viernes, 30 de noviembre de 2012

Relaciones humanas y personalidad

Por Alberto Benegas Lynch (h) (*)
Voltaire decía que “no hay mejor manera de quedar mal con todos que el pretender quedar bien con todos”. En realidad, el examen supremo de cada uno es el espejo: uno debe verse con la tranquilidad de consciencia de pensar y actuar según los parámetros del bien sin dejarse arrastrar por la opinión mayoritaria, ni de lo que está de moda, ni “lo políticamente correcto”. Al mismo tiempo, para llegar a las propias conclusiones es indispensable contar con una mente abierta que preste debida atención a contribuciones fértiles, incluso las que refutan lo que estimábamos conveniente.

Parece entonces que hubiera una tensión entre el pensamiento y la conducta que se considera correcta por un lado, y por otro la opinión y los procedimientos de muchos de los congéneres. Efectivamente, esto es así pero con buenos modales y adecuada educación  uno no debe torcer el rumbo con la intención de quedar bien puesto que así no solo se queda mal con la propia consciencia amputando la propia personalidad, sino que, en definitiva, como enseña Voltaire, se queda mal con otros ya que, en última instancia, no es respetada la conducta errática según vayan los vientos del momento. Esta es la gente “fácil” que se amolda a cualquier cosa aunque signifique la traición a valores y principios que el sujeto en cuestión sabe son los que corresponden.

 
Una vez consignado lo dicho, debe señalarse que para establecer relaciones con otras personas que no vulneran los referidos valores y principios sino que hacen a la convivencia, debemos interesarnos por lo que estima la persona o las personas con las que intentamos la relación. Dale Carnegie en el clásico Como ganar amigos e influir sobre las personas ejemplifica con la pesca: al pescador pueden gustarle las frutillas con crema pero el pez rechazaría esa carnada de modo que, si se quier lograr el objetivo, lo relevante es lo que le atrae al pez. En el mismo sentido, Adam Smith en La riqueza de las naciones escribe un conocido y muy citado párrafo donde alude al carnicero que no obtiene sus ingresos como consecuencia de hablar de sus gustos personales sino que se dirige a los intereses de su consumidor potencial.


Ya hemos escrito antes sobre el significado del individualismo que se traduce en el respeto a las autonomías de cada cual, en cuyo contexto se hace indispensable la cooperación social libre y voluntaria entre las partes al efecto de obtener beneficios recíprocos. Esto último incluye la necesidad de trabajar en equipo, lo cual requiere destreza y buena voluntad. 


Tom Morrisen su obra titulada If Aristotle Ran General Motors que se refiere a la capacitación de la fundamentalísima área de recursos humanos en la empresa, muestra la compatibilización del individuo y el equipo basado en objetivos y metas compartidas. En este sentido escribe que “El trabajo en equipo no es la mentalidad del rebaño que conduce a caminos que se siguen servilmente en direcciones equivocadas, subrayando la conformidad y la obediencia ciega a ordenes autoritarias. Es precisamente lo opuesto, consiste en un estado mental y procederes en los que los individuos se asocian con sus colegas para llevar a cabo tareas que no pueden realizar en soledad […] una apertura mental y un deseo de mutua corrección y aprendizaje […] que fuerzan a pensar distinto a lo rutinario”. Esta “diversidad en unidad” que postula Morris la efectúa en el contexto de un concepto de competencia muy productivo dentro de la empresa, cual es el competir con uno mismo: todos los días tratar de ser mejor que el día anterior, y en esta línea argumental tener en cuenta que no significa mucho simplemente ser mejor que el vecino.

Para ser mejor persona y estar en condiciones de colaborar en equipo es necesario domar y cultivar la propia personalidad.Laura Schlessinger nos dice en How Could You do That? The Abdication of Character, Courage and Consciense que “preguntar que sentido tiene la vida revela que no se le otorga sentido puesto que no es la vida que da sentido al hombre sino éste a la vida” y cita un autor anónimo quien concluye de este modo sus observaciones: “Vigile sus pensamientos porque se convierten en palabras. Vigile sus palabras porque se convierten en actos. Vigile sus actos porque se convierten en hábitos. Vigile sus hábitos porque se convierten en su carácter. Vigile su carácter porque se convierte en su destino”. 


El mensaje bíblíco reza que somos nuestros pensamientos, de modo que para resumir los consejos del autor anónimo y saltearnos las etapas intermedias, los pensamientos de cada cual se convierten en su particular destino.

Al mismo tiempo, para el trabajo en equipo o para cualquier intercambio con el prójimo se hace necesario dedicar el suficiente empeño a la buena comunicación. Como las mentes no trabajan como un scaner en el sentido de recibir mensajes tal cual fueron enviados, hay un proceso de interpretación según sea el esqueleto conceptual del receptor y del emisor. Por eso es que especialistas en hermenéutica y profesores de oratoria ponen tanto énfasis y esmero en la importancia de la buena comunicación al efecto de evitar malos entendidos y, consecuentemente, sortear problemas en las relaciones interpersonales.


John Powell, al aludir a la comunicación en Will the Real Me Please Stand Up? parte del texto inserto en el primer acto de la tercera escena de Hamlet donde Polonio asevera que “Esto antes que nada: sed honesto contigo mismo” y a continuación Powell escribe que “es obvio que si no me digo a mi mismo la verdad, no puedo decirle la verdad a otro. No puedo decirle a otro lo que no me digo a mi mismo […] Si me estoy traicionando, naturalmente traicionaré a otros”.


Del mismo modo que una persona que se odia a si misma es incapaz de amar a otra (puesto que amar produce deleite al sujeto que ama como meta final del amor, y el medio es hacer el bien al amado), de la misma manera, para lograr buen contenido en la  comunicación sincera y abierta, se requiere que quien comunica, como condición para estimar al destinatario debe estimarse a si mismo. Nathaniel Branden en Honoring the Self  sostiene que “la barrera más potente para la felicidad es suponer que la propia felicidad no es un objetivo loable” en cuyo análisis distingue claramente el individualismo que separa del narcisismo que considera bloquea la posibilidad de cooperación y, por tanto, de mejora del propio narcisista.


Decimos nosotros que en este tema puede establecerse un correlato con el llamado “autoabastecimiento” forzoso de cierto bien en cierto país, lo cual niega las bases del comercio ya que encarece la producción y, consecuentemente, reduce el nivel de vida de los “autoabastecidos”. El intercambio interindividual descansa en la complementariedad y las ventajas y conocimientos cruzados y no en el narcisismo pretendidamente autoabastecedor. Esta es la razón de ser de la vida en sociedad. La cooperación social mejora las condiciones espirituales y materiales de vida.
 
Lo dicho no significa condenar a quien desea mantenerse aislado. Todas las conductas que no afecten derechos de tercero deben ser respetadas, San Pedro de Alcántara, por ejemplo, era un asceta que decidió recluirse en soledad a rezar sin establecer contacto con sus congéneres.


Carl Rogers en su libro On Becoming a Person subraya la complejidad del proceso vital por lo que aconseja “simplemente ser uno mismo y dejar que otros sean ellos mismos” sin forzar la mano a nadie. Edward de Bono dice en La felicidad como objetivo que el respeto recíproco es la clave ya que “el acento puesto en el yo protege su yo pero también protege los otros”. También, como parte de la felicidad, la autoeducación y la higiene personal es necesario cultivar la capacidad de reírse de uno mismo, tal como reza el proverbio chino: “Benditos sean aquellos que se ríen de si mismos puesto que nunca dejarán de divertirse”.

Las relaciones humanas tienen indudablemente sus bemoles y, por eso, hay que administrarlas con cuidado sin abdicar de la propia personalidad. Uno de los problemas mayores es la falta de integridad y coraje por mantener las propias convicciones frente a las avalanchas de opiniones en contrario. La importancia del “courage to stand alone” que repetía Leonard Read. También es cierto que cuanto menos cultivada una mente más fácil le resultará llevarse bien con el común denominador y viceversa, lo cual naturalmente no debe conducir a que se renuncie o mutile la propia personalidad en aras de una mejor convivencia puesto que con ello se remata el objeto mismo de la vida que es juzgada por el bien que ha realizado en el mundo que le tocó vivir a cada uno y no por los aplausos recibidos.


Otro de los problemas que se suscitan en las relaciones interpersonales es el simple malentendido antes aludido y que muchas veces distancia a las personas. En este contexto, se me ocurre citar un caso al efecto de ilustrar este punto. En una oportunidad un niño, al regreso de la escuela, le preguntó a su madre que quiere decir pene. La madre ofuscada le responde que esa noche se reunirían a conversar sobre el tema. Entretanto, la progenitora se encierra en su cuarto para consultar enciclopedias y llamar a su médico de confianza y a su marido al efecto de recabar modos de explicar a su hijo lo solicitado del mejor modo posible.


Llegado el momento de la reunión, la madre despliega todo tipo de gráficos y explora diversos caminos para ilustrar los usos del órgano sexual de marras. Una vez finalizado el encuentro, el niño se mostró extrañado y manifestó que no veía relación alguna con lo escuchado en la escuela donde una profesora al enterarse de la muerte del abuelo de un amigo recomendó a la clase que “recen por él para que su alma no pene”.

Otro malentendido de mucho mayor calado es el expuesto por Erich Fromm en  Man for Himself. An Inquiry into the Psychology of Ethics en donde escribe que “La falla de la cultura moderna no reside en el principio del individualismo, no en la idea de que la virtud moral descansa en la búsqueda del interés personal, sino en el deterioro del significado del interés personal; no en el hecho de que las personas están demasiado preocupadas por sus intereses personales, sino en que no están suficientemente preocupadas en sus respectivos yo; no en el hecho de que están demasiado concentradas en si mismas sino que no se aman lo suficiente a si mismas”. 


En otros términos, los problemas sociales a los que asistimos no son como frecuentemente se entiende porque las personas se ocupan demasiado de si mismas sino en el hecho de que no cuidan lo suficiente sus almas, lo contrario, la saludable personalidad, facilita las relaciones humanas basadas en la integridad moral y el consecuente respeto recíproco. Y siempre debe estarse en guardia de los que la alardean de afables pero en verdad no quieren establecer una genuina relación y como ésta siempre se cultiva en el contexto de la doble vía, el vínculo se congela en la inexistencia y se confunde sociabilidad con pastosa sobreactuación (nunca mejor aplicado aquello de “dime de que alardeas y te diré de que careces”).

Por último, como una apostilla y para cerrar lo dicho, cito un pensamiento de Bertrand Russell de La conquista de la felicidad, respecto de la presión que ejercen los demás sobre las conductas de quienes se apartan del promedio (algo del que ya habían advertido autores como J. S. Mill en On Liberty): “Muy pocos pueden ser felices sin que aprueben su manera de vivir y su concepto del mundo las personas con quienes tienen relación social […] Pero para una minoría, en la que figuran todos los que tienen algún mérito intelectual o artístico, esta actitud de aquiescencia es imposible […] Un perro ladra más ruidosamente y muerde más pronto a los que le tienen miedo que a los que le tratan con desprecio, y al rebaño humano le ocurre algo parecido. Si le demostramos miedo, ve la posibilidad de una buena caza, mientras que si somos indiferentes, dudan de su poder y tienden a dejarnos solos”.


(*) Alberto benegas Lynch (h) es Presidente del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado el 30 de Noviembre por Ricardo valenzuela en "Narconomics".

Fuente: http://cartasliberales.blogspot.com.ar/2012/11/relaciones-humanas-y-personalidad.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+blogspot/Uvfcj+(NARCONOMICS)

Buitres y garcas

Por Ricardo Saldaña (*)

Los tenedores de bonos argentinos deben, a la verdad, reposar tranquilos.
 La República puede estar dividida hondamente en partidos internos;
 pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños”. Nicolás Avellaneda (1876)


Nuestros abuelos depositaron sus sueños en el país de Avellaneda, de Alberdi, de Sarmiento; un país que honraba sus compromisos, más allá de cualquier especulación. Esa reputación atrajo inversiones que potenciaron esos sueños, convirtiendo a la Argentina en un modelo a imitar: el país de mayor movilidad social en el mundo.

Los beneficios de esa conducta fueron innegables. Durante la gestión de Avellaneda, el PBI per cápita argentino alcanzaba al 67 % del PBI per cápita promedio de Alemania, Francia y Gran Bretaña. Seis años después había trepado al 82 %, en 1891 llegaba al 91 %, y para fin de siglo había superado claramente a la media de Europa Occidental.

Menos de un siglo y medio después, en cambio, en términos de confiabilidad financiera, Argentina es considerada poco menos que un forajido, condenado a la vergüenza internacional de tener que esconderse de sus acreedores.

El avance de la globalización demanda la adopción acordada de ciertos protocolos universalmente convenidos, como condición para no marginarse de las corrientes internacionales de intercambio comercial y financiero. Aquellos países que pretenden manejarse por fuera de los patrones de conducta homologados, son penalizados con el aislamiento al que se expone quien no cumple lo pactado, condición que, desde Roma hasta hoy, se considera la esencia de la civilización.

Desde aquel Félix Krull inmortalizado por Thomas Mann, hasta el impecable Frank Abagnale Jr. que compuso Leonardo di Caprio en el recordado film de Spielberg conocido aquí como “Atrápame si puedes”, el cine y la literatura han presentado a los estafadores como personajes simpáticos, casi queribles. En el mundo real, sin embargo, no constituye un galardón, ser reconocidos como tahúres, ventajeros o vividores, por la comunidad internacional.

