domingo, 16 de septiembre de 2012

Un modelo de político antiliberal: Juan Domingo Perón

Por Elena Valero Narváez (*)
“Tuvo Perón clara visión de lo vivo y lo muerto del nacionalismo y de lo vivo y lo muerto del yrigoyenismo, de lo rescatable de la izquierda, dándose cuenta que la “idea nacional” necesitaba pasaporte popular. Profundo conocedor de la filosofía política vigente “le puso letra de tango” y pulsando las cuerdas de la guitarra popular la transmite a la mayoría nacional. Perón fue el puente entre la revolución nacionalista castrense y la mayoría popular. El vector de la idea nacional…”(Alberto Ottalagano. Soy fascista ¿y qué? Una vida al servicio de la Patria. Ed Roca. Producciones. Buenos Aires.1983)


Le tengo mucho respeto al Dr Jorge Castro, como analista internacional, pero creo que su nota en La Nación  (6-9-12) titulada “Las raíces liberales de Perón” lleva a una confusión histórica. Que la formación liberal de Perón se revele en que bautiza a los ferrocarriles Roca, Sarmiento y Mitre no desdice que su política fue antiliberal. Tampoco atestiguan los hechos que Perón responda a la Organización Nacional que tuvo a Alberdi como su principal pensador político.

La doctrina peronista eran algunos principios que servían para la acción. Como Mussolini Perón dijo que la doctrina peronista eran los hechos.

Cuando les convenía, tanto Mussolini como Perón, como lo hace Chávez y otros gobernantes populistas, en la actualidad, tomaban prestadas ideas del socialismo, de Marx, a la Iglesia, a la democracia, al nacionalismo, al sindicalismo, mientras sirvieran a sus propósitos.

A diferencia del fascismo o nacional socialismo que nacieron después de la guerra, y que fueron una reacción ante las condiciones de humillación que les deparó el fin de la Gran Guerra, el peronismo se produce en un clima de prosperidad lograda con anterioridad.
 Fue, como muchos gobiernos de América Latina, un régimen nacionalista, popular, con apoyo de un sector importante del Ejército, con pretensiones de autarquía y marcadamente oportunista.

Toda su acción fue destinada a terminar con las ideas liberales que defiende la Costitución de 1853. En una entrevista que le hizo Félix Luna, él asegura que vio, en Italia, como funcionaba el régimen mussoliniano y, que éste, sería el que tendría la Argentina unos años después.  Por cierto, se dedicó a establecerlo en nuestro país.

 A pesar de que los países aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial, los militares argentinos imbuidos de ideas fascistas no se resignaron y trataron de ponerlas en práctica.
Con la política peronista se multiplicaron las funciones del Estado, y como consecuencia inmediata, la burocracia estatal, la lentitud y mal funcionamiento de las organizaciones estatales que se ampliaron a la par de sus actividades. 

Se extendió  la corrupción, correspondiente a todo régimen donde se traba la libertad de acción de la opinión pública, que fue férreamente controlada.
Los partidos, las elecciones, los sindicatos, solo tenían la importancia de servir a sus designios.

Como  bien lo enunció en su libro, Ottaggalano, su gobierno estuvo en contra de un régimen con instituciones de inspiración liberal: ”….la legislación , hija de Caseros y Pavón, hizo escuela de jurisprudencia. Conformo la filosofía del régimen (el conservador) Esa filosofía es la que hay que destruir”. Fue una dictadura electiva. 

En sus discursos Perón hablaba de comunidad organizada como si la sociedad fuera un organismo y sus integrantes pudieran ser organizados desde el Estado, único capaz de alcanzar la grandeza de la Nación a la que aspiraba darle como, en el régimen mussoliniano, personalidad propia. Así lo expresaba: ..”la vida civilizada, en general, y la economía, en particular, del mismo modo que la misma vida humana se extinguen cuando falla la organización de las células que la componen”.

El Estado intentó intervenir en todos los ámbitos de la vida social y personal: se inmiscuyó en  la educación, en la cultura, en el movimiento sindical, en la economía, en el sistema de partidos, en la opinión pública, en el trabajo y en las creencias. Toleró solo a las instituciones que supieron callar o le brindaron su apoyo convirtiéndose en cómplices de la política autoritaria y populista de Perón.

La prensa, la radio, el cine, la TV, la policía, la educación, y hasta el ocio y la recreación fueron elementos de propaganda, todo  estuvo a su servicio.

Cipriano Reyes, Ricardo Balbín, Alfredo Palacios, Manuel Ordóñez, Crisólogo Larralde, Felix Luna, entre muchos otros fueron víctimas del régimen. Fueron perseguidos con cárcel, intimidaciones, o tortura. Los que la padecieron recordaban entre otros torturadores profesionales a “Cipriano Lombilla.” y a “Amoresano”.

