viernes, 3 de agosto de 2012

La ilusión cristinista y sus limitaciones

Por Fernando Laborda (*)
Como era de esperar, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner nos pintó anoche, en el aniversario de la Bolsa de Comercio, un país maravilloso donde los trabajadores tienen los mejores salarios de América latina, donde los empresarios se han cansado de ganar dinero, donde los bonos locales han dejado réditos impresionantes a los inversores y donde el endeudamiento es cosa del pasado. La primera mandataria se jactó de que la deuda pública nacional pasó de representar el 166% del PBI, en 2002, a tan sólo el 41,8%, en 2011. Y también festejó que la deuda en poder privado en moneda extranjera ha descendido del 92% a apenas el 8,4%. 

No explicó, sin embargo, por qué con indicadores de tanta solvencia el Gobierno ha recurrido a medidas tan drásticas e inéditas como el cepo cambiario. Ni por qué en las últimas horas se restringió aún más la venta de dólares a quienes viajen al exterior.
 
La falta de alusiones presidenciales al candado cambiario pareció indicar que nadie en el Gobierno está pensando en flexibilizar los controles. Hay por ahora una clara decisión de sostener la política cambiaria y de mantener una "regulación virtuosa".

Las palabras del titular de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi, resultaron de especial interés. En primer lugar, por la reacción que pudieran generar en la Presidenta tras las denuncias que sobre él lanzó Amado Boudou en el marco de su desesperada defensa por el escándalo Ciccone. La ausencia de Boudou en el acto y la presencia de Cristina Kirchner parecieron demostrar que aquellas acusaciones del vicepresidente no merecieron mayor crédito en la Casa Rosada.

El segundo motivo es que Gabbi planteó algunas diferencias relevantes ante la gestión oficial. Entre líneas, apuntó al Gobierno cuando, al referirse al mundo, dijo que "sobra liquidez y falta confianza". Fue más directo cuando apreció que la asfixia de los controles no debe ser la respuesta e indicó que endeudarse no es malo si alienta el crecimiento y evita caer en recesión.

En rigor, es falso que el Estado esté desendeudándose. La deuda pública nacional creció en los últimos tres años unos 31.800 millones de dólares y cualquier comparación con el crecimiento del PBI es ilusoria debido al retraso del tipo de cambio oficial. 

Por otro lado, el endeudamiento externo ha sido reemplazado por endeudamiento interno con agencias del sector público como el Banco Central y la Anses. 

Esto podrá ser vendido como algo bueno por la Presidenta. Sin embargo, ha llevado a perder reservas o a emisiones con efectos inflacionarios, al tiempo que la Anses ve limitado su fondeo para sus fines específicos; entre ellos, pagar su deuda con los jubilados, que han sustituido al FMI como prestamista, y llevar su haber al 82% móvil.

(*) Fernando Laborda. Periodista, analista político y columnista de La Nación. Artículo publicado en La Nación el 3 de Agosto de 2012.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1495892-la-ilusion-cristinista-y-sus-limitaciones