sábado, 29 de septiembre de 2012

Vergüenza ajena

Por Gabriela Pousa (*)
Definitivamente no sentí miedo, si vergüenza. Y en algunos instantes quizás, algo de piedad. Me asaltaron también, momentos de bronca. Desilusión. Revisé mis viejas notas: 10 años advirtiendo que el “estilo K” se encaminaba a esta barbarie. 10 años avisando que estaban destrozando las bases de la República. 10 años describiendo este paisaje que nos subyuga ahora.


El jefe de Estado está en campaña. Eso se venía escuchando hace una cuántas semanas ya. Sin embargo no es sólo una campaña proselitista en pro de ganar unas cuantas provincias. Se trata de una campaña más amplia y peligrosa: quizá a todo o nada.” Escribía en el 2003.


10 años porque, desde antes de asumir la Presidencia, Néstor Kirchner desguazaba sin causa, la institución fundacional de la Patria: las Fuerzas Armadas. Y a ese descabezamiento de cúpulas lo vendió como política de derechos humanos, y fortalecimiento democrático.


Todo falso. En el año 2003, las Fuerzas Armadas estaban absolutamente subordinadas a la Constitución Nacional y al sistema. Dieron prueba fehaciente de ello en el 2001, cuando habiendo podido salir a la calle, optaron por el respeto a la norma y a la autoridad democrática. En el año 2003 no había en el país ni un solo sondeo de opinión donde, la cuestión militar fuera una preocupación para la sociedad.


Copio textual: “Al asumir la Presidencia, los estudios de opinión pública mostraban las siguientes prioridades para la ciudadanía, de acuerdo al Centro de Estudios Nueva Mayoría: desocupación (26%); corrupción (17%); educación (14%); delincuencia (11%), hambre (8%), justicia (6%) salud (5%), salarios bajos (5%), droga (2%). Un año después, en Noviembre de 2004, la inseguridad ya había aumentado 20 puntos, convirtiéndose en el desvelo prioritario“.


Las heridas de los ’70 estaban cicatrizadas, o cicatrizando en algún que otro caso. Los Kirchner se ocuparon de echar ácido sobre ellas y reavivar el dolor porque, incapaces de forjar futuro, necesitaban el pasado para manipular y lograr de ese modo, respaldo de un sector interesado en no reconciliar.


El matrimonio santacruceño construyó poder saqueando la paz y la sensatez de los ciudadanos. Dividió hasta el cansancio. Hoy hay padres que no se hablan con los hijos, y amigos con los cuales ya no se puede tomar un café. Surgió irremediablemente, -pero no por azar sino por audacia y desfachatez oficial-, el “anti” en la sociedad.


Resucitaron gorilas, agitaron banderas extrañas a esta geografía, y sembraron cizaña que vendían sin embargo, como conquista, memoria y justicia… Así, se instauró la venganza y la revancha como ejes principales de la estrategia oficialista. Se veía claramente que en esa guerra de porfías, nadie ganaría.


(…) Las huestes de una izquierda más maniquea que real, anda como esos personajes de Pirandello en busca de un autor. Y un autor -en este escenario- es aquel que mejor negocio les asegure en lo sucesivo. Bonafini es un mercader, y el Estado es el kiosco del jefe de Estado” (…)


Deberé creerle al tango para sentir que 10 años de prédica no es demasiado, si acaso 20 no es nada y febril la mirada sigue buscando. Iniciado el 2004, cuando el kirchnerismo aún no cumplía un año, tracé estas líneas en un Panorama Político:

Dejar para mañana lo que puede hacerse hoy es la filosofía política nacional. Así es como hemos atesorado ya una vasta nómina de atrasos. ¡Ir hacia delante se ha vuelto postergable! El setentismo confuso y trasnochado es lo más actual en este escenario. En ese trance de ayeres vigentes cabe recordar las primeras palabras con las que Néstor Kirchner inició su presidencia el 25 de Mayo de 2003: “No somos el proyecto del default"


” No. No somos el proyecto. Somos, directamente, un default.”


9 años después aterra la vigencia de tales sentencias. Y no puede haber orgullo ni en el acierto, ni en la perspectiva inequívoca porque también soy argentina. Hay dolor. “Vergüenza de haber sido y dolor de ya no ser”


Anoche en un relato de ciencia ficción, la Presidente en la Universidad de Harvard, me recordó los 10 años de esta gestión. ¿Qué quedó? Una sumatoria de enemigos. Un compendio de la historia que, de seguir así, se escribirá con sangre en los anales. Un cuento bordeando el grotesco. La institucionalización de la mentira en su forma más indigna y primitiva.


Estamos asistiendo a la consagración del barbarismo, al reinado de las ínfulas de superioridad, que da la mediocracia cuando el argumento es más débil que el mismísimo silencio. Estamos frente a la arrogancia en su expresión más elevada, frente a la soberbia de la auto-jactancia. Estamos bajo el dominio de los sátrapas.


La Argentina no le cree más a Cristina. El mundo ya no le creía. Los chicos de 16 años adoctrinados por La Cámpora, no son los chicos de Harvard. A estos últimos no se les exige ser militantes. Subestimarlos a punto de creer que preguntaron impulsados por la prensa es una ofensa. Aún así, ubicados en tiempo y espacio se la dejaron pasar. Quien no supo donde estaba, quiso dar cátedra de éxito, pero media docena de alumnos la sumieron en la ira y en un cinismo vulgar.


Seis alumnos jaquearon a la reina. Y ese hecho se convirtió prácticamente, en una cuestión de Estado. En alguna habitación de un hotel americano, se escucharon los gritos y los reclamos. Tanta estrategia para burlar al periodismo, y terminó presa en una clase de chicos…


Si bien ya se sabía quien era, al hablar la Presidente corroboró la idea. Estamos en la era de la comunicación instantánea, de las distancias vanas: lo que está sucediendo en Asia o en África, está observándose en directo acá. También en La Matanza…


Internet no es de Magnetto, y aún así Cristina Fernández debe creer que la “saca de contexto”, comete “errores de tipeo” y edita sus cadenas… Posiblemente, algún día denuncie que Google también conspira, y Yahoo busca destituirla.