El serio conflicto que enfrentamos con la justicia de EEUU por el impago a los holdouts resulta propicio para ensayar un ejercicio de reflexión  que trascienda el vano triunfalismo que exudan las onerosas bravuconadas oficiales. La sacralización de la cultura del pagadios, la consagración de la sociedad garca -como con impar agudeza la definiera Jorge Asís- constituye el peor daño que nos pudimos hacer como Nación.

En rigor, el entredicho es apenas un episodio más de nuestro secular desapego por el valor  confianza. El caso muestra un conjunto de acreedores cuyos derechos el país pretende desconocer arbitrariamente por no haber aceptado una propuesta de pago, procurando hacerlos valer conforme al marco jurídico al que nos debimos someter para ser confiables. Desde el mismo momento en que Roberto Lavagna anunció públicamente el exitoso cierre del canje de 2005, se pretendió instalar la absurda fantasía de considerar que el pasivo exigible se había reducido mágicamente a los títulos canjeados. Tamaño sinsentido es sólo comparable con la pueril descalificación moral que apela al reducido valor de adquisición de los bonos, desconociendo que es corriente y legítima la especulación con la cesión de créditos contra un fallido, una de cuyas variantes -compra de propiedades a precio vil a acreedores hipotecarios arruinados por la 1050- cimentó la fortuna que hoy disfruta CFK. Como anécdota, vale reconocer -nobleza obliga- que la cuestión de fondo pone en valor la lucidez de Anne Krueger, aquella subtitular del FMI que nos soltara la mano en 2001, que por entonces batallaba infructuosamente para crear un andamiaje jurídico que permitiera lidiar con los impagos soberanos.

Francis Fukuyama  define a la confianza como la expectativa que surge en una comunidad con un comportamiento ordenado, honrado y de cooperación, basándose en normas compartidas por todos los miembros que la integran”[i] . Ese valor resulta imprescindible para construir un marco jurídico estable y efectivo que garantice la seguridad de los derechos de propiedad y de las personas, y un sistema de asociación privada relativamente transparente.

Lamentablemente, la impronta populista subyacente en vastas franjas de nuestra sociedad, tal vez residuo de un pseudomarxismo tardío, y probablemente fraguada en la latencia de una narración victimizante propia de una concepción exculpatoria adolescente, constituye un plancton cultural muy funcional a la mirada conspirativa impuesta por “el relato”. Dicha patología quizás no resulte ajena a un proceso de construcción de nacionalidad, que lejos de plasmarse en torno a la ley, se forjó en la invención de prácticas y símbolos que reforzaran una particular identidad cultural. En rigor, pareciera que “the rule of law” no cotiza alto dentro de nuestras preocupaciones  sociales, y los instrumentos institucionales que le dan sustento son vistos casi como especulaciones teóricas, sin arraigo en la realidad cotidiana.

Tal vez resulte provechoso rastrear en ese ethos tan singular, las razones de nuestra decadencia. Quien se asome al mundo con una mirada capaz de elevarse por encima de ese himno a la mediocridad que expresa la decadente exhortación a “vivir con lo nuestro”, fácilmente advertirá la notable correlación que se observa entre los patrones de calidad institucional de un país, y sus correspondientes indicadores de desarrollo humano y equidad social.

En cualquier caso, cabe interrogarse si un país cuya dirigencia política se exhibió con impudicia celebrando irresponsablemente el default como un triunfo deportivo, está en condiciones de repudiar la institucionalidad supranacional a la que tuvo que someterse para comprar reputación.

El genio visionario de Alberdi ya advertía, tanto en las “Bases” como en “Sistema Económico y Rentístico”, acerca del riesgo que suponía dejar expuesta la libertad económica a la posibilidad de ser reducida a palabras escritas y vanas, si no se la encadenaba a la garantía de estipulaciones internacionales, y que la manera de convertirla en verdad práctica y durable era ponerla bajo la protección de la civilización del mundo, disminuyendo los riesgos que hacen subir el interés.

Su lucidez anticipatoria proponía poner las instituciones económicas a resguardo de la arbitrariedad de la jurisdicción local, tras el blindaje del inabordable costo que supondría repudiar compromisos supranacionales. El tiempo ha venido a demostrar que no se trataba de una anomalía propia de la inmadurez de una joven nación.

Ciertamente, resulta inquietantemente revelador, verificar que nuestra infraestructura institucional se mostró impotente para impedir tropelías como la falsificación de las estadísticas públicas, la adulteración de las condiciones de emisión de instrumentos de deuda soberana, el saqueo de los ahorros previsionales, la confiscación de las reservas del Banco Central, y la imposición de arbitrarias restricciones al comercio exterior o a las transacciones con divisas. Como se vé, no sólo estamos flojos de papeles en materia crediticia.

Los pocos estímulos con alguna capacidad potencial de rectificar el rumbo se generan, no casualmente, a partir de las normas civilizatorias que son condición para ejercer la membresía a algunos colectivos internacionales. En efecto, no será el repudio interno, sino la amenaza de la “tarjeta roja” del FMI, el eventual freno a la salvajada del INDEC, así como la creciente acechanza de expulsión del G20 es el incentivo para movilizar un eventual intento de regularización de la deuda aún en default con el Club de París, o deponer la absurda rebeldía en cumplimentar la llamada revisión del Artículo IV del Convenio Constitutivo del FMI, de observancia obligatoria para todos los países miembros. De igual modo, sólo la amenaza del Grupo de Acción Financiera Internacional de incorporarnos a la lista de países indeseables movió al gobierno a impulsar frenéticamente el perfeccionamiento de la herramienta legal para combatir el lavado de dinero. La somera e incompleta reseña pone de manifiesto que las arbitrariedades de la jurisdicción argentina sólo parecen ceder frente a la necesidad de tener que someterse, sea por obligación o conveniencia, a una institucionalidad supranacional.
   
