sábado, 11 de agosto de 2012

La falsa bandera del desendeudamiento

Por Economía & Regiones (*)
La política de desendeudamiento implica que el Ejecutivo nacional decide seguir aislado del sistema financiero internacional y de los organismos multilaterales de crédito, desaprovechando la actual coyuntura de tasas bajísimas (de largo plazo) para financiar inversión. Es hora de debatirlo.
La tasa de crecimiento de largo plazo de una economía es función positiva de la tasa de inversión y del crecimiento de la población. Cuanto más se invierta en tecnología y en educación, mayores serán las chances de crear puestos de trabajo y aumentar la productividad de la economía, estimulando el crecimiento y el desarrollo sustentable de largo plazo. 
 
Es decir, invertir más es condición necesaria (no suficiente) para crecer más y desarrollarse, permitiendo que la pobreza disminuya y los niveles de vida mejoren.
 
La inversión sólo se financia con ahorro, que puede ser doméstico o externo. El ahorro internacional puede venir en forma de IED o de crédito internacional. El ahorro doméstico puede ser privado o público. 
 
En este punto, la política internacional, así como la política crediticia y fiscal del sector público se vuelven relevantes en términos de crecimiento y desarrollo de largo plazo, ya que pueden estimular o desalentar el ahorro y la inversión, tanto nacional como internacional; privada o pública.
 
En pocas palabras, es vital que haya ahorro público, privado, nacional y/o extranjero que financie inversión para crear puestos de trabajo, poder crecer y generar desarrollo económico sostenido en el mediano y largo plazo.
 
Sin embargo, si se tiene en cuenta que en los últimos años el peso relativo del Estado en la economía ha aumentado sustancialmente, sería esperable que el sector público haya ganado protagonismo en el financiamiento de la inversión. Si así fuese, habría dos alternativas. O el sector público mantiene superávits fiscales y ahorra genuinamente, o toma financiamiento de los mercados internacionales o de organismos multilaterales.
 
Por el contrario, la política de desendeudamiento implica que el gobierno nacional toma la decisión de seguir aislado del sistema financiero internacional y de los organismos multilaterales de crédito, desaprovechando la actual coyuntura de tasas bajísimas de largo plazo para financiar inversión. 
 
Es decir, a través que de la política de desendeudamiento, el Estado descarta la alternativa de atraer ahorro del resto del mundo, de endeudarse barato a largo plazo, de invertir en obras de infraestructura, de invertir en la producción de energía energética, a través de sus empresas públicas, que funcionarían como multiplicador de la inversión privada y total. 
 
La inversión en producción, transporte, distribución de energía (petróleo, gas y electricidad), construcción de puertos, carreteras y trenes potencian la inversión privada y total.
 
Sin embargo, tampoco es imprescindible que el gobierno nacional se endeude para invertir ya que lo podría hacer con ahorro fiscal; pero no es el caso argentino. Nuestro Estado tanto a nivel nacional como provincial tiene déficit, es decir desahorra en lugar de ahorrar.
 
En Argentina se viene aplicando una política fiscal expansiva que genera creciente desahorro público, y que atenta contra el financiamiento genuino de la inversión pública. 
 
Desde 2009 el Estado Nacional tiene desahorro público que, debido a la política de desendeudamiento, es financiado con recursos no genuinos. Estos recursos no son sostenibles en el tiempo y generan desequilibrios en el largo plazo. 
 
El sector público nacional (SPN) se financia con el ANSES y el BCRA, atentando contra el flujo de las jubilaciones futuras y generando inflación.
 
La política de desendeudamiento implica 2 cosas. 
 
1ro., que el Estado paga sus vencimientos de deuda en dólares con reservas (que compra con emisión) y sus vencimientos en pesos con emisión monetaria del Central, deteriorando su activo/balance. 
 
2do., que al Estado no le interesa apropiarse de ahorro internacional y desaprovecha el crédito internacional barato. 
 
A su vez, la actual política fiscal desmedidamente expansiva significa que no le interesa generar ahorro público. 
 
