lunes, 1 de octubre de 2012

Mentiras Políticas

Por María Celsa Rodríguez (*)
Dicen que muchas personas no pueden sostener una mentira porque la verdad es tan evidente que fácilmente lo ponen de cara ante el engaño.
Hay personas que no resistirían un archivo, sobretodo cuando de un mandatario se trata, y es aquí cuando la mentira es vista  desde el corazón de la sociedad  como un rechazo moral que emerge impetuoso,  generando en cada uno de nosotros  algo que escapa de toda aceptación.

Pero también es verdad que nadie está exento de arrogarse la soberbia de decir "yo nunca  he dicho una mentira". Más aún cuando de políticos se trata. Ellos deben tener una buena cintura para la mentira o para dibujar la verdad de tal modo de parecer  esta, como más suavizada. 
La mentira es así una herramienta eficaz a la hora de mantener una comunicación cotidiana con el pueblo. Allí la verdad es dolorosa y no favorece a la imagen triunfal y de eficacia que se quiere dar. El manejo de una buena verba es fundamental en los pasillos del poder: Porque como dijo Ella: "¿A vos te parece que hubieran votado a una muda?" 
Maquillar números y edificar datos falsos o verdades a medias resulta necesario para ganar elecciones y también es un modo de cargar las culpas en otros, en anteriores administraciones , o en la prensa maliciosa, a fin de evitar toda autocrítica que los perjudiquen.

Es mejor no hablar de esa cosas que molestan, que lo señalan y así hacen de cuenta que no existen. No están allí, son invenciones de los medios o de la oposición que los quieren perjudicar. Entonces no se habla de la inseguridad, de la inflación, del enriquecimiento personal, de la pobreza, del aumento de la desocupación, etc. Esos teman amargan la función  y ensucian el discurso. Y solo se habla de lo bueno que esta todo y que no hay nada de que preocuparse.

Ya lo decía Max Weber que se preguntaba: "¿porque mienten los políticos? Por razones de Estado o por simple ambición de poder individual. En el primer caso la mentira opera como un medio que tiene por finalidad resguardar algún tipo  de conocimiento cuya divulgación pueden tener consecuencias perniciosas para el orden político... En el segundo caso la  mentira está al servicio de metas personales y por consiguiente suele ir en desmedro del orden público".

Pero los políticos mienten también, para no cargar culpas de sus ineficiencias, y para que la sociedad que los votó no enfrenten sus propias verdades. Esa realidad que golpearía en la desesperanza de la gente y que quizás escapan de las manos del gobierno que no sabe como darles soluciones.
Sabemos que los políticos que hablan con la verdad, que indican con crudeza lo mal que estamos y los problemas que se avecinan, son vistos como apocalípticos y difícilmente son  votados. Porque siempre se vota al que ofrece  un mensaje de esperanzas, de cosas realizables, de emprendimientos,  de crecimiento. Algunos quizás irrealizables, mudos proyectos dormidos en un rincón de un archivo,  pero que igual son comprados por el pueblo con alegría,  asumiendo con el tiempo la propia irresponsabilidad  de la elección popular, ante  el fracaso colectivo.

Es por eso que el verdadero político debe saber mentir con argucia, para conducir a su pueblo por un camino que sabe va a ser difícil de transitar,  pero que  lo presentarán como venturoso para todos.
Aunque podemos decir que el pueblo muchas veces es cómplice de la mentira que se les venden, envuelta en hermosas palabras  
Pero lo malo es cuando se confunde la verdad con la mentira, al punto tal de exhibir la mentira como verdad. Con la lógica tarea de negar hasta su propia existencia  para enmarcar la mentira como la verdad absoluta. Esto inefablemente detendrá el crecimiento como nación y nos conducirá por el camino equivocado.

En esta semana fuimos testigos de tantas mentiras juntas recitada por nuestra Presidente en dos de la universidades más importantes de los E.E.U.U. Ya no contenta con mentir en el país ahora  tiene la soberbia de ir a la ONU y a las Universidades  de Harvard y Georgetown,  a mentir.

 Retrucarle al FMI cuando este le esta diciendo que deje de dar datos falsos, fue poco inteligente para una Presidente.

Quizás el hecho de ser analfabeta digital - como se auto calificó- le permite  pensar que el resto del mundo no sabe lo que pasa en el país, al no tener conciencia de lo que es la información digital globalizada. Por ello pensó que mentir sobre las conferencias de prensa, y sobre la inflación, entre expresiones que no corresponde a una mandataria,  no sería nada desde su visión limitada de la realidad.
Humillar a los estudiantes retrucandole que no estaban preparados y a la altura de las circunstancias,  -porque eran molestosas las preguntas-, solo demuestra que ya no sabe como sostener su mentira. Lo peor fue cuando al estudiante que le dijo que atento a la realidad en materia de inseguridad, inflación y pobreza no es capaz de hacer una autocrítica,  gambeteó mejor que Maradona la respuesta,  hablando de la ley de medios.
Y que ella posee dinero desde antes de ser funcionaria, porque "fue una exitosa abogada". Aunque nunca mostró su titulo ni una fotografía de cuando se recibió, algo  que es cuestionado en investigaciones periodísticas que se hicieron sobre ello.

Sus mentiras ya no tienen límites, pasó las fronteras del país y la del sentido común también 

(*) María Celsa Rodríguez. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora