domingo, 28 de octubre de 2012

"Más inflación y menos inversión, más apriete y menos confianza"

Por Hugo Krasnobroda (*)
4 frases de Martín Redrado: (...) “Lo que hizo Argentina con la pesificación de los bonos provinciales es quebrar contratos. Si se quiebra un contrato, se quiebra la confianza”. (...) “Si ponés más plata en el consumo y en el gasto, y si no hay producción, lo que se genera es más inflación. Estimamos que en 2013 estará entre el 27% y el 29%”. (...) “La intervención del mercado de capitales es otro apriete. El Gobierno nacional considera que a través del apriete al sector privado y a las empresas va a lograr más inversión”. (...) “La política económica es como manejar una orquesta: todos los músicos deben estar tocando la misma partitura a la vez”.
Con 51 años, Martín Redrado ya manejó la Secretaría de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales, el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores (CNV), recientemente designada por el Poder Ejecutivo para “controlar y poner límites” al mercado de capitales. En una entrevista con El Tribuno durante su visita a Salta -adonde llegó convocado por la Compañía Argentina de Granos para disertar en la Expoagro- sostuvo que la inflación de este año estará en “el 24 o 25 por ciento” y la de 2013 “entre el 27 y 29 por ciento”. “Una estrategia judicial y financiera más inteligente sería lo apropiado para recuperar la Fragata Libertad”, concluyó al ser consultado sobre qué hacer con los fondos buitre.
 
-El Gobierno intervino esta semana el mercado de capitales y la Bolsa reaccionó mal, ¿cómo evalúa esa medida?
 
-Hay que analizar esa medida dentro de un contexto. Si usted la toma en abstracto, la nueva ley tiene puntos positivos y otros que no son muy claros. Hemos pasado de una primera etapa del kirchnerismo donde se administraban excedentes. Había un excedente fiscal, comercial y en materia de dólares. Hoy pasamos a administrar las rentabilidades de las empresas, es decir, hemos pasado a la economía del apriete. 
 
El Gobierno cree que a través del apriete al sector privado y a las empresas va a lograr más inversión, y está utilizando la AFIP, el Banco Central y la violación del secreto fiscal para conseguirlo. Están muy tergiversados los roles, y está claro que la Presidenta quiere usar a la Comisión Nacional de Valores (CNV) como un organismo más de apriete frente a esta confrontación que plantea con el sector privado, y buscando también que estos instrumentos de control sirvan para fomentar la inversión. Yo creo que el enfoque tiene que ser otro, que es tener un plan económico profesional, generar incentivos crediticios para fomentar la inversión y para atraer la cantidad de dólares que hoy están en los colchones de los argentinos, que no vienen por la retracción en materia de inversión. Esta ley hay que verla en ese contexto: un apriete más para el sector privado.
 
-Cristina criticó a las calificadoras de riesgo por publicar cualquier dato pero la Argentina hace lo mismo con sus índices de inflación, ¿no es esa una contradicción?
 
-Es cierto, pero en eso hay que darle la derecha a la Presidenta porque las calificadoras de riesgo han jugado un rol realmente muy pobre en prevenir crisis. Vienen corriendo detrás de los acontecimientos. Igual, son dos temas distintos. El del Indec, más allá de las calificadoras, lo estamos sufriendo todos los argentinos cuando vamos al supermercado. 
 
-Chaco pesificó su deuda en dólares, después lo hizo Formosa y Tucumán analiza pedir un rescate, ¿qué deberían hacer las provincias con los bonos en moneda extranjera?
 
-Esto realmente habla del bajo profesionalismo que hay hoy en la política públicaSi usted quiere pesificar, que parece un objetivo altamente deseable, lo tiene que hacer para adelante. Acá debería haber habido una directiva de la Presidenta al ministro de Economía y al titular del Banco Central para que salgan a dar una conferencia de prensa y digan: “Señores, de ahora en más todos los títulos emitidos con ley nacional se pagarán en pesos. Se compran en pesos y se pagan en pesos”. Pero lo que no se puede hacer es cambiar las reglas de un contrato en el medio del contrato. Lo que hizo nuevamente Argentina es quebrar contratos. Cuando se quiebra un contrato, se quiebra nuevamente la confianza. La confianza es la principal autopista que necesita la inversión y el crecimiento económico. Yo espero que Tucumán, como había dicho antes, haya atesorado los dólares y siga pagando los títulos en dólares porque esto es un quiebre a la confianza muy grande. Y que además es por poca plata, porque el efecto que esto ha tenido sobre el resto de los títulos locales y sobre el propio crédito de la Argentina fue muy fuerte.
 
-¿En cuánto cree que cerrará la inflación de este año?
 
-Va a estar oscilando entre un 24 y 25 por ciento, con una proyección levemente ascendente hacia el año que viene, que será un año electoral. Y el Gobierno ya tiene la máquina de imprimir pesos. Lamentablemente el Banco Central se ha convertido en una chequera del Gobierno y esto está generando una impresión de pesos por encima de la cuenta, y por lo tanto el gasto público está creciendo cinco o seis puntos por encima de la recaudación. El Gobierno se juega una parada fuerte, como su continuidad, y la posibilidad de la re-reelección o encontrar alguna figura, pero es muy difícil que haya kirchnerismo sin un Kirchner. No me cabe duda que van a poner todo en la cancha, pero hoy la frazada es corta. Si vos ponés más plata en el consumo y en el gasto, y si no hay producción, lo que se genera es más inflación. Nuestra estimación es que la inflación (de 2013) sube un escalón a niveles del 27 al 29 por ciento.
 
