martes, 28 de agosto de 2012

Ni comunidad de sometidos, ni país de soplones

Por Jorge Héctor Ramos (*)
La democracia en el país atraviesa una hora muy crítica, está en juego la libertad, la más elemental de todas, la de expresión y muchas otras. Es consciente de ello la sociedad argentina. El pensamiento único se quiere instalar, el periodismo independiente reducir a su mínima expresión. El tiempo apremia, el miedo paraliza. 
Hugo Chávez Frías y Cristina Fernández
¿Se da cuenta la sociedad argentina que su libertad está en peligro?
 
¿Se anoticia el pueblo que el gobierno va por todo y en ese todo, están todos aquellos que aún se creen con posibilidades de disentir con el pensamiento único que pretende imponer el gobierno de Cristina Fernández viuda de Néstor Kirchner?
 
¿Toma conciencia el país que falta muy poco para que el gobierno pretenda desguazar al Grupo Clarín, a través de una tramposa Ley de Medios?
 
¿Percibe el argentino que la Ley de Medios con el trillado y mentiroso latiguillo “democratización de la palabra” lo que busca es licuar las voces críticas para que domine el escenario el relato oficial?
 
¿Visualiza el ciudadano común que el Grupo Clarín es un emblema de las restricciones a la libertad de expresión que el cristinismo/kirchnerismo pretende imponer al igual que este lo hizo mucho antes en Santa Cruz; o es una mera copia de lo realizado por Hugo Chávez en Venezuela; o de mucho de lo hecho por Rafael Correa en Ecuador?
 
¿Cobra conciencia la población que el mentado “modelo” no es nada más ni nada menos que la simple y peligrosa acumulación de poder por parte de la presidente de la Nación para hacerse dueña del Estado y de perpetuarse en la Rosada a través de la reelección indefinida?
 
¿Avizora el común de la gente que detrás del accionar de La Cámpora en la educación, en las cárceles, en las villas se adoctrina perversamente con tergiversaciones de la historia y del presente a núcleos etarios y sociales que presentan, por diferentes razones, debilidades en sus formaciones y valores?
 
¿Es realista el habitante de estas tierras del grado de fragmentación y enfrentamiento social que se propuso y concreta el gobierno como tarea constante para lograr un objetivo perseguido; altamente grave y dañino?
 
¿Cuántos que han votado a la presidente habrán podido ya reconocer que ella como sus más afines lacayos predican sin fin una  larga e inagotable costumbre de desparramar falsedades y tergiversaciones “oficiales” de la verdad que se distancia tanto de la ficción que recitan a diario?
 
Incógnitas o preguntas como las formuladas se multiplican que difícilmente podrían abordarse en forma taxativa.
 
Lo cierto es que la democracia argentina enfrenta un desafío de alto riesgo.
 
La sociedad ha sido invadida por el miedo.
 
Miedo al propio gobierno por lo que este puede hacerle a una persona o grupo, que formule un juicio o crítica que a la presidente no le guste.
 
Se ha llegado tan lejos que ni ciertas cosas se llaman por su nombre por temor a la represalia. Son pocos lo que se atreven a hacerlo.
 
Al gobierno se lo señala como autoritario, en realidad es o profundiza su camino al totalitarismo, afín a un escenario mucho más complejo.
 
Las instituciones de la República han sido devastadas por el Ejecutivo.
 
El Parlamento es un simple levanta manos que no se atreve a modificar ni una coma en cualquier proyecto de ley que le llegue de la todopoderosa Cristina.
 
La Justicia, tendrá una Corte Suprema Justicia con miembros destacados, pero los jueces o dictaminan como el poder político quiere o dejan de serlo.
 
La prensa independiente se ha cansado de mostrar que la corrupción ha llegado durante estos nueve años a superar la imaginación más frondosa. Ningún caso de tantos habidos ha llegado a lograr que algún funcionario se haya acercado tan siquiera a olfatear una pena judicial.
 
La impunidad exacerbada, luce arrogante.
 
