lunes, 29 de octubre de 2012

Mirando Argentina desde la perspectiva del Elector

Por Walter Edgardo Eckart (*)
Es un tema puntual y una cuestión de opciones. O la política prioriza mirarse a sí misma y luego recién al pueblo, transformándose en un instrumento inútil para lo sociedad, o recorre el camino inverso y presta atención a los reclamos de la gente, para luego bosquejar una propuesta concreta, posible y alcanzable, tirando al cesto de la basura el discurso vacío, repetitivo y banal.

La puja o competencia política por parte de los partidos entre sí, y la que también acontece hacia adentro de cada uno de ellos (internas partidarias), solo se justifica, al menos teóricamente, por la pretensión de servir a la sociedad en el abanico de sus necesidades reales y concretas; en la diversidad de los sectores que la componen. 

La sociedad argentina, con cada una de sus provincias, ciudades y pueblos, como cualquier país del mundo, tiene necesidades comunes a todos (trabajo, salud, vivienda, educación, servicios, seguridad ciudadana, seguridad jurídica, etc.); y tiene –también- necesidades particulares, derivadas de la identidad de algunos sectores considerados estratégicos para la vida de la nación, como el de la producción, la explotación y el cuidado de los recursos naturales, la industria o el trasporte. 

El ‘punto o perspectiva del elector’, en términos generales, contempla e incluye todo esto, aunque el exigente ritmo de vida cotidiano o incontables problemas domésticos, puedan provocar -a veces- que una sociedad focalice, con justo derecho, sólo algunos pocos aspectos, como la estabilidad laboral, el valor de la moneda en el día a día o la importancia de la seguridad ciudadana, como expresión del cuidado que el estado debe otorgar a su pueblo. 

En este marco y considerando estos tiempos en particular, la dirigencia política (más la oposición que el oficialismo), aún con sus eventuales internas u opciones partidarias, está llamada -por su propia naturaleza y por los rudimentos más básicos de la ética- a abrirse, a trascender incluso su propia ideología y a dejarse interpelar por el sentimiento, las incertidumbres, las creencias, los dolores y las urgencias de la sociedad, a la par que se organiza interna y externamente para luchar -cada cual desde su perspectiva y posibilidad- por atender lo inmediato, y favorecer la resolución de aquellos temas y cuestiones, más de mediano y largo plazo, que a los ciudadanos -a veces- se nos escapan.

Hacer política no es una cuestión de machos, matones, demagogos o iluminados. Es, más bien, una cuestión de gente honesta en cuanto a sus intenciones y su conducta, inteligentes para discernir soluciones y ofrecer propuestas; y genuinamente aptos para la gestión de la cosa pública.

Hacer política no es vender relatos que enemistan a la sociedad y profundizan rencores. Es, con seguridad, poner el esfuerzo sincero para brindar sosiego y esperanzas, desde el respeto profundo al pueblo y mientras se buscan soluciones para sus necesidades.

Y el ‘punto o perspectiva del elector’ sirve como orientación para esto. Sirve para que toda persona con genuina vocación política entienda qué espera, necesita o anhela una sociedad, que en todo caso será más o menos instruida, pero que siempre –en el fondo- es sabia, aún cuando para expresar esa sabiduría tenga que recorrer un camino plagado de errores y dolores. Porque lo cierto es que, finalmente, reacciona, evoluciona, pone límites y no pide ‘que se vayan todos’, pero exige ‘que se queden solo los que sirven’. 

El creciente número de ‘indignados’ respecto del poder político, de oriente y occidente, curiosamente sin demasiada cobertura por parte de la prensa pero presentes en centenas de ciudades y pueblos de un sin número de países, incluyendo algunos de Latinoamérica (como Ecuador y Argentina), dan fe de esto, aún en medio de sus propias confusiones, excesos o posturas radicalizadas que, es de esperar, comiencen a recorrer en los próximos tiempos el camino del equilibrio y la racionalidad. 

Este es el escenario desde donde se deben entender eventos puntuales pero crecientes, como el cacerolazo del 13 de septiembre pasado en Argentina, y el que vendrá el 8 de noviembre, posiblemente de una magnitud mayor. En el fondo, el mensaje es uno solo: “dejen de mirarse el ombligo, dejen de justificarse y mírenos a nosotros, que somos los que los hemos puesto en el lugar en el que están”.

Y, por las dudas, para que nadie se confunda, todos los que se manifiestan serán –entre otros- los futuros “votantes” en las próximas elecciones; y son críticos electores del actual gobierno (aunque tengan bastante más que 16 años) pero también de los diversos sectores de la oposición; y –además- representan a muchos otros, probablemente millones, que no han salido de sus casas a manifestarse en las calles de Buenos Aires o del interior del país, pero que coinciden en el sentimiento de tener –lastimosamente- una clase política indigna del mandato conferido; y en el diagnóstico de que hay un límite de tolerancia, tanto para el que ejerce el poder actual como para los que pretenden convertirse en una alternativa.


(*) Walter Edgardo Eckart. Periodista y analista político. Director de Chacomundo. Artículo publicado el 27 de Octubre de 2012.

Fuente: http://chacomundo.blogspot.com.ar/2012/10/mirando-argentina-desde-la-perspectiva.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+Chacomundo2011+(ChacoMundo+2011)