miércoles, 12 de septiembre de 2012

Miedo Ambiente

Por Gabriela Pousa (*)
Para poder entender lo que acontece en el escenario nacional, es menester revisar algunas páginas de nuestra historia. Así, se verá que la decadencia argentina comienza conjuntamente con una dirigencia de ideas estatizantes, colectivistas y totalitarias. Hablamos justamente, de las ideas que hicieron tambalear a Europa en los albores del siglo XX. El viejo continente, por ese entonces, veía surgir figuras como la de Benito Mussolini, Adolf Hitler y Josef Stalin.

Personalmente, no creo que los argentinos estemos frente un gobierno marxista. De hecho, Cristina Kirchner no lleva ni ha llevado un estilo de vida afin a esa ideología. ¿De dónde surge entonces, el paralelo con los postulados de aquella doctrina? Sin duda, en el deseo de perpetuarse en el poder. Y no hay modo de hacerlo sin someter al pueblo. El sometimiento, si bien no es un dogma rígido, requiere medidas similares a las que fueran enarboladas en la época donde los criterios marxistas prevalecieron.

Otra sinonimia es la ejecución exacta de la sentencia esgrimida por Maquiavelo: “el fin justifica los medios” Bajo ese postulado, se desdibuja todo limite. Valiéndose de esas premisas, la Presidente y su séquito, han armado una suerte de andamiaje para sellar la hegemonía política.
Ahora bien, la democracia surgió en su momento, como un sistema liberador, estableciendo el Estado de Derecho. Donde hay sumisión, el gen democrático es avasallado. Es imposible que ambos convivan en el mismo plano. Habría que preguntarse hasta que punto seguimos bajo la orden del pueblo soberano, porque limitarse a votar cada tanto, dista considerablemente de la definición que diera Alexis de Tocqueville, su más agudo mentor.
Lo cierto, es que vuelve el Estado dominante y el temor como herramienta de manipulación. La frágil memoria de los argentinos propicia estas maniobras. No éramos más soberanos, ni nos comunicábamos con premura, y a costo moderado cuando dependíamos de ENTEL. Ni SEGBA nos otorgaba un nacionalismo automático. Esos son, en realidad, los verdaderos “mitos urbanos“.
¿Desde cuándo se es más argentino por estatizar un servicio? 

Estamos volviendo al pasado con un agravante, la historia ha sido desnaturalizada, y vuelta a narrar según las necesidades de turno. El ayer ha sido “sacado de contexto“, como le gusta decir al gobierno. 

Asimismo, es dable admitir que el primer error fue subestimar la habilidad de los Kirchner para avanzar rumbo a sus fines. Ellos redujeron la Argentina al tamaño del territorio santacruceño. Ahora bien, obsérvese en que situación llega Santa Cruz a este presente. El feudo del kirchnerismo esta quebrado, cercenado y al borde de una intervención, operaciones políticas mediante.

Cristina Kirchner reconoce que no seduce, tiene los números que miden su imagen. Simultáneamente, sabe que sin plata no hay poder que valga. En ese trance, el paso inevitable para sumar control era el amedrentamiento. De allí, su nada improvisada “gracia”, aseverando que debe tenérsele “un poquito de miedo“. 

La Presidente sabe con creces, que es tiempo de paralizar cualquier intento por ponerle un freno. Después es tarde. Los ciudadanos y la “oposición” pueden dar fe de lo que implica perder el tiempo.

¿Y de qué manera se paraliza al pueblo? La forma más sencilla que la historia registra, es apelando a tácticas tendientes a instalar temor en la gente. No hay nada original, nada nuevo. 

Se atribuye a Tácito, haber descubierto y puesto en evidencia, el carácter netamente político del miedo. Hobbes, de algún modo, lo legitimó, al sostener que es el sentimiento civilizador más profundo. “El miedo madurado en razón es el mejor fundamento del Estado Civil”
Haber creído que el siglo XV florentino fue la culminación de la política, como ejercicio del poder sin contemplaciones, fue un garrafal error. Lo advertimos a simple vista, por experiencia. La vigencia del análisis de Maquiavelo es indiscutible: el gobernante prefiere que se le tema, si no puede hacer que se le ame.
En ese baile está Cristina. La metodología tampoco es original. El sometimiento se basa principalmente, en tres pilares: 1- conceder premios, 2- infringir castigos, 3 – cambiar las creencias o sentimientos del súbdito. Kurt Hold consideró al miedo como el paradigma de poder, al definirlo como “la posibilidad de hacer daño”. 

Se comienza generalmente, por la amenaza, definida como acción o palabras con que se intenta infundir la sensación de peligro en otra persona. De algún sutil modo, avisa que puede haber daño o represalia. Allí precisamente, descansan las palabras de Axel Kicilloff respecto a Paolo Rocca: “Habría que bajar el precio de la chapa y fundirlo, pero no lo vamos a hacer, aunque habló mal de nosotros“. Contundente, clarito… Una de las pocas veces quizás, en que los funcionarios y ministros dejan de lado los eufemismos.

La amenaza saca a relucir la capacidad de una persona de hacer daño. Siguiendo ese razonamiento, se me dirá que, un padre amenaza cuando le dice al hijo que no saldrá a jugar, si no hace la tarea del colegio. Pues, ciertamente, es así. Por eso hay que agregar que la legitimidad de la amenaza depende de la legitimidad del objetivo, y de quien la fórmula.

¿Dónde está la legitimidad de un tercer periodo presidencial, no contemplado siquiera por la Constitución Nacional? 

El miedo que intentan propagar, impulsa a obrar de determinada manera. Quién suscita temor se apropia, en gran medida, de la voluntad de la víctima. Está quien quiere hacer daño y quien quiere sojuzgar. Hoy, el oficialismo parece querer ambos. La sociedad es amenazada, y maltratada hasta por cadena nacional.

Hay además, una conocida ley sociológica según la cual, cuando una sociedad siente miedo aspira tener un brazo fuerte que la salve. En esas circunstancias, está dispuesta incluso a cambiar libertad por seguridad. Y cuando eso sucede, no hay marcha atrás.

En ese sentido, puede compararse a la Argentina con una mujer golpeada. El gobierno oficia como marido. Ataca, amedrenta y domina. Así logra que aflore una conducta característica en esas situaciones: la sumisión. ¿Es necesario responder qué busca Cristina?
Argentina es pues, esa mujer golpeada que resiste, que vuelve a creer, que duplica la apuesta, y vuelve a ser golpeada, pero igual se queda. De irse debería generar su propio sustento. Se trata de un círculo vicioso que, únicamente, se rompe con valor.
Valiente no es el que no siente miedo, ese es el impávido, el insensible. Valiente es quien no le hace caso, y se atreve a cabalgar sobre el tigre, decía Hemingway.

Argentina tiene que optar hoy, entre el bastón que llevaba Balzac o aquel que usara Kafka. La decisión no es arbitraria. El primero tenía esta inscripción: “Yo rompo todo. En el otro se leía: “Todo me rompe a mí“…

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE).
http://www.perspectivaspoliticas.info


Fuente: http://www.perspectivaspoliticas.info/miedo-ambiente/