La “caja” nunca estuvo tan centralizada desde el año 1983.
 
Los Kirchner con los fondos que le pertenecen a las provincias y a los municipios han disciplinado a todos y todas. Los que se revelan al modo imperante están obligados a soportar penurias y a reclamarle a la Justicia los que les pertenece.
 
Los temas que le preocupan al pueblo no forman parte de las temáticas abordadas por la presidente en sus innumerables cadenas de radio y televisión. Estas emisiones sirven para que con cualquier excusa se aplaudan logros de dudosa valía o promesas de proyectos que no se ejecutan; todo lo cual es festejado por una platea de aduladores que en su gran mayoría son siempre los mismos.
 
Nunca faltan en estas alocuciones los escraches a quien o quienes por ejercer su derecho a expresar ideas, estas no son del agrado de Cristina, la represora.
 
Con los que viven de subsidios, más los que son empleados públicos, más los inmigrantes de países vecinos que reciben en días su documento de identidad, más los que reciben las consabidas dádivas preelectorales; el gobierno se asegura una base clientelista importante para sumar votos.
 
El castigo para cualquiera de los enumerados, de no cumplir votando al oficialismo, será perder lo que recibe; ya no gozará de los privilegios que tenía.
 
No solo existe miedo en esta amplia capa social.
 
El temor a ser perseguido por la Afip, o por quien Cristina disponga, ha penetrado en todos los niveles socioeconómicos.
 
Médicos de instituciones privadas por temor a ser perseguidos por el fisco, y médicos de hospitales nacionales por temor a ser echados, se negaron a concurrir a un programa de TV para hablar de insumos faltantes por las trabas a las importaciones.
 
No es extraño que todos los días haya nuevas noticias que aumentan el pavor.
 
Desde el levantamiento de las barreras de los countries, la expropiación de las tierras, la injerencia del Estado en las empresas privadas, las sanciones a ONG que hagan seguimientos de precios de productos de consumo de primera necesidad; hasta la casi imposibilidad de salir del país por las restricciones o cepo cambiario, la lista sigue sumando ítems.
 
Hasta las redes sociales o los comentarios de las noticias en las páginas de internet son demostraciones adicionales claras que el pánico cunde; pocos en ellas revelan su verdadera identidad.
 
Por todo lo dicho y muchos elementos más que por razones de espacio se omiten en esta nota, vale repetir la pregunta inicial: ¿Se da cuenta la sociedad argentina que su libertad está en peligro?
 
La negación de la realidad es parte de un acto de defensa por la aprehensión que ella trae.
 
Sin embargo, de esta forma, los venezolanos muchos años atrás entraron en una destrucción de sus derechos y valores por los cuales, los que pudieron debieron emigrar, y otros someterse a un régimen repudiable.
 
Muchos creen que Argentina no llegará a ser Venezuela, pero se está pareciendo y mucho.
 
El “vamos por todo” es ir por la libertad de todos; por eso vale reflexionar, ahora que todavía se está a tiempo, rescatando entre muchas frases validas las palabras de Albert Einstein:  
 
“La libertad política implica la libertad de expresar la opinión política que uno tenga, oralmente o por escrito, y un respeto tolerante hacia cualquier otra opinión individual”.
 
Si los argentinos logran defender esto, se habrá despejado uno de los grandes nubarrones que ponen muchas incertidumbres y grandes preocupaciones en su futuro cercano.
 
Para poder conservarlo primero es necesario internalizarlo para luego actuar en consecuencia, buscando los caminos legales que los protegen, esos que el propio gobierno, la mayor parte de las veces, no respeta.  
 
La Argentina no puede volver a caer en una comunidad de sometidos, ni en un país de soplones como muchos años atrás lo fue.     
 
La libertad cuesta muy cara y es necesario o resignarse a vivir sin ella o a comprarla a un precio muy costoso.
 
 
(*) Jorge Héctor Santos. Periodista. Artículo publicado por Urgente 24 el 28 de Agosto de 2012. Ver nota relacionada en: www.youtube.com/user/jorgehectorsantos