martes, 30 de octubre de 2012

¿Qué hará el gobierno el 8N?

Por Carlos Tórtora (*)
Si se combinaran el éxito de la movilización con un fracaso del gobierno el 7 D, CFK quedaría acorralada.

La primera reacción del gobierno frente a la masiva protesta del 13-S fue la descalificación de la misma, de lo cual se ocuparon varios funcionarios, entre ellos el jefe de gabinete Juan Manuel Abal Medina. Pero inmediatamente hubo una corrección del rumbo. Los consultores del oficialismo advirtieron que criticar a los caceroleros era una forma de hacerlos crecer políticamente y entonces el gobierno optó, hasta hoy, por el silencio. Las razones de este cambio de táctica son varias. La primera es que el cristinismo espera que el nuevo movimiento de protesta social sufra el llamado “efecto Blumberg”, o sea, un progresivo desgaste que lo llevaría a diluirse progresivamente. En apoyo de esta interpretación, en el gobierno razonan que los caceroleros no encuentran su canalización en ningún dirigente opositor, lo que contribuiría a que se forme una especie de vía muerta, o sea, ¿la protesta y después qué? Algunas encuestas señalan, en el mismo sentido, que más del 70 por ciento está disconforme con la actuación de la oposición.

Pero el argumento más fuerte provino del optimismo oficial. El inminente repunte de la economía sería el mejor antídoto contra el crecimiento de los cacerolazos, porque atenuaría el malestar de la clase media, tal como ocurrió en el 2010 con las protestas del campo, que se diluyeron ante los indicadores en alza de la economía.

Sin embargo, a una semana del 8 N, el fluctuante panorama volvió a cambiar y hay síntomas de que en la Casa Rosada se están revisando las opciones. La principal variación es que la economía, lejos de mejorar, muestra señales de profundo estancamiento. Este dato garantiza la profundización del malhumor de la clase media, jaqueada por la inflación, el cepo cambiario y la caída de la actividad económica. Esta tendencia podría evitar que se produzca el “efecto Blumberg” y darle continuidad al 8N con futuras movilizaciones.

El efecto interno
En rigor de verdad, lo más riesgoso para el gobierno no sería la masividad de la movilización del 8 N sino los posibles efectos de la misma en su frente interno. Si luego de un 8 N exitoso, el 7D el cristinismo no consiguiera un éxito contundente contra Clarín y empezara entonces una nueva y desgastante batalla judicial, las consecuencias de esta secuencia negativa podrían ser graves para CFK. Por ejemplo, podría extenderse en las filas de gobernadores e intendentes del PJ la convicción de que la reelección de Cristina es una empresa inviable. Es decir que la estrategia electoral para el 2013 ya no debería girar en torno a la figura presidencial sino en función de candidatos que expresen un giro hacia el centro que interprete el actual malhumor social. Por ejemplo, en este esquema, Alicia Kirchner no sería bienvenida como primera candidata a diputada nacional por Buenos Aires y muchos intendentes pedirían que Sergio Massa la sustituya. “No podemos arriesgarnos a que Alicia encabece la lista y en cada lugar que visite le hagan un cacerolazo”, dramatizó días atrás un intendente de la tercera sección electoral También podría ocurrir que Daniel Scioli, obligado por los fracasos cristinistas, se muestre menos prudente y empiece a reunirse en público con José Manuel de la Sota, Juan Manuel Urtubey, José Luis Gioja y Jorge Capitanich, los gobernadores más inquietos por la pronunciada baja en las encuestas de la presidente.

Ante un panorama que se complica minuto a minuto, hay ciertos indicios de que la postura de fingida indiferencia ante el 8 N está siendo reanalizada. Habría una propuesta alternativa impulsada por los talibanes del oficialismo para generar ese día disturbios a través de infiltrar provocadores en la movilización.

Una jornada de violencia disminuiría el éxito político de la protesta y se instalaría, en cambio, un escenario de acusaciones y denuncias de conspiraciones muy afín a los métodos del gobierno.

De más esta decir que semejante iniciativa tendría también importantes riesgos para el gobierno, porque la opinión pública estaría predispuesta a culparlo.

Por último, los más optimistas del oficialismo, por ejemplo la dirigencia de La Cámpora, creen posible replicar el 8 N con una movilización masiva en todo el país el 10 D, que demostraría que la capacidad de convocatoria de CFK está intacta. Lo cierto es que entre el 8 N y el 10 D hay un largo mes de por medio, especialmente largo para un gobierno que no tiene ninguna buena noticia para dar.

(*) Carlos Tórtora. Director de Informador Público. Artículo publicado el 29 de Octubre de 2012.