Para quien dirige una satrapía, las preguntas se tornan flecha, y no por casualidad, termina siendo ella el blanco de las mismas. Se paró ahí solita. Creyó que al mundo se lo embauca con facilidad. Se equivocó. Quedó en Georgetown y en Harvard su imagen similar a la del burlador burlado, a la del payaso llorando… Habrá que ver si al regreso, la Aduana, la AFIP y Guillermo Moreno le dejan entrar tanto fracaso. Suponemos que sí, pues no da nuevo. Hace tiempo que lo viene usando.


El falso relato de la mandataria argentina quedará inmortalizado como una falta de respeto supina, como una cátedra de lo que no debe hacerse nunca: ni en el poder ni en el llano. Y el periodismo argentino deberá agradecer ahora, no poder interrogarla, que no acepte entrevistas ni notas. Hacerlo es perder tiempo, honorabilidad y criterio.

Tengamos al menos la dignidad de no dejarnos mentir en la cara. Que use la cadena oficial, y nosotros mientras tanto el control remoto del televisor, y el “On/Off” de la radio.

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de: http://www.perspectivaspoliticas.info . Artículo publicado en Crónica y Análisis el 29 de Septiembre de 2012.

Los errores de Cristina en la universidad

Por Beatriz Sarlo (*)
En Georgetown, Cristina Kirchner estaba exultante. Una conferencia en un foro universitario de primer nivel, si el orador es presidente de la república, ofrece todo sin exigir demasiado.
Nadie está allí para juzgar, en el momento, la historia que cuenta el conferenciante, que despertaría objeciones si se tratara de un orador académico. Cristina Kirchner dijo lo que se le antojó sobre Rosas y nadie movió una ceja. La conferencia de un presidente es una performance, de la que se evalúan otros rasgos. Y así debe ser porque, en la mayoría de los casos, los gobernantes no son especialistas, sino políticos. En cambio, Fernando Henrique Cardoso, un intelectual de primer nivel, habría sorprendido si se hubiera puesto a hacer comparaciones dudosas entre la historia de Brasil y la de Estados Unidos. Pero a Cristina Kirchner nadie iba a examinarla por su saber histórico. Habría sido un acto de pedantería, reflejo de la pedantería de la presidenta argentina.
Estados Unidos es, en sus instituciones universitarias, un país respetuoso de las jerarquías. Si se recibe a un presidente, se lo aplaude. Cristina no sabe todo esto, o lo olvida o su canciller no supo explicárselo. Creyó que la distinción recaía sobre su magnética persona, sobre sus gestos y modismos, sobre sus complicidades con un estudiante y sus maternales lecciones a algún otro.
Las cosas fueron diferentes en Harvard, que es una esquina donde giran todos los vientos del mundo. El jueves, cuando Cristina Kirchner habló aquí, antes dio una conferencia la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi ,de Myanmar, una luchadora de los derechos de su pueblo, que padeció décadas de persecución. El viernes fue tapa del periódico de la universidad.
De todas maneras, se preveía la sala llena que tuvo Fernández de Kirchner. Días antes era necesario anotarse en una lista de aspirantes a conseguir entrada, que fueron sorteadas. La recepción a Cristina Kirchner responde a un modelo universitario norteamericano. Alguien debería avisarle que lo que se hace y se dice en la presentación y el cierre sigue un patrón establecido. Los medios académicos norteamericanos, sobre todo los de elite, como Harvard, no cultivan el estilo plebeyo ni la desprolijidad ceremonial. Lo que sucede viene repitiéndose así desde hace décadas. Muy poco es dedicado especialmente al orador. Casi todo proviene de la costumbre.
No sé si alguien puede decirle a Cristina Kirchner que sus conferencias acá son parte de la rutina cotidiana: una universidad de primera línea que ofrece a sus estudiantes y profesores la posibilidad de realizar una experiencia. Pasa todos los días, el año entero. Hay algo que la presidenta argentina no termina de entender: algunas distinciones y algunos honores no responden a sus méritos, sino a las prerrogativas de su cargo. Si Menem hubiera querido dar una conferencia en Harvard, también lo habrían escuchado. No se rechaza ese pedido de un presidente. Por supuesto, Menem prefería otros escenarios.
La excepción de Harvard fue un grupo de estudiantes que hicieron preguntas que la Presidenta no está acostumbrada a permitir en la Argentina. A la salida, el joven sanjuanino que más incomodó a Cristina Kirchner estaba aterrorizado por su propia audacia. No formaba parte de ninguna conspiración antikirchnerista. Caminaba solo, en la noche, y parecía tener miedo. La idea de una conspiración, la alocada hipótesis de que había periodistas argentinos sugiriendo preguntas a los estudiantes proviene del desconocimiento del ámbito en que la Presidenta hizo su intervención.
Cristina Kirchner fue aplaudida, pero también fue silbada por una parte del auditorio. Creo que habría podido decir lo mismo que dijo y no la hubieran silbado. Pero no supo moderar su estilo. La condescendencia, el sarcasmo, el falso acercamiento y el trato paternalista no caen bien en la cultura ceremonial universitaria norteamericana.
Nadie gana nada mostrando superioridad ante un interlocutor que está evidentemente en una situación desigual. Los murmullos subieron de tono cuando la Presidenta le dijo a un nervioso estudiante venezolano: "Te vi leer la pregunta, seguramente no tenés memoria de lo que querés decir". No se bardea así a un estudiante en ninguna parte, pero acá la frase de la presidenta argentina suena con una prepotencia y una superioridad insólitas. Los argentinos estamos más preparados a esas humillaciones. Y, por eso, la Presidenta, ya enojada, perdió noción del lugar que estaba ocupando.
Cristina Kirchner tenía muchas armas para ganar a su auditorio, que, en mi opinión, estaba enteramente dispuesto a escucharla. Su posición contra los monopolios comunicacionales sintoniza perfectamente en un país donde los diarios no pueden ser dueños de radios o emisoras de televisión. La explicación que dio fue clarísima. Y, sin embargo, la desperdició, precisamente porque no percibió que allí estaba la fuerza de su argumento y no en la abstrusa disquisición sobre los plazos de la ley de medios o la acusación de espionaje a periodistas. Estas cosas les suceden a los que no están habituados a escuchar.
Que haya dejado pasar ese momento que estaba a su favor indica, una vez más por si era necesario, que la Presidenta sólo se siente a gusto en situaciones donde nada pueda salirse de control. Las preguntas de los estudiantes la alteraron. No entendió lo que estaba sucediendo. Por eso se equivocó. En Harvard, la Presidenta dijo que hablaba con millones de argentinos: las inauguraciones, los actos, las teleconferencias y las cadenas nacionales son su idea del diálogo. Ningún presidente puede hablar con millones de compatriotas. Pero podría hablar un poco más con aquellos sindicalistas a los que les hizo la cruz, con los dirigentes de la oposición, con los representantes de organizaciones que tienen reclamos incumplidos. Podría hablar de inflación o del dólar, para que el tema no le parezca una salida de tono cuando alguien la interroga en una universidad extranjera.
Está tan poco entrenada para hablar con quienes difieren que se propasó con un puñado de estudiantes de Harvard, a quienes les recordó, con una ironía barata y ambigua, que las preguntas no eran dignas de esa universidad, sino de La Matanza. Intriga saber lo que la Presidenta piensa, entonces, de la Universidad de La Matanza y si allí respondería a las preguntas que gambeteó en Harvard.
(*) Beatriz Sarlo. Escritora, periodista, columnista de La Nación. Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2012.