Alguien debiera hacerle notar a la presidenta el ridículo al que expone injustamente a su país, la jefa de una administración que no acata los fallos de su Corte Suprema, advirtiendo a los inversores internacionales sobre los riesgos de la plaza de New York.
25.11.2012
(*) Ricardo Saldaña


Referencia:

[i] Confianza: Las Virtudes Sociales y la Creación de la Prosperidad (1995)

Fuente: Comunicación personal del autor

El Gobierno rompió su contrato con la clase media y será más difícil que Cristina "resurja" como tras la crisis del campo

Por Ricardo Gutierrez (*)
Pasó en 2008, la historia se repite en 2012. Al año de asumir, la imagen positiva de la jefa de Estado se desplomó. En aquel entonces logró revertir la caída y concluyó con un 54% de apoyo. ¿Podrá recuperarse ahora? Analistas marcan similitudes, pero una diferencia que es fundamental
Cristina perdió popularidad. Muchos de los que la votaron están disconformes con las medidas económicas que tomó desde que fuera reelecta. El nivel de aprobación de su gestión ha caído a sus niveles mínimos, sólo comparables con el bajón que tuvo en la crisis con el campo.
Al menos todo eso es lo que dice la mayoría de las encuestas.
Sin embargo, la historia reciente muestra que no hay que subestimar la capacidad del kirchnerismo para "resurgir de las cenizas" y superar crisis que, en principio, se presentaban como terminales.
Es por eso que muchos de los politólogos y analistas de opinión pública son extremadamentecautelosos cuando se les pide una opinión sobre si la masiva protesta del 8N significó elcomienzo de la fase decadente de esta nueva fuerza política.
A fin de cuentas, en otras situaciones -como la del conflicto con el sector rural en 2008 y la dura derrota en las legislativas de 2009- lo habían dejado al Gobierno más debilitado incluso que los "cacerolazos".
La popularidad de Cristina Kirchner ha caído fuertemente, si bien aún conserva un 35% de aprobación, según la consultora Poliarquía.
Sigue siendo un buen nivel, si se lo compara con el de 2008, cuando su imagen positiva había tocado un mínimo del 20% y con un rechazo superior al 50 por ciento.
Fuerte derrumbe en popularidad en 2008, nuevo desplome de imagen en 2012. La historia casi se repite, quizá con algunos matices.
Por el lado de las similitudes, ambos sucesos se dieron a escasos meses de que haya asumido la Presidencia.
Repasando la historia, en aquel entonces se había dado el ciclo "imagen alta - derrumbe - recuperación", en una suerte de curva casi perfecta, que concluyó con el contundente triunfo del 54% en las urnas.
En 2012, se conoce la primera parte de este recorrido (alta aceptación-desplome) y se abrensignos de interrogación sobre lo que pueda suceder a futuro.
¿Podrá revertir la caída y repetir el ciclo anterior?
Cuando la mayor fortaleza es la mayor debilidad
Por el lado de las similitudes, en ambas situaciones se observa que no hay altas probabilidades de que surja una corriente política opositora capaz de canalizar en votos el malhumor expresado por buena parte de la sociedad.
"El 8N no expresó la debilidad del kirchnerismo sino la de la oposición. Se vio un sector de la sociedad que no encuentra liderazgos capaces de interpretar y representar sus aspiraciones", argumenta Ignacio Ramírez, de Ibarómetro.
Son varios los analistas que destacan que la principal fortaleza que tuvo el cacerolazo es, justamente, su principal debilidad de cara al futuro: la de carecer de representación política.
Roberto Bacman, titular del Centro de Estudios de Opinión Pública, afirma que el ruido de las cacerolas se enfrenta a "un callejón sin salida: se aúna en la crítica y no se ve a simple vistauna fuerza que pueda capitalizar este masivo movimiento".
Incluso aquellos que estuvieron cercanos a la organización del evento se encuentran frente a la realidad de que la protesta posiblemente no tenga un correlato electoral.
Como Gustavo Lazzari, economista de la fundación Libertad y Progreso quien cree que, más que tratar de influir en las urnas, lo que se buscó fue "condicionar al Gobierno, de forma de poner un freno al avance sobre las libertades civiles".

El modelo k ahora "está cansado" 
Sin embargo, sería un error considerar que esta debilidad relativa de la oposición es una especie de "blindaje" para el kirchnerismo.
Nadie lo expresó con tanta claridad como Artemio López, el encuestador y analista político más cercano al Gobierno.
Su teoría es que muchos de los temas que aparecen como críticas al kirchnerismo desde la "agenda de los medios" tienen escasa incidencia sobre lo que es hoy la base de su apoyo electoral.
Según López, al grupo de la población que apoya a Cristina Kirchner lo que más le preocupa es que se le garantice la estabilidad en el empleo y el sostenimiento del consumo (muy por encima de las denuncias de corrupción, la "re-re", o las múltiples quejas a la actual gestión).
Pese a estar en la vereda opuesta, Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía, coincide en el análisis. Y afirma que los factores que definirán la elección legislativa de 2013 serán "el poder de compra del salario y el empleo".
Claro que allí mismo termina su coincidencia con López, porque cree que los problemas en elmantenimiento de puestos de trabajo ya se están insinuando.
"La creación de empleo está resentida. Los cepos están afectando a muchas industrias, lo que genera incertidumbre en la clase media", señala Berensztein.
De hecho, son muchos los analistas que consideran que ya se cruzó el "punto de inflexión" que marca un agotamiento en el ciclo económico.
Para el economista Tomás Bulat, puede extraerse un mensaje claro de las últimas protestas callejeras: "El modelo económico que se implementó a partir del 2009 ya no da para más. Lo único que genera es más inflación, más controles, más retraso cambiario, desempleo creciente y mayores problemas fiscales".
Los indicadores de opinión pública parecen sustentar estos dichos. Uno de ellos es el índice de confianza del consumidor, que viene mostrando una sistemática caída desde que Cristina fuera reelecta. Y, particularmente, la percepción sobre la inestabilidad en el empleo, que hace un año había caído a su mínimo histórico y hoy se encuentra en franco aumento.
Sin plata para seguir "de fiesta"
En definitiva, hay señales que cuestionan la visión de que quienes participaron en las protestas salieron a manifestar su oposición ideológica al "modelo". Más bien, todo apunta a que estaban lamentándose de que éste haya llegado a su final y de que no puedan seguir beneficiándose de él.

