reunión secreta y Juan les reveló un nuevo plan. Convocaron una reunión con todos los gobernadores, y Juan dijo: Los recibos que nosotros emitimos han llegado a ser muy populares. Sin duda, la mayoría de ustedes los gobernantes los está utilizando y los encuentran muy convenientes. Estos asintieron. Estaban de acuerdo, pero se preguntaban cuál era el problema. Juan dijo: -algunos recibos están siendo copiados por falsificadores.

Los gobernadores se alarmaron. Juan contestó, - mi sugerencia es: primero que todo, hagamos que sea el trabajo del gobierno el imprimir nuevas notas en un papel especial con diseños muy intrincados, con las caras de los próceres y entonces cada nota se firmará por el principal gobernador. Las notas las llamaremos “billetes”. Los orfebres estaremos felices de pagar los costos de la impresión, pues nos ahorrará mucho del tiempo que pasamos escribiendo nuestros recibos. Los gobernadores razonaron, -bien, es nuestro trabajo proteger a la gente contra falsificadores y su consejo parece ciertamente una buena idea. Acordaron imprimir los billetes. En segundo lugar, dijo Juan, -algunas personas han hecho excavaciones y están haciendo sus propias monedas de oro. Sugiero que emitan una Ley, para que cualquier persona que encuentre pepitas de oro deba entregarlas, y por supuesto, serán pagadas con billetes y monedas.


La idea sonó bien, y sin pensarlo imprimieron una gran cantidad de nuevos y flamantes billetes. Tenían valores impresos de $1, $2, $5, $10 etc. Los pequeños costos de impresión fueron pagados por los orfebres. Los billetes eran mucho más fáciles de transportar y rápidamente fueron aceptados por la gente. Pero a pesar de su popularidad, estos impresos eran usados sólo para el 10% de las transacciones. Los registros mostraban que el sistema de cheques era usado para el 90% de todos los negocios.


La siguiente etapa del plan comenzó. Hasta ahora, la gente le estaba pagando a Juan por guardar su dinero. Para atraer más dinero a la Caja Fuerte , Juan se ofreció a pagar a los depositantes un 3% de interés sobre los depósitos. La mayoría de la gente creía que él estaba prestando ese dinero a los deudores al 5%, y su ganancia era el 2% de diferencia. Además, la gente no le preguntó mucho, ya que obtener el 3% era mucho mejor que estar pagando para depositar el dinero en lugar seguro. La cantidad de ahorros creció, y con el dinero adicional en las bóvedas, Juan podía prestar $200, $300, $400 hasta $900 por cada $100 en billetes y monedas que mantenía en depósito. Él debía ser cuidadoso de no exceder este factor de 9 a 1, ya que una persona de cada diez, le requería retirar el depósito para usar su dinero. Si no había suficiente dinero disponible cuando alguien se lo requería, la gente hubiera comenzado a sospechar, ya que las libretas de depósito mostraban exactamente cuanto habían depositado.


Mas allá de esto, sobre los $900 en asientos contables que Juan había prestado escribiendo cheques él mismo, podía demandar hasta $45 de interés, (45=5% de 900). Cuando el préstamo más los intereses eran devueltos ($945), los $900 se cancelaban en la columna de debitos y Juan se guardaba los $45 de interés. Por lo tanto, él estaba más que contento de pagar $3 de interés sobre los $100 depositados originalmente, los cuales nunca habían salido de la bóveda. Esto significaba, que por cada $100 que mantenía en depósito, era posible obtener un 42% de ganancia, mientras la mayoría de la gente pensaba que el sólo ganaba el 2%. Los otros orfebres estaban haciendo la misma cosa. Creaban dinero de la nada, sólo con su firma en un cheque, y además le cargaban intereses.


Es cierto, ellos no estaba haciendo billetes, el Gobierno imprimía y se los entregaba a los orfebres para distribuir. El único gasto de Juan era el pequeño costo de impresión. Sin embargo, ellos estaban creado “dinero de crédito”, que salía de la nada y le cargaban mas intereses. La mayoría de la gente creía que la provisión de dinero era una operación del Gobierno. También creían que Juan estaba prestando el dinero que alguien mas había depositado, pero había algo extraño: ningún depósito decrecía cuando Juan entregaba un préstamo. Si todos hubieran tratado de retirar sus depósitos al mismo tiempo, el fraude hubiera sido descubierto.