Cristina no convence: El BID medirá la inflación de la región sin la Argentina

Por Urgente 24 (*)
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunció que medirá mensualmente las expectativas de inflación y de crecimiento en la región, para un informe, bautizado 'Revela', que dejará afuera a las dos economías con subas más aceleradas de precios, Argentina y Venezuela.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunció una nueva herramienta para seguir mensualmente las expectativas de inflación y de crecimiento económico en la región. La Argentina y Venezuela -los dos países con los índices de inflación más altos del continente- son, sin embargo, las únicas economías latinoamericanas grandes que no participan de este informe, bautizado "Revela".
Desde el BID dijeron al diario 'La Nación', que sólo están contemplados en el informe los países que hoy tienen régimen de metas de inflación y que realizan mensualmente relevamientos de expectativas entre economistas, que luego publican sus respectivos bancos centrales. Esto incluye a Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Uruguay, economías que en su conjunto representan el 82% del producto bruto interno (PBI) regional.
"La Argentina no hace inflation targeting (metas de inflación), y por suerte, porque considero que no es lo mejor. Pero eso no implica desatender la inflación", opinó Ramiro Castiñeira, economista de Econométrica. "La Argentina está en una situación de inflación en torno al 25% y con estadísticas de dudosa calidad, con lo cual igual se quedaría fuera de la lista", agregó.
De acuerdo con el Revela del BID, que tendrá una periodicidad mensual, las expectativas de inflación para el promedio de la región son de 4,3% para este año, mientras que el crecimiento lo ubican en 3,4%. Esto significa que aun contemplando las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que prevé una inflación de 9,2% anual, la Argentina tiene un crecimiento de los precios muy por encima del promedio regional, mientras que el Presupuesto 2013 que acaba de presentar el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, contempla una expansión para este año acorde con el resto de América latina.
Las estadísticas privadas, no obstante, disienten bastante con las oficiales y alejan todavía más a la economía local del promedio regional, incluso en materia de crecimiento. Los economistas privados estiman que la inflación este año se ubicará entre 24 y 26%, mientras que la economía crecerá entre 1 y 3%.
"De 2007 a la fecha hubo una sobreestimación del crecimiento en las estadísticas oficiales del 15%; el año pasado, por ejemplo, crecimos 6% y no 9%, como se dijo", señaló Eduardo Levy Yeyati, director de la consultora Elypsis. "Antes crecíamos más que el promedio de las economías de la región, pero de 2007 a esta parte el crecimiento ha sido más bien promedio. Y hoy, por primera vez en 10 años, la Argentina va a la zaga de la región, con la excepción de Brasil", explicó el economista y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella.
En 2003, durante la gestión de Alfonso Prat-Gay en el Banco Central, se habló de llevar a la Argentina paulatinamente a un esquema de metas de inflación, como el que hoy tienen los ocho países que contempla el Revela del BID. Fue entonces cuando se creó el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), una encuesta de la que participaba gran cantidad de estudios económicos privados y universidades.
Hoy, si bien se sigue publicando, según admite Levy Yeyati, "como el Gobierno interviene en tantas variables", cuando los economistas presentan sus proyecciones en el REM buscan anticipar "dónde el Gobierno las va a fijar, más que dónde se va a ubicar en función de las fuerzas del mercado".
Entre los economistas, no obstante, el régimen de metas de inflación -hoy criticado desde el Gobierno por considerarlo demasiado ortodoxo- tiene tantos partidarios como detractores.
Levy Yeyati, por caso, dijo que son discutibles las ventajas de aplicarlo a países de baja inflación, pero en el caso de la Argentina, que considera que sufre de inflación crónica, podría ser "útil" tener una pauta alrededor de la cual orientar las expectativas de precios y salarios. "Es la mejor forma de bajar la inflación sin frenar la economía. Se puede bajar la inflación con un ejercicio de coordinación", indica.
Castiñeira, por su parte, se ubica entre los claros detractores. Considera que el uso de este régimen monetario está llevando, por ejemplo, a que Brasil sacrifique parte de su crecimiento con tal de cumplir con sus metas de inflación. Sin embargo, advierte que la Argentina está funcionando en el otro extremo. "El país está en un punto que no se asusta de una inflación del 25% anual, que por otro lado también ya es lo suficientemente alta como para anularle el crecimiento", sentenció.
(*) Urgente 24. Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2012.

Agenda económica del post-kirchnerismo

Por Jorge Ávila (*)
El VIII Congreso de Economía Provincial organizado por la Fundación Libertad, de Rosario, se abrió ayer con un panel integrado por Emilio Cárdenas (ex-embajador en las Naciones Unidas), Orlando Ferreres (consultor económico), Rogelio Pontón (economista santafecino) y yo. El panel debía dar sus impresiones sobre “la Argentina hacia adentro y hacia afuera”. El evento se realizó en el hermoso edificio de la Bolsa de Comercio de Rosario, con una concurrencia bastante numerosa. Ésta es mi ponencia:


En los últimos 40 años, la Argentina ha experimentado tres intentos de reforma económica. El primero tuvo lugar a fines de la década de 1970. El segundo, en la primera mitad de la década de 1990. Y el tercero, a partir de 2003. Los dos primeros intentos fueron anunciados y tenían por objetivo la modernización económica del país. El tercer intento no ha sido anunciado y no ha tenido por objetivo la modernización económica del país sino otra cosa, que algunos observadores definen como socialismo del siglo XXI y otros, como populismo radicalizado.

