miércoles, 3 de octubre de 2012

De Varennes a La Matanza

Por Claudio Chaves (*)
Era la tardecita del 21 de junio de 1791 y del Palacio Real de las Tullerías, asiento del Rey francés en París, partía una berlina con gente a bordo. Bien mirados, era evidente que usaban disfraces. ¡Razones había! Era la familia real que se escapaba atemorizada y hastiada de la revolución iniciada en 1789.

La idea era acercarse a Coblenza, pueblito alemán en manos de la nobleza francesa huida y desde allí invadir Francia, al frente de los ejércitos monárquicos y abatir la revolución.

Descubiertos en Varennes -último poblado antes de salir de su reino- fueron traídos nuevamente a París. Al entrar en la ciudad, el populacho ardía de bronca. Era una caldera a punto de estallar. Al pasaje de la berlina por las calles acrecían los insultos y las amenazas.

Todos tenían en claro lo que había ocurrido. Detenidos en las Tullerías, comenzaba la farsa.
Los jefes girondinos y realistas que dominaban la Asamblea Nacional habían atado su destino político, canonjías, emolumentos y otras prebendas a la existencia de la Corona y de la Monarquía Constitucional. Si se insistía con el asunto de la huida ya no había destino para la Monarquía, de modo que rápidamente inventaron la farsa del rapto. ¡Los reyes habían sufrido un intento de secuestro! Decían. Sus partidarios lo creyeron. Francia no. Seis meses después no había más casa real.

¿Qué tiene que ver esto con la Matanza? Salvando las distancias, las circunstancias y los tiempos, hay un punto que une a Varennes con nuestro municipio. ¿Y cuál es éste?

La Presidente expresó en Harvard -lugar elegido para manifestarse, seguramente por la valoración que ella misma tiene de esa alta casa de estudios- una serie de ideas que muchos sabíamos que profesaba pero que ocultó convenientemente. Y las ideas o los prejuicios aparecieron cuando los estudiantes la incomodaron con una serie de preguntas que conceptuó banales o superficiales: “¡Chicos, estamos en Harvard, ¡en Harvard! y no en la Universidad de la Matanza!” ¡Y la tierra se abrió a sus pies!

La verdad es que no hay dos lecturas, sólo una. La Presidente no atacó el nivel académico de nuestra Universidad. No era el caso. Al compararla con la norteamericana, primó en ella la idea de que la Matanza, ese municipio lejano y misterioso, ese espacio social sombrío, impregna negativamente todo lo que allí se realice. Ciertamente es un prejuicio arraigado en ciertos sectores culturosos, de los cuales Cristina no puede desprenderse. Parece que Moyano se dio cuenta.

Tan cierto es esta afirmación que inmediatamente twiteó saludos a los habitantes de la Matanza y no a los estudiantes y profesores de la Universidad agredidos. Claro, al darse cuenta de la barbaridad cometida.

Y al igual que en Francia ya aparecen -los que viven de este proyecto- a explicar lo inexplicable. La mujer de D’Elía, el Intendente de la Matanza, Depetris y ahora Scioli nos hablan de la “fina ironía” y del amor de Cristina por el municipio emblemático del conurbano.
No hay elitismo, tilinguería, discriminación o prejuicio en la Presidente. Aunque todos nos damos cuenta de que sí.

La Corpo tuerce y fuerza las palabras, afirman.
Mienten y saben que mienten pero igual lo hacen. ¿Por qué?

Se les acaba una parte del relato. La de que este gobierno expresa el dolor, el sentir y los pesares de los sectores sumergidos. Y la identificación que dicen tener con los sectores populares.

De modo que, como los reyes no quisieron huir y fueron raptados, Cristina no es prejuiciosa, es dueña de una fina ironía.


(*) Claudio Chavez. Artículo publicado en Informador Público el 1º de Octubre de 2012, y en "La historia paralela": ( http://www.lahistoriaparalela.com.ar/categoria/claudio-chaves/)

Fuente: http://site.informadorpublico.com/?p=19182