viernes, 26 de octubre de 2012

Listado de 250 empresas para afrontar el aislacionismo

Por Carlos Manuel Acuña (*)
En vez de evaluar las causas, el gobierno centraliza sus esfuerzos en enfrentar y disfrazar las consecuencias, cueste lo que cueste. Pese a la sumatoria de hechos descalificantes que ha contribuido al aislacionismo del País, la presidente Cristina insiste en mantener un rumbo de colisión que denomina modelo. Mientras la Argentina recorre inútilmente los principales centros financieros del mundo que son atacados constantemente en los discursos kirchneristas, un país como Bolivia, que todavía no pudo desprenderse del chavismo que la corroe y limita, obtuvo un préstamo de 500 millones de dólares a una tasa de aproximadamente el 6 por ciento de interés anual. Podrá decirse que el litio y otros minerales se convirtieron en un factor favorable para obtener esta financiación, pero lo cierto es que nuestra ex República, con todo su potencial, no consigue ni un dólar a ninguna tasa por alta que sea. El riesgo suele no tener cara de zonzo.

Así, mientras la presión fiscal alcanza niveles extraordinarios y limitantes de la producción, el crecimiento e inversiones son cada vez más lejanas, el afamado presidente del Directorio de YPF, Miguel Galluccio, peregrina por distintos mercados en busca de interesados en compartir nuestras reservas petrolíferas. Los portazos son amables como sucede en estas cosas, pero en definitiva son sólo eso: puertas cerradas en medio de las sonrisas de circunstancia. Concurrentemente, con su mentalidad estudiantil y fubista, el niño Axel Kicillof avanzó sobre la actividad bursátil argentina, con la primera consecuencia de un desplome de la bolsa y una afectación del secreto de las operaciones, ahora bajo el control del Estado, aparentemente en busca de culpas ignotas pero especialmente con un objetivo único: las cajas que se creen desbordantes de dólares necesarios para continuar con los subsidios y el esquema montado. En apretadísima síntesis, lo que se desea, por ejemplo, es forzar a las aseguradoras a invertir un porcentaje de sus ganancias en obras públicas para aparentar una realidad económica artificial que, de paso, suministre la mano de obra que hoy está en retroceso. Para expresarlo con mayor claridad, utilizaremos una sola palabra para explicar esto último: desocupación.

Este componente del escenario se agravará con el transcurso de las semanas y pasará a formar parte de un próximo conflicto social, de aquello que en algunos sectores se lo denomina explosión y que comienza a tomar cuerpo. Intuitivamente y consciente de esta situación, la ciudadanía que no encuentra representantes legítimos que actúen institucionalmente; se ha percatado de que la declinación del kirchnerismo comenzó en tres momentos clave: cuando fue vencido en el enfrentamiento con el campo que parece lejano pero se mantiene vivo y latente, la incautación de YPF en segundo término y finalmente en el suceso político más significativo de los últimos tiempos: la marcha del jueves 13. 

Así, espontáneamente, se organizó la del próximo 8 de noviembre, que marcará un hito en este proceso que tiene oras facetas paralelas que lo enriquecen, como lo fue el reclamo de los suboficiales. Esta es una manera de decir, pero podemos mencionar que el dramático suceso de la Fragata Libertad y la forma en que llegó a la raíz popular, impulsa todos estos acontecimientos y demuestra otra cosa alentadora: el cariñoso sentimiento hacia una expresión militar que unificada, se funde en la Nación misma. Todo un hecho cargado de motivaciones íntimas y sentimientos edificantes. Además, expone con una rapidez y sencillez inesperada para muchos, una circunstancia altamente destacable: que de un sólo tajo quedó de lado, superada, la campaña desplegada contra todo lo que vistiera uniforme. 

La gente así lo dice en las conversaciones diarias, en las mesas de café, en las simples reuniones de familia y sobre todo, al evocar las imprudentes palabras de la misma Cristina, quien utilizó una forzada retórica para insinuar que la Libertad podría perderse. No utilizamos un juego de palabras: nos referimos a la más amplia realidad que se ha volcado sobre los argentinos.

Lo que dejamos dicho ya ha sido expresado de las formas más diversas. Sea en la mordaza periodística en gestación, sea en las prisiones anticonstitucionales e ilegales, sea en el permisivismo delictual que alimenta una inseguridad insoportable, todo esto configura un estado de ánimo que está por encima de los detalles. Para suspender por ahora el triste tema de la Libertad, diremos que el Presupuesto General de Gastos y recursos propone el incremento de unos 40 millones de pesos para el rubro turismo -alejado entre otras cosas por el encarecimiento general y la manifiesta y peligrosa inseguridad- y 240 millones para encarar Fútbol Para Todos (y Todas) pero se esconden los 20 millones de dólares necesarios para destrabar el cautiverio en Ghana. Casi siempre el resentimiento es inocultable.