Los dos primeros intentos fracasaron. Creo que el intento en curso también fracasará y que dentro de pocos años la Argentina tendrá una tercera oportunidad de modernizarse. En los minutos que siguen, trataré de identificar las grandes causas de esos fracasos y de puntualizar algunos aspectos que aumentarían la probabilidad de éxito de la futura reforma.

La reforma de la década de 1970 fue un intento serio de modernización. Quiso eliminar la inflación, desestatizar y abrir la economía al comercio internacional. Fracasó porque los militares que gobernaban no eran privatistas ni aperturistas, al revés de los militares chilenos, y porque estaban mucho más preocupados por la guerra anti-subversiva que por la reforma económica. Contribuyeron al fracaso, por cierto, algunos errores de la política económica. Por un lado, un gran aumento del gasto público imposibilitó la lucha eficaz contra la inflación y reforzó la caída del tipo real de cambio. Por el otro, la misma caída del tipo real de cambio trabó el esfuerzo aperturista. La comparación con la experiencia chilena es aleccionadora. Chile fue gobernado por tiempo prolongado por un jefe indiscutido, que dejaba hacer a un equipo económico que perseguía con férrea voluntad tres objetivos bien definidos: agresiva rebaja arancelaria, superávit fiscal y elevado tipo real de cambio. En Chile, la reforma tenía horizonte y consistencia. En la Argentina, no tuvo ninguna de las dos cosas.

La reforma de la década de 1990 fue un intento de modernización en gran escala. Fue impulsada por el derrumbe de la Unión Soviética y por la hiperinflación. Tuvo un jefe político indiscutido, que dejó hacer a un equipo económico coherente. Eliminó de cuajo una inflación de medio siglo. Privatizó virtualmente todas las actividades privatizables. Reorientó la política exterior. Rebajó aranceles y, sobre todo, eliminó las retenciones a la exportación y las restricciones cuantitativas a la importación como se había hecho 15 años antes. Aumentó el gasto público pero mucho menos que en las décadas de 1970 y 2000. Esta vez la reforma económica argentina tuvo horizonte y mayor consistencia técnica. Pero fracasó porque no pudo perdurar. La reforma inspirada por Alberdi en el siglo XIX y la reforma hecha por Pinedo en el siglo XX tuvieron éxito porque duraron unos 70 años, en cada caso.

Atribuiría el fracaso de la reforma de la década de 1990 a tres causas. Por un lado, una apertura comercial insuficiente; el gobierno prefirió el Mercosur a un TLC con EEUU y con esto lo digo todo. Por otro, el endeudamiento para cubrir el déficit fiscal tuvo un doble impacto negativo sobre la viabilidad de la reforma: dejó en herencia una situación financiera potencialmente frágil y contribuyó a bajar el tipo real de cambio, motivo por el cual la reforma perdió la adhesión de franjas importantes del sector agropecuario y el sector industrial. Por último, la mala suerte. Los precios de los productos de exportación fueron realmente bajos en la década de 1990, apenas un 25% de los actuales. Otro golpe de mala suerte, creo yo, fue el hecho de que la responsabilidad de corregir los errores de la reforma recayera sobre un gobierno débil y vacilante.

Llegó así la gran crisis de 2001. La sociedad argentina repudió en bloque la reforma de la década previa. Ni los políticos, ni los empresarios ni los economistas hemos vuelto a discutir una agenda de reforma desde entonces. Pero advertimos que en la vorágine de la demagogia kirchnerista se abre paso una anti-reforma. Me refiero a las estatizaciones, los bloqueos de exportaciones e importaciones y la extrema concentración del poder financiero en el gobierno nacional.

La organización económica que se perfila desde 2003 es tan ineficiente que difícilmente se pueda sostener por tiempo prolongado. Pero el factor que compromete seriamente su estabilidad en los próximos 2 ó 3 años es el tremendo aumento del gasto público, el cual ha pasado de 32% del PBI en 2000 a 47% en la actualidad. Un nivel similar a los que se registraban en la década de 1980. Es imposible financiarlo establemente, aun con alta inflación, expropiaciones y otras arbitrariedades.

Cuando el kirchnerismo deje el poder se abrirá un nuevo tiempo. Se tomará conciencia del progreso de Chile, Perú, Brasil y Colombia y quizá surja la necesidad de recuperar el tiempo perdido. Para ese entonces, sugiero seguir 4 preceptos de política económica y aprender una lección.

Con el fin de darle horizonte y estabilidad a la futura reforma:
* Tener presente que una buena política económica empieza por una buena política exterior.
* Firmar acuerdos de libre comercio con EEUU, la UE, China y otros.
* Sostener un buen superávit fiscal.
Con el fin de fortalecer la democracia argentina:
* Descentralizar la recaudación tributaria a favor de las provincias para fijarle un límite efectivo al poder del gobierno nacional.

Después de la noche kirchnerista, los empresarios, en especial los que hacen lobby por la continua devaluación del peso, deberían haber aprendido esta lección: la devaluación conduce a la inflación y ésta conduce a los controles, las amenazas y las expropiaciones. En suma, un dólar bajo es preferible a una expropiación. Una cabal comprensión de esta lección contribuiría mucho al éxito del futuro intento de reforma. Antes de despedirme, debo recordar que, aun cuando siguiéramos los 4 preceptos y aprendiéramos la lección, sin suerte podríamos fracasar otra vez.

(*) Jorge Ávila. Licenciado en Economía, Universidad de La Plata (1977). Ph.D. in Economics, Universidad de Chicago (1986). Profesor de Macroeconomía, Economía Monetaria y Teoría de los Precios I (UCEMA). Director de la Maestría en Agronegocios (UCEMA). Autor de numerosas publicaciones. http://www.jorgeavilaopina.com/
Artículo publicado por Informador Público el 27 de Septiembre de 2012.

La estrategia gramsciana del kirchnerismo

Por Fernando Romero (*)

Una interpretación de las políticas culturales y comunicacionales del actual gobierno a la luz de la filosofía de Antonio Gramsci.



Ud. puede acceder al paper en formato pdf. desde AQUI

(*) Fernando Romero es investigador del Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad (LIBRE), Directores: Nicolás Marquez y Agustín Laje Arrigoni. Paper publicado el 27 de Septiembre de 2012.

