viernes, 14 de septiembre de 2012

¡Hay vida en Argentina!

Por Gabriela Pousa (*)

Después de un tiempo excesivamente largo, en que los habitantes se mantuvieron en un lamentable letargo, comienzan a aflorar síntomas de sobre vida en Argentina. Se activa el rol ciudadano y se escucha sin sutilezas, el reclamo.

El primer rasgo positivo de la reciente manifestación, radica en que no se ha producido a instancias del bolsillo. Si bien el cepo al dólar cooperó en el proceso, hay otras causas que obraron como un canto de gallo, en la silenciosa madrugada del campo. 

Descarto entonces, que haya solo un motivo que explique el descontento ciudadano. Son 10 años sumando razones y argumentos válidos. No son las partes, es el todo. Quizás en eso se diferencian estás manifestaciones de las producidas en el 2001, cuando los ahorros eran protagonistas. 

Ni siquiera puede otorgarse a la intención de reformar la Constitución, el papel de desencadenante. Hay una sumatoria de hartazgo, un límite para tolerar lo intolerable, y una resistencia vencida frente a tanta mentira. ¡La Argentina está viva! 
 
Cada uno de los asistentes tendrá su propio “por qué” para haber salido de la apatía. No es Capital Federal, es el país de norte a sur y de este a oeste. Desde la esquina escucho al fin, el ruido de rotas cadenas, aunque subsistan otros candados y rejas.
 
La ignominia, la falta de respeto colmaron el vaso e hicieron converger en un mismo escenario, a la “oligarquía vacuna“, a la víctima de la violencia cotidiana, al jubilado que gana menos que un presidiario, al adolescente de 16 años que se siente usado, a Doña Rosa, al hombre de negocios, al “burgués gentilhombre” de Moliere, y hasta el cartonero que busca mostrar su existencia, y que lo vean, aunque sea por vez primera.

Es un simplismo barato aducir que sólo se hacen oír tres o cuatro barrios. En rigor, es como si esos “tres o cuatro barrios” dijesen que, en el 2011, la Presidente sólo fue votada por clientelismo del conurbano. Ni una cosa ni la otra. El ninguneo no borra lo que pasó y está pasando, ni puede desvirtuarse la historia porque, en este caso se la ha vivido, y no contado. 
 
Hasta hace un tiempo no muy largo, apáticos y anestesiados, pensar en un cambio de modelo, era apenas una mera expresión de deseo. Con la gente exigiendo, reclamando, es otro cantar. Puede avizorarse algún giro de timón hacia otro lado. Sin embargo, tampoco conviene caer en un triunfalismo vano.
 
La sociedad argentina es muy peculiar, pasa de elegir blanco a optar por negro con inusitada velocidad. 

Un dato a considerar: distando la misma cantidad de meses que nos separan hoy de los comicios 2015, es decir allá por el 2009, había únicamente tres figuras barajándose en sondeos como probables candidatos a enfrentar a la actual jefe de Estado. Ellos eran: Julio Cobos, Gabriela Michetti y Alberto Reutemann. 
 
Esto debería ser contemplado a la hora de dar prioridad a un 2015 que no existirá como opción de cambio, si no surge en el 2013, un Congreso unido y renovado. Frente a la urgencia por tener ya al candidato, debería recordarse pues, lo acontecido con el ex vicepresidente, la ex vicejefa de gobierno y el corredor de autos. Las tres figuras con mayor aceptación hoy no están en primer plano.

Lo mismo puede suceder con Mauricio Macri, Juan Manuel de la Sota, o Daniel Scioli. 

En este país, se sale muy rápido del escenario. Lo cierto, es que el vértigo y la volatilidad son características intrínsecas de la política nacional. Por ello también hay que asumir que la voluntad de cambio debe surgir del ciudadano. Una bala sale del interior de un revolver aunque sea disparada a través del gatillo situado fuera del mismo. Así, el espíritu para salir a flote debe venir del interior del pueblo aunque se precise un estímulo externo. 

Discutir hoy si el jefe de la oposición es Macri, Moyano o algún gobernador retobado es perder el tiempo: un mal argentino que debe ser superado para poder empezar a pensar siquiera, en una transformación de plano. El otro equipo avanza y hay que hacer el scrawn para frenarlo. No puede interesar a quién se va a abrazar. El análisis vendrá luego. ¿Podrá entender la oposición esto? 
 
Ahora bien, el masivo rechazo observado este jueves, aún responde a expresiones aisladas. Pido disculpas si duele o hiere susceptibilidades, pero no indican nada definitivo. Si el 2013 llega con viento de cola, y Cristina inaugura otro festival de compras, descuentos, cuotas, etc, y el cepo queda en la anécdota como han quedado tantas ambivalencias, ¿que sucedería con la ciudadanía? Las generalizaciones son injustas pero, ¿cuántas voluntades dejarían de manifestarse? 
 
