jueves, 11 de octubre de 2012

¿Es posible hacer tan mal las cosas?

Por Raúl A. Weinstabl (*)

El más novel e inexperiente de los observadores de la actual política argentina seguramente deberá estar absolutamente confundido. Mucho más si es extranjero. Hay infinidad de aspectos que son totalmente inentendibles y por más que alguien se esfuerce son casi imposibles de comprender.
Argentina es el octavo país en el mundo en cuanto a su superficie territorial. Y en ella hay una enorme diversidad geográfica con diferentes climas e incalculables riquezas de todo tipo y color. Desde minerales de diferentes tipos, hidrocarburos, planicies entre las más fértiles del mundo, etc., etc. Ausencia de conflictos religiosos, raciales, culturales y cualquier otro tipo. Una densidad poblacional muy baja. Todo factores de fuerza, todo ventajas.
No pretendo hacer un panegírico de nuestro país. Las ventajas comparativas y bondades son más que conocidas por casi todo el mundo. Argentina es un verdadero paraíso bendecido por Dios.
Pero lamentablemente los argentinos, somos pobres en un país de enormes riquezas.


Fuimos ricos hace setenta u ochenta años atrás. Estábamos en el pelotón de países más avanzados del mundo. Entre los diez primeros. Las expectativas de progreso y desarrollo eran enormes. Inclusive los analistas pronosticaban que la Argentina probablemente en poco tiempo sobrepasaría a los EE.UU. en desarrollo y crecimiento.
Hoy la situación es totalmente inversa. A partir de esos años, nuestro país empezó a deslizarse por la pendiente negativa, primero lentamente, pero después cada vez con mayor rapidez. Aún conservamos algunos parámetros socioeconómicos de aquella época promisoria. Pero el grueso de lo que es la Argentina se fue deteriorando e involucionando  rápidamente. En estos últimos diez años la caída es prácticamente vertical y casi nada queda de esa época de oro.
Los observadores extranjeros se preguntan asombrados y desorientados como ello es posible.
Nosotros los argentinos, sabemos bien el porque de esta regresión casi al siglo XIX: nuestra dirigencia incapaz, corrupta e incompetente. Siempre hubo un porcentaje de incapaces, corruptos e incompetentes. Pero desde el advenimiento del matrimonio Kirchner estas falencias se fueron incrementando  exponencialmente.
En la gestión de Cristina Kirchner estos aspectos negativos se magnificaron como nunca y alcanzaron un grado superlativo.
Casi todo, después de un breve repunte, entró en decadencia en el período de su esposo. Pero lo poco que quedó en pie, fue demolido casi sistemática y totalmente por la actual presidente.
Es así que las bases del sistema republicano prácticamente no existen. La división de Poderes y el federalismo es una grotesca ficción, la Justicia está paralizada, las FF.AA. prácticamente no tienen capacidad operativa, las fuerzas de seguridad y policiales son estigmatizadas permanentemente, los gobernadores y otros funcionarios ejecutivos son extorsionados para lograr su adhesión al “modelo gubernamental”, los servicios públicos están obsoletos y al borde de su vida útil y aquellas empresas que aún funcionan, lo hacen mal y con enormes déficits operativos.
Pero lo peor aún, es el constante aumento de restricción  a la libertad en todo su cabal sentido, el avance contra la propiedad privada, las permanentes groseras mentiras y escandalosos engaños en los anuncios oficiales y una brutal caída en la ética pública y en los valores y principios morales.
La mayoría de los sectores políticos,  económicos y de las  fuerzas vivas del país están fuertemente tensionados con el gobierno, fundamentalmente por su estilo incompresible de liderazgo. Aquellos sectores que tienen buenas relaciones con Cristina, lo hacen simplemente por temor o conveniencia personal pero también en el fondo la desprecian profundamente.
¿Pero se puede ser tan incapaz, de hacer todo en contraposición de la cordura o el sentido común, o este proceder oculta otra intensión u objetivo?
Pareciera que todo hacer creer en una perversa finalidad. Un poco, bastante, por su incapacidad, otro tanto por su expresa voluntad.
En realidad hay indicios que algunos hechos si se realizarían a propósito para fabricar una o más causas  para abandonar el gobierno aduciendo ingobernabilidad y actividades destituyentes de sectores no identificados de la oposición.
Por un lado es ampliamente conocido que la presidente sufre de serias patologías psíquicas que frecuentemente, demasiado frecuentemente, redundan negativamente en sus actividades. Por otro lado, hay serios indicios que la misma mandataria buscaría dejar su cargo, abrumada por la cantidad de  conflictos existentes y su incapacidad para lograr soluciones adecuadas.
La Sra. Kircher es incompetente e inepta, pero no tonta. Sabe que está navegando en un barco que está haciendo agua por numerosos rumbos  que son imposibles de controlar y que se encuentra aislada, rodeada de incompetentes en los cuales no puede confiar. Buscaría crear un clima tal que la obligaría a abandonar su cargo y escapar del caos que se avecina.
Torpeza tras torpeza. Todos los días los argentinos nos enteramos en los medios, de algún anuncio, hecho  o novedad escandalosamente negativa. Y normalmente son acciones o decisiones gubernamentales que van absolutamente contrapuestos al más elemental sentido común. Simplemente a modo de ejemplo:
-    ¿Es razonable confrontar con uno de los pilares fundamentales del gobierno, como lo es la CGT de Moyano?
-    ¿Es conveniente para la conducción del país que existan varias organizaciones obreras?
-    ¿Es lógica la postura agresiva y confrontativa, casi infantil, que el gobierno lleva con el Jefe de la CABA, con gobernadores y con otros dirigentes?
-    ¿Es razonable rendir homenaje al entregador de un marino para que este sea asesinado y realizar esa ceremonia en presencia del asesino y en la sede de la Armada?
-    ¿No constituye una verdadera barbaridad que la presidente estreche relaciones con Angola un país de un brutal régimen dictatorial y en el cual se vulneran sistemáticamente los derechos humanos?  
-    ¿Es razonable ofender a la primera potencia mundial en su propio territorio, como lo ha hecho la presidente en su reciente periplo por EE.UU?  
-    ¿No es una obscena torpeza realizar teleconferencias simulando contactarse con pobladores del interior del país y luego descubrirse que son montajes actorales perfectamente montados simplemente para fines publicitarios o propagandísticos?
-    ¿No constituye directamente una grave provocación a la mayoría de los argentinos, que el gobierno adhiera a la celebración del  “Día del Montonero”
-    ¿No constituye una grave contrasentido que el gobierno pague indemnizaciones millonarias a las “víctimas del llamado terrorismo de Estado” e ignore a las víctimas del terrorismo?

Y así decenas, seguramente centenas de gruesos y torpes errores, que se suceden casi a diario. Casi parecieran hechos a propósito.

De seguir esta tónica, el mismo gobierno va perdiendo su legitimidad que obtuvo en los comicios del año pasado. Actualmente la legitimidad de ejercicio está prácticamente perdida. Cuando ello ocurre, es altamente probable, que comiencen a desarrollarse graves disturbios populares, con la violencia característica de este tipo de manifestaciones, contra bienes y personas.

De hecho ya comenzaron: El cobarde ataque al escritor Gustavo Bunse, al periodista Lanatalas patotas de una agrupación ligada a Milagro Sala que asesinaron a Luis Condorí para tomar un predio en Humahuaca en la provincia de Jujuy, son algunos recientes ejemplos.

Pero en realidad la violencia empezó mucho antes, por la violencia verbal en sus agresivas peroratas de la presidente y sus colaboradores.

¿Se estará configurando la teoría del auto golpe? ¿Irá este corrupto e ineficaz gobierno por esa salida?

 Pareciera que los próximos acontecimientos nos irán señalando el camino, prácticamente sin retorno, de esa presidente enferma de ideología, de graves patologías psíquicas y absolutamente inepta e incapaz y que vive en un país producto de su fantasiosa mente.


(*) Alfredo R. Weinstabl. Doctor en Ciencias Políticas. 

Fuente: Comunicación personal del autor.