Fuente: http://www.libertadyresponsabilidad.org/?p=224&utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=Newsmaker-jovenes-en-accion-contra-la-hegemonia-colectivista-27-09-2012

El regreso de las cacerolas, la Némesis del kirchnerismo

Por Ignacio Fidanza (*)
El gobierno no logra entender la gravedad del escenario que enfrenta. El regreso de las cacerolas a la vida argentina le planeta un desafío que lejos de atenuarse se agrava por la ausencia de una oposición que pueda canalizar el descontento social. La singularidad de un nuevo actor que busca equilibrar el sistema desde afuera. El castigo a la desmesura. 

No es un secreto que una de las virtudes mas deseadas en las democracias modernas es la moderación, ese espíritu amable que suaviza las inevitables tensiones de una construcción colectiva compleja, como son las sociedades del siglo XXI.

Sociedades que contienen instituciones de antigua tradición republicana –la Presidencia, el Congreso, la Justicia- que intentan readaptar su formato nacido hace más de dos siglos a un contexto enteramente distinto, signado por la influencia de los medios masivos de comunicación y ahora envolviendo y desbordando a estos, las redes sociales: artilugio tecnológico que permite la novedad de articular movimientos sociales sin necesidad de partidos ni líderes.

Es a esa Némesis viral a la que se enfrenta el kirchnerismo, que desorientado combina respuestas de similar inconsistencia –o acaso peligrosidad-. Del desprecio a la minimización, pasando por el tardío reconocimiento de la existencia de un nuevo actor político –distinto, inarticulado, difícil de estigmatizar, comprar, seducir, amendrentar-.

Némesis era una querida diosa griega que venía a castigar la desmesura, a corregir a aquellos que acaso en el camino de una vida demasiado exitosa olvidaban a quien deben obedecer los gobernantes –o mejor dicho, para quien gobiernan-. Una recordatorio de la naturaleza humana, demasiado humana.

El gobierno tiene hoy amartillada sobre su humanidad la convocatoria a un nuevo cacerolazo para el 8 de Noviembre en el Obelisco. Mientras intermitente, todo su dispositivo de poder, sufre microcacerolazos aquí y allá. Como sea, la cita del mes próximo puede terminar en un mitín deslucido de un puñado de resentidos o reventar las calles con multitudes semejantes o acaso superiores a las del reciente cacerolazo.

Lo grave –para el kirchnerismo- es que se trata de un proceso que transcurre por fuera de sus designios y peor aún, sobre el que tiene una casi nula capacidad de intervención ¿A quién ir a buscar para ofrecer qué?

Respuestas posibles
En rigor, la supuesta complejidad del desafío surge por la reticencia del Gobierno a tomar el toro por las astas, acaso influido por un pánico –o un prejuicio- que le nubla lo evidente. Lo primero es reconocer la existencia de un nuevo actor político. Lo segundo natural es empezar a entender que está diciendo.

La Presidenta y su equipo se ufanan del vínculo directo que ella tiene con la sociedad. Bueno, las cacerolas le dan una oportunidad de oro para saltarse a todo el sistema político –a los propios y a los adversarios- y dirigirse a un sector de la sociedad que la está interpelando de manera directa. Y más atractivo aún el desafío, al provenir de franjas que le son naturalmente esquivas ¿Qué interés puede encontrarse en discutir con los que piensan igual?

De manera que uno de los mas evidentes reclamos es ese: la exigencia de una diálogo. Basta de imposiciones, de cadenas nacionales, de iluminados que como Axel Kicillof intentan reducir –en su caso- la complejidad creativa de la vida económica de la Argentina a esa megalómana matriz insumo producto en la que consume sus días, buscando el número perfecto que equilibre todas las variables.

El gobierno suele consolarse afirmando que los cacerolazos no son un problema político ya que no asoma una oposición articulada para capitalizar ese descontento. Se trata acaso del más grave de los errores de lectura de los muchos que se cometen al abordar el fenómeno. La ausencia de una oposición eficaz para ser vehículo del reclamo, le imprime al sistema una inestabilidad muy peligrosa y deja la protesta social –porque aunque sea de clase media (o acaso por serlo) es también una protesta social- a merced de lo impensado.

Los peronistas saben desde su génesis que miles de personas protestando en la calle no suelen presagiar nada bueno para los gobiernos, pero peor aún si ni siquiera tienen un líder con quien sentarse a negociar.

La agenda del reclamo
Otra tontería es pedirle a los que salieron a la calle que formen un partido y definan un programa de gobierno, como hizo el diputado Carlos Kunkel. La agenda de la protesta es clarísima y no escuchan sólo los que no quieren escuchar. Como también es claro el disparador. La intromisión del gobierno en libertades básicas como el destino de los ahorros o la posibilidad de viajar, montado sobre el tríptico de inflación, inseguridad y colapso del transporte público, fueron destilando el combustible que el kirchnerismo encendió con su proyecto de reforma constitucional y reelección.

Hay un hilo conductor entre la “Profundización del modelo”, “Vamos por todo” y “Cristina eterna”, cuya coherencia no lo absuelve de su mayor inconveniente: se trata de una agenda que buena parte de la sociedad observa no sólo como una extravagancia ajena a sus penurias cotidianas, sino incluso como una amenaza.

Inflación, Inseguridad, Colapso del transporte público. Es una agenda muy clara, muy actual y cuya complejidad alcanza para absorber las energías del gobierno de aquí hasta el fin del mandato de Cristina. No hace falta inventar nuevos ni más grandilocuentes desafíos.

Un principio sería reconocer los problemas en toda su extensión y despejar de la agenda lo que irrita. Como hizo Néstor Kirchner, aquel primer Kirchner de los reflejos intactos, cuando luego de la derrota en el plebiscito de Misiones enterró las reelecciones de Felipe Solá y Eduardo Fellner. O cuando cambió de cuajo la Corte Suprema y puso hombres de leyes donde se necesitan hombres de leyes ¿Tan difícil de entender es que lo de Oyarbide ya no da para mas?

Acaso si se dejara la búsqueda inútil de fantasmas y se trabajara de manera más franca sobre los problemas reales, todo lo que hoy se busca por la fuerza podría darse naturalmente. Y sino es así ¿Qué mayor satisfacción para un gobernante que haber entendido el desafío de su tiempo?.