No había problemas si alguien pedía un préstamo en monedas o billetes. Juan simplemente le explicaba al Gobierno que el incremento de la población y de la producción requería más billetes, y los obtenía a cambio del pequeño costo de impresión.
Un día, un hombre que solía pensar mucho fue a ver a Juan. “Esta carga del interés está mal, le dijo”. -Por cada $100 que usted presta, está pidiendo $105 en devolución. Los $5 extra no pueden ser pagados nunca ya que no existen. Etc. etc. Juan escuchó en silencio y finalmente dijo: “ La Economía Financiera es un tema muy profundo, amigo, toma años de estudio. Déjeme a mí preocuparme por estos asuntos, y usted preocúpese por los suyos. Usted debe volverse más eficiente, incremente su producción, baje sus gastos y conviértase en un mejor empresario. Siempre estaré dispuesto a ayudarlo en esos asuntos”.

El hombre se fue sin estar convencido con las operaciones de Juan, y que su pregunta había sido contestada con evasivas. Sin embargo, la mayoría de la gente respetaba la palabra de Juan- -Él es el experto, los otros deben estar equivocados. Miren como creció el país, cómo se incrementó nuestra producción - mejor dejemos que él maneje estos temas.

 

Cuarta Parte (09/08/2012)

Para pagar los intereses sobre los préstamos que habían pedido, los comerciantes tuvieron que elevar sus precios. Los asalariados se quejaron de que los sueldos eran muy bajos (al subir los precios podían comprar menos bienes con su salario). Los empresarios se negaron a pagar mayores sueldos, diciendo que quebrarían. Los granjeros no podían obtener precios justos por su producción. Las amas de casa se quejaban de que los alimentos estaban muy caros.

Y finalmente algunas personas se declararon en “huelga”, algo de lo que nunca se había oído hablar antes. Otros habían sido golpeados por la pobreza, y sus amigos y parientes no tenían dinero para ayudarlos. La mayoría había olvidado la riqueza real alrededor de ellos como las tierras fértiles, los grandes bosques, los minerales y el ganado. Sólo podían pensar en el dinero, que siempre parecía faltar. Pero nunca cuestionaron el sistema bancario. Ellos creían que el gobierno lo manejaba.


Algunos pocos habían juntado su dinero y formaron compañías de préstamos y financieras. Podían obtener 6% o más, de esta manera, lo que era mejor que el 3% que pagaba Juan, pero solo podían prestar el dinero que poseían - no tenían el poder de crear dinero de la nada simplemente escribiendo asientos contables en un libro.


Estas compañías financieras preocuparon a Juan y a sus amigos, así que rápidamente formaron sus propias compañías. En la mayoría de los casos, compraron a las otras compañías antes de que se pusieran en marcha. En poco tiempo, todas las compañías financieras les pertenecían o estaban controladas por ellos.


La situación económica empeoró. Los asalariados estaban seguros de que los patrones estaban teniendo mucha ganancia. Los patrones decían que los trabajadores eran muy vagos y no estaban cumpliendo honestamente su trabajo, y todos culpaban entre si. Los Gobernantes no pudieron encontrar una respuesta, y además, el problema inmediato parecía ser combatir la creciente pobreza.


El Gobierno emprendió entonces esquemas de beneficencia e hicieron leyes forzando al ciudadano a contribuir en ellos. Nacieron los Impuestos. Esto hizo enojar a mucha gente, que creían en la vieja idea de ayudar al vecino voluntariamente. Decían; -Estas leyes no son más que un robo legalizado. Sacarle algo a una persona, contra su voluntad, mas allá del propósito para el cual se usará, no es diferente de robar. Pero cada hombre se sentía indefenso y temía ir a la cárcel si no pagaba.


Estos esquemas de beneficencia dieron algún alivio en principio, pero al tiempo el problema de la pobreza se agravó nuevamente y más dinero era necesario para la beneficencia. El costo de los esquemas de beneficencia se elevó más y más y el tamaño del Gobierno creció.


La mayoría de los gobernantes eran hombres sinceros tratando de hacer lo mejor posible. A ellos no les gustaba pedir más dinero de su pueblo (aumentar impuestos) y finalmente, no tuvieron otra opción que pedir prestado a Juan y sus amigos. No tenían idea de cómo iban a hacer para devolverlo. La situación empeoraba, los padres ya no podían pagar a los maestros para sus hijos. No podían pagar médicos y las empresas de transporte estaban quebrando.

