viernes, 26 de octubre de 2012

La previsibilidad del kirchnerismo

Por Manuel Carbajal (*)
Una de las características más valiosas de este gobierno es su predecibilidad. Casi todas su acciones y reacciones respetan, inconscientemente o no, un patrón, un molde que se ha repetido incontables veces en la historia de los gobiernos organizados. A este molde se lo ha llamado populismo (del latín populus), y sus cultores, los populistas, tienden a sostener que están del lado del “pueblo” en contra de las “élites” (en general el primer termino no varía, mientras que el segundo sí, pudiendo ser sustituido por aristocracia, oligarquía, sinarquía, los banqueros, las multinacionales o incluso se puede evitar darle un nombre concreto, dejándolo en “fuerzas externas / internas que nos desean el mal”, lo cual es muy versátil a la hora de echar culpas)(1).
Esta postura es invariablemente falsa, y es solamente un mecanismo de división de la sociedad para lograr acceder al poder. Debido a que en la mayoría de los casos históricos la parte de la sociedad sin influencia ni poder es mucho mayor a la que lo posee, los populistas buscan el favor de la parte mayoritaria, a través de inmensas promesas, denunciando a los poderosos y prometiendo una revolución social que definitivamente distribuya en forma equitativa la riqueza (real o imaginaria) del país, disolviendo para siempre la desproporcionada influencia de las élites en la conducción de la nación.

Una vez logrado el poder electoralmente, en forma paulatina pero constante, cooptando, debilitando o desactivando cualquier mecanismo de control al ejecutivo que pudiera existir (en la Roma clásica el Senado, en todas las republiquetas sudamericanas a los poderes legislativos y judicial, etc.) y distribuyendo dádivas, regalos, subsidios a la masa que los entronizó, van mutando su carácter democrático (cualquiera que sea el significado que cada sociedad otorgue al término) a autoritario o dictatorial.

En algunos casos gobiernos inicialmente populistas logran transformarse en dictaduras o incluso en gobiernos totalitarios. De esta forma, como ejemplo, Mussolini pasó de ser un político socialista, luego nacionalista para finalmente crear el movimiento fascista, desde una base enteramente populista, buscando erradicar a las élites que supuestamente traicionaron al pueblo italiano que lucho por su expansión territorial en la Primera Guerra Mundial. Getúlio Vargas en Brasil logro lo mismo, siendo dictador desde 1930 a 1945.

Los métodos para lograr la hegemonía del poder son tan variados como las sociedades que crearon, albergaron y sufrieron gobiernos populistas, pero siempre describen la misma parábola, con los mismos gestos, los mismos errores y en general los mismos nefastos resultados para todos.

Es de notar que los gobiernos populistas son inicialmente populares, puesto que al saquear primero las arcas del estado y distribuir una parte (apropiándose de otra característica infaltable del populismo) entre el sector de la población al que pretenden proteger, mejoran en forma aparente su situación económica o social. A través de subsidios, asignaciones o incluso regalos de bienes de consumo efímeros de poco o nulo valor, logran en las fases iniciales de sus gobiernos una gran adhesión y un grado de lealtad en algunos casos notables (son muchos en la Argentina que todas sus vidas votaron a los peronistas porque Eva Perón les regalo un triciclo o una máquina de coser hace 60 años atrás).

Esta popularidad dura exactamente lo que dura el dinero. El primero que se acaba es el legítimo de las reservas estatales, es decir el que tiene respaldo en oro, en el pasado cada vez más lejano, o en otra moneda mas fuerte que la propia como es en la actualidad. Cuando el dinero de verdad se esfuma, la reacción inmediata es la de, primero, “hacer más”. Se emite mayor cantidad de dinero para continuar las subvenciones de toda clase, que para esa altura son absolutamente indispensables para mantener la popularidad, ergo el poder. Y en segundo lugar aumentar la presión impositiva sobre los ciudadanos hasta los limites de tolerancia. El resultado es la aceleración de la declinación de la economía, que habitualmente concluye en una crisis inmanejable.

La economía se encarga de la mayor parte del trabajo de acabar con los gobiernos populistas. No hay nada que las promesas, grandilocuencia, apelaciones al patriotismo o a la mística de la misión libertadora, ni el carisma del gobernante puedan hacer contra las leyes de la economía y la consecuente desilusión y hartazgo de la población. Otro factor importante son las crecientes revelaciones sobre los actos de corrupción y arbitrariedades a las que se entregaron en los años de gobierno, que excitan aun mas el malestar de los ciudadanos. De esta forma y casi repentinamente, la estructura se desmorona. Aquellos que los apoyaron les darán la espalda y los que siempre se les opusieron (luego de muchas humillaciones y persecuciones) serán los encargados de derrocarlos (en caso de que se nieguen a entregar el mando) o de vencerlos en elecciones generales.

A grandes rasgos este es el proceso que todos los gobiernos populistas han sufrido, desde Julio Cesar (asesinado-guerra civil-instauración de una monarquía) hasta Perón (derrocado por un grupo pequeño de oficiales de la Armada-exilio-2º parte con final trágico) y sin lugar a dudas el finado y CFK, especialmente esta última, han cumplido con el ritual populista a la perfección.

La parte de la distribución y creación de clientelas ya ha sido cumplida (es gracioso que en este caso los regalos fueron tan inútiles como los de Evita pero mas efímeros aun como las netbooks entregadas a miles de alumnos sin ningún plan de integración del dispositivo a la curricula escolar, sumado al hecho de que a los 6 meses resultó producto completamente obsoleto y caro, siendo sustituida por los chicos, a menos de un año de su entrega, con tablets y/o teléfonos inteligentes).

Ahora estamos en la etapa que puede definirse como el principio del fin. La mística del relato es a todas luces insuficiente para tapar las realidades económicas, que no son terribles aún, pero si alarmantes. Los actos de corrupción y los intentos por taparlos o disimularlos son cada vez más burdos. Grandes sectores de la sociedad ya son contrarios a cualquier tipo de prolongación del mandato K y de hecho, no pocos albergan la esperanza de que caigan antes de cumplir con los años que les corresponden. Como reacción los discursos de los funcionarios se endurecen y con ellos buscan llevar la confrontación a las vías de hecho, o, mas bien, a la amenaza de ellas.

Por lo dicho el riesgo sería que este gobierno intente forzar el camino a una dictadura. Sin embargo adolece de una característica favorable y es la homogénea ineptitud de sus integrantes, lo que acelera su proceso de desgaste ya que genera crisis perfectamente evitables y agiganta las inevitables, pero principalmente garantiza que los pasos necesarios para quebrar definitivamente la vigencia de la Constitución y la República fracasen. En resumen nos salvará no sólo la resistencia de la ciudadanía, sino la estupidez y cobardía de los gobernantes.

Ahora bien, si todas estas vicisitudes son totalmente previsibles y se han verificado decenas de veces no sólo en el mundo si no en la Argentina misma, ¿por qué se repiten una y otra vez? Yo creo que la respuesta reside en la psiquis de los protagonistas de estos dramas. A fuerza de repetir sus mentiras, sumado a la corte de sicofantes que los rodean, finalmente comienzan a creer en ellas. Se convencen de que son personas guiadas por la providencia, o por las fuerzas imparables de la historia, o algún otro concepto abstracto y que tienen una misión que esta muy por encima de Constituciones centenarias y burguesas, o de valores republicanos cobardes. Y una vez que ese convencimiento se solidifica en sus cerebros, sellan su destino. Si alguna enseñanza nos dejo Tony Montana (Scarface) fue, “Don’t get high with your own supply” (no te drogues con tu propia mercadería). CFK a todas luces está en un viaje del cual no se va a despertar hasta que sea tarde, para todos y todas.

(1) Es importante aclarar que el hecho de que los políticos populistas utilicen a esos grupos como blanco y escalón de su ascenso no significa que aquellos fueran inocentes de los cargos que les endilgan.

Como saludo, Ludwig Von Mises
…finalmente, cuando dicen que el estado debe hacer esto o aquello, significa en última instancia: la policía debe obligar a los consumidores a actuar de una forma diferente a la que actuarían en forma espontánea. Epilogue (1947).

Un hombre que elige entre beber un vaso de leche y un vaso de solución de cianuro de potasio no elige entre dos bebidas; realiza una elección entre la vida y la muerte. Una sociedad que elige entre el capitalismo y el socialismo no elige entre dos sistemas sociales; realiza una elección entre la cooperación social y la desintegración de la sociedad. El socialismo no es una alternativa al capitalismo; es una alternativa frente a cualquier sistema bajo el cual los hombres puedan vivir como seres humanos. Human Action: A Treatise on Economics (1966).

(*) Manuel Carbajal. Artículo publicado por Informador Público el 25 de Octubre de 2012