(*) Ignacio Fidanza. Abogado. Fundador y director de La Política Online. Periodista de profesión, estudió cine y ciencias de la Comunicación. Artículo publicado en La Política Online y Chacomundo el 26 de Septiembre de 2012.

La reelección como agenda opositora

Por Analytica Consultora (*)
Las movilizaciones caceroleras con resonancia mediática, la principal novedad política de las últimas semanas, no respondieron ni a una convocatoria ni a un liderazgo claros. Podemos plantear la hipótesis de que los caceroleros están a la derecha de la media argentina en los principales temas del debate de la última década, sobre todo en materia económica. Pero una de las principales interpretaciones realizadas por dirigentes y medios opositores, es que las protestas contra el gobierno de CFK expresaron "un rechazo al proyecto de reforma constitucional".
¿Es posible la reelección? CFK respondió con ambigüedad cada vez que fue consultada, algo que volvimos a constatar ayer en la entrevista pública realizada por los estudiantes de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard. La que resultó ser una experiencia floja y poco redituable, para la Presidenta y para la Universidad, ya que se la vio a la mandataria bastante incómoda, y respondiendo a preguntas de poco nivel, que parecían más dirigidas a enervarla que a contribuir al conocimiento.
Pero volvamos a la pregunta: ¿es posible? No es fácil, pero tampoco imposible. Requeriría, y CFK sentó una posición desde Harvard, el concurso de alguna fuerza opositora. Más allá de que los números pondrían al oficialismo muy cerca de las mayorías de dos tercios necesarias para declarar la necesidad de reforma en el Congreso, si obtiene un resultado por encima del 43-45% en las legislativas de 2013. El único proceso constituyente de la historia argentina que fue llevado adelante por una sola fuerza política fue la reforma de 1949, la que fue revertida una vez que el peronismo fue derrocado por el golpe militar de 1955. El no haber contado con un consenso partidario amplio de origen es una de las razones -aunque no la única- que explican el fracaso de aquella "constitución peronista".
En la coyuntura, sin embargo, lo que está ocurriendo es que la reforma se convirtió en un tema -¿el tema?- de la oposición, y ello explica la interpretación algo forzada de la caótica catarsis cacerolera como una manifestación cívica antireeleccionaria. El oficialismo no hizo ninguna declaración política importante, está aún esperando, pero el FAP y la UCR ya se lanzaron a juntar firmas para convocar a una consulta popular no vinculante, con cierto éxito inicial. En la reelección, la oposición no solamente encontró una consigna ordenadora de su acción política, sino también la oportunidad de tender puentes entre los partidos con vistas a las próximas elecciones. Sin embargo, los frentes electorales no son una buena idea frente a las elecciones legislativas. Por el contrario, la pluralidad de oferta puede ser la mejor estrategia opositora en muchos distritos, además de fortalecer las capacidades de cada uno de los partidos en el mediano plazo. Para la oposición, poner a la reeelección al tope de su agenda puede traer réditos, pero también pérdidas.
(*) Analytica Consultora (Directores: Ricardo Delgado y Rodrigo Alvarez). Info semanal N° 186 del 28 de Septiembre de 2012.

viernes, 28 de septiembre de 2012

¡CFK con miedo al autoritarismo!

Por Roberto Cachanosky (*)
En su discurso ante la ONU, la presidente afirmó que el: "temor más grande" que tiene "como militante política es que muchísimos occidentales dejen de creer que un sistema democrático pueda darle soluciones"

En su discurso ante la ONU, la presidente afirmó que el: "temor más grande" que tiene "como militante política es que muchísimos occidentales dejen de creer que un sistema democrático pueda darle soluciones". Resulta curiosa la afirmación de CFK porque si hay algo que hoy no impera en Argentina es una democracia republicana. El oficialismo ha barrido con cuanta institución republicana se le ha puesto en el camino para tratar de conseguir sus objetivos.

Su gobierno ha intervenido empresas sin orden judicial. Ha logrado que un simple DNU tenga fuerza de ley con la aprobación de una solo Cámara, algo inédito porque un proyecto de ley requiere de la aprobación de ambas Cámaras. Utiliza a los organismos oficiales de para presionar a la gente. Abusa de la cadena de radiodifusión para no decir nada en concreto, más bien para hacer propaganda para su gobierno, tiene superpoderes para manejar el presupuesto que la Constitución prohíbe en su artículo 29 y aun secretario de Comercio que no solo decide sobre el futuro de las empresas a su antojo, sino que, haciendo gala de una grosería y cobardía mayúscula, maltrata y le grita a mujeres, sin que la presidente le llame la atención o los despida por abuso del poder. El listado de ejemplos puede seguir.

Sin embargo, la movilización del 13 de septiembre dejó algo muy en claro. Una amplia mayoría de la población rechaza ese tipo de gobiernos populistas y autoritarios a los que, curiosamente, CFK dice temerles. Ese día hubo muchas consignas, pero una que englobó a todas: no a la reeleción. Es decir, sí a la Constitución y al imperio de las instituciones.

Y, por cierto, poca catedra de economía puede dar el oficialismo en los foros internacionales siendo que somos el segundo país con mayor inflación en el mundo y, encima, con la actividad económica agonizando. Tener estanflación es todo un mérito con estos precios de la soja.

En síntesis, democracia republicana y funcionamiento de la economía deberían ser temas que CFK debería meditar antes de hablar, porque todo parece indicar que no las ha entendido.

(*) Roberto Cachanosky. Licenciado en economía (UCA, 1980). Consultor económico y Director de "Economía para Todos". Artículo publicado el 25 de Septiembre de 2012.

Fuente:  http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3961

Lanata ya es un fenómeno cívico mediático

Por Rodolfo Patricio Florido (*)
¿Por qué? Jorge Lanata es el mismo de siempre. El que desesperaba a los canales que lo contrataban, el mismo que antes era echado. El incomodo libre pensador que no dudaba en denunciar incluso a un auspiciante. Y de golpe, se transformó en una suerte de conciencia colectiva, en un referente libre de los medios de comunicación. ¿Por qué lo que antes era una incomoda piedra en el zapato es ahora un fenómeno cívico mediático? ¿Por qué lo que antes era un programa de culto se transformó en la expectativa de un domingo a la noche?

En su programa no hay invitados. Sólo investigación y una muy dedicada y estudiada editorial. O, como en el último programa, 3 editoriales.