Uno por uno, el gobierno fue forzado a tomar estos servicios por su cuenta. Maestros, médicos y muchos otros se convirtieron en servidores públicos. Muy pocos estaban satisfechos de su trabajo en el Estado. Recibían un salario razonable, pero perdieron su identidad. Se convirtieron en pequeños engranajes de una maquinaria gigantesca. Nació el Empleado Público.

No había espacio para la iniciativa personal, muy poco reconocimiento para el esfuerzo, sus ingresos eran fijos, y sólo se ascendía cuando un superior se retiraba o moría. Desesperados, los gobernantes decidieron pedir el consejo de Juan. Lo consideraban muy sabio y parecía saber cómo resolver asuntos de dinero. Juan escuchó todos sus problemas, y finalmente respondió, -Mucha gente no puede resolver sus problemas por sí mismos, ellos necesitan a alguien que lo haga por ellos. Seguramente estarán de acuerdo que la mayoría de la gente tiene el derecho a ser feliz y a ser provista con lo básico para vivir. Uno de nuestros grandes dichos es “Todos los hombres son iguales” - ¿No es cierto? - Bien, la única manera de balancear las cosas es tomar el exceso de riqueza de los ricos y darsela a los pobres. Introduzcan un sistema de impuestos. Cuanto más tenga un hombre, más debe pagar. Recojan los impuestos de cada persona según su capacidad, y den a cada uno según su necesidad. Las escuelas y los hospitales deben ser gratuitas para los que no puedan permitírselos.


Además de la charla sobre grandes ideales y acabó diciendo: - A propósito, los del gobierno, no se olviden que me deben dinero. Han estado pidiendo prestado por mucho tiempo. Lo menos que puedo hacer para ayudar, es, como una atención para ustedes, que sólo me paguen el interés. Dejaremos el capital como deuda, solo paguen el interés. Salieron, y sin hacer mucho análisis sobre las filosofías de Juan, introdujeron el impuesto graduado sobre la renta - cuanto más usted gana, más alta es su imposición fiscal. A nadie le gustó esto, pero, o pagaban los impuestos o iban a la cárcel.

 

Quinta Parte: (13/08/2012)

Los nuevos impuestos forzaron a los comerciantes nuevamente a subir sus precios. Los empleados exigieron salarios más altos lo que causó que muchas empresas cerraran, o que sustituyeran hombres por maquinaria. Esto causó desempleo adicional y forzó al gobierno a introducir más esquemas de beneficencia y más seguros de desempleo.

Se fijaron tarifas y se implementaron otros mecanismos de protección para resguardar algunas industrias y que se mantuvieran dando empleo. Algunas personas se preguntaban si el propósito de la producción era producir mercancías o simplemente proporcionar empleo.


Mientras las cosas se ponían peores, intentaron el control del salario, el control de precios, y toda clase de controles. El gobierno intentó conseguir más dinero con un impuesto a las ventas, aportes patronales, aportes salariales y toda clase de impuestos. Alguien observó que en el camino desde la cosecha del trigo hasta la mesa de los hogares, había cerca de 50 impuestos sobre el pan.


Los expertos se presentaron y algunos eran elegidos para gobernar, pero después de cada reunión anual aparecían sin soluciones, a excepción de la noticia de que los impuestos debían ser reestructurados, pero siempre la suma total de impuestos aumentaba. Juan comenzó a exigir sus pagos de interés, y una porción más grande del dinero de los impuestos era necesaria para pagarlo.


Entonces vino la política partidaria - la gente discutía sobre qué partido político podría solucionar lo mejor posible sus problemas. Discutieron sobre las personalidades, idealismo, los slogans, todo excepto el problema real. Los consejos deliberantes estaban en problemas. En una ciudad el interés de la deuda excedió la cantidad de impuestos que se recaudaron en un año. En todo el país el interés sin pagar siguió aumentando - se cargó interés sobre el interés sin pagar.


Gradualmente, mucha de la riqueza real del país fue comprada o controlada por Juan y sus amigos y con ello vino el mayor control sobre la gente. Sin embargo, el control no era todavía completo. Sabían que la situación no sería segura hasta que cada persona fuera controlada.


La mayoría de la gente que se oponía al sistema era silenciada por presión financiera, o sufría el ridículo público. Para lograr esto, Juan y sus amigos compraron la mayoría de los periódicos, T.V. y las estaciones de radio. Y seleccionaron cuidadosamente a la gente para operarlas. Muchas de estas personas tenían un deseo sincero de mejorar el mundo, pero nunca se dieron cuenta cómo los utilizaban. Sus soluciones se ocuparon siempre de los efectos del problema, nunca de la causa.


Había varios periódicos - uno para el ala derecha, uno para el ala izquierda, uno para los trabajadores, uno para los patrones, etc. No importaba mucho en cual usted creyera, siempre y cuando usted no pensara en el problema real. El plan de Juan casi estaba en su terminación - el país entero le debía dinero a él. Con la educación y los medios, él tenía el control de las mentes de la gente. Podían pensar y creer solamente lo que él deseaba que pensaran. Los medios fijaban los temas y los debates.


Una vez que un hombre tiene mucho más dinero que el que puede gastar para sus placeres, ¿qué desafío queda para excitarlo? Para aquellos con una mentalidad de clase dominante, la respuesta es el poder - poder puro y completo sobre otros seres humanos. Colocaron idealistas en los medios de comunicación y en el gobierno, pero los controladores reales que Juan buscaba eran los que tenían mentalidad de clase dominante.


La mayoría de los orfebres se habían dirigido por este camino. Conocían la sensación de gran abundancia, pero ya no los satisfacía. Necesitaban desafíos y emoción, y el poder sobre las masas se convirtió en el gran juego. Creyeron que eran superiores a todos los demás. -Es nuestro derecho y nuestro deber gobernar. Las masas no saben qué es bueno para ellos. Necesitan ser dirigidos y organizados. Gobernar es nuestro derecho de nacimiento.

 

Sexta Parte (20/08/2012)

En todo el país, Juan y sus amigos poseían muchas oficinas de préstamos. Es cierto que eran de propiedad privada y de diferentes dueños. En teoría estaban en competencia unos con otros, pero en realidad trabajaban juntos. Después de persuadir algunos de los gobernadores, instalaron una institución que llamaron La Reserva Central de Dinero. Ni siquiera usaron su propio dinero para hacer esto, ya que crearon crédito contra una parte de los depósitos de la gente.

Esta institución parecía regular la fuente del dinero y ser una institución perteneciente al gobierno, pero extrañamente, no se permitió a ningún gobernador o servidor público ingresar a la Junta Directiva.


El gobierno dejó de pedir prestado directamente de Juan, pero comenzó a utilizar un sistema de Bonos contra la Reserva Central de Dinero. La garantía ofrecida era el rédito estimado de los impuestos del año próximo. Esto estaba en línea con el plan de Juan - alejar las sospechas de su persona y dirigir la atención hacia una aparente institución del gobierno. Detrás de la escena, él todavía mantenía el control.


Iindirectamente, Juan tenía tal control sobre el gobierno, ya que ellos estaban obligados a seguir sus instrucciones. Él solía jactarse: -déjenme controlar el dinero de una Nación y no me importa quién haga sus leyes. No importaba mucho qué partido fuera elegido para gobernar. Juan tenía el control del dinero, la sangre vital de la Nación. El gobierno obtuvo el dinero, pero el interés fue cargado siempre en cada préstamo. Más y más se gastaba en esquemas de beneficencia y en seguros de desempleo, y no pasó mucho tiempo antes de que el gobierno encontrara difícil incluso de pagar el interés, y sin hablar del capital.


Pero todavía había gente que se preguntaba: -El dinero es un sistema hecho por el hombre. Seguramente puede ser ajustado para ponerlo al servicio de la gente, y no que la gente este al servicio del dinero. Pero cada vez había menos personas que se hacían esta pregunta y sus voces se perdieron en la loca búsqueda del dinero inexistente para pagar el interés.


Los gobiernos y los partidos políticos cambiaron, pero las políticas de base continuaban. Sin importar quien estaba en el poder, la meta final de Juan se acercaba más y más cada año. Las políticas de la gente no significaban nada. La gente pagaba impuestos al límite, no podían pagar más. Maduraba el momento para el movimiento final de Juan.


El 10% del dinero todavía estaba en forma de billetes y monedas. Esto tenía que ser suprimido de manera tal de no despertar sospechas. Mientras la gente utilizara efectivo, estaría libre para comprar y vender como quisiera - la gente todavía tenía cierto control sobre sus propias vidas.


Pero no era siempre seguro llevar billetes y monedas. Los cheques no eran aceptados fuera del país, y por lo tanto se buscó un sistema más conveniente. Juan tenía de nuevo la respuesta. Su organización le dio a cada uno una “tarjeta plástica” que mostraba el nombre de la persona, la fotografía y un número de identificación.


