martes, 16 de octubre de 2012

La Armada de Brancaleone no para de hacer desastres

Por Roberto Cachanosky (*)
La torpeza con que se manejan funcionarios de todo rango del gobierno, sus contradicciones, contramarchas y peleas internas, me hace acordar a la famosa película la Armada de Brancaleone

El grado de improvisación y descoordinación con que está actuando el gobierno está llegando a límites alarmantes por los efectos que está teniendo sobre la economía tanta incapacidad para gestionar la cosa pública. Un par de ejemplos para ver la incapacidad del gobierno, entendiendo por tal palabra no tener capacidad para realizar una determinada tarea. El gobernador del Chaco armó un lío en el mercado al pagar en pesos un bono que estaba nominado en dólares por un monto de U$S 263.000. El argumento, que el Central no vendía dólares para defender las reservas. Al momento de redactar, esta nota la Fragata Libertad está sin poder moverse en Ghana por una acción judicial y el costo por día de gastos portuarios es de $ 50.000. Es decir, ya llevan gastados U$S 450.000 por incompetencia frente a los U$S 263.000 de Capitanich. Por hacerse los fenómenos con el cepo cambiario armaron un lío bárbaro en el mercado de bonos y mientras tanto pierden más plata por tener embargada la Fragata Libertad. En el medio, controlan a la gente para ver si gasta U$S 200 más o menos en un viaje al exterior.

Segundo ejemplo, también sobre el tema bonos. Capitanich dijo que el Central no vendía dólares para pagar la deuda. Luego el Central salió a aclarar que para esos pagos sí había dólares. En el medio, el inefable Mariotto, siendo más papista que el papa, dijo que la provincia de Buenos Aires tenía que hacer lo mismo, aunque luego se desmintió y dijo que él nunca había dicho eso. Claro, la culpa es de Clarín, La Nación y la cadena del desánimo.
Me permito agregar un tercer ejemplo. Juan Abal Medina culpó a la cúpula de la Gendarmería y de la Prefectura por liquidar más los sueldos cuando en rigor fue un decreto firmado por la misma CFK.

Insisto, es tal el desquicio de desgobierno que me hace acordar a La Armada de Brancaleone, la famosa película protagonizada por Vittorio Gassman donde un ejército de incompetentes inician su cruzada.

Veamos un momento el tema del dólar. Todos los días implementan una nueva restricción. Ahora bien, ¿Qué ocurriría con el tipo de cambio si el gobierno no hubiese intervenido como lo hizo con una batería de restricción sin legitimidad y lo hubiese dejado flotar libremente? Obviamente que el tipo de cambio hubiese aumentando por la mayor demanda, en gran medida por la fuga de capitales. Al subir el tipo de cambio las importaciones hubiesen bajado y las exportaciones mejorado aumentando el saldo de balance comercial compensando la presión cambiaria por la fuga de capitales. Pero el gobierno optó por el cepo cambiario. Más allá de su discurso de barricada de tono conspirativo, no se preguntó por la verdadera causa que genera fuga de capitales. Y si se lo preguntó, y no se mintió a si mismo, tuvo que haber descubierto que la caída del tipo de cambio real y la inseguridad jurídica que impera, son las causantes de la fuga de capitales. Es su política económica y su falta por el respeto a los derechos de propiedad la causa de la fuga de capitales. 

Como nunca van a reconocer que la culpa es de ellos, lo que hicieron fue agregar más inseguridad jurídica estableciendo el cepo cambiario violando derechos individuales y agravaron el problema. Esto redujo las importaciones más violentamente que si hubiesen dejado fluctuar libremente el tipo de cambio, generó faltantes en la industria frenando la actividad económica, con lo cual la recaudación aumenta menos que la tasa de inflación, el gobierno entra en déficit fiscal, el Central emite pesos produciendo más inflación deteriorando más el tipo de cambio real, lo cual obliga a aplicar más restricciones cambiarias. Montarse arriba del tigre es fácil. El problema va a ser bajarse. Dicho en otras palabras, el gobierno aplica el cepo cambiario aun violando los derechos individuales porque no quiere asumir el costo de sincerar el lío cambiario que tiene. El problema es que el cepo cambiario agravó más el problema de salida porque una vez que se imponen restricciones de este tipo la salida es conflictiva. Así como el corralito cambiario esta destinado a estallar al día 91, este cepo cambiario tiene igual destino.