¿Qué es lo que ha pasado para que lo que siempre fue igual, ahora sea un producto de consumo masivo?
Este Jorge Lanata es el mismo de siempre. El que incomoda, el que denuncia, el que arma equipos de investigación, independientemente de la proveniencia original de su equipo periodístico. El que dio a luz a Maximiliano Montenegro, a Ernesto Tenenbaum, a Marcelo Slotowiazda y a tantos otros periodistas que luego se destacaron en el visual mundo que es la Tele. De la misma manera que ahora se destacan otros periodistas.
El mismo que creo Página 12 cuando aquel periódico era un soplo de originalidad en el que el sarcasmo y la profundidad encontraban un público que quería ser intelectualmente provocado.
Entonces… ¿Qué pasó?
  • Pasó que la misma libertad que antes incomodaba es ahora una suerte de sacudón a la sensación que no es sensación de una libertad con signos de agotamiento.
  • Pasó que un Gobierno se encargó de dividir la sociedad argentina de tal manera que solo puedan quedar tres categorías de ciudadanos. Los que están a favor, los que están en contra y los ausentes que nunca quieren saber del resultado de la ausencia.
  • Pasó que en ese esquema de amigos-enemigos, el estilo Jorge Lanata se transformó en un imperativo intelectual y visualmente refrescante que permite resumir las frustraciones colectivas encontrando en él una suerte de reflejo de las angustias colectivas de un sector de la sociedad que se encuentra huérfano de Gobierno y de Oposición.
  • Pasó que esa mitad de la población (quizás más hoy en día) no se sentía ni contenida ni inmersa en el llamado “Modelo Nac&Pop” y que tampoco sentía que la feria de vanidades de gran parte de la oposición les daba un lugar natural donde respirar sus propias frustraciones.
  • Pasó que Jorge Lanata dio en la tecla cuando se refiere al “miedo” que muchos sienten sin que la amenaza tome cuerpo real de perdidas libertades individuales. La percepción de algunos acontecimientos (cepo cambiario, AFIP como perseguidora a voluntad política, Vatayón Militante, La Cámpora en los Colegios, etc.), más la agresividad y descalificación para con el pensamiento opositor, vertido desde las más altas esferas y multiplicado por el multimedios oficialista, generó que muchos ciudadanos sientan que el Programa de Jorge Lanata ayuda a procesar psicológicamente el miedo al generar una suerte de acompañamiento masivo de la percepción individual.
  • Pasó que la corrupción no ocupaba un lugar primordial en la agenda colectiva hasta que se empezó a sentir los efectos en la misma por la detención del crecimiento. O sea, hay una cierta hipocresía social a la hora de que la corrupción importe. Importa más cuando hay menos para consumir que lo que importa cuando la sensación de crecimiento se apodera de las masas medias.
  • Pasó que la Ley de Medios transmutó del intento original por garantizar una mayor pluralidad de voces, para transformarse en un instrumento específico para destruir una Multimedia. Así, una parte importante de la sociedad percibe que sus espacios de disenso pueden naufragar, de vuelta, en la lógica amigo-enemigo.
  • Pasó que la sociedad no es estúpida y se da cuenta que son muchos los espacios periodísticos en otros medios que navegan en un oficialismo desenfadado y que la presencia o ausencia de funcionarios para responder preguntas está en directa proporción con la afinidad o no del cuestionador.
  • Pasó que el humor, el sarcasmo y la ironía son instrumentos naturales para Jorge Lanata y esa originalidad, que tiene desde los tiempos dePágina 12, se ajusta, hoy, a la desesperante necesidad de vastos sectores sociales para poder relajarse sin relajarse. Transformar una mueca en una sonrisa y poder transitar sin violencia la sensación de agresión sufrida.
  • Pasó que es mucha la gente que percibe que una Reforma Constitucional puede llevarse puesto el sentido republicano de la Democracia, para transformar el sistema en un instrumento personal mas que en un Sistema de valores y participación no excluyente.
  • Y, por supuesto, también pasó que; por primera vez, Jorge Lanata cuenta con el apoyo de una multimedia que no ahorra esfuerzos en poner recursos a su disposición, aunque deba pagar el precio de enfrentar la crítica del periodista. Y, ese mérito, es el “merito” del oficialismo que en su lógica amigo-enemigo, logró juntar lo que en otros tiempos habría sido muy difícil de juntar.
Esto y mucho más pasó para que el fenómeno cívico mediático que encarna Jorge Lanata haya tomado cuerpo -aun en las diferencias- con la masividad de las clases medias argentinas tan diversas como son diversos los individuos que la componen. Esto y mucho más pasó para que un Periodista, de una conferencia pública en una plaza de Córdoba en una noche de muchísimo frío y mas de 4000 personas se queden hasta el final escuchando a un periodista que dice lo que ya sabemos que dice y que puede retar sin violencia a un chico que habló de los “negros” y que recibe de Lanata un reto público pero de alguna manera paternal y pide luego disculpas frente a los 4000 presentes.
Pasó que mucha gente siente que puede estar en desacuerdo con Lanata y que este no la execrará por esas diferencias. Pasó que es refrescante sentir que las diferencias pueden ser un factor de enriquecimiento, antes que un factor de división y rechazo.


(*) Lic. Rodolfo Patricio Florido. Artículo publicado por Informador Público el 26 de Septiembre de 2012. 