Todavía mantengo dudas respecto al interés por la libertad, en importantes sectores populares. La conciencia social de la libertad como savia inherente al ser humano, constitutivo de la personalidad, todavía no prima ni grava las conciencias en esta sociedad. La comodidad, por ejemplo, puede vencer en un primer round. 

La adicción de los argentinos por el paternalismo estatal, evidenciada en un sinfín de circunstancias, dan certeza a la hipótesis esbozada. Un imponderable, un giro de suerte que ofrezca seguridad, y la levedad del ser se deja encerrar otra vez. Cuidado. El alerta no debe ser abandonado.
 
Estamos componiendo un álbum de fotografías, no editando la película. La imagen de hoy emociona y revive esperanza, pero puede distar considerablemente de la que se obtenga mañana. No hay garantías. 
 
Recordemos que poco tiempo atrás estábamos frente a una elección legislativa, optando entre Nacha Guevara, Sergio Massa, y Daniel Scioli. Triunfadores todos, hoy ninguno ocupa una banca… ¡Vaya si se nos ha enredado con artilugios disparatados! Siempre parecen tener un as en la manga. 

Simultáneamente, la Presidente se refugió en una provincia donde le armaron un teatro blindado. “Todos y Todas”, sin embargo, estaban en la calle hablándole sin palabras, a sabiendas que por más diario de Irigoyen que le hagan, las miles de cacerolas tendrán eco en la Casa Rosada. Inoportuna desafió diciendo “No me van a poner nerviosa“. No, no era ni es esa la intención, Señora. 
Desde luego, habrá costo social. 

Dormirse en los laureles equivale a entregar la Carta Magna al kirchnerismo, con guantes de seda y reverencia. ¿Qué falta? Falta quizás que un poder indiscutible, deje de estar únicamente en potencia, y también se ponga a actuar: la Iglesia.
 
El gobierno sabe que la clase media está perdida, aunque le queden veleidades de conquista. No la votarán. Los sectores marginales, sumidos en la ignorancia que da el ser esclavos de la dádiva, centran su preocupación en la changa del día, y priorizan el plan social frente a una cultura del trabajo desaparecida. Son ya, asistidos perpetuos. No están abocados a salir de la miseria, sino a buscar una y mil maneras de “zafar” de sus consecuencias: el paco, la delincuencia… 

Pero falta la misión educativa de la Iglesia argentina. Aclaro: es también mi Iglesia, pero no basta con documentos criticos, leídos por sus voceros cada tanto. Hace unos años, el Obispo Joaquín Piña marcaba –ilusoriamente- lo que sería el ocaso de la reelección indefinida en las provincias. El entonces gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, debió renunciar a su apetencia de perpetuidad. 
 
En Misiones, Piña no fue contra el “aparato proselitista”, sino que, hogar por hogar, explicó cómo opera el clientelismo. Instó a aceptar el electrodoméstico y el crédito de Carlos Rovira porque todo provenía del sus dineros. Pero, al unísono, concientizó sobre el derecho a elegir, sin ataduras, dentro del cuarto oscuro a la hora de enfrentar las urnas. Fue un personaje en demasía furtivo, pero fue la muestra más cabal de cómo se puede modificar una realidad. El ingrediente indispensable es la continuidad.
Esa tarea educativa, el aprendizaje de lo que implica el Estado benefactor, sigue siendo asignatura pendiente en Argentina. Ni los políticos ni ninguna otra dirigencia está visitando las villas para echar luz sobre la metodología clientelista.

Los signos de vida que diera recientemente, la ciudadanía son una gota de agua en medio de una sequía. Ayudan, esperanzan, pero no alcanza. Quizás sea hora de mudar la Plaza, y las esquinas estratégicas a la periferia, donde la libertad fue coartada mucho antes de controlar los dólares o los viajes. 

Somos proclives a tropezar más de dos veces con la misma piedra. No sea cosa de hallarnos en el 2013, votando a Néstor Kirchner porque se nos ha vendido que sigue vivo, en espíritu…

Por ahora, cuando casi no se daba un peso por la supervivencia a la satrapía, se lanzó a la superficie un texto que reza: “Estamos bien, en el refugio, los más del 46% que supimos ser alguna vez”
 
No sé cómo andará el explorador Curiosity en Marte, pero en Argentina volvió a haber vida… Aunque por cautela, deba permanecerse todavía, en observación, en terapia intensiva.
 
(*) Lic. Gabriela R. Pousa - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. Artículo publicado por Crónica y Análisis el 14 de Septiembre de 2012.

Fuente:  http://www.cronicayanalisis.com.ar/opinion.asp#641