 En las cárceles se encontraban los “vendepatrias”,”traidores”, o “contreras”: obreros, sindicalistas,  estudiantes, intelectuales, profesionales, compartiendo la misma suerte.
Alfredo palacios, Ricardo Rojas, el premio Nobel Bernardo Hussay entre otros dignos profesores quedaron cesantes o fueron jubilados de oficio. Mas de mil sufrieron esa pena on la intervención de las universidades.

Los sindicatos se sometieron a las directivas de Perón. Por un decreto de 1945 se imitó a la mussoliniana ley Rocco, de 1926, que clausuró la posibilidad de que hubiera mas de un sindicato por actividad. Creo un sindicalismo “fiel”que cumplía sus ordenes a cambio de ventajas laborales y dádivas que llegaron a importantes puestos políticos, incluso en el Congreso.

La copia de la propaganda fascista la ofrecían los libros de lectura donde se idealizaban a Perón y a Evita. Se podía leer por ejemplo:”Al nacionalizar el banco central, los ferrocarriles, los teléfonos, los transportes urbanos y los puertos; al crear la flota mercante nacional y la flota aérea, Perón aseguró la soberanía nacional” (Texto “Mensaje de Luz”, para tercer grado. Ed. Estrada, 1953)

El 9 de julio de 1947, en la ciudad de Tucumán, Perón firmó el Acta de la Independencia Económica donde el pueblo argentino se emancipa de “los poderes capitalistas foráneos y se declara el propósito de romper con los “vínculos dominadores del capitalismo extranjero y de las naciones comprometidas con él”

Desde 1943 a 1955 los gobiernos argentinos se dedicaron a obstaculizar los mercados. Se perjudicaron las exportaciones, se subsidió a las empresas que se dedicaron a producir bienes de consumo interno, por eso escasearon las divisas y consecuentemente disminuyeron las importaciones, las cuales  podrían haber conseguido un crecimiento sostenido.

 Las nacionalizaciones eran vistas como logros patrióticos. Se persiguió la propiedad privada mediante nacionalizaciones y apropiaciones arbitrarias del Estado. 

Protegió a las empresas nacionales por medio del control de las importaciones y el control de cambios. Asegurada su existencia por el Estado, las industrias protegidas o subsidiadas, durante décadas, se acostumbraron a una vida parasitaria, rutinaria y prebendaria. Muchas se preservaron a pesar de ser ineficientes.

La inviabilidad de esta política se comenzó a notar a partir de 1948. Se había hecho perder la inversión extranjera directa que permitió a otros países como Brasil, Canadá y Australia la industrialización en el período de posguerra.

EEUU castigó a la Argentina por  su obstinada política de simpatía por el fascismo y el nacional-socialismo. En 1940, las inversiones de ese país en Argentina superaban en un 60 % a las realizadas en Brasil: en 1955, apenas el 40 % de la inversión de EEUU a Brasil era para nuestro país.

Como bien dijo el historiador Diaz Alejandro:”… las políticas de 1943-55 eran respuestas tardías y extemporáneas al impacto de la Gran depresión: las actividades industriales y rurales que recibieron mayor atención del gobierno , por lo menos hasta 1953, fueron sobre todo las que se desarrollaron rápidamente en el lapso de 1930 a 1943 y que cabía suponer estaban llegando a la madurez…las industrias livianas de sustitución de importaciones necesitaban un clima cada vez mas competitivo a fin de asegurar su eficiencia e inducirlas a que se preocuparan por conseguir mercados de exportación”

El Liberalismo es nada más y nada menos que  fe en la libertad. La llamada generación del 80 y sus ideas destruidas a partir de 1943, permitieron que las instituciones progresaran a medida que la educación se extendió y puso a la Argentina en la dimensión de su tiempo . Todas las acciones y leyes (  libertad religiosa,  libertad de comercio, matrimonio civil) de ésa generación, tendieron a disminuir los obstáculos que trababan la libertad individual. Permitió lo contrario de Perón, que los argentinos realizaran libremente su destino, mientras no avasallaran las leyes de la República. 

Juan Domingo Perón fue el artífice de una nueva Argentina: la independencia y la responsabilidad que exige la libertad, la reemplazó por sumisión a las directivas del Estado, con él a la cabeza.. Para llegar al poder cortejó con éxito al Ejército, a la Iglesia y a los Sindicatos. Para cumplir la voluntad del Presidente, el Poder Judicial perdió su independencia y se incumplió la Constitución Nacional .
Hoy perdura su modelo.

(*) Elena Valero Narváez. Periodista y analista política. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”Lumiere.2006)

Fuente: Comunicación personal de la autora