viernes, 5 de octubre de 2012

Y no se hizo la luz

Por María Celsa Rodríguez (*)
Y no se hizo la luz, y el encuentro amistoso entre Brasil y Argentina quedó en oscura y se pincharon las espectativas.

Era una inyección de alivio para desintoxicar tanta presión sobre el Gobierno entre el mal trago pasado por Cristina en EEUU despues de soportar incómodas preguntas de los estudiantes de Georgetown y Harvard y luego de las protestas salariales de los gendarmes y prefectos, de las reservas en baja, que por culpa de no cumplir con el pago de los fondos buitres fue retenida en Ghana la Fragata Libertad, la imagen de la presidente en descenso.

Si, eran muchas pálidas en una semana.

Por ello la noche del miércoles parecía ser un momento de relax,  y dejaron en manos del gobernador más querido por la Presidente la tarea de divertir aunque sea por unas horas a todos los argentinos.

El era el indicado, el más idóneo, el más capaz e inteligente para hacerlo, y las miradas se dirigieron a Capitanich con todo a favor, pero con la infraestructura en contra.

Se le criticó la poca capacidad hotelera que tenía Resistencia para un evento de ese nivel, que se carecía de un lugar acorde para que ambos equipos pudieran entrenar cómodos. Romario por su parte dijo en su página web. "... tener que jugar en un campo donde son disputados partidos de segunda, tercera y cuarta división es un irrespeto total con nuestra tradición".
 
Para colmo con el servicio meteorológico que ya marcaba un pronóstico de lluvias intensas para la zona. Parecía que todos los planetas se alineaban para que las cosas no salieran como se esperaban. La gente todavía no había cobrado lo que significaba escasas posibilidades de llenar la cancha de espectadores.

Se jugaba a media semana, en un horario tarde, 22 horas, al día siguiente día laborable. Era de esperarse. Poco interés en pasar la noche en velas, o descansar pocas horas luego, pudiendo ver el partido tranquilo en casa y en familia.

Pero el diablo metió la cola, y se pinchó las espectativas, y una noche en que todos desde el Gobierno esperaba que se convirtiera en un acontecimiento que al día siguiente eclipsara los problemas mediáticos, fue un bochorno.

Aunque semanas antes, Capitanich había dicho acerca de los preparativos en el estadio: "...Se está trabajando en las zonas aledañas a fin de poder optimizar aún más los accesos, que se sumarían a la pavimentación realizada de calles circundantes, en tanto que se está trabajando fuertemente en el campo de juego, así como en el sistema de iluminación del Estadio, sobre todo en lo que tiene que ver con el aspecto tecnológico ligado a la televisación, ya que es un partido que se verá en todo el mundo”
 
Y se vio el papelón en todo el mundo y el deseo del Gobernador Capitanich se pinchó, ¡Y todo por un maldito cable! Luego salió a aclarar que “La iluminación tuvo un capítulo especial. Se ha trabajado con seriedad" ¡Menos mal!... "Fue una falla de carácter material. Se pinchó un cable y saltó la llave de fusibles. Es un caso de uno en un millón”. Si,  un caso en un millón que ocurrió en el Chaco para quedar terriblemente mal en todos los rincones del planeta.

Y luego agregó: "Estamos armando una auditoría para terminar de identificar porqué no se pudo jugar". Porque se pinchó un cable Coki, Ud lo dijo, pero ¿no será que con tantas computadoras conectadas y tantos equipos, no se previó un recalentamiento del sistema? ¿Y tampoco tomaron previsiones para preparar un plan B por si eso pasaba?
Si, ya se, no me diga nada, no se tomó previsiones. También nos dimos cuenta.
No había un plan B.

Y bueno, lo triste es que la imagen del Chaco en el mundo, quedó sin luz.

(*) María Celsa Rodríguez. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora