sábado, 29 de septiembre de 2012

Vergüenza ajena

Por Gabriela Pousa (*)
Definitivamente no sentí miedo, si vergüenza. Y en algunos instantes quizás, algo de piedad. Me asaltaron también, momentos de bronca. Desilusión. Revisé mis viejas notas: 10 años advirtiendo que el “estilo K” se encaminaba a esta barbarie. 10 años avisando que estaban destrozando las bases de la República. 10 años describiendo este paisaje que nos subyuga ahora.


El jefe de Estado está en campaña. Eso se venía escuchando hace una cuántas semanas ya. Sin embargo no es sólo una campaña proselitista en pro de ganar unas cuantas provincias. Se trata de una campaña más amplia y peligrosa: quizá a todo o nada.” Escribía en el 2003.


10 años porque, desde antes de asumir la Presidencia, Néstor Kirchner desguazaba sin causa, la institución fundacional de la Patria: las Fuerzas Armadas. Y a ese descabezamiento de cúpulas lo vendió como política de derechos humanos, y fortalecimiento democrático.


Todo falso. En el año 2003, las Fuerzas Armadas estaban absolutamente subordinadas a la Constitución Nacional y al sistema. Dieron prueba fehaciente de ello en el 2001, cuando habiendo podido salir a la calle, optaron por el respeto a la norma y a la autoridad democrática. En el año 2003 no había en el país ni un solo sondeo de opinión donde, la cuestión militar fuera una preocupación para la sociedad.


Copio textual: “Al asumir la Presidencia, los estudios de opinión pública mostraban las siguientes prioridades para la ciudadanía, de acuerdo al Centro de Estudios Nueva Mayoría: desocupación (26%); corrupción (17%); educación (14%); delincuencia (11%), hambre (8%), justicia (6%) salud (5%), salarios bajos (5%), droga (2%). Un año después, en Noviembre de 2004, la inseguridad ya había aumentado 20 puntos, convirtiéndose en el desvelo prioritario“.


Las heridas de los ’70 estaban cicatrizadas, o cicatrizando en algún que otro caso. Los Kirchner se ocuparon de echar ácido sobre ellas y reavivar el dolor porque, incapaces de forjar futuro, necesitaban el pasado para manipular y lograr de ese modo, respaldo de un sector interesado en no reconciliar.


El matrimonio santacruceño construyó poder saqueando la paz y la sensatez de los ciudadanos. Dividió hasta el cansancio. Hoy hay padres que no se hablan con los hijos, y amigos con los cuales ya no se puede tomar un café. Surgió irremediablemente, -pero no por azar sino por audacia y desfachatez oficial-, el “anti” en la sociedad.


Resucitaron gorilas, agitaron banderas extrañas a esta geografía, y sembraron cizaña que vendían sin embargo, como conquista, memoria y justicia… Así, se instauró la venganza y la revancha como ejes principales de la estrategia oficialista. Se veía claramente que en esa guerra de porfías, nadie ganaría.


(…) Las huestes de una izquierda más maniquea que real, anda como esos personajes de Pirandello en busca de un autor. Y un autor -en este escenario- es aquel que mejor negocio les asegure en lo sucesivo. Bonafini es un mercader, y el Estado es el kiosco del jefe de Estado” (…)


Deberé creerle al tango para sentir que 10 años de prédica no es demasiado, si acaso 20 no es nada y febril la mirada sigue buscando. Iniciado el 2004, cuando el kirchnerismo aún no cumplía un año, tracé estas líneas en un Panorama Político:

Dejar para mañana lo que puede hacerse hoy es la filosofía política nacional. Así es como hemos atesorado ya una vasta nómina de atrasos. ¡Ir hacia delante se ha vuelto postergable! El setentismo confuso y trasnochado es lo más actual en este escenario. En ese trance de ayeres vigentes cabe recordar las primeras palabras con las que Néstor Kirchner inició su presidencia el 25 de Mayo de 2003: “No somos el proyecto del default"


” No. No somos el proyecto. Somos, directamente, un default.”


9 años después aterra la vigencia de tales sentencias. Y no puede haber orgullo ni en el acierto, ni en la perspectiva inequívoca porque también soy argentina. Hay dolor. “Vergüenza de haber sido y dolor de ya no ser”


Anoche en un relato de ciencia ficción, la Presidente en la Universidad de Harvard, me recordó los 10 años de esta gestión. ¿Qué quedó? Una sumatoria de enemigos. Un compendio de la historia que, de seguir así, se escribirá con sangre en los anales. Un cuento bordeando el grotesco. La institucionalización de la mentira en su forma más indigna y primitiva.


Estamos asistiendo a la consagración del barbarismo, al reinado de las ínfulas de superioridad, que da la mediocracia cuando el argumento es más débil que el mismísimo silencio. Estamos frente a la arrogancia en su expresión más elevada, frente a la soberbia de la auto-jactancia. Estamos bajo el dominio de los sátrapas.


La Argentina no le cree más a Cristina. El mundo ya no le creía. Los chicos de 16 años adoctrinados por La Cámpora, no son los chicos de Harvard. A estos últimos no se les exige ser militantes. Subestimarlos a punto de creer que preguntaron impulsados por la prensa es una ofensa. Aún así, ubicados en tiempo y espacio se la dejaron pasar. Quien no supo donde estaba, quiso dar cátedra de éxito, pero media docena de alumnos la sumieron en la ira y en un cinismo vulgar.


Seis alumnos jaquearon a la reina. Y ese hecho se convirtió prácticamente, en una cuestión de Estado. En alguna habitación de un hotel americano, se escucharon los gritos y los reclamos. Tanta estrategia para burlar al periodismo, y terminó presa en una clase de chicos…


Si bien ya se sabía quien era, al hablar la Presidente corroboró la idea. Estamos en la era de la comunicación instantánea, de las distancias vanas: lo que está sucediendo en Asia o en África, está observándose en directo acá. También en La Matanza…


Internet no es de Magnetto, y aún así Cristina Fernández debe creer que la “saca de contexto”, comete “errores de tipeo” y edita sus cadenas… Posiblemente, algún día denuncie que Google también conspira, y Yahoo busca destituirla.


Para quien dirige una satrapía, las preguntas se tornan flecha, y no por casualidad, termina siendo ella el blanco de las mismas. Se paró ahí solita. Creyó que al mundo se lo embauca con facilidad. Se equivocó. Quedó en Georgetown y en Harvard su imagen similar a la del burlador burlado, a la del payaso llorando… Habrá que ver si al regreso, la Aduana, la AFIP y Guillermo Moreno le dejan entrar tanto fracaso. Suponemos que sí, pues no da nuevo. Hace tiempo que lo viene usando.


El falso relato de la mandataria argentina quedará inmortalizado como una falta de respeto supina, como una cátedra de lo que no debe hacerse nunca: ni en el poder ni en el llano. Y el periodismo argentino deberá agradecer ahora, no poder interrogarla, que no acepte entrevistas ni notas. Hacerlo es perder tiempo, honorabilidad y criterio.

Tengamos al menos la dignidad de no dejarnos mentir en la cara. Que use la cadena oficial, y nosotros mientras tanto el control remoto del televisor, y el “On/Off” de la radio.

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de: http://www.perspectivaspoliticas.info . Artículo publicado en Crónica y Análisis el 29 de Septiembre de 2012.