"La política social, la de derechos humanos, las estatizaciones y el desendeudamiento concitan apoyos ultramayoritarios", sostiene Alejandro Bonvecchi, sociólogo del Conicet y la Universidad Di Tella.
El creciente malhumor, en cambio, se asienta sobre la situación económica. Después de años de fiesta consumista, lo que empieza a percibirse es que la nueva etapa del modelo ya no es expansiva sino de "puja redistributiva".
"Es la típica reacción que ocurre cuando una gestión populista se queda sin plata y entonces tiene que ajustar", razona un alto dirigente industrial.
Claro está que el Gobierno busca difundir el punto de vista opuesto.
"Hay que ser inteligentes frente a las provocaciones de quienes quieren volver al régimen ultraconservador", dijo la Presidenta. "No les vamos a dar el gusto de aplicar las recetas de ajuste", sostuvo el viceministro Axel Kicillof.
El problema es que para seguir de fiesta y no ajustar hace falta caja, algo que en estos tiempos escasea.
Se rompió el contrato 
Lo que cobra cuerpo, entonces, es la idea de que el creciente malhumor obedece a que antesexistía un "contrato social" entre el kirchnerismo y parte de la clase media y que ahora ese pacto se rompió.
Este "compromiso", aun sin ser explícito, operó de plena vigencia en la práctica. Cobró particular dimensión y explicó la espectacular recuperación de la imagen de Cristina Kirchner a partir de fines de 2009.
Para Fernando Moiguer, analista en tendencias de consumo, el clima social se mantendría calmoy alejado de conflictos siempre que el Ejecutivo cumpliera con las premisas de sostener el consumo y el empleo, algo que ahora le resulta bastante más difícil que en años anteriores.
También el experto Guillermo Oliveto hace referencia a dos cuestiones que ayudaron a que Cristina se recuperase tras la caída de imagen con el campo y que le permitieron transitar la segunda parte del ciclo "imagen alta - derrumbe - recuperación".
En su visión, éstas han sido el "voto empleo" y la promesa de que no iba a avanzar en ningún tipo de ajuste económico clásico.
Justamente estas premisas son las que ahora se muestran débiles y con tendencia a complicarse, habida cuenta de las señales negativas que hoy se observan en materia de empleo, consumo, producción y ahorro.
Por ejemplo:
  • Este año fue el primero, en toda la era K, en el que la inflación superó a los ajustes salariales.
  • No hubo actualización en el impuesto a las Ganancias.
  • La economía no generó nuevos empleos privados, aumentaron los despidos y lassuspensiones.
  • El Estado se transformó en la "gran agencia de empleo" del país.
Y la otra ruptura del "contrato social K" fue la del "cepo" cambiario, que le imposibilita a la clase media atesorar en dólares (la única forma en que los argentinos conciben el ahorro).
"En un contexto de altísima inflación y ante la ausencia de alternativas que permitan mantener el valor real del dinero los argentinos con capacidad de ahorro son obligados a perder parte de su patrimonio", describe Berensztein.
Dentro de ese contrato tácito, sólo se mantiene vigente (aunque de forma parcial), el subsidio al consumo de servicios públicos. Y todo indica que no será sostenible por mucho tiempo.
La difícil recomposición 
Si la clase media que expresó su enojo a puro cacerolazos se lamenta por el agotamiento del "modelo K", ¿qué probabilidades tiene el kirchnerismo de recuperarse?
Nadie se anima a decir que le resulte imposible, pero por lo pronto tendría que hacer un gran esfuerzo por rehacer el "pacto social K".
No parece fácil, cuando la Presidenta acaba de condicionar la actualización del Impuesto a las Ganancias a que no haya excesos en las próximas paritarias.
Por otra parte, han sido lacónicas las frases en el sentido de que no habrá marcha atrás con el"cepo" al dólar.
Esta es una gran diferencia respecto de la anterior crisis política del kirchnerismo. Luego del conflicto del campo, hubo un entorno económico favorable que permitió que "hiciera las paces" con la clase media.
Ahora, en cambio, se acabaron las "cajas" que puedan financiar el boom consumista. Y ya es indisimulable el agotamiento de ciertos "colchones", especialmente el de la energía.
Pero hay otras diferencias que contribuyeron a la recuperación de Cristina y que ahora no están:
  • Una de ellas fue el "efecto viudez" tras el fallecimiento de Néstor Kirchner, que sensibilizó a buena parte de la sociedad. 
  • La otra es el "factor Moyano" y la pérdida del líder camionero como aliado, ahora devenido en furibundo opositor.
Aun así, hay analistas que creen que una eventual recuperación está en manos del propio Gobierno. Pero que ello implicará un "clic" cultural difícil de realizar para el kirchnerismo.

"Lo paradójico es que en la Argentina siempre la economía condicionó a la política. Y ahora, con un contexto internacional mucho más favorable, es el estilo de gobierno el que terminaafectando la gestión de la economía", observa Jorge Giacobbe.
Su presunción es que si el Ejecutivo no reacciona, el malhumor social encontrará unarepresentación. "Pero no en la actual oposición, como algunos creen, sino en el propio entorno peronista, donde ya hay señales de inquietud".
"De hecho, quienes han salido a descalificar al 8N han sido personajes que dependen de la suerte de Cristina; pero quienes cuentan con un caudal de votos propios, como los gobernadores eintendentes, se han mostrado mucho más cautos a la hora de criticar", señala el analista.
Y agrega: "Un peronista no se siente cómodo con un millón de personas manifestándose en contra".
Jorge Asís, un agudo conocedor de la interna peronista, se muestra escéptico respecto de queCristina pueda repetir la recuperación que vivió tras el conflicto del campo de 2008 y la derrota en las legislativas de 2009.
"Es imposible que, sin ideas y con la calle tomada, pueda encarar, con algún optimismo, larecuperación", afirma. De momento, los hechos parecen darle la razón.
Cristina ha reaccionado con la lógica de quien se siente amenazado. Y se da una gran paradoja: ante un reclamo social para que mantenga lo mejor del "modelo K", pero limando sus partes cuestionables, parece determinada a hacer lo contrario.
En nombre del modelo y sin cambiar el tono confrontativo comenzó un plan de corrección, donde la clase media parece ser la variable de ajuste.
Es entendible por qué Cristina cree que este segmento de la sociedad ahora le es "ingrato": los niveles de consumo se mantienen relativamente altos pero, aun así, su popularidad está cayendo.
Tal vez sea hora de revisar la fórmula del éxito.
(*) Ricardo Gutierrez. Artículo publicado en iProfesional el 28 de Noviembre de 2012.

Locos y Bobos

Por Enrique G. Avogadro (*)

“La democracia debe ser algo más que dos lobos y una oveja votando sobre qué se debe cenar”. James Bovard



