viernes, 7 de septiembre de 2012

Conocemos el qué, ignoramos el cómo

Por Malú Kikuchi (*)
Estamos mal. No es un comienzo atractivo, pero las circunstancias no lo permiten. Por desgracia no he sido bendecida con un pasaje a Disneylandia, el país donde habita Cristina. Yo vivo en los restos de lo que fuera alguna vez un gran país, yo vivo en la Argentina.

Para terminar con la inútil discusión sobre el 54% de la presidente. Padrón, 28.800.000; votantes de Cristina, 11.593.023. Ende, 54 % de los votantes. Y si  hicieron fraude, este no es posible más allá de un 3 o 4%.  Pero la diferencia con el 2° candidato, Hermes Binner, es abismal. Sacó el 16,8%, los 37 puntos de distancia son incuestionables. Conclusión: la oposición política no existe.


Eso lo sabemos. Una desenfrenada carrera de egos, todos ellos dueños de una fábrica de “yo yos” (aunque en este punto la presidente también gana por goleada), incapaces de sumar, expertos en dividir. Cronistas de la realidad nacional, de la que pareciera que no forman parte. Y la deforman.

Sabemos que este gobierno va por todo. El año pasado fue votado por  los beneficiados con planes, los que perdieron la guerra de los 70, la gente que trabaja con y para el campo,  los empresarios, los industriales, los banqueros, todos  los que han ganado y ganan mucha plata siendo amigos K. Hoy, algunos de ellos están  arrepentidos y todos tienen  miedo.

Sabemos que este gobierno es  excepcionalmente corrupto, populista y demagógico. Sabemos de la Cámpora y su feroz militancia monetaria; sabemos de las pérdidas de AA, de las deudas con las provincias, de las estafas a los jubilados, de la droga, que si no está permitida, por lo menos no está debidamente combatida. Sabemos de la destrucción de los valores.

Sabemos de la persecución a la escasa prensa independiente, de la mala calidad educativa en todos los niveles, y eso que se le adjudica el  6% del presupuesto; del peligro de los presos en la calle y del Vatayón Militante. Sabemos del adoctrinamiento en las escuelas, Mamá Hebe pide que se empiece en los jardines de infantes. Sabemos de las insoportables cadenas nacionales, del autoritarismo, del desembozado manejo del poder judicial a favor del gobierno. Sabemos que quieren que voten los chicos  de  16 años, y que  van a tratar de hacer votar a los extranjeros con 2 años de residencia.

Sabemos que intentarán cambiar la Constitución Nacional, que fue reformada en 1994. La mayoría de los constituyentes está con vida, salvo Alberto Natale (me pongo de pie para nombrarlo), Alfonsín y Néstor. Habrá alguno más. Pero el resto, empezando por  Cristina, están vivos. Los usos y costumbres no cambian en 18 años. No hay que equivocarse, no van sólo por la re- re, van por la propiedad privada. Cuba, la vieja Cuba de Fidel, es el objetivo.

Todo eso, y más, lo sabemos. Conocemos los “que” y los “para qué” del gobierno. Lo que no sabemos es “como” detenerlos. Como parar este desguace del país.  Como recuperar la Patria, la nuestra, la de la CN de 1853.

Cómo recuperar la división de poderes, la defensa de las libertades individuales, ¡la propiedad privada!, la idoneidad en el ejercicio de los cargos,  la seguridad. Cómo explicarle a Doña Rosa que su casa, esa que tanto le costó conseguir, se la van a sacar porque el derecho de propiedad va a desaparecer. ¿Qué palabras usar para llegar a Doña Rosa? (Ver: ”Te van a quitar la casa, pelotudo”, en: enriquearenz.blogspot.com.ar)

Sabemos que a lo largo y a lo ancho del país hay miles de argentinos preocupados, reunidos en pequeños grupos, lamentándose horrorizados por lo que nos pasa… y permitimos que nos pase. Piensan distinto, tienen ideas políticas diferentes, pero el ideal de una Patria libre, con valores  y sin precios, les es común. Hay que encontrar el “cómo” hilvanar esos grupos. Lo básico: recuperar la Patria es un objetivo común.

Salvemos la vida del niño, ya tendremos tiempo después para discutir a qué colegio lo mandamos. Y como somos en serio democráticos, creemos que toda solución debe ser democrática. ¿Cómo se combate un gobierno que tiene el poder, la caja, los medios de difusión, las mayorías en las cámaras, mientras de este lado  ni siquiera nos conocemos entre nosotros?

Si Usted sabe de un grupo, súmese. Aporte gente que esté de acuerdo en los puntos mínimos para una convivencia en libertad y respeto. Y trate de contactar otro grupo. Que cada uno de nosotros se ocupe de conseguir una persona. que a su vez traiga otra. Que un grupo se ocupe de sumarse a otro. Y rápido. La tiranía absoluta está a la vuelta de la esquina. No puede hacerse el distraído. Lo único que los ciudadanos libres podemos oponerle a “esto” que nos gobierna, es una opinión pública unida y decididamente contraria a  sus designios.

Ya aparecerá un líder que termine de darle forma a esa opinión pública disidente, que lo único que quiere es trabajar con dignidad, no temer por la vida de sus hijos, ni por la propia, poder viajar si quiere, y saber que  sus impuestos van a mejorar los servicios públicos y no a engrosar las cuentas de los funcionarios en el exterior. Parece una utopía y puede que lo sea.
Ser independientes  en 1816 fue una loca y maravillosa utopía, que se hizo realidad. Los argentinos de hoy, ¿tenemos menos coraje que los de 1816? 

(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora 
(publicado en: http://www.lacajadepandoraonline.com/blog2/?p=5689 )