lunes, 29 de octubre de 2012

Sobre como enredar un nudo ciego

Por Federico Perazzo (*)
Ya no caben dudas que el mundillo “intelectual” K se ha alzado en armas contra la realidad. Las afirmaciones de su extenso glosario económico así lo constatan.
Resulta fascinante la desconexión que parece haber entre la idealidad de las relaciones matemáticas que caracterizan al círculo abstracto de estos pensadores y su aplicación al mundo físico. Precipitados por defender “el modelo” incurren en yerros conceptuales garrafales. No contentos con la distorsión a la que someten a los números y la mentira que divulgan, también añaden presuntos valores éticos a una ciencia que se apega más a la lógica y la razón que a cuestiones emocionales.
Por supuesto que todas las escuelas de pensamiento económico objetivan paliar la indigencia y la pobreza, pero que una clase dirigente se arrope con el disfraz de única autoridad moral es tramposo y no necesariamente cierto. Por mucho mencionar inclusión, “justicia social (término todavía incomprendido por quien suscribe) y distribución de la riqueza (entendida en el hecho de sacar a quienes producen para darle a quienes no lo hacen), sino se gobierna eficientemente, será de suma dificultad poder concretar dichos objetivos y tan sólo se estará acometiendo una “expresión de deseo”.
Sobre el manual en marras pueden sacarse un vasto cúmulo de conclusiones, y la fundamental es cuan evidente se hace el desconocimiento que tiene el gobierno en materia económica. Tan sólo bastan algunas pruebas para constatarlo:
En uno de sus postulados, la militancia k habla sobre lo absurdo que significa la necesidad de crear un marco propicio para los negocios y en consecuencia la existencia de “seguridad jurídica”. Respecto de esto dicen: “Se suele decir que para aumentar la inversión, hay que recrear un propicio “clima de negocios” y promover la “seguridad jurídica” ya que estimular solamente el consumo, es condenar al país a la inflación. Lo cierto es que, por el contrario, existe una fuerte conexión positiva entre consumo e inversión: es el mayor consumo el que viene estimulando inversión hasta llevarla a niveles record en términos históricos (23% del PBI)”. Cabría preguntarle, luego de aclarar que jamás nadie dijo que el consumo produjera inflación, porque el índice riesgo-país es tan atendido por quienes deciden hundir inversiones en distintos puntos del planeta.
Es comprobado que una suba en la prima tiene como efecto una huída de capitales (sea el país que fuere), hecho que indefectiblemente derivará en una contracción de la demanda agregada para luego sucumbir frente a la recesión. De modo que se hace sustancial, al momento de querer persuadir inversiones, la afamada seguridad jurídica, pues el medidor de riesgo de un país estriba en ella.
No será precisamente la voluntad de los trabajadores argentinos los que recuperaran la producción sino los capitales extranjeros, que son los que van a determinar cuanto dinero se destinará a estas tierras; a eso se ajustará el producto nacional.
La realidad del modelo K no es nada alentadora en términos de éste índice puesto que encabeza el listado de la región con 993 puntos básicos, por encima, incluso, de la autoritaria Venezuela de Hugo Chávez, que ronda en el orden de los 964 puntos (muy por encima de la crítica España también). Por ello no debiera extrañarnos que Argentina tan solo capte el 3% de la inversión extranjera directa de la región, muy por debajo del promedio de 6.8% que presentó en los últimos diez años.
Con el nuevo ratio, la proyección es de Us$ 3.5 mil millones en vez de los Us$ 8 mil millones que le hubieran significado el promedio anterior. Número bastante desalentador para el “axioma” K.
Otro intrincado, anudado y controvertido postulado es el siguiente: “La evidencia muestra que la inversión crece porque el PIB crece (y no al revés) ya que la inversión es traccionada por la demanda de bienes finales. Es decir, la inversión está íntimamente vinculada al tamaño y al dinamismo del mercado.
Es un asunto de lógica: los empresarios sólo aumentarán la capacidad productiva si el mercado para sus productos es más grande. Por eso, la inversión crece con independencia de cómo se pueda juzgar el “clima de negocios”.
Es el caso de China, una economía socialista donde todas las reglas del juego las pone el Estado y, sin embargo, la inversión representa el 40% del PBI”. Lastimosamente, no son no son pocos los economistas que arrojan afirmaciones semejantes. Por eso convendrá dar cuenta, previo a escudriñar semejante postulado, que los apegados al “modelo” no hacen más que razonar al revés. Pues así como no es que la gravedad exista porque las cosas se caigan, tampoco la inversión crece porque el PBI lo haga.
Si bien es cierto que la Argentina de 2003 a la fecha se muestra más “saludable” que aquella caótica de 2001 y 2002 (cuando se está debajo de la quilla del Titanic y ya no puede caerse más bajo, la opción es rebotar), también es de considerar que lo que ellos denominan crecimiento no es otra cosa que un inevitable recupero de la actividad económica perdida durante la crisis. Lo que en rigor se hizo fue poner en marcha toda la capacidad instalada pero sin atraer inversiones que incrementen dicha capacidad.

Por otra parte, y ya que lo mencionan, con el caso de China sucede algo parecido: su crecimiento es récord no porque el Estado haya adoptado grandes medidas sino porque luego de años de no crecer producto de una política socialista, al momento de expandirse al capitalismo, su exponencial progresión se hizo inapelable.
Precisamente lo que hoy denota mayor evolución en China, son aquellas regiones que se han predispuesto a una economía de mercado. Hong Kong es el vivo exponente de ello (no es casual que el control migratorio entre las distintas regiones del país sea tan exhaustivo para entrar en dicha ciudad y no para salir).
Lo que evidentemente estos sujetos han hecho, es confundir la ideología con la lógica y su expresión de deseo de una realidad que les gustaría con la que concretamente se les presenta en sus narices. Así es como enlazan razonamientos inconsistentes y fácilmente rebatibles con la mera comprobación empírica. A las claras se ve que los “soldados K”, enredados en sus conjeturas, convergieron en un nudo ciego que no pueden desenlazar.
La salida es fácil, empiecen por dejar de enredar.
(*) Federico Perazzo. Periodista. Presidente de una sociedad de bolsa cuyo nombre es Compañía de Asesoramiento Bursátil Sociedad de Bolsa (CABSA) y como analista económico en PP.INFO 
federicoperazzo@hotmail.com     
Artículo publicado en Perspectivas Políticas , (Directora: Gabriela Pousa) el 27 de Octubre de 2012.