El discurso que la señora Presidente brindó mientras compartía ayer un almuerzo con Ollanta Humala, su par del Perú, incluyó un pasaje por demás asombroso. Me refiero, obviamente, a la pretensión de crear un standardlatinoamericano para las inversiones extranjeras, de modo de hacer que las condiciones resulten iguales para éstas, cualquiera sea el país al que se dirijan. Que esa propuesta haya sido formulada por la pseudo emperatriz de un país que está sexto –después de Brasil, México, Colombia, Chile y el propio Perú-, a pesar de tu tamaño y de su PBI, en las preferencias de los inversores, que está al borde de un nuevo default técnico, que desconoce los compromisos asumidos por su actual gobierno, que reniega de todos sus pactos internacionales, que no tiene una Justicia independiente, que mantiene impagos a quienes no entraron en los canjes de deuda, a los acreedores que obtuvieron sentencias en el CIADI y al Club de Paris, resulta, francamente, ridículo.
¿Pretende, doña Cristina, que todo Latinoamérica, que continúa creciendo a pesar de las innegables crisis que afectan al mundo globalizado, se coloquen a la par de la Argentina frente a los inversores externos? Sólo los efluvios que puedan haberle provocado la medicación que recibe –ya que no puede ser el alcohol servido en el ágape, pues es abstemia- pudieron hacerle decir esta estupidez sin nombre. ¿Ignora que todos los países nombrados también ponen cepo al dólar, pero para que no entren en demasía y no para evitar que se vayan? ¿No sabe que, en la calificación internacional, todos ellos, y también Uruguay, han recibido el codiciado “investment grade”, mientras que la Argentina es considerada absolutamente indeseable?
¿Qué quiso hacerle creer a Humala? ¿Qué dirá en la reunión de Unasur en Lima? Recordemos que no ha conseguido obtener, de parte de nuestros vecinos, la más mínima solidaridad en el tema de la fragata Libertad, aún retenida por los Tribunales de Ghana, y que la corbeta Espora sigue varada en Sudáfrica.
Mal que le pese a la viuda de Kirchner, estamos rodeados de países que se comportan seriamente en su relación con el mundo, y no adoptan posturas de adolescentes caprichosos. Hasta Bolivia, que ha expropiado innumerables empresas, pero por las cuales ha pagado el precio, cuando salió a buscar US$ 500 millones a veinte años, recibió ofertas por US$ 5.000 millones, y a una tasa de 4,5% anual, mientras que la Argentina, si manifestara igual deseo, debería pagar hoy casi el 20% de interés.
En esas condiciones de desastre generalizado, ¿cree doña Cristina que los mandatarios de los países a los que habla ignoran qué sucede aquí? ¿Verdaderamente piensa que se informan a través de “6, 7, 8” o de “Página 12” y “Tiempo Argentino”? ¿Supone, por ventura, que esos presidentes sacrificarán sus verdaderas “décadas ganadas” para priorizar su relación con ella? Si fuera así, si estuviera convencida realmente de lo que dice, entonces estaríamos mucho peor aún, ya que nuestros destinos estarían en manos de una demente.
Desde la otra trinchera de esta guerra que hoy ocupa todos los titulares, y que no reviste interés alguno para la ciudadanía en general, la conducta del grupo Clarín también me ha asombrado. La inclusión de periodistas entre los imputados de instigar a la violencia fue una estupidez sin nombre, en un momento en que los profesionales de la información están tan sensibilizados. No importa que el Gobierno haga lo propio todos los días, tolerando calladamente que doña Hebe Bonafini escenifique “juicios populares” en Plaza de Mayo a quienes disienten, desde sus columnas, con el relato oficial o que haya empapelado Buenos Aires con afiches y fotografías de esos disidentes, a los cuales se invitaba a niños a escupir y adoptado tantas otras actitudes dignas de Goebbels. Pero el señor Magnetto debiera saber que no se combate a los caníbales comiéndoselos.
Otra gansada fue copar un acto ciudadano como el que ayer había sido previsto –el abrazo al Palacio de Tribunales- con camionetas y personal uniformado de Cablevisión y Fibertel. Estuve allí, y sé de qué hablo; tanta fue mi indignación que, acompañado por otros muchos, me retiré tempranamente. Si temía el grupo Clarín una concurrencia poco numerosa, le hubiera bastado con invitar a su personal a hacerse presente, pero “de civil”, porque –como he dicho muchas veces- los argentinos no están a favor de Magnetto y de su imperio, gran cómplice de este gobierno de delincuentes, sino que lucho, y seguirá haciéndolo, por su inalienable derecho a elegir.
No quiero extenderme más, y dejaré aquí esta nota. Los dos problemas acuciantes de la Argentina de hoy –la posibilidad de actos de violencia en los días siguientes al 7D y los fallos norteamericanos sobre la deuda- deberán quedar para mi nota del domingo.

Bs.As., 28 Nov 12   
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com

Fuente: Comunicación personal del autor

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ordenar un caso caótico

Por Joaquín Morales Solá (*)
La Corte Suprema decidió ayer poner orden en los desordenados tribunales que tratan la ley de medios. Incluso advirtió sobre la posibilidad de que se produjera un estado de denegación de justicia si esos jueces de instancias inferiores dejaran pasar el 7 de diciembre sin sentencias claras. Eso es, precisamente, lo que el Gobierno no quería que sucediera.

