viernes, 21 de septiembre de 2012

La Presidenta, los porteños y la vuelta del discurso clasista

Por Fernando Laborda (*)
A siete días de la multitudinaria jornada de protesta con epicentro en la Plaza de Mayo , Cristina Kirchner se acordó de los porteños, aunque su mensaje no estuvo exento de sutiles ironías que podrían interpretarse como un cuestionamiento a sectores de la clase media que tomaron parte en los cacerolazos.
 
Al igual que un día antes, cuando rompió su silencio tras los acontecimientos del 13 de septiembre, la Presidenta no aludió en forma directa a lo que en sectores oficialistas denominan "la marcha del odio". Pero dijo que "parece que parte de los argentinos tienen desprecio por determinados sectores sociales", que "muchos fruncen la nariz" o "se creen de la dinastía Romanov". Este comentario, en principio, habría estado dirigido al ex arquero José Luis Chilavert, quien reside en Ezeiza y se quejó porque cerca de su barrio se proyectaron viviendas populares del plan Procrear. Claro que la Presidenta se refirió a "parte de los argentinos" y Chilavert, como bien se sabe, es paraguayo.

En su nuevo discurso, Cristina Kirchner se pone como ejemplo de movilidad social, por provenir de un hogar humilde y ser hija de un colectivero. "Tienen que entender los que han llegado a determinado nivel económico que los que todavía no llegaron tienen derecho a llegar a esa clase media y, por qué no, alta", afirmó ayer, durante el anuncio de una nueva etapa del plan de viviendas del gobierno nacional. Está claro que no debería preocuparse mucho si, como señala el Indec, el nivel de pobreza apenas alcanza al 6,5% de la población.

Sorprendió cuando, en un aparente gesto de acercamiento al gobierno de Mauricio Macri, dijo que había que "bajar un cambio y acordar normativas" para que "ningún porteño pierda la oportunidad de tener una casa". Ese gesto se produjo poco después de que el oficialismo impulsó y logró la sanción de una ley que le sustraerá depósitos judiciales al Banco de la Ciudad de Buenos Aires para pasarlos al Banco Nación, cuando la primera de esas entidades financieras es una de las más activas del país en materia de créditos hipotecarios.

Nada debería impedir que ambos gobiernos se sentaran a discutir sobre supuestos terrenos ociosos de la ciudad que puedan servir para construir viviendas. Pero difícilmente las autoridades porteñas no reclamen que de ese diálogo forme parte la situación de los subtes.

La desconfianza entre unos y otros es tal que fuentes del gobierno de Macri señalan que, más que el controvertido procesamiento de su jefe en la causa judicial sobre escuchas ilegales, los preocupa que la "perversidad" de la Casa Rosada haga que "un día de éstos nos anuncien que la Policía Federal pasará a la ciudad sin partida presupuestaria alguna de la Nación". Algo que provocaría un conflicto de grandes proporciones, dado que la ciudad no contaría con recursos para absorberla y los efectivos de la Federal reclamarían salarios similares a los de sus pares de la Policía Metropolitana, bastante superiores.

Hasta ahora, detrás de cualquier gesto de concordia de la Presidenta , vino una estocada. Aún cuando el operativo reeleccionista quedará para un mejor momento, no estaría en los planes de Cristina Kirchner tender una mano a los manifestantes del S-13. Eso sí, no los acusará de golpistas, pero sí los asociará con un presunto odio clasista, que seguirá sembrando más crispación y resentimientos.

(*) Fernando Laborda. Periodista y analista político. Artículo publicado en La Nación el 21 de Septiembre de 2012.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1510385-la-presidenta-los-portenos-y-la-vuelta-del-discurso-clasista