En resumidas cuentas, la política de desendeudamiento y la fiscal considerada conjuntamente muestran que al Estado Argentino no le preocuparía disponer de ninguna fuente de ahorro genuino para financiar inversión pública.
 
Si el Estado paga sus vencimientos de deuda en dólares con reservas y sus vencimientos en pesos con emisión monetaria del Central y a su vez, aplica una política fiscal expansiva (desahorro) que también financia con emisión podemos concluir que, por lo menos hasta ahora, el gobierno descarta la posibilidad de financiar inversión pública con ahorro genuino.
 
A nivel macroeconómico, el peso relativo del gasto en términos del producto y la presión tributaria se encuentran a niveles récord. De hecho, la presión tributaria ha aumentado 12 puntos porcentuales en los últimos 11 años.
 
Paralelamente, a nivel microeconómico el Estado también tiene cada vez más injerencia en la actividad económica, ya que su presencia en empresas de diferentes sectores ha aumentado de 30 (2008) a más de 60 (2012) compañías en la actualidad. 
 
Además, no sólo gana presencia accionaria en las empresas, sino que su intervención monitoreando costos, asignando recursos y fijando precios es cada vez mayor. 
 
De hecho, el decreto 1278 estableció que la Secretaría de Política Económica "tendrá a su cargo entender en la ejecución de las políticas y acciones que hacen al ejercicio de los derechos societarios de las participaciones accionarias o de capital de empresas donde el Estado nacional sea socio minoritario".
 
El Estado Nacional argentino es un Estado que busca aumentar su peso relativo en la economía, pero que no está dispuesto a hacerlo con financiamiento genuino. 
 
Por el contrario, su incremento de peso relativo es financiado con recursos no genuinos.
 
Puntualmente, en 2007/2012 el sector público nacional (SPN) habría recibido $294.585 millones en concepto de financiamiento extraordinario proveniente del BCRA y el ANSES, lo cual equivale a casi 10 años de inversión pública nacional ($32.000 millones) e inversión pública provincial ($34.000 millones), casi 4 años del gasto en personal nacional ($82.000 millones) y aproximadamente un año y medio de jubilaciones ($200.000 millones).
 
Sin embargo, la política de desendeudamiento, el aumento del peso relativo en la economía, la falta de financiamiento genuino y la inconsistencia de las políticas económicas (políticas fiscal y monetaria expansivas) con inflación de dos dígitos y tipo de cambio cuasi fijo en los últimos años generaron un desequilibrio macroeconómico subyacente y un cúmulo de problemas estructurales sin resolver que impacta negativamente sobre las expectativas del sector privado, particularmente sobre su ahorro y por ende su inversión, que termina siendo menor a la suficiente y necesaria.
 
Estos desequilibrios subyacentes y problemas estructurales sin resolver impactan negativamente en las expectativas de los agentes económicos que perciben que el sistema no puede sostenerse y espera que ajuste vía una devaluación. Luego, los agentes económicos posponen sus decisiones de inversión y consumo para ahorrar en dólares, ya que perciben que la moneda norteamericana será el mejor instrumento para preservar el poder adquisitivo de sus ingresos y ahorros. 
 
De esta manera, nuevamente se materializa la fuga de capitales y/ o la brecha cambiaria como en los ‘80s; 1990 o 2000 / 2002.
 
Además de desalentar la inversión privada doméstica, los desequilibrios subyacentes y los problemas estructurales que presenta nuestra economía desalientan los flujos de inversión foránea en nuestra economía, impactando negativamente en la inversión extranjera directa (IED) que adicionalmente es también desalentada por el monitoreo de los costos, el control de precios, las trabas a las importaciones y al pago (reinversión compulsiva) de los dividendos. 
 
En este sentido, el ahorro internacional prefiere financiar inversión en países en los cuales los costos y los precios son los de mercado y se determinan por la ley de oferta y de demanda. 
 
Además, prefieren invertir en países en los cuales se permite retirar las rentas de dichas inversiones.
 