Como puede verse, acá no hay un problema de falta de dólares, en todo caso es un problema  de precio del dólar, dada la inflación que genera el BCRA. No es cierto que, como dice el gobierno, los dólares hay que utilizarlos solo para pagar la deuda y las importaciones. Para eso siempre hay divisas en la medida que el precio de mercado del dólar no esté distorsionado.

¿Es cierto que si subiera el dólar el costo de los insumos subiría? Por supuesto, pero también es cierto que con el tipo de cambio planchado y la inflación subiendo por la emisión del BCRA los costos en dólares también suben, haciendo que toda la economía sea cada vez más cara en dólares, quitando a la Argentina del mercado mundial. Tenemos inflación en pesos y en dólares en el mercado interno. Doblete de incompetencia.

Hace rato que vengo insistiendo con que el BCRA está patrimonialmente quebrado. Un solo dato a tener en cuenta. Al 30 de septiembre pasado, las reservas del BCRA representaban solo el 41% del activo del BCRA, el 59% eran activos tóxicos. Básicamente bonos del tesoro con valor de mercado cero y adelantos transitorios al tesoro, es decir, emisión monetaria para financiar el déficit fiscal que el tesoro nunca le va a devolver al BCRA. Y ojo que la cuenta es siendo benigno y aceptando que el Central tiene U$S 45.000 millones de reservas como declara cuando en realidad es mucho menos.

Entre muchas otras barbaridades económicas que se han cometido, una de las más graves es que la inflación que niega el gobierno se ha comido el tipo de cambio real, con lo cual volvimos a tener un dólar barato. Hagamos un ejercicio matemático. Cuando en enero del 2002 Duhalde salió de la convertibilidad, devaluó el peso un 40%, de ahí el famoso $ 1,40 por dólar. Si ese tipo de cambio de $ 1,40 por dólar hubiese aumentado igual que la tasa de inflación real, en agosto el tipo de cambio tendría que haber estado en $ 7,41. Lo que hizo el gobierno fue una tablita cambiaria como la de Martínez de Hoz. En aquellos años el entonces ministro de Economía hizo una tablita cambiaria, pero le falló porque la inflación en pesos era mayor a la tasa de devaluación haciendo que el dólar fuera cada vez más barato y generando demanda de esa mercadería barata. Solo pudo mantenerse por un tiempo esa tablita cambiaria en base a endeudamiento. Tomar deuda en dólares para intervenir en el mercado de cambios y evitar que subiera. Esta gente ha sido mucho más rústica. Directamente prohibió la compra de dólares y cerró las importaciones, con lo cual afectó los derechos de propiedad, espantando la escasa inversión que podía haber y entorpeció la actividad económica hasta llevarla a la recesión o la parálisis. Basta con ver la caída de escrituras de propiedades, patentamientos de autos o la misma recaudación para advertir cómo se está enfriando la economía, pero la política cambiaria se asemeja mucho a la tablita cambiaria de Martínez de Hoz, la diferencia está en la forma de mantener la artificialidad.

Podemos decir que el gobierno está sentado sobre dos convertibilidades de las cuales le va a ser muy difícil salir sin una crisis económica, la cual ya existe por las medidas que tomaron. Una convertibilidad es la cambiaria retrasando el tipo de cambio real. La otra es la convertibilidad tarifaria. Se enamoraron de las tarifas públicas “baratas” y hoy no saben como arreglar ese lío que le pega de lleno en el gasto público.

Lo descripto en el mercado cambiario y la improvisación e incapacidad con que se manejan es solo un ejemplo de los muchos que pueden darse para ver la falta de idoneidad que tiene este gobierno para administrar el país.

Insisto, las contradicciones internas, la ausencia de ministros y secretarios capacitados para ejercer sus funciones y una presidente que se dedica a dar discursos de barricada pero sin la formación para administrar el país en una senda de crecimiento y mejora en la calidad de vida, me hacen acordar a la famosa Armada de Brancaleone.

(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Consultor económico y director de "Economía para todos". Artículo publicado el 13 de Octubre en la Edición Nº 439.