El tema impositivo

Por Alberto Benegas Lynch (h) (*)
Lo primero para entender el significado de los impuestos es comprender que el aparato estatal está al servicio de la gente y que, por ende, los burócratas son meros empleados de los habitantes del país de que se trate. Esta subordinación de los agentes estatales a quienes residen en una nación se concreta en la obligación de los primeros a proteger y garantizar los derechos de los segundos, derechos que son anteriores y superiores a la misma existencia de los gobiernos.
Mientras progresa el debate sobre externalidades, bienes públicos y el dilema del prisionero, aparece necesario el impuesto que como su nombre lo indica es consecuencia del uso de la fuerza al efecto de cumplir con la misión específica anteriormente señalada. Subrayamos esto último, no se trata de que el Leviatán se arrogue facultades y avance sobre las libertades individuales. Este es el mayor de los peligros, por ello en la larga tradición constitucional se han puesto vallas y límites diversos al poder.
Hoy en día se han violado normas elementales y el monopolio de la violencia que denominamos gobierno se ha vuelto en general tan adiposo que atropella a quienes teóricamente lo contrataron para su protección y, en lugar de ello, el mandatario ha mutado en mandante. Como se ha dicho en el contexto de la tradición estadounidense, tal vez haya sido un error denominar “gobierno” a la entidad encargada de velar por el derecho del mismo modo que al guardián de la propiedad de una empresa no se lo denomina “gerente general”. Cada uno debe gobernarse -es decir, mandarse a si mismo- y, en esta etapa del proceso de evolución cultural (nunca se llega a una instancia final), las personas delegan esa protección en el agente fiscal.
De todos modos, es de especial interés destacar que cuando los aparatos estatales se arrogan facultades y atribuciones impropias para estrangular libertades (incluso con el apoyo de mayorías circunstanciales), forma parte de la mejor tradición liberal ejercer el derecho a la resistencia, en este caso, recurrir a la rebelión fiscal, cuyo origen se remonta a la independencia norteamericana que dio pie al experimento más extraordinario en lo que va de la historia de la humanidad. Más aun, se justifica dicha rebelión fiscal cuando no solo los gobiernos invaden áreas que no les corresponde sino cuando no prestan los mínimos servicios para los que fueron contratados, léase una pésima atención a la seguridad y la justicia, campos que habitualmente incumplen los políticos en funciones. En esta línea argumental, en todos lados se observan campañas electorales en las que nuevos candidatos prometen cambios en cuanto a la eliminación de la recurrente corrupción y poner manos a la obra respecto a la prestación de los servicios de seguridad y justicia siempre deteriorados en mayor o menor grado.
No solo hay dobles y triples imposiciones, sino que nadie entiende cuanto debe pagar debido a que las legislaciones tributarias son incomprensibles y fabricadas para que surja esa curiosa especialización de los “expertos fiscales”. Si los impuestos resultaran claros y fueran pocos, aquellos especialistas podrían liberarse para dedicarse a actividades útiles.
Hemos sugerido antes sustituir todos los impuestos por dos tributos: uno del valor agregado que no solo cubre la base más amplia posible sino que el sistema implícito de impuestos a cargo e impuestos a favor reduce la necesidad de controles. Por otra parte, es conveniente complementar el anterior con un gravamen territorial al efecto de que paguen quienes no viven en el país en el que tienen propiedades, las que también requieren la debida protección. Hoy en día, en lugar de aplicar el principio de territorialidad, es decir, cobrar impuestos a quienes requieren los servicios de protección en la jurisdicción del gobierno en cuestión, se aplica el principio de nacionalidad al efecto de perseguir al contribuyente donde quiera se encuentre aunque el perseguidor no le proporcione servicio alguno en el exterior. En verdad, este último principio es el de voracidad fiscal.
Ambos impuestos, el del valor agregado y el territorial no deben ser progresivos. Como es sabido, la progresividad significa que la alícuota progresa a media que progresa el objeto imponible. A diferencia de los gravámenes proporcionales, el progresivo obstruye la necesaria movilidad social, altera las posiciones patrimoniales relativas ya que contraría las indicaciones del consumidor en el mercado con sus compras y abstenciones de hacerlo y se traduce en manifiesta regresividad puesto que los contribuyentes de jure al disminuir sus inversiones reducen salarios e ingresos en términos reales de los más necesitados.
Es en verdad llamativo que muchos de los gobiernos que asumen, en el mejor de los casos centran su atención en la caja para lo que suelen incrementar más aun los impuestos, al tiempo que continúan comprometiendo patrimonios de futuras generaciones a través de la deuda pública, sea interna o externa y mantienen o aumentan el deterioro del signo monetario vía procesos inflacionarios que es otra forma de tributación. Y todo ello para financiar un gasto siempre creciente.
Antes dela PrimeraGuerraMundial el gasto estatal sobre el producto oscilaba entre el dos y el ocho por ciento. En la actualidad el Leviatán consume desde el cuarenta hasta el setenta por ciento de la renta disponible. En cuanto a la presión tributaria, Agustín Monteverde ha producido un notable trabajo referido al caso argentino que resulta muy ilustrativo respecto a lo que venimos comentando. A continuación lo que transcribo proviene de ideas y procedimientos consignados en el mencionado ensayo.
Entre otras muchas cosas, dice Monteverde que para calcular el peso de los impuestos naturalmente deben incluirse todos, sean nacionales, provinciales y municipales y también los que llevan otros nombres como “tasas”, “contribuciones”, “retenciones”, “aportes previsionales”, “seguridad social”, “obras sociales” y demás subterfugios que suelen enmascarar tributos. También subraya el autor que, a estos efectos, no debe inflarse el producto agregando cálculos de lo que se produce en el mercado informal o “en negro” ajeno a buena parte de los barquinazos del “blanco” y, en este contexto, tampoco debe incluirse en el producto bruto interno los impuestos (como cálculo de los “servicios” prestados) ya que no tiene sentido relacionar impuestos con los mismos impuestos en el numerador y en el denominador de la ratio correspondiente.
Monteverde concluye que, en el momento de su estudio, la presión fiscal argentina era nada menos que el 58, 9 %, pero de viva voz manifestó que estaba actualizando el trabajo y que el nuevo resultado arrojaba el escalofriante guarismo de 63 % sin incluir el impuesto inflacionario, todo en el marco de los degradados “servicios” que son del dominio público que constituyen una afrenta al sentido común y un despiadado ataque al fruto del trabajo ajeno.
Aunque no lo tengo a mano, recuerdo un sesudo y muy bien documentado artículo de hace tiempo de Roberto Cachanosky en el que llegaba a la conclusión que la presión impositiva argentina era del 60%,  y ahora Agustín Etchebarne, centrando su atención en un trabajador que en suelo argentino percibe 5.000 pesos mensuales, resulta que el gobierno le arranca el 53% de su propiedad. En todo caso, cualquiera de los ensayos serios en la materia revelan un abuso superlativo al contribuyente que muy lejos de servirlo lo exprime cual limonero y no se extermina el árbol solo porque el fisco se queda sin renta…¡vaya consideración a quienes teóricamente contratan empleados para que los protejan en sus derechos!
(*) Alberto Benegas Lynch (h) es Presidente del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado en el Diario de América (NYC) y en Libertad y Progreso el 20 de Septiembre de 2012.