lunes, 24 de septiembre de 2012

El tiempo del desprecio

Por Malú Kikuchi (*)
El 13 de septiembre 2012 quedará en la historia argentina como un día para recordar.
Los protagonistas, por el orgullo que sintieron de ser tantos, de saber que desde sus diversas posiciones socio/económicas y sus diferentes creencias políticas, coincidían en la defensa de la Constitución Nacional, de la libertad, la seguridad y la transparencia, con banderas argentinas, convocados por las redes sociales, sin partidos políticos, ni dirigentes .

El gobierno lo recordará por haberse anoticiado que el pueblo (todos somos pueblo) no estaba dormido, que podía reaccionar, que era capaz “de peticionar ante las autoridades” (artículo 14 CN), que no tenía miedo. Que se juntaban a lo largo y a lo ancho del país, sin ser obligados, sin ser chantajeados con planes variopintos, sin ómnibus, ni choripan.

Algunos entendieron, otros no. El tema del desprecio sobrevoló la semana. Desprecio, o sea desaire, desdén, desestimación, falta de aprecio, tener a menos, menos precio. Definiciones claras para un sentimiento oscuro.  El gobierno y sus adláteres acusaron a la renacida clase media de despreciar a los humildes. Escuchando bien lo dicho, puede que sea todo lo contrario.

“Parece que parte de los argentinos tienen desprecio por determinadas clases sociales”.  “Me sorprendí al ver el desprecio hacia los más humildes”.  “Cuando hablan muchos parecen  descendientes de  los Romanov”.  “Muchos orígenes patricios eran contrabandistas  (…) hace 200 años”.  Frases memorables de Cristina Fernández de Kirchner, 20/9/12.

¿En qué momento de la marcha, en qué cartel, en qué cantito se menospreció a los “humildes”? Estarían viendo otro canal, porque si no miraban, TN, o canal 13, o la CNN en español, no se enteraban de nada. La TV argentina, pública o privada, de aire o de cable, ninguneó la marcha. Eso es despreciar a una enorme cantidad de ciudadanos. Desprecio del gobierno por la gente.

No es necesario descender de los Romanov, basta haber hecho la patria de a caballo y con coraje, o ser inmigrante analfabeto y educar a fuerza de trabajo honesto hijos universitarios; eso habilita a miles de argentinos a sentirse orgullosos de sus antepasados y de su patria. Y perdón, pero es mejor que los contrabandistas estén a 200 años de distancia y no ser ladrones hoy.

¿Quién desprecia a quién? El INDEC miente descaradamente una inflación menor al 10% y la real está más cerca del 30% que del 25%. Aumentar la asignación universal (que no es universal) por hijo en un 25,9%, es reconocer el monto verdadero de la inflación. Mienten. El desprecio por la inteligencia de los argentinos de parte del gobierno, es fenomenal. Están convencidos que somos lelos. Se puede comer 4 veces por día, con una dieta equilibrada, por $6 diarios. ¡¡¡!!!

La ministra de seguridad, en un evidente desprecio por la seguridad de los ciudadanos y con los roles algo confundidos, pide a los vecinos que controlen a la policía, hecho difícil de llevar a cabo. La consigna es que hay que vigilar a los vigilantes. Mientras, los delincuentes agradecidos.

La AFIP mandó un cuestionario a los countries y barrios cerrados para ser contestado por los dueños o por los inquilinos. Una de las preguntas era: “¿Ud. POSEE personal doméstico?”. Es tan grande el desprecio de los funcionarios de este gobierno por la gente, que no se han enterado que la Asamblea del Año XIII decretó la libertad de vientres. A las personas se las contrata, o se las emplea, no se las posee, no son cosas, son personas. ¿Quién desprecia a quién?

El encuestador predilecto de la Rosada, Artemio López, canal C5N, 13/9/12, opinó que había salido a la calle “el zoológico de la oposición”. Eso significa desprecio hacia un vasto grupo de personas y es,  de parte de López, un despreciable comentario.

Abal Medina, con desprecio por la verdad y con una frase poco feliz, acusó a los manifestantes de “interesarse más por Miami, que por San Juan”. La presidente no se preocupa por San Juan, le permite a la minera Barrick Gold trabajar en condiciones no aceptadas por Canadá, su país. Minería a cielo abierto y con cianuro. Desprecio por la salud y el futuro de los sanjuaninos.

Después de estos “geniales” dichos del jefe de gabinete, y después de ver las condiciones infrahumanas en que viven los argentinos en los asentamientos de Florencio Varela, el intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, con su mujer y su hijo, viajó en primera a Miami, el 16/9/12. Pereyra desprecia a la gente de su municipio, y los dichos de Abal Medina.

También Aerolíneas Argentinas desprecia los dichos de Abal Medina, ya que a partir del 12/ 2012 duplicará los vuelos a Miami, mientras que en San Juan hay 6 aviones de AA fuera de servicio, en el aeropuerto. Tomarle el pelo a la ciudadanía, es una forma de desprecio brutal.

Jorge Coscia, secretario de cultura de la nación, ¡qué bajo ha caído la cultura oficial!,  dijo durante la muestra fotográfica “Néstor para todos”, 17/ 9/12: “La Plaza de Mayo no es la plaza de la señora que lleva la mucama para que toque la cacerola”.  Coscia es secretario de cultura ¿y no sabe que la Plaza de Mayo no ha sido escriturada  a nombre de ningún partido, ni facción? La Plaza es de los argentinos, de todos y  todas. Además se ha quedado a principios del siglo XX, hoy es imposible “llevar a una mucama” a la fuerza, a ningún lado.

Y ya no hay mucamas, hay empleadas domésticas. Sería muy largo explicarle a Coscia que tener una “mucama” el día de hoy, es un privilegio que sin lugar a dudas los funcionarios kirchneristas pueden pagar, a la clase media se le hace más difícil. Se contenta con personal por horas, que ciertamente no se paga para ir a la plaza. Desprecio  por las “mucamas”, las señoras y la verdad.

El gobierno, desde la presidente hacia abajo, tiene un infinito desprecio por la gente. Si son pobres, más. De no ser así harían algo para que la pobreza real disminuyera. 

Argentina ha crecido a tasas chinas durante varios años, se ha enriquecido, pero al mismo tiempo se ha descapitalizado. Menos ganado, menos trigo, menos maíz. Ha pasado de ser un país exportador de energía, a ser un país fuertemente importador.

Nunca se gastó (no se invirtió) tanto en educación, el 6% del presupuesto, pero estamos peor que Bolivia y Paraguay en educación. Las propiedades valen menos, salvo en Puerto Madero, pero eso no es Argentina, es el país de Cristina y sus funcionarios. La Argentina que crece y admira la presidente, es la de la villa 31, que hoy exhibe casas precarias de 5 pisos. Para Cristina es un logro. Cristina lo hizo posible.

Desprecian la verdad, desprecian la inteligencia de los ciudadanos, desprecian a los pobres, desprecian a la clase media. Tienen un fuerte resentimiento hacia lo que ellos consideran la “oligarquía”. Y se sienten a su vez, despreciados. No lo pueden tolerar.

 Ha llegado “el tiempo del desprecio” y no va a ser fácil terminar con él.

Ref: (1) ”El tiempo del desprecio”, novela de André Malraux de 1935 sobre el partido nazi en el poder.

(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora.