lunes, 1 de octubre de 2012

¡Increíble! ¡No se pueden creer tantos disparates juntos!

Por Alfredo Raúl Weinstabl (*)

Es difícil de creer si alguien nos lo cuenta. Pero no es el caso de los argentinos.  Todos tuvimos la oportunidad, gracias a la libertad de prensa de la cual actualmente disfrutamos, de observar y escuchar en vivo, la  “destacada e inolvidable” actuación de la presidente Cristina F. de Kirchner en su periplo en el gran país del Norte.
Primero en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, luego en la Universidad de Georgetown en Washington DC y finalmente en la prestigiosa Universidad de Harvard en la ciudad de Boston.
En los tres lugares hubo algunos aspectos comunes: La recepción de la Sra. Kirchner con cacerolazos de protesta por un par de cientos de ciudadanos mayormente argentinos, la exacerbada soberbia de la mandataria durante su disertación, su relato absolutamente personalizado a través de su óptica fantasiosa de la situación nacional e internacional y su actitud de dictar cátedra como dueña absoluta de la verdad.

En los tres lugares su exposición fue un largo, aburrido y monótono relato, sin ningún tipo de ayuda memoria, con muy cortos intervalos solo para retomar y normalizar su respiración, prácticamente sin pausas, con  frecuentes repeticiones, sin un hilo conductor, con mención de siglas inentendibles para los extranjeros y con abundante citas de cifras y estadísticas de dudosa exactitud.

Se lo denomina “dialéctica envolvente”. En la misma se apabulla a los oyentes con información, números y estadísticas imposibles de verificar en el momento. Una verdadera catarata de palabras que aburría e inducía al bostezo y al sueño.
Se la vió nerviosa y ansiosa. Su inestabilidad emocional y psíquica se evidenció mediante su exagerada gesticulación con sus brazos. En oportunidades parecía un pajarito listo para emprender el vuelo.
Hasta hoy, lo poco que se ponderaba de la presidente Cristina Kirchner, su capacidad oratoria, se desmoronó y se volvió en su principal defecto y su principal vulnerabilidad.
Pero el objetivo de esta nota no es analizar los discursos de Cristina ni la forma de pronunciarlos. Lo que se quiere destacar es su conducta ante la presión de un público autorizado a realizar preguntas para evacuar dudas existentes. Para ello analizaremos su exposición en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard.
Por empezar como ya es su costumbre y falta de consideración para aquellos que la estaban esperando, llegó más de una hora tarde echándole la culpa al tránsito newyorkino.
Fue seguramente la primera conferencia de prensa de las cuatro o cinco que realizó durante todo su mandato, en los cuales no estaban presentes su propia claqué de aplaudidores, obsecuentes, lamebotas y los dos o tres bufones titulares de la “Reina”. Casi podría decirse su primera conferencia de prensa verdadera.
Los jóvenes de la Universidad de Harvard, casi todos latinoamericanos y la mayoría argentinos, efectuaron respetuosamente las preguntas que desearíamos realizar la mayoría de los argentinos.
La respuesta a  la primer pregunta, que se refería a cómo podrían impactar los resultados de las elecciones estadounidenses en Argentina, fue la única respuesta sensata de la mandataria, cuando contestó que no podía responder esa pregunta por razones obvias.
Pero a partir de allí las preguntas alteraron casi inmediatamente a la presidente. El tono de suficiencia y soberbia utilizado por Cristina en sus contestaciones, mostraron su intolerancia y su falta de habilidad para las contestaciones. Buscó descolocar a sus interlocutores, los retó, los acusó de no conocer bien lo que preguntaban o que poseían datos erróneos, de tener que leer sus preguntas y contestó siempre elípticamente en largas contestaciones yéndose por las ramas estirando sus respuestas buscando agotar el tiempo, para evitar más preguntas o evadirse en la respuesta.
Utilizó su conocido estilo coloquial, ordinario y vulgar, de una “doña de conventillo” tratando de convencer a la vecina.
Pero lo peor de todo y lo más destacado fue que salvo la respuesta de la primera pregunta, el resto de las contestaciones eran casi ofensivas, con falsedades y mentiras más que evidentes. Las respuestas sobre el cepo cambiario, la evolución de su patrimonio, la relación con los medios, la autocrítica, pero sobre todo sus comparaciones entre la Universidad de Harvard y la de La Matanza fueron sencillamente vergonzosas, no solo para la Universidad americana sino principalmente por la clara descalificación de la nuestra.
Para aquellos que escuchamos atentamente la conferencia por TV, causó primero hilaridad y luego una fuerte indignación, cuando explicó que habla permanentemente con la prensa y los periodistas y que su increíble aumento patrimonial se debió a que ella fue una exitosa abogada cuando vivía en el sur del país. (ref. 1).
Curiosamente, todas las preguntas realizadas por los jóvenes estudiantes fueron aplaudidas por el público presente. No así las respuestas de la presidente.
La presidente fue aplaudida, pero también silbada al término de la conferencia. Esta experiencia sirvió para demostrar el porque de las no conferencias de prensa de Cristina. Sus neuronas no responden con la velocidad adecuada a su desenfrenada verborragia, por todos nosotros conocida. También podría ser, que en realidad no tiene contestación a las inquietudes y preguntas que se le formulan y a los disparates mayúsculos que realiza su gobierno.
El canciller Timerman y aquellos que adquirieron el compromiso para la disertación de la presidente en las Universidades deberían ser depuestos inmediatamente de sus cargos por no haber previsto el papelón bochornoso y vergonzoso a que fue sometido la presidente de los argentinos y por ende la Argentina toda, ante los medios del mundo entero.
Por supuesto no hay que ver exclusivamente la parte negativa de las exposiciones de la presidente en los EE.UU. El lado positivo es que ahora nadie, por lo menos en nuestro país, puede alegar desconocimiento de la manifiesta ineptitud de la Sra Kirchner para conducir el gobierno de nuestra Patria.
 29-06-12                                           
(*) Dr Alfredo Raúl Weinstabl. Doctor en Ciencias Políticas.
Nota del autor:
1. Se desconoce todo antecedente laboral de la presidente como abogada. Es más, según algunos medios, la Sra. Kirchner ni siquiera es abogada.
Fuente: Comunicación personal del autor