viernes, 5 de octubre de 2012

Una Presidenta entre Harvard y La Matanza

Por Esteban Mizrahi (*) 

La vanidad es un animal grotesco que desnuda de improviso las oscuras convicciones ocultas tras un manto de ironía . Los dichos de la presidenta Cristina Fernández en Harvard son mucho más graves que el cepo cambiario o su renuencia a brindar conferencias de prensa. Estas son medidas de gobierno con las que se puede acordar o disentir, pero que en ningún caso están destinadas a tener efectos perdurables. Por el contrario, reforzar gratuitamente y ante la comunidad internacional el estigma que recae sobre los hijos de las familias más humildes del país que ella gobierna entorpece inevitablemente el esfuerzo cotidiano de una comunidad académica comprometida con la educación pública y empeñada en combatir ese estigma hasta desterrarlo.

Señalar frente al trato que ella estaba recibiendo en una de las universidades privadas más elitistas del mundo que aquello era “impropio” de ese lugar y considerarlo en cambio “propio” de la Universidad de La Matanza, donde ni ella ni ningún otro disertante han recibido jamás trato semejante, revela sin tapujos una matriz ideológica que es tanto más irritante por cuanto insiste en disfrazarse con graciosos mohines y sarcásticos comentarios . Creo que ninguno de los estudiantes que tuve el orgullo de conocer en estos últimos doce años de docencia en la Universidad de La Matanza merece ese trato. Y porque no lo merece, no lo tiene. Al menos no, dentro de nuestra casa de estudios. Pero no es allí, justamente, donde tienen más peso las estigmatizaciones de origen.

Mientras el jueves se juntaban en Harvard un puñado de estudiantes para escuchar a una Presidenta que con sus abucheos desprecian, al día siguiente el auditorio grande de la UNLaM se colmaba de estudiantes dispuestos a escuchar la conferencia que brindó el profesor doctor Urs Kindhäuser, Director del Instituto de Derecho Penal de la Universidad de Bonn, por invitación de la cátedra que presido. Una actividad libre y gratuita destinada a toda la comunidad y por la cual tampoco cobró nada el disertante bajo ningún concepto . Al igual que tantos otros prestigiosos conferencistas asistió -por segundo año consecutivo- guiado por su exclusivo interés en el intercambio de ideas con quienes integran nuestra Universidad.

Como en más de una ocasión lo manifestara la Presidenta, yo tampoco creo en las casualidades y sí en las causalidades. La descalificación en su boca de nuestra comunidad , sobre todo de nuestros estudiantes, resulta muy dolorosa y mucho más porque lo hizo desde Harvard . No importa. Los hombres pasan; las mujeres también. Eso es inexorable. Pero las instituciones quedan. Y nosotros seguiremos trabajando para construir un país en el que sus dichos suenen aún más ridículos y, por tanto, menos ofensivos.

(*) Esteban Mizrahi. Doctor En Filosofía, Profesor De La Universidad Nacional De La Matanza. Artículo publicado en Clarín el 1 de Octubre de 2012.

Fuente: http://www.clarin.com/opinion/Presidenta-Harvard-Matanza_0_784121607.html