En cualquier lugar donde esta tarjeta fuera presentada, el comerciante telefoneaba a la computadora central para controlar el crédito. Si tenía crédito, la persona podría comprar lo que desee; hasta cierta cantidad. Al principio, a la gente se le permitió gastar una cantidad pequeña en crédito, y si esto se pagaba dentro del mismo mes, no se cobraba ningún interés. Esto estaba muy bien para el asalariado, pero ¿qué pasaría con los empresarios?. Ellos tenían que instalar maquinaria, fabricar las mercancías, pagar los salarios etc., vender todas sus mercancías y recién pagar el crédito. Si se excedían un mes, lo cargaban con un 1,5% por cada mes que la deuda era debida. Esto ascendía al 18% por año.


Los empresarios no tenían ninguna opción más que agregar el 18% sobre el precio de venta. Pero todo este dinero o crédito adicional (el 18%) no había sido prestado a nadie (no estaba en circulación). En todo el país los empresarios tenían la imposible tarea de pagar $118 por cada $100 que pidieron prestados - pero los $18 adicionales nunca habían sido creados en el sistema. No existían.


Juan y sus amigos aumentaron aún más su posición social. Eran mirados como pilares de respetabilidad. Sus declaraciones en finanzas y en economía eran aceptadas con convicción casi religiosa.


Bajo la carga de impuestos cada vez más altos, muchas pequeñas empresas se derrumbaron. Licencias especiales eran necesarias para varias operaciones, de modo que las empresas restantes encontraran muy difícil participar. Juan poseía y controlaba todas las compañías grandes que tenían centenares de subsidiarias. Éstos parecían estar en competencia unos con otros, sin embargo Juan los controlaba a todos. Eventualmente, todos los otros competidores fueron forzados a cerrar. Los plomeros, los carpinteros, los electricistas y la mayoría de las industrias pequeñas sufrieron el mismo destino - fueron tragados por las compañías gigantes de Juan que tenían protección del gobierno.


Juan quería que las tarjetas plásticas reemplazaran a los billetes y las monedas. Su plan era que cuando todos los billetes fueran retirados, sólo los negocios que usaran el sistema de tarjeta contra la computadora central podrían funcionar.


Él planeó que eventualmente alguna gente perdería sus tarjetas y estaría entonces imposibilitada de comprar o vender nada hasta que se hiciera una prueba de identidad. El quería imponer una Ley, que le daría el control total, y una ley obligando a todos a tener su número de identificación tatuado en la mano. El número sería visible sólo bajo una luz especial, conectada a una computadora. Cada computadora estaría conectada a la computadora central gigante y así Juan podría saber todo sobre todos. A propósito, la terminología usada en el mundo financiero para este sistema es Encajes Bancarios.

 

Séptima (y última) Parte (21/08/2012)

Toda la historia que se ha leído es, por supuesto, una ficción y, como dije en la primera nota, si le es preocupante y cercana a la realidad, y quiere saber quién es Juan en la vida real, hacer un estudio de las actividades de los orfebres ingleses en siglos 16 y 17.

Reitero, que todo sobre este tema, proviene de cosas que he leído, que he oído, que he copiado, que he visto, y que pienso, por ello no todo es mío, pero nada me es ajeno. Espero haya agradado y sobre todo aclarado el funcionamiento bancario.


El Banco de Inglaterra comenzó en 1694. El Rey Guillermo de Orange estaba en dificultades financieras como resultado de una guerra con Francia. Los orfebres le prestaron 1,2 millones de libras (cantidad impresionante en esos días) con ciertas condiciones: El tipo de interés iba a ser del 8%. Debe recordarse que la Carta Magna indicaba que cobrar intereses era penado con la muerte. El rey debía conceder a los orfebres una carta para el Banco que les daba el derecho de emitir crédito. Antes de esto, las operaciones de emitir recibos por más dinero de el que tenían en depósito eran totalmente ilegales. La carta del rey lo hizo legal. En 1694 William Patterson obtuvo la carta para El Banco de Inglaterra. Así empezó todo, hasta nuestros días.


Mister Reginald McKenna, presidente del Banco de Midland en Londres, dijo: “Estoy asustado, ya que a los ciudadanos ordinarios no les gustará saber que los bancos pueden crear y destruir dinero a su gusto. Y que los Bancos controlan el crédito de la Nación , dirigen la política de los gobiernos, y tienen en sus manos el destino de la gente”. Por su parte, Phillip A. Benson, presidente de la asociación de los banqueros americanos, de junio el 8 de 1939, reconoció que no hay manera más directa de capturar control de una Nación que a través de su sistema del crédito (de su dinero).


