martes, 30 de octubre de 2012

Néstor Kirchner como mito político

Por Agustín Laje (*)
La idea de “relato” como construcción discursiva de un proyecto político que reclama para sí espacios hegemónicos, se encuentra en boga en el mundo de la discusión política actual. Y ello tiene que ver con los esfuerzos que ha dedicado el kirchnerismo en la configuración e imposición de su relato: un relato impregnado de categorías arcaicas, razonamientos engañosos y cruzadas fanatizadas.
Paralela al relato, pero por ahora sin tanto eco en el análisis político, corre la idea del mito como significante material de todas las cualidades del relato. El mito sintetiza al relato en un símbolo único. Así, si el relato es una banalización de la realidad, el mito es una banalización del relato. En otras palabras, es una simplificación de la simplificación.
Vale destacar que el mito político puede ser una persona, un grupo de personas, un hecho concreto, una hazaña. Piénsese, a modo de ejemplo, en el caso de la Revolución Cubana y sus mitos asociados: el CheGuevara como ídolo revolucionario, el desembarco del Granma como suceso significativo que mantiene aún hoy su fuerza constituyéndose en el título del principal diario cubano, o la propia revolución como hazaña que venía a mostrar el camino hacia el comunismo a toda Latinoamérica. O piénsese, por qué no, en el mito de la raza aria del nazismo que llenaba de contenido, y a la vez pretendía legitimar, el relato nacional-socialista.
En este orden de ideas, el kirchnerismo es consciente de que reducir la realidad a un relato −algo que ya han conseguido no sin éxito− significa quedarse a mitad de camino. En efecto, el relato puede ser rebatido en tanto que se sigue inscribiendo en el terreno de la razón. El relato ofrece argumentos, visiones, descripciones, interpretaciones, sean éstas correctas o erróneas. Lo que importa es que el relato se asienta en razones que, como tales, pueden ser rebatidas con otras razones en un mismo terreno epistemológico.
El mito, en cambio, arranca de la política su dimensión racional, haciendo de aquella una mera cuestión de sentimientos y emociones. No más que eso. Y las razones ya no tienen efecto alguno en la refutación del error, pues el error ya no se compone de falsas razones, sino de emociones que, como tales, no pueden ser ni ciertas ni falsas.
Por todo ello, no es casualidad que el mito político haya sido siempre una herramienta de especial relevancia en los regímenes autoritarios. El nazismo, el fascismo y el comunismo, consideradas las tres ideologías totalitarias del siglo XX, han sido verdaderas fábricas de mitos. Hoy ese papel lo está jugando el llamado “Socialismo del Siglo XXI” con Hugo Chávez a la cabeza.
Dos años se han cumplido del fallecimiento de Néstor Kirchner y su proceo de pagana canonización como ídolo del relato está a todo vapor. Un faraónico mausoleo donde descansan sus restos, custodiados por sofisticados sistemas electrónicos de seguridad, llena de majestuosidad al mito. Cuantiosos monumentos con su efigie lo asemejan a los próceres de la Patria. Calles y sitios públicos que llevan su nombre −que cada vez son más y más− lo acercan indefectiblemente a la gente. Las infaltables invocaciones que su esposa viuda realiza en sus discursos políticos, apelando al pronombre “él”, le imprimen componentes místicos, cuasireligiosos, fantasmagóricos. Para los jóvenes, la construcción del mito como superhéroe se deja ver en el personaje “Eternestor”, un justiciero que no sólo se llama como Kirchner, sino que también lleva su rostro. Mientras tanto, equipos de intelectuales y expertos del marketing articulan e imponen las ideas-fuerza asociadas al ídolo, valiéndose de los sistemas de propaganda del Estado para asegurarle al mito una amplia difusión que, si es durante el fútbol, mejor.
La pregunta ineludible a esta altura es: ¿Para qué el mito? Pues para lo que siempre se lo ha utilizado en la política: para eternizarse.

(*) Agustín Laje. Es autor del libro “Los mitos setentistas”. Artículo publicado por La Prensa Popular (Director Nicolás Márquez) el 29 de Octubre de 2012. Su sitio web personal es www.agustinlaje.com.ar . Seguilo en twitter: @agustinlaje