La administración de Cristina Kirchner se ha movido hasta ahora con la clara intención de que no exista, antes del 7-D, una decisión de ningún magistrado.
La ausencia de justicia le permitiría a la Casa Rosada aplicar su propia interpretación de ese crucial día de diciembre. Ya no será así. En ese sentido, el Gobierno ha recibido ayer lo que puede interpretarse como una mala noticia de parte del máximo tribunal del país.
Esos jueces supremos no resolvieron sobre el planteo que les hizo el Grupo Clarín para que prorrogaran la cautelar que protege sus propiedades hasta que la Justicia decida si varios artículos de la ley de medios son constitucionales. No dijeron nada sobre eso. El esfuerzo cristinista para confundir a la opinión pública fue notable. Todos los medios estatales y paraestatales difundieron durante la mañana de ayer una información que no existió. Afirmaban que la Corte había rechazado in limine el pedido de prórroga de la cautelar. La Corte tomó medidas sobre el caso, pero no se pronunció sobre el pedido para extender la cautelar.
Es comprensible: la Corte no podía aceptar, sin hacer un esfuerzo previo, que existía un estado de denegación de justicia. Hubiera significado el reconocimiento casi resignado de que su propia jurisdicción sufría una seria disfunción.
Tampoco podía decidir sobre una presentación directa del Grupo Clarín, porque no existen las condiciones del recurso extraordinario ante la Corte. Esas condiciones son, fundamentalmente, que haya sentencia de las dos instancias inferiores, el juez de primera instancia y la Cámara respectiva. Ni siquiera está vigente el per saltum, que le permitiría saltar por encima de las otras instancias.
El Gobierno hizo aprobar el per saltum por el Congreso, pero luego no lo publicó en el Boletín Oficial y, por lo tanto, no es aún una ley. ¿Por qué lo hizo, entonces? Fue una presión a la Corte. No tuvo otra intención que ésa. La Corte detestó siempre el per saltum, porque significa en los hechos un desconocimiento del debido proceso.
Bien traducida la resolución de ayer, la Corte les ordenó a las instancias inferiores que resuelvan cuanto antes las causas que enfrentaron al Gobierno con Clarín.
Se trata de dos expedientes. Uno está en manos del juez de primera instancia Horacio Alfonso, quien deberá resolver si dos artículos de la ley de medios son constitucionales. Esos artículos podrían violar los derechos adquiridos y el derecho a la propiedad. Se trata de garantías constitucionales, cuya violación vulneraría seriamente el Estado de Derecho. El Gobierno había forzado previamente la salida de dos magistrados a cargo de ese juzgado, Raúl Tettamanti y Roberto Torti. Alfonso, el juez actual, fue designado por el kirchnerismo, pero ha mantenido hasta ahora un muy bajo perfil.
El segundo expediente es un pedido de Clarín para que se prorrogue la cautelar, que inicialmente la presentó ante el entonces juez Tettamanti. Este magistrado, cuando aún no era motivo de una intensa campaña pública del oficialismo, rechazó el planteo de Clarín porque estaba decidido a dictar sentencia sobre la constitucionalidad de la ley de medios en los plazos establecidos. Clarín apeló esa decisión ante la Cámara Civil y Comercial, que es donde está ahora. Resulta, sin embargo, que el Gobierno recusó luego a gran parte de los jueces de la Cámara y muchos de ellos se excusaron ante la inminente impugnación del oficialismo. También renunciaron dos jueces de la Cámara, Martín Farrel y Santiago Kiernan. La Cámara no está ahora en condiciones de dictar sentencia, porque tiene una sola jueza, María Najurieta, que podría hacerlo. Pero se necesitan, al menos, dos votos.
El presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, llamó ayer a los presidentes de las cámaras Civil y Comercial y Contencioso Administrativo (esta última debería ocupar las vacantes del fuero cuestionado) para ordenarles que cubran cuanto antes los lugares desocupados de camaristas.
Hay cosas que ya son grotescas: el fuero Contencioso Administrativo le mandó al Consejo de la Magistratura un pedido para que le indique de qué manera debía sortear los jueces que actuarían en la Cámara Civil y Comercial. ¿No lo sabe? Son decisiones puramente dilatorias.
Lorenzetti también le ordenó al juez Alfonso que escribiera cuanto antes la sentencia sobre la cuestión de fondo; es decir, sobre la constitucionalidad o la inconstitucionalidad de la ley de medios. Los obligó a todos esos magistrados a trabajar incluso en días feriados.
Cualquier decisión, tanto del juez como de la Cámara, llegará inevitablemente a la Corte Suprema. Es más probable que aterrice ahí antes del 7-D el pedido de prórroga de la cautelar que la decisión de fondo, que aún deberá pasar por la revisión de la Cámara.
En cambio, es la Cámara la que ya tiene la cautelar. Una decisión suya, accediendo o denegando, habilitaría a la Corte a tomar cartas en el asunto. Sea como fuere, la Corte abrió ayer un período de 15 días mucho más dinámico y justo que el que ya parecía inevitable.
Los jueces y los obispos hablan con párrafos llenos de sobreentendidos o con oraciones circulares. Si se analiza con rigor la resolución de ayer, es el Gobierno, más que Clarín, el destinatario de alusiones del tribunal advirtiendo sobre las "obstrucciones a la Justicia" y sobre la necesidad de que exista "buena fe" de las partes. Podrían citarse varios casos, pero hay uno que provocó especial malestar entre los máximos jueces. Fue un pedido de la Afsca para ser parte del pedido de Clarín sobre la ampliación de la cautelar. El Gobierno ya es parte de hecho en esa causa. ¿Para qué agregar una parte más cuando ya el trámite está avanzado? ¿Para qué, si lo único que hace la Afsca es retener el expediente y demorar su resolución?
La Corte decidió ayer otra cosa, que no está relacionada directamente con Clarín ni con la ley de medios, pero que tiene una clara (y no casual) vinculación con aquellos trámites. Decidió autorizar que los jueces dicten inconstitucionalidades de oficio, un recurso que estaba prohibido desde hacía más de un siglo.
Significa que cualquier juez puede decidir la inconstitucionalidad de una medida del poder político sin que se lo hayan pedido de manera explícita. Debe haber, eso sí, una causa abierta y relacionada con el tema. Hasta ahora, un juez sólo podía resolver la constitucionalidad o la inconstitucionalidad de una decisión del Gobierno únicamente en respuesta a un pedido expreso.
Es un avance importante para la modernidad de la justicia argentina en general. En particular, esa nueva jurisprudencia podría caer también sobre las muchas causas colaterales abiertas sobre la ley de medios. No hubo una, sino dos noticias que ayer le arrebataron al cristinismo una fiesta demasiado prematura.
(*) Joaquín Morales Solá. Periodista, escritor y analista político. Artículo publicado por La Nación el 28 de Noviembre de 2012.

Los peores temores se vuelven realidad

Por Federico Tessore (*)
El control será total. El Estado podrá tomar cualquier medida sobre las empresas e inversores que usen la Bolsa argentina. Éstas sólo dependerán del juicio de los funcionarios de turno. No habrá control de poderes cruzados ni límites, y todo será posible. Pistas para actuar en este nuevo escenario.


Cuando el Gobierno anunció la intervención del mercado de capitales argentino, los funcionarios justificaron esta medida con la excusa de que había que modernizarlo. Dijeron que había que llevarlo a una estructura similar a la que se utiliza en el resto del mundo. Y para rematar el argumento, el Ejecutivo aducía que quería crear un mercado para todos, ya que el actual era muy chico.

Nuestra sospecha era que esta decisión ocultaba algunos objetivos "secretos" y, mientras este proyecto avanza en el Congreso, nuestro presentimiento se va confirmando. Si bien esto se terminará de ratificar -o no- cuando se reglamente la nueva ley, ya aparecen elementos que son muy claros: el Gobierno quiere controlar a todas las compañías e inversores que participen en la Bolsa argentina.

La primera medida que confirma estas sospechas se conoció la semana pasada y ésta afectará a las empresas públicas. La Comisión Nacional de Valores (CNV) podrá nombrar virtuales interventores con derecho a veto en cualquier firma pública. Esto habilita al Estado a tomar el control casi total de la empresa que desee. El diario La Nación describía esto de la siguiente manera:

El miércoles pasado, durante el tratamiento del proyecto en Diputados, el oficialismo agregó a último momento un inciso en el artículo 20° que autoriza a la CNV a designar veedores con facultad de veto de las decisiones adoptadas por los órganos de resolución de las compañías.

El artículo que quedó bajo la lupa es el de las "Facultades correlativas" de la CNV que, a partir de la nueva ley, podrá: "Solicitar informes y documentos, realizar investigaciones e inspecciones en las personas físicas y/o jurídicas sometidas a su fiscalización, citar a declarar, tomar declaración informativa y testimonial."

El texto también dice que "cuando, como resultado de los relevamientos efectuados, resulten vulnerados los intereses de los accionistas minoritarios y/o tenedores de títulos valores sujetos a oferta pública, la Comisión Nacional de Valores, según la gravedad del perjuicio que determine, podrá: I) designar veedores con facultad de veto de las resoluciones adoptadas por los Órganos de Administración de la entidad en cuestión, cuyas disposiciones serán recurribles en única instancia ante el Presidente de la Comisión, II) separar a los Órganos de Administración de la entidad en cuestión por un plazo máximo de 180 días hasta regularizar las deficiencias encontradas."

Esta última medida "será recurrible en única instancia ante el ministro de Economía y Finanzas Públicas". Éste es el punto que más preocupa a las empresas, ya que cierra la vía del reclamo en sede judicial.

La ley asegura discreción total para la CNV. Por lo tanto, todas las compañías públicas de la Argentina estarán en manos del Presidente de la CNV. Lo que decida este señor y sus secuaces sólo podrá ser apelado ante el Ministerio de Economía, no ante la justicia.

