lunes, 29 de octubre de 2012

Cristina Fernández es ya un atentado al equilibrio

Por Rodolfo Patricio Florido (*)
Ha construido un mundo en el que solo pueden transitar los obsecuentes o los enemigos. Y digo obsecuentes, por que no se trata de las auténticas y respetables convicciones de los creyentes. Y digo enemigos porque no se trata de aquellos que quieran ejercer el derecho de las diferencias.
A esta altura de las circunstancias y los hechos, no alcanza en lo absoluto con que en su discursos tenga fragmentos de tolerancia, si luego todos sus voceros se encargan de ejercer el poder de la manera más intolerante, descalificante y arbitraria.

A esta altura de las circunstancias, es claro que la Presidente se comporta como esos padrinos que sin dar una orden, con solo mirar a su alrededor la están dando. Si sale bien, fue su genialidad. Si sale mal, fue la incompetencia y la mala interpretación del ejecutor. Ni una palabra saldrá de ella para explicar situaciones negativas. ¿Qué para eso están los Ministros o Secretarios de Estado, para ser fusibles? Cierto. Pero no es menos cierto que un poco de humildad real, sin mohines de desconcierto o días de ausencia, le harían bien a la República y a su propio alter ego.
Tan ha destruido el equilibrio, elemento este absolutamente esencial a la vida democrática, que; aún gente inteligente del oficialismo, no puede sino sospechar de oposición paga, a todo aquel que simplemente ejerce su derecho a la expresión diferente.
Gente que respeto y aprecio, se ha preguntado si esta línea editorial es porque estamos pagos por Clarín. Debo reconocer que me duele más el prejuicio de hombres inteligentes, seducidos por el absurdo de sus prejuicios y cegueras, que el insultante comentario de simplificar la inteligencia de los demás a un esquema binario por el cual el disentir solo puede ser el producto pago de una corporación mediática. La diferencia con ellos, los realmente inteligentes, no los obsecuentes, verdaderos mercenarios del salario y el poder, es que yo; no los sospecho de pagados, por el solo hecho de disentir.
Tan ha destruido el equilibrio que, legisladores/as nacionales y provinciales que conozco, respeto y aprecio, que militan en el Frente Para la Victoria, encubren en la verticalidad, sus propios rechazos, construyendo verdaderas realidades paralelas para hacer menos indignas sus dudas y disconformidades.
Realmente una pena. Gente buena, que siente que la verticalidad les abre un camino ascendente de una sola mano y esperan que la mediocridad general los dote de un destino conducido, antes que buscar el propio, aún cuando el fracaso los pueda esperar a la vuelta de la esquina.
Algún día, ojalá que más cerca que tarde, se terminarán las listas sabanas y se implementará el Juicio por Jurado. Dos sistemas de impunidades, son los que evitan que la sociedad madure, se responsabilice y tome parte de aquello que critica sin el esfuerzo de hacer.
Ese día, comenzará una Argentina Democrática más auténtica y menos prebendaria de las “obediencias debidas” disfrazadas de verticalidades y / o un falso sentido de lealtad. Porque las verticalidades y lealtades también deberían tener el límite de la propia dignidad. Y no estoy hablando de no acompañar en las dudas. Estoy hablando de acompañar aquello en lo que definitivamente no creen. Aquello que no pueden ni desean explicar en el marco de sus propias intimidades. Aquello que desdibujan en explicaciones que se sienten forzadas y falsas. Aquello que no tolera la repregunta. Aquello que no es el legítimo derecho de cambiar de opinión. Porque el derecho de cambiar de opinión lo tiene cualquier ser humano que esté dispuesto auténticamente a evolucionar escuchando. Pero las explicaciones para silenciar las propias conciencias no alcanzan.
La Presidente ha logrado dividir sin dar margen a la suma a la resta o a la multiplicación. Todo es división o precipicio. Y esto, no es sano, porque solo crea alrededor dos tipos de seguidores. Los obsecuentes y los fundamentalistas. Y con ninguno de estos dos se puede avanzar hacia un país integrado. Unos, la traicionarán cuando la obsecuencia sugiera un nuevo camino. Los otros, la seguirán, sin comprender porque el favor popular cambió de humor si ellos tenían al Mesías.
Es como la muletilla de “yo gobierno para el 100% de los argentinos”…, pero luego en algún momento, les recuerda a todos la estática foto del 54% de los votos. O sea, una suerte de bendecidos petrificados en una fecha y desclasados sin opción hasta octubre del 2013.
¿Qué así es la política? No. Así es esta política. La que construyó esta clase política. El oficialismo que es incapaz de corregir un error por temor a que se perciba como debilidad. Y la oposición, que espera que los errores del oficialismo los deposite en el cielo que no construyen.
Los primeros, porque actúan hacia fuera como no actuarían hacia adentro de sus casas. Los segundos porque esperan que el error de otro padre u otra madre, los haga a ellos mejores padres o madres de lo que son.
Porque unos, teniendo el poder de construir, se demoran y disfrutan el proceso de destrucción de los otros como si eso les diera mayores posibilidades de construir luego. Porque, los otros, esperan que la destrucción de los primeros no los alcance y los deposite en un lugar de privilegio, construido por un sistema que después de más de 30 años no ha hecho casi nada para mejorarse. Modificaron las formas (las primarias electorales) pero no tocaron en nada el fondo. Las sabanas, son así la manera de buscar alguna imagen nueva que arrastre el lastre impresentable de aquellos que no serían elegidos sino estuvieran protegidos por una sabana que más que sabana es un cobertor de impunidades.
Así, nos siguen depositando fuera de cualquier intento de equilibrio, de consenso, de futuros compartidos, hacia un futuro con nuevos expulsados.
¿Es que no se dan cuenta del camino que están obligando a recorrer a muchos argentinos? ¿No sienten siquiera un poco de pudor por la violencia de esta sociedad donde el delincuente y el homicida se justifica con los argumentos de la exclusión, antes que el de las propias debilidades? ¿No sienten un poco de pudor cuando se tiran la pelota unos a otros, buscando culpables de sus propias inutilidades, en lugar de resolver los problemas de la gente?
Nadie les pide que recuperen la frescura inocente de sus primeros pasos en la política y en la militancia. Solo se les pide que no confundan crecer con envejecer. O realismo con cinismo. Porque la experiencia es un motor extraordinario, si, pero también puede ser el producto cínico de las propias miserias.