viernes, 5 de octubre de 2012

Perdiendo el control

Por Nicolás Márquez (*)
Así como días atrás ningún Ministro ni funcionario de envergadura dijo nada lúcido en torno al masivo cacerolazo del mes pasado (Juan Manuel Abal Medina fue el más destacado en emitir frases absurdas que encima alteraron más los ánimos de los manifestantes), una semana después de ese suceso la Presidente Cristina Kirchner disertó en Harvard, y al estar sin su habitual coreografía compuesta por alcahuetes y adulones, se le fue de control el irreverente auditorio juvenil que cometió la osadía de preguntar cosas obvias y esperables, pero ante la incapacidad de CFK para improvisar respuestas mínimamente aceptables, la situación derivó en un sonoro papelón. Como si esto fuera poco, apareció en escena horas después la indisciplinada protesta de Prefectos y Gendarmes (acompañada parcialmente por policías y suboficiales de la Armada) el cual puso en evidencia otro episodio que se sale de su cauce y que el gobierno no supo aun cómo pararse ante este renovado imprevisto.
¿Qué nos muestra esta seguidilla de incidentes consecutivos?, pues que el gobierno se presenta seguro y sólido en el marco del monólogo, de la escenografía controlada y de situaciones redundantes y monotemáticas, pero cuando alguna pieza se sale apenas un poco del “lugar natural” del decorado oficialista, pues asoma el desconcierto, el escozor, la incómoda sorpresa y la torpe improvisación gubernamental dice presente casi siempre agravando o embarrando el desbarajuste inicial.
¿Y la oposición?
Pero no sólo el régimen se siente desorientado ante algunos imponderables menores. Al siempre contemplativo y vacilante “arco opositor” le sucede exactamente lo mismo. En efecto, estos no han demostrado tener la menor capacidad ni habilidad como para capitalizar ninguno de los acontecimientos señalados. Incluso, en el último episodio (el concerniente a la Prefectura y Gendarmería), a lo único que atinó la comparsa presuntamente “disidente” fue a sumarse y apoyar el verso kirchnerista al cuestionar o instigar a los rebeldes a que “respeten la democracia”, como si hubiese existido algún levantamiento militar o intentona golpista inminente y no un mero reclamo salarial estilo sindical. La “oposición” tenía el argumento perfecto para “hacerse una panzada” al cuestionar el escándalo que implica que el Estado pague ilegalmente en negro para evadir los mismos impuestos que el Estado impone, y los Diputados “disidentes” elaboraron un comunicado llamando a la reflexión a los peticionantes: ¿puede haber una oposición tan funcional y servil al poder al que pretenden “enfrentarse”?, en la Argentina sí, y esta ausencia total de testosterona y sagacidad del espectro “rival” explica por qué en las elecciones suelen obtener resultados tan intrascendentes o insignificantes.
Pareciera que este rejunte de disidentes de cartón con su flemática actitud se esforzaran o empeñaran en conservar y repetir los magros guarismos obtenidos el año pasado.
Opositores no convencionales
Al fin y al cabo, todo indica que los Prefectos, los caceroleros, las redes sociales, los sindicalistas, los alumnos de Harvard y hasta el mismísimo fundador de Página 12 acaban siendo los verdaderos y auténticos opositores que logran hacerle perder el control a un régimen que no sólo no sabe encarar el imponderable, sino que desespera cuando los artistas no se mueven al compás de sus arbitrarios y antojadizos guiones de este patético culebrón “nacional y popular” signado por la farsa, la corrupción, la vulgaridad, la hipocresía, la prepotencia y la impericia institucionalizada.
(*) Nicolás Márquez. Abogado, periodista y escritor. Artículo de Editorial de La Prensa Popular Nº 146 del 4 de Octubre de 2012.