Recuerde que hoy el Presidente de la CNV depende del mismo Ministerio de Economía. Entonces, en definitiva, lo que defina el Presidente de la CNV va a ser "controlado" por su propio jefe. Esto abre la puerta para que la CNV haga lo que quiera con las empresas públicas de la Argentina.

No tenga duda de que si esta ley se aprueba y luego se reglamenta tal cual le relato en esta nota, cada vez habrá menos firmas interesadas en cotizar en la Bolsa argentina. Y como le comentaba cuando se conoció el proyecto de intervención en la Bolsa semanas atrás, el Gobierno será el encargado de terminar de destruir este mercado casi insignificante.

Pero esto no es todo: lo que le faltaba a este escenario era la destrucción de la Caja de Valores, una de las instituciones que más seguridad le daba al inversor argentino. Le diría que una de las pocas instituciones que le daban seguridad al castigado inversor argentino. A partir de la vigencia de la ley, ¿sabe quién reemplazará a la Caja de Valores?

Imagine una institución que supo ser independiente pero que hoy es casi una dependencia del Ministerio de Economía. Imagine una institución que quiere reinventar las reglas de la economía. Imagine una institución que es la gran responsable de la inflación en la Argentina. Imagine una institución que es manejada por una señora que lo único que hace es justificar medidas irracionales con argumentos ridículos.

Sí, adivinó, esta organización es el Banco Central Argentino, presidido por Mercedes Marcó del Pont. La misma entidad que cierra contratos para imprimir billetes con una empresa como la ex Ciccone, que nadie tiene en claro de quién es, o la misma que emite billetes sin control para financiar el déficit del Estado.

Esta institución va a ser la responsable de ser la depositaria de las acciones, Cedears o bonos que usted compre. Es decir, esa función que antes estaba en manos de la Caja de Valores, una entidad que es privada e independiente del Gobierno de turno y cuyos dueños son el Mercado de Valores (Merval) y la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, dejará de existir. 

A partir de la nueva ley, el mismo Banco Central "custodiará" los títulos y por supuesto, controlará y tendrá la información en forma directa de cada uno de los inversores argentinos. El diario El Cronista relataba esta situación de la siguiente manera en el día de ayer:

Cuando el próximo 15 de diciembre la Argentina pague el cupón del PBI (si es que finalmente lo hace) será la última vez que la operación se realice a través de la Caja de Valores.

Dentro de seis meses, una vez reglamentada la nueva ley de reforma del mercado de capitales, las funciones de clearing de los títulos públicos depositados pasarán a formar parte del Banco Central.

La gran obsesión que tienen es seguir muy de cerca quiénes están haciendo el contado con liqui para fugar dólares. De esta manera, podrán ver en forma instantánea quién mueve los títulos y hacia dónde van, revela un directivo del sector financiero, al tanto de esta movida.

¿Por qué el Gobierno quiere apoderarse de las funciones de la Caja de Valores? Para poder tener un control total sobre el mercado, ya que la entidad se encarga de custodiar los títulos públicos y privados que cotizan en las distintas Bolsas de comercio con mercado de valores adherido del país, así como también de aquellos títulos públicos que cotizan en el MAE.

Con este cambio, el Gobierno tendrá toda la información de los inversionistas argentinos que operan en la Bolsa local. Y no sólo eso: el Estado -vía el Banco Central- tendrá en custodia las inversiones de todos. Es decir, cada vez que compre una acción, un Cedear o un fondo, el Gobierno las estará guardando por usted.

Esto es muy peligroso, porque sabemos que el Ejecutivo toma las medidas que más le convienen a él y le importa muy poco lo que pasa con los inversores. Por lo tanto, me pregunto: ¿cómo reaccionará el Banco Central ante una crisis financiera fuerte? ¿Respetará la propiedad privada de cada uno de los inversores argentinos sobre esos activos?

Y si respeta esta propiedad privada: ¿respetará los tiempos de pagos de dividendos e intereses? ¿O usará ese dinero para solventar el déficit del Estado, igual que como usa las reservas del Banco Central o los fondos de jubilación de la Anses?

Surgen un sinnúmero de preguntas sobre cómo funcionará la Bolsa argentina a partir de esta intervención total del Gobierno y la mayoría de ellas no tienen respuesta. El sólo hecho de que esas preguntas existan alejará a muchos de los pocos inversores que aún tienen papeles en la Bolsa local.

No tenga duda de que será cada vez más difícil encontrar inversiones atractivas en la Argentina. El equipo de Crisis & Oportunidad tendrá un año 2013 muy complicado.

Ahora, saliendo del mundo particular e individual de los inversores y yendo al plano de un país y su crecimiento o progreso, es también muy difícil entender la racionalidad de estas medidas.

Verá, hoy, la mayoría de los inversores argentinos no invierte en su propio país. Le diría que entre 80% y 90% de ellos no usan la Bolsa de la Argentina. En el blog de IGpodrá encontrar las varias notas que escribimos este año sobre este tema.

¿Y sabe por qué los inversores argentinos no usan la Bolsa?

Porque no le tienen confianza al Gobierno, por eso no usan la Bolsa local. Y con esto no estoy haciendo un juicio de valor, sino que estoy describiendo una situación objetiva que nos puede gustar o no, pero que es una realidad.

Ante este escenario, resulta absolutamente absurdo que el Estado quiera revertir esta realidad con más control y con más intervención en la Bolsa. Creo que hasta un chico de 15 años que aún no terminó el secundario podría tomar mejores decisiones que los gobernantes actuales ante esta situación.

Me cuesta entender cómo a alguien se le ocurre que todas estas medidas beneficiarán al país en su conjunto. ¡Todo lo contrario! Están terminando de espantar a los pocos inversores que quedan en la Argentina. Si esto pasa, no habrá un solo peso para financiar a las empresas nacionales. Es decir, no habrá un solo peso para incentivar el empleo, el crecimiento y el progreso sustentable.

Estas medidas sólo acelerarán la decadencia de la Argentina. 

¿Qué hacer ante esta situación?

Bueno, a pesar de todo, creo que siempre se pueden hacer cosas. Creo que las personas y los inversores tienen que encontrar su propio camino, independientemente del contexto. Un contexto negativo no es una excusa para no actuar.

Por ello, por un lado tiene que tratar de escapar lo más que pueda de los tentáculos de este Gobierno irracional y depredador.

Por otro lado, no perder el optimismo y estar muy atento a cómo evoluciona esta increíble nueva crisis argentina. Luego de que la situación estalle, si logramos sobrevivir, habrá increíbles oportunidades disponibles.


(*) Federico Tessore de IGNews (Inversor Global). Artículo publicado el 27 de Noviembre de 2012.

Fuente: IG Invest News / Martes 27 de noviembre, 2012. www.inversorglobal.com.ar/newNewsletter