viernes, 10 de agosto de 2012

La guerra fría sudamericana

Por Harold Olmos (*)
Hace dos meses, de Chile llegó una noticia poco difundida en Bolivia: cuatro países latinoamericanos unieron sus destinos económicos y decidieron lanzar la Alianza del Pacífico Latinoamericano. En diciembre, las barreras aduaneras entre Chile, Perú, Colombia y México quedarán suprimidas, sus habitantes podrán circular libremente por el territorio de la Alianza, al igual que servicios y capitales. Formalmente estará funcionando el bloque comercial más abierto de América Latina. Está prevista la incorporación de Costa Rica y Panamá al bloque, que con 215 millones de habitantes es responsable del 55% de las exportaciones latinoamericanas fuera de la región.

La formación del bloque fue un timbrazo de alerta para Mercosur, sumergido en disputas internas y con uno de sus socios temporalmente amputado. La respuesta del bloque sudamericano no se ha hecho esperar. Hace unos días, en Brasilia, Venezuela ingresó al bloque y ahora es nuevo socio pleno, consecuencia de la suspensión de Paraguay, cuyo congreso se oponía al ingreso venezolano. El rodar de los dados con la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela continúa y es arriesgado anticipar los movimientos que aún podrían ocurrir. El entusiasmo del gobierno venezolano tiene contrapartida en el descontento de Paraguay, en cuya mano, paradojalmente, ahora hay cartas capaces de revertir el juego: Sus socios estarían en aprietos si quisiese debilitar sus vínculos con ellos. Esa carta puede ser un valioso comodín.
 
Mercosur supera a la Alianza del Pacífico en indicadores económicos. Su PIB total es de US$3,63 billones (doce ceros). El del bloque del Pacífico es de 2,73 billones. Pero la Alianza es más abierta y su formación fue un adiós a la idea de que se sumarían al bloque del sur, más celoso protector de su mercado. Los cuatro del Pacífico prefirieron una corriente liberal.
 
De manera arbitraria, guardando diferencias políticas y sólo considerando aspectos geográficos, podría encontrarse un equivalente al dúo de bloques latinos en los que existieron en el continente europeo durante la guerra fría (1945-1989): Comecon, que lideraba la ex Unión Soviética e integrado por sus satélites, y el Mercado Común Europeo, ahora UE, que ha absorbido a gran parte de los ex rivales cuyos regímenes se diluyeron tras la caída del Muro de Berlín.
 
La presencia de la Venezuela de Hugo Chávez en el bloque sureño acentúa diferencias políticas entre los dos y no atenúa tendencias proteccionistas. Que lo diga la industria textil boliviana que creyó que el mercado venezolano podría sustituir al de Estados Unidos, cuando murió el ATPDEA. Una condición de la Alianza del Pacífico es que sus miembros tengan acuerdos de libre comercio con los grandes espacios económicos del mundo. Ya lo tienen con el NAFTA (Estados Unidos, México y Canadá). Hacia acuerdos semejantes caminan Costa Rica y Panamá. Los miembros de Meercosur se opusieron obstinadamente al ALCA, el Área de Libre Comercio que proponía Estados Unidos. ¿Recuerdan al presidente Chávez, al lado de Maradona, dando saltos y gritando mueras a la idea en la cumbre de Mar del Plata hace dos lustros?
 
Hay apuestas abiertas. ¿Cuál de los dos bloques crecerá más rápida y armónicamente? Y ¿a cuál podrá sumarse Bolivia, que ahora está sola, junto a Ecuador, frente a los dos bloques en América del Sur? No creo que puedan quedarse de brazos cruzados mucho tiempo y ver de palco la gran disputa económica (con fuertes matices políticos) en curso en el continente. En algún momento, más temprano que tarde, Bolivia deberá dar un paso decisivo. En él irá gran parte de su destino. Más le valdrá inclinarse por la liga con mayores perspectivas de ganar.
 
(*) Harold Olmos es periodista boliviano, se ha desempeñado activamente en su profesión durante más de cuatro décadas. Artículo publicado por Ricardo Valenzuela en "Narconomics" el 7 de Agosto de 2012.