domingo, 9 de septiembre de 2012

Argentina nacionaliza el impuesto a la vida

Por Jorge Héctor Santos (*)
El “impuesto a la vida” ya se tributó en el país. Esta indigna carga solo sigue en vigencia en algunos feudos provinciales; pero ahora el gobierno está decidido a extenderlo a todo el territorio nacional. También se paga en algunos otros países. Es apropiado saber qué grava y cómo se abona.  
Uno de los momentos más incómodos que puede tener que sortear un viajero argentino es tener que responder las preguntas “malditas” formuladas por ciudadanos de otros países como ser: “¿Por qué la Argentina está así; teniendo todo? ¿Cómo un país como ese se está  convirtiéndose en otra Venezuela?”.
Ese es el instante en que uno se queda sin palabras. Quisiera ausentarse para salir de la fila de embarque o tener el pasaporte de otro país.
¿De qué disfrazarse para contestar interrogantes sensatos, con sensatez; sin caer en explicaciones para salir del paso?
¿Cómo zafar de la peor de las comparaciones posibles…? “Argentina es como la Venezuela de Hugo Chávez donde un fundamentalista se apoderó del poder para eternizarse en él y someter a todo ese país a su totalitarismo, a su dictadura; donde las libertades de los habitantes han sido confiscadas”. 
¿Cómo se puede superar la inquisitoria de un interlocutor informado que expresa: “Cómo puede una Presidente supuestamente democrática decir: "Solo hay que tenerle temor a Dios y a mí, en todo caso, un poquito"?
Ese es el instante que el argentino turista o de negocios (acompañado por la Afip) desea que el asiento que le fue asignado quede muy lejos de ese circunstancial compañero de viaje.
Aunque su deseo se cumpla, los difíciles cuestionamientos recibidos quedan picando, y lo que no deviene fácil en responder a otro es porque resulta complejo explicárselo a uno mismo.
Más allá de esta escena figurada pero ciertamente sobrellevada por unos cuantos, vale reflexionar si es casual lo que se vive, lo que aflige a gran parte del pueblo argentino; o es causal.
Era impredecible e imprevisible imaginar el “vamos por todo”, cuando tanto Néstor como Cristina fueron de menor a mayor apoderándose de muchas cosas sin respetar la Constitución Nacional, leyes y otros poderes de la República.  
Con una mano en el corazón y con los antecedentes existentes de ambos, la conclusión es NO.
Señores feudales de una provincia como Santa Cruz iban a pasar a ser demócratas asumiendo el gobierno nacional, NO.
Un matrimonio que a lo largo de años han sometido al pueblo de un territorio austral a un poder absolutista, donde el que piensa diferente es enemigo; va -por arte de magia- a cambiar. Obviamente, NO.
Cómo se dice habitualmente con el diario del lunes es fácil pronosticar lo acaecido el domingo; pero esta no es la cuestión; el curriculum vitae de ambos, como cultores del mando, hablaba por sí solo.
El pueblo, en general, podía desconocer todo esto; pero los políticos, los empresarios, los integrantes del Poder Judicial, los sindicalistas y tantos otros actores sociales con acceso a buena información no tienen derecho a considerarse sorprendidos.
No les asiste motivo alguno que los habilite a disculparse de no saber que el famoso “modelo” no iba a ser era otra cosa que una acumulación de poder; hecho en base a:
> Enorme cantidad de gente viviendo a costa del Estado (clientelismo o voto cautivo dádiva);
> Reelección permanente;
> Pensamiento único;
> Considerar al Estado y sus recursos como propios;
> Corrupción e impunidad;
> Fragmentación social;
> Destrucción del poder concentrado en cualquier actividad;
> Un Estado gigantesco y limitante de cualquier actividad;
> Justicia adepta;
> Legisladores y funcionarios lacayos;
> Destrucción de la prensa y periodismo independiente;
> Conculcación de libertades.
Tampoco está exculpado de no haber resaltado todo este prontuario antidemocrático de los Kirchner, en tiempo y forma, los medios y buena parte del periodismo independiente por la desconfianza que todo lo mencionado generaba a futuro.
Aún hoy, cuando el telón de la realidad se corrió, y la verdad salta a la luz de todo aquél que quiera verla existe un silencio cómplice de una realidad que ensombrece el presente y el futuro:
> De gran parte de los factores de poder;
> De parte de dueños de medios que se inclinan frente a la habitante de la Rosada para recibir cuantiosa plata del Estado en forma de pauta publicitaria;
> De empresarios devenidos en dueños de enorme cantidad de medios comunicación que sin arriesgar dinero propio,  y empleando recursos del erario proveniente incluso de impuestos pagados por los que menos tienen;
> De periodistas llamados militantes que dejaron de lado la práctica del periodismo honorable, muchos de ellos a cambio de dineros que les cambiaron la vida en muy pocos años.