Durante los últimos 8 años la IED se ha reducido notoriamente en nuestro país, desestimulando la formación de capital. Puntualmente y comparando el período 2002/2011 con 1992/2001, se observa que Argentina (-33%) y Venezuela (-93%) son los 2 únicos países de Sudamérica que experimentaron un descenso en los flujos de IED. Por el contrario, los otros 8 países vecinos experimentaron un incremento exponencial de la IED, que aumentó entre un 52% y 708%. 
 
De esta manera, en la actualidad Argentina ocupa el 9º puesto en materia de IED dentro de Sudamérica; sólo Venezuela está peor.
 
La insuficiente inversión pública que se realiza con financiamiento no genuino, contribuye en forma creciente a los desequilibrios y problemas estructurales domésticos, desalentando la inversión privada local y la IED.
 
En este marco, con inversión pública insuficiente e inversión privada local y extranjera en retroceso la tasa de crecimiento de la IBIF se debilita inevitablemente.
 
La menor inversión en un marco de inflación de 2 dígitos con desequilibrios internos y problemas estructurales sin resolver es la antesala del problema más importante: la caída del empleo pero sin que se desacelere la inflación, por lo que los salarios se ajustarán menos que el aumento del nivel general de precios, afectando negativamente el consumo y retroalimentando el círculo vicioso.
 
Una menor tasa de crecimiento de la inversión implica una menor acumulación de capital, menor generación de empleo, (probablemente) aumento del desempleo y una menor tasa de crecimiento sostenible en el largo plazo. La desaceleración de la inversión doméstica y del empleo son las dos caras de una misma moneda.
 
Según las estadísticas oficiales, la tasa de crecimiento de la inversión ya está reduciéndose en forma importante y la generación de empleo ya se encuentra en retroceso. 
 
Según INeEC, el PIB argentino habría crecido un 5,2% en el primer trimestre del año en relación al mismo período del año anterior. Esta expansión muestra un marcada desaceleración del nivel de actividad -de 3,7puntos porcentuales o de un 40%- con respecto al crecimiento promedio del año pasado (8,9% a/a).
 
Sin embargo, la inversión bruta interna fija (IBIF) habría sido la variable que más se desaceleró, ya que se incrementó sólo un 2,8% a/a en el 1er. trimestre del año; mientras que el año pasado lo hacía a una tasa promedio de 16,6% a/a, según la misma fuente. 
 
¿Por qué? Porque la inversión bruta interna fija (IBIF) habría sido el componente del producto más golpeado por las últimas medidas proteccionistas.
 
Por el lado de la oferta, la caída en la inversión ya estaría afectando a los sectores productores más dinámicos como la industria, la construcción y el comercio. Esta tendencia se profundiza durante el 2do. trimestre.
 
A su vez, la caída de la inversión, reflejada en reducción de la producción, empieza a afectar la demanda de trabajo. El crecimiento interanual del empleo total en el 1er. trimestre de 2012 fue de sólo 0,6%, el más bajo en los últimos 6 años.
 
(*) Economía y Regiones S.A., consultora argentina especializada en economía, finanzas, gestión pública y desarrollo
regional de la Argentina.
Artículo publicado por Urgente 24 el 11 de Agosto de 2012:
N. de la R.: El desendeudamiento (del sector público en el exterior) no es una opción del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (dejando de lado que sigue y con gran crecimiento el endeudamiento interno del sector público). En verdad, es el reconocimiento de una impotencia: regresar a los mercados. Cuando Néstor Kirchner/Roberto Lavagna realizaron la renegociación unilateral de deuda en default, se difundió un cronograma que suponía que la economía argentina regresaría en 3 años a los mercados. Es decir que el Ejecutivo Nacional tenía el objetivo de regresar a los mercados de deuda pública exterior. Cuando era ministro de Economía, Amado Boudou intentó, en no menos de 3 ocasiones regresar al mercado de deuda pública en el exterior, vía Barclays/Deutsche Bank/JP Morgan, y siempre se le aconsejó ordenar, antes, el default con los bancos públicos que integran el Club de París. Por lo tanto, todo el discurso de Cristina al respecto, es falso.