martes, 18 de septiembre de 2012

Las retenciones a las exportaciones son móviles y ya aumentaron

Por Aldo Abram (*)
Los rumores sobre un proyecto oficial para incrementar los impuestos a las exportaciones de soja y otros productos agropecuarios conocidos hace unas semanas hicieron estallar las críticas de la dirigencia rural, recordando la famosa “Resolución 125″ sobre retenciones móviles. Parecería que ni los chacareros ni el resto de los exportadores se dieron cuenta que, de hecho, el Gobierno ya aumentó las retenciones a las ventas externas y, además, las generalizó y son móviles.

El “corralito verde” que el Poder Ejecutivo instrumentó desde fines de 2011 no tiene otro fin que permitirle comprar más baratas las divisas extranjeras que necesita. O sea, alguien está recibiendo menos de lo que corresponde por los dólares que trae del exterior. Dado que no debe haber un gran ingreso de capitales, los perjudicados son principalmente los exportadores.


Sin embargo, son todos los productores de bienes que pueden colocarse en el exterior los perjudicados, independientemente de dónde los vendan. Para entenderlo, supongamos que no hubiera impuestos a la exportación, un comprador extranjero le debería pagar al productor el precio internacional. Por lo tanto, si algún argentino quisiera adquirir ese producto, sólo podría hacerlo a ese mismo valor multiplicado por el tipo de cambio.

Ahora supongamos que el gobierno coloca una retención a la exportación de dicho bien. Del exterior su productor recibirá el precio internacional menos lo que se quede el Estado por el nuevo impuesto. Entonces, si aparece un comprador local, sólo le podrá pedir lo que vale en el exterior, menos el comentado impuesto, a lo que cotice el tipo de cambio.

Es decir que los que producen ese bien estarán cediendo al Gobierno el tributo por lo que exporten y, además, por las ventas internas transferirán a los demandantes locales la diferencia entre los precios internos y los internacionales que generó la retención. Como consecuencia de esto, solamente por los tres principales productos del agro (soja, maíz y trigo) en el total que perdieron los productores, desde 2002 a 2011, supera los US$ 51.000 millones y menos de un tercio de ese monto terminó en las arcas oficiales.

Más quitas
Sin embargo, el control de cambios suma una quita más a la que ya venían percibiendo los productores. El Banco Central emite para comprar divisas para el Gobierno y, además, para hacerle transferencias en moneda nacional permitiéndole mantener un gasto público más alto que el sustentable con sus ingresos genuinos. Dado que la gente no demanda semejante oferta de pesos, éstos se desvalorizan, pero el Central no permite que esta baja en su precio se refleje completamente en el tipo de cambio controlado. En definitiva, para eso se ocupó de quitar la competencia de la demanda de la gente y las empresas de su exclusivo “coto de caza” de divisas. Así el exportador recibe un menor valor por la diferencia de lo que verdaderamente valen sus dólares y lo que le paga el Banco Central, lo que se transforma en una quita a sus ventas al exterior (al día de hoy, de no menos del 10% según nuestras estimaciones).

Como ya vimos, el productor de un bien que se puede colocar en el extranjero podrá cobrarle a un comprador local el precio internacional, menos la retención a la exportación que pague dicho producto, multiplicado por el tipo de cambio oficial. Dado que el control de cambios baja artificialmente el valor del dólar, el precio local se verá reducido en dicha medida, lo que se transforma en una transferencia adicional de sus ingresos que va directo al bolsillo de los demandantes internos. Cuanto más emita el Banco Central para financiar al Gobierno y menos reconozca la consecuente desvalorización del peso en el tipo de cambio oficial mayor será la quita que le estará haciendo a sus exportaciones y la transferencia de ingresos que le obligará a realizar a los compradores locales. Por lo tanto, ya está vigente una nueva “Resolución 125″ de retenciones móviles, que no discrimina entre sectores agropecuarios y/o industriales.

Por último, la creciente depreciación del peso se reflejará plenamente en la inflación, es decir en los costos de producción, pero no en el tipo de cambio controlado, aunque sí en el paralelo. Si los productores se quejaban por la merma de competitividad cuando el mercado libre reconocía la pérdida de valor relativa de la moneda local respecto de la extranjera, dejo que el lector deduzca lo que se pude esperar a partir de ahora que no lo hará.

(*) Aldo Abram. Director Ejecutivo de Libertad y Progreso. Artículo publicado en La Nación y en Libertad y Progreso el 17 de Septiembre de 2012.