martes, 16 de octubre de 2012

Equitativa distribución de la riqueza

Por Gabriel Boragina (*)
Sigue siendo común cuando se pregunta ¿cómo se disminuye o elimina la pobreza? que se responda con el trillado y gastado eslogan socialista que dice mediante "la equitativa e igualitaria redistribución de la riqueza". Este error tan difundido, a pesar de ser demostrado como falacia desde ya hace muchísimo tiempo, sigue siendo el pensamiento de una mayoría. Como tantas veces hemos dicho, la pobreza no se elimina repartiendo emotiva y generosamente la riqueza, ni equitativa ni igualitariamente. Supongamos por un momento dos países vecinos, A y B, cada uno con 100 habitantes. Imaginemos, además, que el Producto Bruto de A es de 100 y el de B, 200. Fácil es concluir que B es un país rico en relación a "A", o lo que es lo mismo, "A" es un país pobre respecto de B. Si aplicamos la célebre teoría que dice que la pobreza "se suprime" mediante "la equitativa redistribución de la riqueza", el gobierno de A, empleará la teoría socialista de marras y procederá a dividir el PBI por la cantidad total de habitantes de A, lo que será igual a 100/100=1. A su turno, si cae B bajo otro régimen igualmente socialista como el de A, tomará la misma medida, dividendo su Producto Neto entre sus habitantes, con lo cual 200/100=2.

Como observamos, ambos países utilizaron el antiguo dogma socialista de "la equitativa distribución de la riqueza", y dichos jerarcas socialistas de ambas naciones se "sorprenderán" de que luego de adoptado el reparto supuestamente "igualitario" "A" siga siendo igual de pobre que antes de la redistribución "equitativa", habida cuenta que cada uno de sus habitantes recibió 1 en la división, que es menor a lo que cada uno de los pobladores de B recibieron de su gobierno (2). Ergo, resulta a todas luces, falso que la pobreza "disminuye" y menos aun "desaparece", ni siquiera se "alivia" mediante el "equitativo o igual adjudicación de la riqueza" como repiten aburrida y monótonamente los socialistas, pasados y presentes. Tampoco será difícil concluir que no es este "el camino" para "combatir" la pobreza ni para "salir" de ella, sino que lo que debe hacer A es aumentar su producción de 100 a 200, o -mejor aun- a 300, 400, 500, etc., lo que jamás se logrará mediante ninguna "equitativa distribución" o "racionamiento igualitario de la riqueza" como rezan los socialistas. El sentido común (y la aritmética elemental) nos dirá que no se puede llegar de 100 a 200 dividendo 100, sino multiplicando 100 x 2=200. Es decir, creando capital x 2; a su turno, el único sistema socio-económico que origina capital es (obviamente) el capitalismo, que se llama de esta manera por ser de la esencia y razón de ser del capitalismo el producir -precisamente- capital. Pero ¿para qué sirve el capital? Para generar esa riqueza que será si,la única que disminuirá y –eventualmente- suprimirá la pobreza, o sea, (volviendo a nuestro ejemplo de arriba) transformando al país A en un país como B (200) o mejor que B ( p. e. 300, 400, 500, 1000...etc.) nada de lo cual, insistamos, se obtendrá mediante ninguna clase de asignación equitativa, ni igualitaria, ni justa, ni con cualquier otro artilugio verbal con el cual se quiera disfrazar o desconocer el mundo real y el funcionamiento concreto de la economía.

Como todos tenemos como punto de partida una situación de pobreza, ya que todos descendemos del hombre de las cavernas en última instancia, no fue dividendo equitativamente las existencias habidas en la Edad de Piedra que el hombre construyó la civilización de nuestros días. Si el cavernícola nunca hubiera capitalizado su esfuerzo laboral, jamás hubiera abandonado su condición de cavernícola y nosotros (la actual Civilización Humana, heredera de aquella primitiva condición) muy probablemente no estaríamos hoy aquí. ¿Esto significa, quizás, que nuestra actual Civilización Moderna es producto del capitalismo? Efectivamente amigo lector. Esa y no otra es la verdadera conclusión. Estamos hoy vivos porque, desde tiempos remotos, hubo hombres que se esforzaron por construir capital que, a su vez, ha permitido la producción de millones y millones de bienes y servicios. Los sistemas socialistas habidos hasta el presente sólo pueden destruir (y efectivamente han destruido) ese capital que con tanto odio buscan combatir. Afortunadamente, en el curso de los siglos, el capital acumulado por obra y gracia del capitalismo ha sido muchísimo mayor al que los métodos colectivistas del mundo han podido aniquilar, pese a todo el empeño que estos procedimientos verdaderamente asesinos del capital han puesto en su maquiavelista obra. Bien se ha dicho, entonces, que lo que socialismo hace es repartir la pobreza y la miseria por doquier. Y ni siquiera hace esto último equitativamente, Y así lo hemos visto repetidamente en el curso de los últimos siglos. Resulta sorprendente verdaderamente menos a la luz de la experiencia histórica- que siga habiendo hoy todavía detractores del capitalismo, siendo este el sistema que mantiene viva aun a la humanidad (aun en lo poco que se lo aprovecha). Y esto a pesar de todo el daño que al capitalismo le han hecho sus más encarnizados enemigos: los gobiernos y los estatólatras del mundo.

Por supuesto que, la tesis comunista que postula despojar a los ricos para entregarles su riqueza a los pobres no tiene nada que ver con la teoría de la equitativa redistribución de la riqueza, y lo único que se obtiene por dichos métodos es convertir en ricos a los antiguos pobres y en pobres a los antiguos ricos, con lo que -en definitiva- no se ha "mejorado" la condición de nadie en particular. Y la historia ya nos ha demostrado que la proposición de la equitativa redistribución de la riqueza lejos de "igualarnos" nos ha conducido -en el mejor de los casos- a un "cambio de manos" de la pobreza a la riqueza, con lo que -a la larga- la pobreza será cada vez mayor, ya que a nadie le gusta que le despojen el fruto de su trabajo o habilidades para las artes o las ciencias.

(*) Gabriel Boragina. Abogado, Master en Economía y Administración de Empresas.Egresado de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).Presidente del CFi (Centro de Estudios Económicos,Filosóficos y Políticos).Director del curso sobre Escuela Austriaca de Economía,dictado por el Centro de Educación a Distancia para los Estudios Económicos (CEDEPE).Director del Departamento de Derecho Financiero del INAE (Instituto Argentino de Economía).Colaborador de "Contribuciones a la Economía"; revista académica de amplia difusión mundial publicada por el Departamento de Economía de la Universidad de Málaga.