-¿Y qué políticas deben tomarse para bajarla?
 
-La política del Gobierno es negar la inflación o tener más control de precios sobre 350 o 400 productos, que es la manera de estar pescando en la pecera. Esto quiere decir tomar que la inflación es solamente esos productos que mide el Indec. Lo que se reclama en Argentina es una política económica integralque ponga un fuerte acento en el incentivo de la producción y la inversión.
 
-¿Cómo se logra eso?
 
-Primero, coordinando las principales variables económicas. Es decir, coordinando la recaudación con el gasto público, con la emisión monetaria que hoy está fuera de control, con el movimiento cambiario y con el movimiento de salarios. La política económica es como manejar una orquesta: todos los músicos deben estar tocando la misma partitura y hay que tener un buen director de orquesta. Hoy no hay director de orquesta y hay músicos que tocan folklore, otros música pop, otros música electrónica, etc. Eso genera un gran ruido, porque todos no tocan la misma partitura. Y después, en el plano impositivo, hay muchas cosas que hacer para fomentar la inversión. Con nuestro equipo nosotros tenemos un programa diseñado que toma a cuenta las retenciones a las exportaciones como parte de pago del impuesto a las Ganancias, en un programa de tres años en donde tres puntos porcentuales se toman como pago a cuenta de Ganancias. También deberíamos ir eliminando las distorsiones del impuesto al cheque. Nuestra idea es trabajar en una compensación con los aportes patronales, que lo que generan es una disuación a que se genere más trabajo en la Argentina. La economía argentina ha dejado de generar empleo y empieza a caer el empleo de manera importante. En el empleo formal, hemos perdido aproximadamente 70 mil puestos de trabajo en los últimos tres meses, y ni que hablar en el empleo informal. Ahí debería estar la política de inclusión social, en cómo incluimos a ese 40 por ciento que hoy no tiene ninguna cobertura social y que el modelo no ha logrado incluir. El Gobierno corre a los que no queremos inflación con el ajuste. A la inflación hay que combatirla con más producción, más inversión, expansión de la capacidad instalada y generación de más empleo.
 
-Se cumple un año del cepo al dólar, ¿qué balance hace de esa medida?
 
-Los resultados están a la vista. Esta semana volvió a caer la producción industrial. Quizás la gente no relaciona la caída en la producción con las restricciones, pero esto es evidente. Hoy no solo hay restricciones a que la gente compre dólares, sino a que la industria argentina no pueda comprar piezas importadas o esté sujeta a que un funcionario diga qué entra y que no entra. Hay muchas empresas, sobre todo industriales, que han estado paradas durante 72 o 96 horas. Hay mucho miedo en el sector privado a hablar con los medios de comunicación y por eso estas cosas no trascienden. Estas paradas que han tenido las empresas producto de estas restricciones ahora las estamos viendo en la caída de la producción. El Gobierno tomó la idea de la tranquera cerrada: “Vamos a cerrar la tranquera para que no salgan los dólares”. Lo que sobra en el mundo son dólares. Esta semana el Banco Central de Estados Unidos volvió a ratificar que las tasas de interés seguirán por el piso hasta 2015. Evo Morales aprovechó la cantidad de dólares que hay dando vuelta para obtener financiamiento para gastos de producción, y obtuvo 500 millones de dólares a una tasa del 4,8 por ciento anual. Argentina paga el doble de eso, y no es porque las calificadoras nos califiquen mal. Ahí la culpa es el nivel de discrecionalidad que hay en la política económica. Esto genera miedo y que nadie quiera invertir en el país. Estoy convencido que Argentina, con un poco de profesionalismo, está para tener una década de oro.
 
-La fragata Libertad sigue retenida por un pedido de los fondos buitre, ¿qué política debería darse el Gobierno con esos polémicos acreedores?
 
-Hay que tener una estrategia judicial mucho más agresiva de la que vino teniendo la Argentina. En particular, hay que trabajar con mucha firmeza en los juzgados de Nueva York y en tribunales internacionales para demostrar la inmunidad diplomática que tiene la fragata Libertad, como cualquier otro activo que tiene el país. En esto diría que soy casi un experto, porque durante cinco años me ocupé de que las reservas argentinas no fueran captadas por fondos buitre. El 92 por ciento de los que tenían títulos en 2001 que cayeron en cesación de pagos han canjeado por nuevos títulos. El error que se cometió en 2010 es no dejar abierta la posibilidad para que los que quieran canjear por nuevos títulos lo puedan hacer, con la penalidad de no percibir los intereses atrasados. De esa manera, se invierte la carga de la prueba. Usted puede ir a un juzgado y decir: “Este señor no cobra porque no quiere pero tiene los títulos depositados en un fideicomiso”. Una estrategia judicial y financiera más inteligente sería lo apropiado para recuperar la Fragata. Igual, creo que tarde o temprano se va a recuperar, pero nos quedó este papelón internacional.

(*) Hugo Krasnobroda Es periodista graduado de TEA y especialista en política. Desde 2007 es subjefe de Nacionales de El Tribuno. Anteriormente, entre 2005 y 2006, se desempeñó como corresponsal en Buenos Aires. Artículo publicado por Urgente 24 el 28 de Octubre de 2012.