La Revista del banquero de los E.E.U.U., de agosto el 25 de 1924 , escribió: “El capital debe protegerse a sí mismo de todas las maneras posibles, por combinación y legislación. Las deudas se deben exigir, los bonos e hipotecas deben exigirse lo más rápido posible. Cuando, por los procesos de la ley, la gente pierda sus hogares se volverán más dóciles y se gobernará más fácilmente con la influencia del brazo fuerte del gobierno, aplicado por una potencia central monetaria bajo el control de los principales financistas. Esta verdad es bien conocida entre nuestros principales hombres ahora empeñados en formar un imperio financiero para gobernar el mundo. Dividiendo a los votantes a través del sistema político partidario, podemos hacer que pierdan su energía en luchar sobre cuestiones sin importancia real. Así, mediante acciones discretas podemos asegurar para nosotros lo que ha sido tan bien planeado y tan exitosamente ejecutado”.


Sir Denison Miller, durante una entrevista en 1921, cuando le preguntaron si él, a través del Banco de la Commonwealth , había financiado a Australia durante la primera guerra mundial por $700 millones, él contestó; “Asi fue, y habría podido financiar al país por una suma similar y haber hecho que la guerra continúe. Preguntado si esa cantidad estaba disponible para los propósitos productivos en esta época de paz, él contestó sí.”


El extracto de una carta escrita por Rothschild Brothers de Londres a una firma de banqueros de Nueva York el 25 de de junio de de 1863, aclara nuestra ignorancia ciudadana: “Los pocos que pueden entender el sistema (cheques y créditos) estarán tan interesados en sus beneficios, o serán tan dependientes de sus favores, que no habrá oposición por parte de ese grupo. Mientras que, por otra parte, la gran cantidad de gente mentalmente incapaz de comprender la enorme ventaja que el capital deriva del sistema, llevará sus cargas sin queja y quizás sin incluso sospechar que el sistema es hostil (que hace daño) a sus intereses.


Es aún más testimonial, una “circular confidencial” del año 1891, enviada a los banqueros americanos y a sus agentes, conteniendo las siguientes declaraciones: “Autorizamos a nuestros agentes de préstamo en los estados occidentales a prestar nuestros fondos sobre garantía de propiedades inmobiliarias, con vencimiento en septiembre 1º de 1894, y no después de esa fecha, que no renovaremos nuestros préstamos bajo ninguna condición. El primero de septiembre exigiremos nuestro dinero, ejecutaremos las hipotecas y nos haremos acreedores en posesión de las tierras. Podemos tomar dos tercios de las granjas al oeste del Mississippi y miles de ellas al este del gran Mississippi también, fijando nuestro propio precio.


Podremos también poseer las tres cuartas partes de las granjas del oeste y el dinero de todo el país. Entonces los granjeros serán arrendatarios, como en Inglaterra”. (En síntesis: los granjeros perdían la posesión de sus tierras mediante esta maniobra, por lo que quedaban obligados a alquilar tierras para trabajarlas, pagando el correspondiente alquiler a los mismos banqueros)


Finalizando esta historieta, que no es de humor, ninguno de nuestros problemas desaparecerá hasta que corrijamos la creación, la distribución y la circulación del dinero. Una vez que se solucione el problema del dinero, todas las piezas caerán en su lugar. Cada ciudadano puede ayudar a cambiar el curso de esta historia: La primera cosa es enseñar a la gente, ya que pocos entienden al sistema financiero.

Primordialmente, nunca olvidar como ciudadanos, que los que nos gobiernan son nuestros Servidores Públicos. Nosotros no somos sus sirvientes. Ellos deben hacer nuestra voluntad, la voluntad popular. Sin importar nuestra pertenencia al partido político que militemos, debemos animar a nuestros legisladores a que investiguen y corrijan nuestro sistema de dinero. Ya es tiempo en que el pueblo despierte de su atontamiento y derroque esta invisible tiranía viciosa…

Ya en el año 1875, Lord Acton, Lord Jefe de Justicia de Inglaterra, había vaticinado: " La batalla que se ha filtrado bajo los siglos y que tendrá que ser luchada más pronto o más tarde es la gente vs. los Bancos."

(*) Aníbal Hardy. Abogado. Artículo publicado en sucesivas entregas en "Chacomundo".

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