lunes, 22 de octubre de 2012

El problema no es Clarín

Por Nicolás Márquez (*)
Así como el régimen fue por la libertad económica (entre otras), ahora va por la libertad de expresión.
Para tal fin la propaganda oficial acusa al grupo Clarín de haber apoyado al último Gobierno cívico-militar. También agreden a los titulares de ese grupo adjudicándole haber “apropiado ilegalmente Papel Prensa” y haber adoptado ilegalmente “hijos de desaparecidos”. Aparejadamente, le adjudican también a Clarín haberse opuesto al des-gobierno de Raúl Alfonsín en los años ’80 (el kirchnerista tardío Víctor Hugo Morales es el encargado más enfático en relatar esta etapa del relato) y así sucesivamente.
Pero el régimen no quiere destruir Clarín por los argumentos que esgrimen los voceros de los medios estatales o paraestatales. En efecto, si los motivos por los que ahora tanto se escandalizan los asalariados del poder preocupasen de veras, entonces no se explica por qué este mismo gobierno haya sido socio, aliado y amante del citado medio entre el año 2003 y el 2008. Ocurre que desde entonces, Clarín, en pleno conflicto con el campo, decidió apartarse de los lineamientos del gobierno que durante un quinquenio había apoyado sin cortapisas.
¿Por qué quieren descuartizar a ese medio informativo cuando jamás quisieron hacerlo antes?, ¿acaso porque el grupo hoy perseguido ha dejado de titular noticias de manera amable respecto del oficialismo?
Para esta mega-maniobra censuradora, Cristina Kirchner y sus esbirros han dispuesto del aparato político-estatal a los efectos de presionar y amedrentar a la justicia y a la vez llevar a cabo movilizaciones con activistas rentados, en la idea de asignarle fecha cierta al pretendido certificado de defunción que se pretende sobre el grupo perseguido: el 7 de diciembre (7D).
Vale destacar que desde el punto de vista ideológico nada nos comunica ni nos une con Clarín, pero sostenemos que hay que respaldar a este multimedio ante la embestida, pero no por apoyar a un grupo empresarial determinado, sino por apoyar un principio filosófico y un derecho constitucional que el despotismo iletrado que detenta el poder del Estado pretende hacer añicos (tal como ya lo hizo con otros derechos individuales), el cual es la libertad de prensa y expresión.
Para el kirchnerismo, en verdad, el problema no es Clarín como tal, sino la actual insumisión de Clarín respecto de ellos. Para nosotros, el problema tampoco es Clarín, sino la actual intromisión de la prepotencia estatal por sobre las libertades individuales.
(*) Nicolás Marquez es Abogado, director de La Prensa Popular. Artículo publicado el 22 de Octubre de 2012.