lunes, 1 de octubre de 2012

¿Mentiras, engaños o mitomanía?

Por Malú Kikuchi (*)
El paso de la presidente por las universidades de Georgetown y Harvard ha sido por varios motivos, esclarecedor. El tema no son las inevitables y previsibles preguntas de los estudiantes, sino  las respuestas y … nosotros.
No se sabe con certeza el grado de conocimiento que tienen  las mencionadas universidades sobre la problemática argentina, ni si nuestro país es  importante en la agenda de los norteamericanos. Aparentemente  Argentina y sus políticas no tienen peso alguno en EEUU. Pero a pesar de la poca o nula relevancia de las conferencias presidenciales, fue un papelón.
Lo más preocupante de las respuestas de Cristina a las preguntas de los estudiantes, fueron las flagrantes y fácilmente comprobables mentiras. Mintió. Mintió en casi todas sus respuestas. Mintió y volvió a mentir.
Lo preocupante no son las mentiras en sí, lo preocupante es que los argentinos nos quedamos con eso que los periodistas llaman “notas de color”. Esas notas de relleno que se comentan en el café o la peluquería. No nos escandalizamos con LA MENTIRA. Estamos acostumbramos.
Nos quedamos con el desprecio a la Matanza, la chabacanería en los modos, el destrato a los estudiantes que preguntaban lo que no quería contestar, la soberbia, el resentimiento hacia la prensa libre, -responsable de todos los males-, el insulto fácil al país anfitrión, el insoportable tonito de “cargada”, el problema irresuelto que tiene contra los ricos, siendo ella riquísima y enorgulleciéndose de serlo; todo el conjunto para un simposio de siquiatras.
Lo anterior es sólo una “nota de color”. Lo importante, lo relevante, lo intolerable, lo imperdonable, es que MINTIÓ. Lo hizo con impunidad, sabiendo que esa modalidad inadmisible en cualquier país serio, le es aceptada en el suyo. Ni siquiera es tema de conversación. Estamos tan sumergidos en la mentira desde el gobierno, que nos parece normal.
No lo es. No son promesas de campaña, son mentiras comprobables sobre hechos determinados. Que un presidente mienta es gravísimo. Puede desviar o moderar la verdad en circunstancias muy particulares. Si está en peligro la seguridad nacional, o en caso de epidemia o desastre natural, o para evitar una corrida cambiaria, sólo para tranquilizar a la población. Sin mentiras, simplemente obviando decir toda la verdad. Pero mentir, jamás.
Y acá sí hay cepo cambiario, la inflación es del 25% y subiendo, nunca contesta preguntas, y NUNCA habla con los periodistas. ¿Fue una abogada muy exitosa de un estudio muy prestigioso? Que lo pruebe. El increíble aumento patrimonial se dio en los últimos 9 años. Verdades. Hechos.
1) La mentira es una defensa ante una realidad que puede generar problemas. Mentir a sabiendas, además de ser  pecado, en el caso presidencial es un delito para con la sociedad. Los presidentes no deben mentir.
2) Si la mentira para la presidente no es tal, porque le han informado otra cosa, ha elegido muy mal a sus colaboradores y debe destituirlos ya. No conocer la realidad es inadmisible para un presidente. ¿Otra vez el diario de Yrigoyen?
3) Si la mentira forma parte de una enfermedad sicológica llamada mitomanía, que se expresa en la tendencia morbosa a desfigurar la verdad, es un mecanismo que esconde la incapacidad de adaptarse a la realidad, tiene que ser tratada.
En cualquiera de los 3 casos, mentir a sabiendas, mentir por falta de conocimiento de la verdad, o mentir por mitomanía, la seriedad del tema, amerita un juicio político. Está contemplado en la Constitución Nacional, artículos 53 y 59.
Argentina, respetuosa de sus instituciones, obediente a la Constitución Nacional y bajo el imperio de la ley, dispone de una única solución, efectiva, legal y legítima, frente al problema de las reiteradas mentiras presidenciales.
La dignidad de la Patria y la de los argentinos, exige que la presidente diga la verdad, acá y en el exterior. Si por alguna razón no puede dejar de mentir, el juicio político es un instrumento constitucional que asegura la continuidad institucional de la república.
P.D. Richard Nixon, en 1974, durante su 2° mandato como presidente de los EEUU, renunció a la presidencia de su país antes de que finalizara el juicio político del caso Watergate, POR HABER MENTIDO.30 de Septiembre de 2012.
(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política. Artículo publicado en su blog http://www.lacajadepandoraonline.com/blog2/?p=5926
Fuente: Comunicación personal de la autora.