domingo, 26 de agosto de 2012

¡Qué felices éramos cuando las crisis eran sólo económicas!

Por Gabriela Pousa (*)
“Todo era fácil, nos parece ahora, en el plástico ayer irrevocable”. J. L. Borges.

Esta vez no es una cuestión personal. El síndrome de la hoja en blanco acecha, y es que sin duda, la hoja en blanco es la radiografía más genuina de esta Argentina. En blanco está la política, en blanco las conciencias. En blanco, el interés por ver más allá del árbol. Analizar sigilosamente los temas del quehacer político parece carecer de sentido.

El bombardeo informativo aún gravita en la ciudadanía. No hacen falta demasiados datos. Hasta desconociendo los “por qué” y los “cuándo”, se advierte que algo está fallando. “Si no tienes la solución eres parte del problema“. La frase retumba inexorable en la cabeza. Es que somos cuarenta millones de problemas irresueltos en busca de un “predestinado” que quiera resolvernos. Y el conflicto mayor se centra, justamente, en esa ausencia.

Hay un vacío significativo: falta percepción de una alternativa. No hablamos de un candidato determinado como puede ser Mauricio Macri, Daniel Scioli, u otro de los voluntarios desparramados por el escenario. Decimos “alternativa” porque, más allá de los nombres, hay necesidad de un cambio orgánico.

¡Qué felices éramos cuando las crisis eran sólo económicas!

En esos días, bastaba con un iluminado, a quién ponerle todas las fichas para qué nos sacará del pozo, con un plan a medida. El Ejecutivo conseguía además, algún organismo internacional apto para echar culpas y responsabilidad. Hoy, no nos redime ni las ofertas -para todos y todas- que hace Cristina por cadena nacional, ni la liberación del dólar, ni el perdón que le otorgamos a Amado.

Posiblemente no sea tan mal síntoma. De algún modo, la angustia del presente, muestra a una sociedad consciente de sufrir un mal. Hasta aquí solo se nos veía consumir melones auto-convenciéndonos de que eran sandías…Pero atendamos por un minuto la imagen, abajo:
Definición de Argentina Diccionario de la Real Academia Año 1919
Llegar a ser esa Argentina implicó unos cuantos aciertos y, seguramente, otros tantos desencantos. Sintetizando, podríamos decir que necesitó a la generación del 80 completa. Hubo luego, varias más, encargadas de degenerarla hasta el final. Todos los récords fueron superados.

Observando a grandes rasgos el panorama, sin siquiera adentrarse en detalles, es factible prever que el país, después del kirchnerismo, quedará reducido a una tabla rasa. El próximo gobierno, en consecuencia, no podrá recrear una república sin antes haber realizado un profundo cambio de estructuras. A esta altura está claro que el problema excede a la economía, a la política y se sumerge de plano en la cultura.

Hasta qué punto hemos llegado, que el tránsito hacia otro Ejecutivo, probablemente mediocre o incluso malo, es ya un gran paso. La gestión del kirchnerismo, más que fútil o nefasta, es perversa, malsana. Asfixia, sangra. No hace falta ser De Gaulle para superarla.
No es pesimismo adelantar que, inevitablemente, habrá etapas muy duras antes de que pueda definirse a la Argentina como lo hiciera en 1919 la Real Academia. Frente a esto hay dos posibilidades: mantenerse resignado, en la apatía, alimentando la bronca, o aceptar que aún está vigente la predica de Ortega y Gasset: “Argentinos a las cosas”.

De optar por lo segundo, deberíamos convertirnos en partes de la solución. Involucrarnos. Lo contrario a esperar a otros que vengan a cambiarnos la escenografía, los protagonistas o los actores de reparto. Tampoco es erigirse candidatos, sin saber -con certeza- si se está capacitado. Alcanza con atender cada uno su juego sin desentenderse del inexorablemente activo papel de ciudadano.

Así, que el abogado respete el Derecho, que el médico cure al enfermo, que el empresario compita en el mercado (en lugar de mendigar prebendas del Estado), que la autoridad vuelva a ser tal, y sobre todo, que los padres vuelvan a ser padres…Nada más ni nada menos.
Parece una moralina discursiva pero es lo básic para empezar claro. De lo contrario, ¿cómo se saca al país de una crisis que, al margen de su faz política, es netamente ética? La única respuesta que puedo aportar desde Perspectivas Políticas.Info, es: reconstruyendo aquello que alzaran quienes forjaron la Argentina, tal como se la describía cuando valía la pena ser vivida.

No soy autoridad moral para redactar un manual de principios o conductas. Por otra parte, es más sencillo que ir en búsqueda de algún economista mago, que nos blinde frente a un fondo monetario. Cada uno sabe -si desea saberlo-, cuáles son los propios parámetros acorde a donde se esté parado. Para que los cambios se produzcan hay que encararlos. Y ‘la caridad bien entendida empieza por casa’. Después será la de al lado.

No sé por qué vienen, una y otra vez a mi memoria, las palabras de Antonio de Oliveira Salazar, ex dictador de Portugal cuando decía: ”Así no tienen salida. Los argentinos quieren estar mejor pero no ser mejores. Es una pena”.

Ninguna sutileza. Lamentablemente, la fotografía era y sigue siendo perfecta.
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“Tal vez no haya sido claro…” (Agustín Rossi), sea un “error de tipeo” (Daniel Reposo) o la lectura que hacen sea “exactamente al revés” de lo que he planteado (Julio Alak).
Gabriela Pousa, a modo de respuesta…

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE).
http://www.perspectivaspoliticas.info
           
Artículo publicado por Informador Público el 24 de Agosto de 2012.