La presidente de la Nación ha decretado el más denigrante impuesto que se deba erogar: el impuesto a la vida, que es la limitación de las libertades.
Frente a esta carga oprobiosa, los aplaudidores de la primera mandataria (funcionarios, gremialistas, dirigentes y militantes cristinistas) baten palmas y levantan sonrisas vergonzantes de la raza humana.
La oposición, mucha de ella carente de dignidad y con cero cuotas de estadista, está años luz de las circunstancias que amenazan a la destrozada sociedad argentina, orgullo de otras épocas.
Los opositores actúan como comentaristas de lo que Cristina Kirchner dice; y terminan muchas veces siendo funcionales a sus objetivos en busca de perversos votos.
Se ha llegado al extremo ridículo que los actuales más representativos personajes de la oposición sean Hugo Moyano y Jorge Lanata.
Hacen escasos días, Cristina Fernández en sus habituales alocuciones manifestó:
"La Cadena Nacional de una Presidenta es legal, no la uso para explicar mi vida. Cada vez que la utilizo es para explicar a los argentinos lo que se les quiere ocultar".
Como casi siempre lo ilegal es legal para Cristina.
La cadena nacional no es legal que sea usada como lo hace Chávez en Venezuela y Cristina en estas tierras.
Por otro lado, el gobierno que hace nueve años ejerce el poder es el que les disfraza la realidad a los argentinos, con el vil relato que acomoda todo al cuento oficial que aspira imponer.
No es extraño, por lo tanto, que la ley de Medios Audiovisuales se haya convertido en el principal desvelo de la mujer que “impone miedo en menor proporción que Dios”.
La Ley de Medios Audiovisuales es una herramienta esencial para el gobierno central con el fin que la verdad no llegue a la parte del pueblo que menos posibilidades de discriminación posee.
La otra poderosa arma que esgrime el gobierno es la que ya está usando, la destrucción de la clase media.
La clase media molesta y mucho.
La clase media discrimina, piensa, critica. Lee La Nación, Clarín, Perfil, consume Periodismo para todos y todas, el programa periodístico éxito conducido por Jorge Lanata; se informa con TN, con Tele noche; navega asiduamente por Internet, participa de las redes sociales.
Por ende los integrantes de esta clase tienen dos alternativas, como la que tuvieron en Venezuela; emigrar o someterse al régimen.
Esto se está haciendo y se profundiza a diario.
En síntesis la tempestad del “vamos por todo” incluye entre otras variables:
> Más Estado con el objetivo de tener el voto dádiva o el voto miedo al despido.
> Existencia de una pequeña clase alta, la que siempre se acomoda con cualquier gobierno y a la que pertenecen los enriquecidos funcionarios del mismo, y abundante clase baja.
> Reducción al mínimo de la clase media.
> Licuación de los medios y periodistas independientes, con consiguiente ahogo financiero, producto de falta de pauta publicitaria oficial y de menor cantidad de empresas auspiciantes sin participación del Estado.
Por otro lado, para la Cristina eterna  es necesario:
> Profundizar la ya pésima educación pública.
> Voto adolescente (voto play station).
> Voto inmigrante con DNI en tres meses (voto gracias Cristina).
> Adoctrinamiento a cargo de La Cámpora de chicos desde el jardín de infantes.
> País feudal con caja centralizada en Balcarce 50.
> Introducción de la política del miedo.
> Ausencia de combate a la inseguridad que aumenta el miedo.
> Adoctrinamiento en villas.
> Adoctrinamiento de presos.
-Utilización de barrabravas.
-Agigantar el enfrentamiento y la crispación social.
-Reforma de la Constitución Nacional para poder reelegir en forma indefinida a Cristina.
Para reasegurar la impunidad ante hechos de corrupción es imprescindible:
>Sumisión aún mayor que la actual justicia.
> Organismos de Control del Estado en manos de La Cámpora.
> Desaparición y denostación del periodismo independiente que viene supliendo en la investigación de tantos hechos de corrupción  a la casi inexistente justicia.
> Transcurso del tiempo, con Cristina en el poder, para que prescriban plazos judiciales de  denuncias de cohecho.
Solo la imprevisibilidad de los designios de Dios y la reacción de una sociedad cada vez más enojada pueden evitar que el altísimo y denigrante impuesto a la vida entre totalmente en vigencia a nivel nacional.
(*) Jorge Héctor Santos. CPN, asesor en medios de comunicación y periodista. Artículo publicado en Urgente 24 el 9 de Septiembre de 2012.