Entre tanto, vino a saberse durante las últimas horas de ayer, que el niño Axel Kicillof preparó un listado de 250 empresas sobre las cuales quiere que caiga el kirchnerismo para sacarles los dólares necesarios que permitan atender la fiesta demagógica que hemos resumido. La lista está guardada, como quien dice, bajo siete llaves, pero será conocida no sólo por los pasos que se darán en lo relacionado con el mercado de capitales, sino que surgirá naturalmente cuando Cristina acepte firmar el decreto que apuntará a los beneficios girados al exterior dentro del marco de la ley vigente hasta el momento. La medida vendría acompañada con la nómina y los montos estimados que supuestamente poseen argentinos o extranjeros con intereses en la Argentina. Ni siquiera puede pensarse en una revolución pues para ello se requiere un mínimo de coherencia. Entonces, lo correcto es mencionar a la desesperación que impide enfrentar los problemas y trasmite la sensación -aquí es válida la utilización del vocablo- de que esos problemas se multiplican y se convierten en insuperables.

Esto se daría después de una ola de falso nacionalismo para buscar la emoción y los votos en elecciones eventualmente adelantadas, pero significará, posiblemente, uno de los últimos actos de insensatez previos a una vuelta de tuerca para elevar el autoritarismo. Por cierto, todo converge en el 8 N,  que es un motivo más que preocupa intensamente al gobierno hasta tal punto, que dio motivo a circulares reservadas e instrucciones impartidas por la propia Cristina a sus principales colaboradores: descalificar antes, durante y después a la concentración popular que ese día se hará en todo el país. En el oficialismo se ha generado una atmósfera de tensiones y propuestas insólitas, como la del uso de la fuerza para evitar la marcha en los lugares más emblemáticos. Por primera vez se aceptó, como conclusión, la realidad que dice que esto es imposible, que las policías no responderán al igual que las Fuerzas de Seguridad, que las derivaciones serían políticamente perjudiciales y que la actuación de infiltrados sería obvia y perjudicial.

Hace poco hablamos del resquebrajamiento kirchnerista. Para ampliar el concepto, podemos mencionar al resquebrajamiento del poder y no vamos a referirnos al sistema para que aquellos que calificaban nuestros anticipos como una exageración, no nos llamen extremista. Lo cierto es que la incertidumbre está clavada en el centro de un escenario conquistado por la ineptitud y la incapacidad, además del ideologismo que todo lo domina. Para ser más claros, vamos a señalar que Cristina es poco lo que gobierna y mucho lo que grita y que cada vez lo hace más fuerte gracias a la medicación que recibe. Quien realmente manda con las limitaciones del caso, es el secretario presidencial, el maoísta Carlos Zannini. Desde el punto de vista institucional, todo esto hace a esa incertidumbre que las gestiones políticas, los frentes anunciados y la certeza de que apenas existen las formas, no logran aventar en lo más mínimo. A la inversa, profundiza esa incertidumbre convertida en el meollo del problema que vivimos. ¿Alguien que esté en su sano juicio puede pensar que Cristina podrá mantener este esquema durante tres años más…?

La obviedad de la respuesta nos pasea por realidades concretas. Por ejemplo, el incumplimiento de los compromisos financieros por parte de las provincias que emitieron bonos a cambio de recibir dólares, tal como lo hizo Capitanich en el Chaco (en medio de bromas irreproducibles), lo hará Insfrán en Formosa lo prepara Alperovich en Tucumán y así sucesivamente. Posiblemente San Luis y alguna otra provincia constituyan excepciones, pero lo cierto es que el panorama de incumplimiento por parte de las provincias se agrega al del gobierno central, que dedica sus esfuerzos a invertir en todo aquello que pueda redituarle votos. Esto tiene un plazo fijo. 

Poco a poco y cada vez más rápido se gastan los recursos que no encuentran reemplazo, las reservas disminuyen, baja la producción, se reducen los planteles bovinos y las áreas de siembra, aumentan los costos y el desempleo, el narcotráfico ya se ha convertido en un factor de poder y todos los componentes del Estado comienzan a apagarse. En el paroxismo del pensamiento mágico que caracteriza al kirchnerismo, se insiste en la reelección, en tanto los gobernadores no ocupan el espacio que se angosta progresivamente y miran, como el resto de la sociedad, hacia un panorama de divisiones internas que se profundizarán a la espera de un milagro.

(*) Carlos M. Acuña (Tábano Consultora). Artículo publicado en Informador Público el 25 de Octubre de 2012.